El cielu por asaltu

Recuperar la dignidá, recuperar la llucha. Documentos pa la hestoria del movimientu obreru y la clase obrera n'Asturies.

Nombre: Mazhuku

sábado, julio 11, 2009

Despedida anarquista a Ramón Álvarez Palomo

Figura clave de la Revolución de Octubre de 1934 y miembro del Consejo Soberano de Asturias y León, falleció en Gijón, a los 90 años, tras una vida entregada a la lucha obrera

El histórico anarquista gijonés Ramón Álvarez Palomo falleció el pasado viernes en la ciudad, a los noventa años de edad. La cárcel, la Revolución de Asturias de 1934, la guerra civil, el exilio y la resistencia contra Franco forman parte del bagaje personal de este líder sindical que regresó en 1976 a Asturias para volver a ponerse al frente de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Después fue uno de los fundadores de la Confederación General del Trabajo (CGT), tras la escisión del sindicato anarquista.

Su desaparición ha causado consternación entre los más veteranos de la izquierda asturiana, quienes recordaban ayer la entrega de su vida a unos ideales. Tras formarse en la escuela neutra de Eleuterio Quintanilla, Ramón Álvarez Palomo comenzó a trabajar a los 12 años como pinche en la farmacia Castillo y luego se empleó en una panadería de La Guía. A los 15 años ingresó en CNT y cinco años después fue elegido secretario general de la CNT de Asturias, León y Palencia. «Ramón tenía muchos valores humanos. Era un gran luchador por liberar a la clase trabajadora de su explotación y un hombre de acción. Por eso alcanzó grandes mandatos en la CNT desde muy joven», señaló ayer Eduardo Prieto Marcos, ex secretario regional de CNT y CGT.

«Desde el primer conflicto, siempre estuvo Ramón a la cabeza y fue un idealista partícipe de los grandes acontecimientos políticos y sociales del siglo XX», agregó su compañero de militancia. Ramón Álvarez Palomo encabezó los movimientos revolucionarios de la CNT de 1933 —lo que le llevó a prisión— y de Octubre de 1934 en Asturias, donde fue una de las figuras destacadas junto al comunista Mario Huerta.

Pasó por las cárceles de El Coto (Gijón) y de Torrero (Zaragoza), donde entabló una estrecha amistad con Buenaventura Durruti, líder carismático del movimiento anarquista durante la República y la guerra civil. En abril de 1934 eludió un consejo de guerra gracias a una amnistía y en octubre volvió a organizar las barricadas en su ciudad como secretario del Comité Revolucionario de Gijón.

Al fracasar la sublevación popular huyó. Primero por los montes hasta Rengos (Cangas del Narcea) y luego a Francia, donde en 1935 conoció por primera vez el exilio. Allí permaneció hasta la amnistía del Frente Popular.

Luego vino la guerra civil y Ramón Álvarez Palomo volvió a implicarse en la defensa de sus ideales ácratas. Se ocupó de la movilización para la defensa de Gijón y también formó parte del Consejo Municipal Republicano con otro anarcosindicalista, Avelino González Mallada, en la Alcaldía. Además, fue consejero de Pesca del Consejo Interprovincial de Asturias y León, que en agosto de 1936 se declaró soberano al quedar aislados de comunicación con el Gobierno de la República, en Valencia. Ocupó este último cargo en representación de la Federación de Grupos Anarquistas (FAI). Tras la desaparición del frente del Norte, en 1937, llega a Cataluña donde se convierte en secretario del ministro de Instrucción Pública, Segundo Blanco.

Con la conquista de Cataluña por las tropas de Franco, se exilia en Francia, donde residió en Toulouse y luego en París. Desde Francia viajó por varios países europeos para dar charlas en favor de la causa de la República.

En Francia le sorprendió la II Guerra Mundial, que pasó oculto en la zona ocupada por los alemanes, donde estableció lazos con la Resistencia francesa, según recordaba ayer su viuda y compañera de militancia, Aurora Molina Iturbe.

No fue hasta después de la liberación de Francia, en 1945, cuando conoció a la que sería su segunda esposa, hija de otro histórico anarcosindicalista de la FAI. Aurora Molina recuerda la clandestinidad que vivieron en Francia. Los anarquistas «llamaban a nuestra casa, en la calle Louvel Tessier, de París, el segundo Consulado francés; casi toda la clandestinidad (anarcosindicalista) de Asturias pasó por allí y nos encargábamos de buscarles trabajo y documentación», explica Aurora Molina. La relación con otras organizaciones antifranquistas siempre fue fluida, especialmente con los movimientos socialistas, la UGT y los nacionalistas vascos, recuerda su viuda. Los comunistas y los anarquistas siempre guardaron una mayor distancia. Aún así, veteranos comunistas como Manuel García González, «Otones», elogiaban ayer su «coherencia política» y su trayectoria: «Si los comunistas fuimos perseguidos en el franquismo, los anarquistas con más saña», indicó. También elogió su figura el líder de IU en Gijón, Jesús Montes Estrada, para quien «fue un hombre fiel a sus principios y coherente con sus ideas».

Antes de la democracia Ramón Álvarez Palomo pasó en varias ocasiones la frontera para participar en Madrid en reuniones clave del Comité Nacional de la CNT. Entonces, ocupaba el cargo de secretario del subcomité nacional del sindicato en Francia.

A finales de los años sesenta contribuyó junto con líderes de UGT como Muiño y García Duarte a la creación del Fondo Unificado de Solidaridad Obrera de Asturias (FUSOA), mediante el que se recogían fondos en los centros de trabajo para ayudar a los obreros despedidos o encarcelados. «Fue uno de los impulsores desde el exilio de esta alianza sindical entre la CNT y la UGT», recordaba ayer Marcelo García, presidente del PSOE gijonés e histórico militante ugetista que se encargó junto con los anarquistas José Luis García Rúa y Eduardo Prieto de materializar en Asturias la creación de ese fondo. Marcelo García recuerda a Ramón Álvarez como «un hombre íntegro con ideas revolucionarias bien forjadas».

Álvarez Palomo volvió a Asturias por primera vez en 1972. Pasó la frontera por primera vez sin emplear un nombre falso. En 1976 retornó definitivamente con la familia y durante un par de años regentó una librería. En 1978 volvió a ser elegido secretario regional de CNT.

En el séptimo congreso del sindicato, en 1979, fue uno de los que con más firmeza se enfrentaron a la ortodoxia anarquista que defendía, entre otros, José Luis García Rúa. Las discrepancias llevaron a la ruptura.

Álvarez Palomo defendía la participación de los anarcosindicalistas en la negociación colectiva y en las elecciones sindicales para los comités de empresa. «Desde que la sección sindical de Ensidesa dijo que sí a la participación, él asumió esa postura», según palabras de Eduardo Prieto Marcos. Palomo y los que pensaban que había que adaptarse a las nuevas circunstancias y participar en la negociación colectiva fundaron la CGT. El sindicato adoptó ese nombre tras pugnar infructuosamente en los tribunales por las siglas históricas con la otra facción. «Para él fue un terrible desgarro la división. Era un utópico, que antepuso a todo sus ideales», apuntaba el ex secretario de CSI Luis Redondo. También fue para él una decepción la pérdida de la representatividad sindical de la CNT tras la dictadura, con el surgimiento de CC OO, vinculado al movimiento comunista.

La alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, quiso señalar ayer que «fue una persona muy íntegra, con una larga trayectoria de lucha en defensa de la clase trabajadora». El ex alcalde socialista de Oviedo Antonio Masip, que lo conoció en París en 1973, lo recuerda como «un testigo excepcional de nuestra historia, de la que ha dejado testimonio» en varios libros. Sus restos serán incinerados hoy, a las 18.30 horas, en el tanatorio de Cabueñes. No hay convocada ninguna ceremonia.

M. Castro


Publicado en: La Nueva España, 16 de noviembre de 2003.
Digitalización: El cielu por asaltu.

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Los maquis de la imposible esperanza

Los Maquis de la Imposible Esperanza
Los guerrilleros de los Picos de Europa



Director: Dominique GAUTIER
País y año: Francia, 2003
Investigación histórica y entrevistas: Jean ORTIZ
Canto Flamenco: Juan FERNÁNDEZ
Música original: Manuel RODRÍGUEZ
Coproducción: Las películas Jack Fébus - CREAV Atlantique
Duración: 60 minutos
Idioma: VO en castellano, VF con subtítulos

Sinopsis:
Los vencedores se ensañan con «la España roja». Unos cuantos republicanos, los huidos, consiguen esconderse y luego, poco a poco, organizarse.

Entonces, los maquis, los del monte, van a erigir, paso a paso, una resistencia estóica. En los peores momentos de la represión franquista, en Cantabria, el maquis Ceferino Machado resiste, desde Santander hasta los suntuosos picos de Europa.

En 1945, los maquis de Cantabria se constituyen en Agrupación Guerrillera de Santander. En Febrero de 1946, unos guerrilleros españoles que han contribuido a liberar Francia, intentan llegar a Asturias.

La Brigada Pasionaria queda diezmada, pero los maquis van a escribir en España una epopeya aún desconocida. La dictadura considera a aquellos últimos soldados de la República como meros «bandidos». Así aparecerán, en los textos oficiales, hasta mayo de 2001.

Las dos figuras legendarias de aquel maquis cantábrico, Juanín y Bedoya, caerán en 1957.

Con los testimonios de, entre otros, Felipe Matarranz y Jesús de Cos.

Descargar (eMule): ed2k://filemaquis de la imposible esperanza.avi72738927890B0BF6EC4D13BF04EBBED48F3F1028B/h=PGEDKKX6OG57U3O7225VH3WELXBIOZ6V/

Fuente: RebeldeMule.

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domingo, julio 05, 2009

La olvidada historia de "El Jefe"

El histórico comunista Ceferino Á. Rey falleció en Toulouse a los 100 años, tras una azarosa vida en la que combatió en Asturias, Cataluña y Moscú

Hasta hace unos días, cuando se publicó la noticia de su muerte, pocos conocían el nombre de Ceferino Álvarez Rey y su intensa vida. Todo comenzó a principios del siglo XX y acabó el pasado 25 de enero, con su fallecimiento en Toulouse, a los 100 años de edad. Ese día murió un padre, un abuelo, leonés de nacimiento y mierense de adopción; un comunista condecorado por la URSS, el militar republicano vivo de mayor grado. «El Jefe», como le decían en casa. Los responsables de la Fundación Juan Muñiz Zapico, de CC OO, y Luis Miguel Cuervo, presidente del colectivo «Todos los Nombres» han recuperado su historia.

Álvarez Rey nació en la localidad leonesa de San Andrés de Rabanedo en 1909 y, cuando aún era un niño, se trasladó con su familia a Turón. Hijo de minero, apenas levantaba dos palmos cuando inició su actividad militante ayudando a los trabajadores que se tenían que esconder por la represión posterior a la huelga de 1917. «El Jefe» comenzó a trabajar en la mina a los 15 años y se afilió al Partido Comunista en 1924. Fue uno de los fundadores del PCE en Asturias. Desempeñó los cargos de miembro del comité ejecutivo regional y secretario general del radio de Turón, y participó en la creación del Sindicato Único de Mineros (SUM), del que llegó a ser secretario. El SUM, que tuvo más 6.000 afiliados, nació tras la expulsión de los comunistas del SOMA y estuvo adscrito a la CNT hasta 1931. Cuatro años más tarde volvió a unificarse con UGT. El SUM fue ilegalizado, lo que no impidió que organizara las principales movilizaciones mineras de aquellos años.

La convulsa juventud de Álvarez Rey tuvo otro punto de inflexión en 1934. Durante la Revolución de octubre tomó parte activa combatiendo contra los cuarteles de la Guardia Civil de Turón y más tarde frente al Ejército en Campomanes. Al ver que había fracasado el movimiento obrero, emprendió la huida a pie hacia León con su hermano Virgilio y los hermanos Herminio y Pin García. Más tarde el grupo se separó. Luis Miguel Cuervo explica, en un texto de homenaje a Álvarez Rey, que la idea con la que funcionaban era que «un hermano de cada familia fuera por cada lado. Si caen unos, que no caigan los otros». Cuatro de los hermanos Álvarez Rey murieron como consecuencia de la represión: dos están enterrados en la fosa común de Oviedo, uno en el Pozo Fortuna y otro falleció en un campo de concentración en Francia.

Su primer viaje fuera de Asturias fue también el del primer exilio de Rey. Cuervo asegura que de León fueron a Madrid y San Sebastián, para después pasar a Francia. «Tras permanecer unos meses en París, viajó a Moscú, donde realizó diferentes cursos hasta regresar a España en marzo de 1936 acogiéndose a la amnistía decretada tras la victoria electoral del Frente Popular», señala.

La Guerra Civil es otra de las claves que explican la vida de Álvarez Rey, la que lo encumbró a los altos mandos del Ejército republicano. Tras el alzamiento militar, el mierense formó parte del Comité de Guerra de Turón. En agosto de 1936 se desplazó al frente occidental de Asturias, donde fue nombrado delegado político en la Comandancia Militar de Occidente y participó en la defensa de Cornellana. Más tarde ocupó el mismo cargo en la Comandancia de Trubia. Tras la militarizació n, llegaría a ser comisario político en la 8.ª Brigada de Asturias y más tarde en la 5.ª, 1.ª y 60 divisiones, esta última con puesto de mando en Lugones. Allí, el día 21 de octubre de 1937, recibió un enlace enviado por el mayor anarquista Víctor González, que le avisaba de que se había acordado la evacuación y que todo el mundo se marchaba esa noche. Le dijo también que su mujer, su hija y su cuñado ya habían embarcado en Gijón, y que lo mejor era que «intentara salir desde Avilés, porque en Gijón ya no quedaban barcos». González y Álvarez Rey recorrieron el camino hasta la villa avilesina apuntándose con una pistola. No se fiaban uno del otro. Pero la cosa salió bien y pudieron embarcar con otras 50 personas rumbo a Francia, desde donde pasaron a Cataluña. No cesó en su lucha para defender la «República legítima» y llegó a ocupar el cargo de comisario político de división en Teruel y en el Ejército del Ebro. Con la guerra terminada y perdida, y con la familia en el exilio, el objetivo de Álvarez Rey fue marchar de España. Consiguió llegar al norte de África, para pasar después a la URSS. Allí le sorprendió el inicio de la II Guerra Mundial. Versado, a su pesar, en las artes de la guerra, Álvarez Rey tomó parte en la batalla de Moscú, dentro de la 4.ª compañía especial de la Brigada Motorizada Independiente de Tiradores de la NKVD, integrada por 125 republicanos españoles. Él era el jefe, y su misión -nada más y nada menos-, defender el Kremlin. Más tarde, combatió en el Cáucaso.

Cuervo explica: «Entre las distinciones que tenía destacaban la condecoración de la Estrella Roja de la URSS, orden de la Victoria en la Gran Guerra Patria de la URSS, medalla de la Defensa de Moscú y el Cáucaso, y las conmemorativas de los 20.º, 30.º y 40.º aniversarios de la Victoria. También fue distinguido con la medalla de la Liberación de Yugoslavia».

Acabada la Guerra Mundial, se trasladó a Francia. Eran los años cuarenta y con ocasión del intento de invasión por el valle de Arán estaba previsto que formara parte de la segunda oleada para acabar con el régimen de Franco. Así, fijó su residencia en la localidad francesa de Toulouse. Nunca se olvidó de sus orígenes comunistas y desarrolló su papel como formador de cuadros del PCE. También participó en el congreso de 1959 del PCE en Praga. El resto de su vida trabajó, hasta su jubilación, como albañil.

Con la dilatada redacción de la vida de Álvarez Rey parece que no queda lugar para nada más, pero sí. Al parecer, y eso ya no aparece en su historia oficial, llegó a espiar al Ejército nazi vestido de militar alemán, y aunque él nunca lo contó «porque era secreto de partido», su familia y amigos creen que alguna vez volvió a España para participar en acciones clandestinas del PCE. «Desaparecía durante tres meses y cuando volvía a casa nadie preguntaba nada, seguían con su vida normal», apunta Cuervo. Porque Álvarez Rey siempre dijo que ciertas cosas se irían con él a la tumba y, como todas las promesas que hizo en vida, cumplió hasta el final.

Una íntima ceremonia familiar despidió, el pasado 26 de enero, a Álvarez Rey en Toulouse, donde reposan sus restos, y adonde tal vez lleguen las noticias de que su muerte sirvió para recordar que «El Jefe» pervive en la memoria de una nación que, ahora con leyes y homenajes, intenta recuperar los nombres que se creían olvidados.

Aitana Castaño


[Foto: (izda. a dcha. Ceferino Álvarez Rey, Emilio Morán (comandante militar de Pola de Gordón y Herminio García "Casín"]
Publicado en: La Nueva España, 1 de febrero de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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jueves, julio 02, 2009

Octubre Asturiano UHP

"Nadie os ordenó ir a la revolución: la consigna era ir a la huelga". Saborit, a los obreros de la cárcel de Oviedo

"Los socialistas asturianos no son como los demás socialistas". Durruti, en la cárcel Modelo de Valencia.

La insurrección obrera de Asturias de 1934 fue el prólogo de la guerra civil de 1936. Anteriormente se habían producido otras, pero la de Asturias es la primera que presupone la unidad de los proletarios y resuelve la cuestión en el combate. El problema de la unidad era fundamental para la clase obrera española y su solución parecía imposible, debido a la diferente actitud que sus organizaciones -la CNT y la UGT- mantenían con respecto a la República. Si los anarcosindicalistas se desengañaron pronto del régimen burocrático burgués, los socialistas en cambio pretendieron aprovecharse del mismo para eliminarles sindicalmente. En efecto, los socialistas promovieron una batería de leyes que consagraban la mediación estatal en los conflictos laborales, trababan el recurso a la huelga general y dejaban al margen de la ley a los cenetistas. En el parlamento votaron por las deportaciones a los huelguistas y sus gobernadores civiles metieron presos a multitud de obreros libertarios, clausurando las sedes de sus sindicatos "Únicos". La irritación de estos con la República fue tal que en tres ocasiones promovieron movimientos insurreccionales en su contra, cuyos malos resultados acarrearon la escisión del sector moderado o "treintista". La profunda división en la clase obrera entre reformistas y revolucionarios parecía que nunca iba a resolverse cuando el 19 de noviembre de 1933 los socialistas perdieron las elecciones y fueron barridos de los ministerios, hecho que determinó un cambio de postura. El triunfo de los republicanos demagogos con el apoyo de la derecha fascista indicaba claramente que la dirección de la burguesía pasaba a los sectores caciquiles y clericales. Para la CNT había quedado claro la imposibilidad de hacer la Revolución en solitario y para la UGT, que no cabía esperar una reforma significativa en el marco del parlamentarismo burgués. La izquierda socialista que se apoyaba en la sindical y en las Juventudes Socialistas proclamó que el PSOE debía prepararse para tomar el poder y forzó la ruptura de la coalición con los republicanos. Entonces comenzó a hablarse de la Alianza Obrera, pero solamente las minorías comunistas disidentes y los sindicatos escindidos de la CNT se entusiasmaron con la idea. Es comprensible, el papel de bisagra era lo único que les podía dar juego. La CNT emplazó a la UGT a manifestar públicamente sus intenciones revolucionarias pero aquella no contestó. El resultado fue que pese a la constitución de diversos Comités de Alianza Obrera, la unidad real no se produjo. La UGT jamás los promovió y dentro siempre se mantuvo pasiva. La CNT se abstuvo de entrar, con la excepción de la Regional asturiana, que ya había planteado la cuestión de la Alianza en un pleno confederal. Pero la posición pro Alianza de la Regional de Asturias no era unánime y ni siquiera mayoritaria, como se encargó el delegado de La Felguera de demostrar en el Pleno de Regionales del 23 de junio, sino que más bien reflejaba la posición del Comité Regional y de la Federación Local de Gijón. En el Pleno Regional de septiembre los cenetistas consecuentes impugnaron la Alianza por incorporar partidos políticos, idea contraria a la táctica anarcosindicalista, y por creerla una maniobra que no conducía a la Revolución Social sino al golpe de Estado. La influencia del secretario regional, José María Martínez, inclinó la balanza hacia el pactismo. Así, mientras los anarcosindicalistas del resto del Estado se pronunciaban por una alianza revolucionaria "en la calle", los asturianos firmaban con sus paisanos socialistas un pacto de alianza al que también se incorporaron las facciones comunistas. La Alianza Obrera había dejado pasar su momento cuando en junio de 1934 tuvo lugar la huelga general de campesinos. Los socialistas dejaron que el proletariado agrícola se estrellara contra el Estado sin promover ningún acto insurreccional en la ciudades, quedando incapacitado para intervenir en luchas posteriores. La indecisión del Gobierno mostrada en la represión de la huelga campesina indujo a la derecha agraria y católica a retirarle el apoyo. Entonces se desencadenó la serie de sucesos que condujeron a la Revolución de Octubre.

Si las derechas cavernícolas ocupaban carteras en el nuevo Gobierno republicano significaba que el capitalismo español se inclinaba definitivamente por la vía autoritaria. El triunfo de la reacción sería completo. La alternativa que venían planteando los anarquistas desde 1931, "Fascismo o Revolución Social", se revelaba más verdad que nunca. El proletariado no podía ponerse en pie más que sobre una base y con una única bandera: la destrucción del sistema capitalista y la supresión del Estado como organismo burgués de regulación de la convivencia social. Efectivamente el día 4 de octubre de 1934, el encargado de forma gobierno, Lerroux, anunció la presencia de tres ministros de la CEDA ocupando las carteras de Trabajo, Justicia y Agricultura. Los socialistas -no la Alianza Obrera- impartieron la orden de huelga general con el propósito de impedir la consolidación del nuevo gobierno y provocar elecciones. No sólo no esperaron a que la CNT tratase la cuestión de la Alianza como tenía previsto, sino que la dejaron al margen; es más, en Cataluña, donde el objetivo se limitaba a la implantación de una república burguesa independiente, la CNT fue perseguida por la Generalitat para impedir que se sumase al movimiento. Sin la CNT éste se desfondó en muy poco tiempo. Allá donde más fuertes eran los socialistas caballeristas, en Madrid, el movimiento fracasó a las primeras de cambio. Sin embargo, en Asturias, pese a las consignas contrarias, la huelga general derivó casi inimediatamente en insurrección revolucionaria.

El día 5, en numerosos pueblos de la cuenca minera los obreros se procuraron armas, asaltaron los cuarteles de la guardia civil y se enfrentaron a la guardia de asalto de Oviedo. En Mieres, en Trubia, Sama, Ciaño, Siero, Quirós, Cabañaquinta, Turón, Riosa, Proaza, Morcín, Figaredo, Laviana, Pola de Lena, etc., después de librar fieros combates y poner a buen recaudo a los prisioneros, se constituyeron Comités Revolucionarios con el objeto de normalizar la vida ciudadana y enviar grupos armados a combatir a Oviedo. Los de Mieres libraron un combate victorioso contra las tropas del Gobierno cerca de Olloniego. A los anarquistas de La Felguera, opuestos a la Alianza, nadie les pasó la orden, pero una confidencia personal les puso sobre aviso y salieron a la calle como todos, asaltando el cuartel de la guardia civil y partiendo a pelear en Campomanes y El Berrón. Su santo y seña era "FAI". En Gijón, centro del anarcosindicalismo asturiano, los obreros no se decidían al levantamiento por carencia absoluta de armas. Lo mismo pasaba en Avilés. El secretario regional de la CNT, José María Martínez, fue varias veces a Oviedo desesperadamente en busca de armas que no pudo conseguir. Oviedo, donde estaba el Comité Provincial, la máxima autoridad revolucionaria, absorbía todas las fuerzas y recursos, no permitiendo desviar nada hacia otra parte, cosa que debía resultar fatal pues impidió la conquista de puntos estratégicos como Llanera y el puerto de Musel, y acarreó la pérdida temprana de importante plazas como Gijón y Avilés.

El día 6 los mineros se apoderaron de la fábrica de dinamita de La Manjoya y entraron en Oviedo. También cayó la fábrica de armas de Trubia, proporcionando a los insurrectos cañones, aunque con proyectiles sin espoleta. Una columna del Gobierno mandada por el general Bosch llegó desde León por el puerto de Pajares, olvidado por los insurrectos, pero fue detenida en Campomanes. En Mieres los mineros fabricaron bombas y camiones blindados; también los metalúrgicos de La Felguera, los únicos en enviar refuerzos a Gijón. Desde Grado, Riosa, Villanueva, Traverga, etc., municipios parcialmente agrícolas, llegaban alimentos para Oviedo y otras poblaciones. Las mujeres se incorporaron a la lucha. En Sama los mineros lograron vencer la resistencia de un destacamento de guardias de asalto y su Comité envió gente a Mieres, convertida en el centro de la insurrección. Allí afluían los grupos y salían hacia los diversos frentes, fundamentalmente dos: Campomanes y Oviedo.

El día 7 ya hay varios hospitalillos instalados en la zona minera y en Oviedo para atender a los heridos. Las mujeres organizan cocinas de campaña para dar de comer a los combatientes. Los Comités tratan de impedir los actos de pillaje a la vez que organizan el orden revolucionario. La propiedad y el dinero quedan abolidos; todos los bienes; todos los bienes son declarados comunes. De los Comités emanan Comités de Guerra para reclutar luchadores y distribuir armamento, Comités de Sanidad, Comités de Transporte... Se practican algunas detenciones, se controla el comercio con vales y libretas y se efectúan requisas de vehículos, ropa y escopetas. En algunos lugares los Comités de Abastecimiento organizarán comedores populares y los Comités de Trabajo mantendrán las fábricas y minas en funcionamiento al servicio de la Revolución. En Oviedo el centro de la ciudad resiste a pesar de la dinamita y en Gijón los obreros tratan en vano de armarse y de apoderarse de la ciudad. La derecha reaccionaria, que se venía preparando de antiguo, había recurrido a los generales africanistas, el grupo de presión militar más corrupto y más retrogrado, pero también el de menos escrúpulos a la hora de reprimir. El general Franco, instalado en el Ministerio de Guerra, ordena el despliegue de tropas en Asturias, embarcando en Marruecos a los batallones de choque a las órdenes de su amigo Yagüe, que se hallaba apartado del mando.

El día 10, Avilés y Gijón caen en poder del Gobierno. En gijón las tropas africanas pasan a los obreros a cuchillo. Ese el primer indicio de que la represión va a ser implacable. Los supervivientes se hacen fuertes en los pueblos de la carretera a Oviedo y dificultan el avance de las tropas. A la cabeza de esa resistencia desesperada está José María Martínez. La escasez de municiones impide que las ametralladoras entren en acción. Se hace frente al enemigo sólo con dinamita. Acaba de llegar por Pajares un regimiento de artillería y sus obuses paralizan las líneas obreras. En Oviedo se combate alrededor de la cárcel, la Catedral y el cuartel de Pelayo.

El día 11 la situación se agrava. A los obreros del frente de Campomanes se les acaban las balas. A duras penas consiguen algunas cajas de Trubia y Oviedo. Una nube de aeroplanos sobrevuela Asturias arrojando bombas, periódicos reaccionarios y metralla. El Comité Provincial de Oviedo llega a la conclusión de que todo está perdido y ordena abandonar la lucha, informando del acuerdo a algunos comités. La desaparición de los Comités no arrastra a la de los combatientes que deciden continuar la lucha solos. Alguno de los desaparecidos reaparece y se forman nuevos Comités. Las posiciones abandonadas se recuperan de nuevo. Muchos ni siquiera se han enterado. Otros prefieren morir con las armas en la mano a huir.

El día 12 aparece el cadáver de José María Martínez con un balazo en el pecho. Bonifacio Martín, viejo dirigente socialista que resistía en Lugones a los gubernamentales, ha sido pasado a la bayoneta. Mueren dos de los principales responsables del Comité Provincial y de la Alianza Obrera asturiana. López Ochoa avanza parapetándose con cadenas de prisioneros obligados a caminar delante de la tropa. Por la tarde, entra en Oviedo. La mayoría de los prisioneros son asesinados en el acto o mandados al cuartel de Pelayo para ser fusilados. En la represión se distinguen los legionarios y los moros, que además de matar y mutilar a los prisioneros, incendia, saquean y violan. No son tropas aguerridas, pero los obreros no les pueden hacer frente desarmados. Los fusiles no sirven sin balas. Los obreros recogen las cápsulas cada vez que disparan para recuperar pero la medida no sirve de mucho. El frente se desplaza al El Berrón donde luchan los de La Felguera; los combatientes de Oviedo instalan su cuartel general en Las Cruces. Un nuevo Comité Provincial o Regional se constituye en Sama y cambia la consigna UHP por la de "PRP" (¿Partido Revolucionario del Proletariado?). Los anarquistas se comprometen a acatar sus decisiones pero rehúsan participar en él. No están de acuerdo con sus manera autoritarias y sus manifiestos sectarios con vivas a la dictadura del proletariado y al ejército rojo, porque son enemigos de cualquier dictadura y de cualquier ejército. Los comunistas aumentan su presencia en los nuevos comités con el fin de desacreditar a los socialistas y aparecer ellos como los verdaderos dirigentes de la insurrección. Una vez hecha la maniobra, no manifiestan gran interés en seguir luchando. Principalmente por eso los nuevos Comités de Sama y Mieres abandonan sus puestos, pero el de Pola de Lena, donde no hay comunistas, no deserta y mantiene el frente en Vega del Ciego. En los lugares donde no hay estados mayores ni ínfulas de ejército proletario, se lucha con más coraje y mayor eficacia.

El día 14 se continúa combatiendo en los alrededores de Oviedo bajo un intenso bombardeo. Cuando los aviones se retiran en busca de más bombas los avances del Tercio son detenidos y los legionarios son obligados a retroceder con relativa facilidad. A pesar de las atrocidades de las tropas los Comités no permiten represalias contra los prisioneros. Los obreros constatan con tristeza que están aislados y sin munición, a merced de fuerzas bien armadas cada vez más numerosas. comprenden que proseguir la lucha es un suicidio. Para el día 15 los frentes están paralizados por falta de cartuchos. Sólo queda dinamita. El día 16 los soldados toman Trubia y la fábrica de La Manjoya, y bombardean Pola de Lena con la artillería. El día 17 el Comité Regional de Sama se reúne con delegados de todos los Comités que quedan y acuerdan detener la lucha y utilizar la mediación de un teniente de la Guardia Civil prisionero. El fortín del monte Naranco, último reducto revolucionario en Oviedo, ha sido conquistado. Su única defensora viva, la joven de 16 años Aída Lafuente, prefiere sucumbir a rendirse. Al día siguiente los revolucionarios acuerdan dejar de hostigar a las tropas, liberar a sus prisioneros y entregar las armas a cambio de que sus vidas se respeten y de que las fuerzas del Tercio y Regulares no entre en la cuenca minera. El día 19 transcurre entre discusiones. Muchos obreros se niegan a rendirse y escapan al monte. Los que se consideran más comprometidos tratan de salvarse escondiéndose o huyendo. La Revolución ha costado mil vidas a los obreros por 300 de sus enemigos.

López Ochoa cumplirá su parte a medias. El periodista liberal Luis de Sirval fue asesinado por un capitán del Tercio descontento con sus reportajes. La información veraz tendrá su mártir. En el frente de Campomaness ocho heridos serán enterrados vivos. Y veintisiete trabajadores presos fueron sacados de sus celdas y torturados hasta la muerte. Sus cadáveres destrozados fueron encontrados en las escombreras de Carbayín. El día 24 llega el comandante de la Guardia Civil Doval, enviado por el Gobierno para dirigir la represión policial. La tortura en las comisarías y en las cárceles se pondrá a la orden del día. Cerca de cuarenta mil obreros irán a presidio en Asturias y en el resto del país. Los locales de las organizaciones obreras fueron clausurados y su prensa prohibida. Hubo varias condenas de muerte y algunas ejecuciones. Los obreros se habían enfrentado con éxito durante dos semanas a un enemigo infinitamente superior en número y en armas, demostrando el valor real del ejército español en manos de generales fascistas. Participaron 50.000 trabajadores en la insurrección, pero aunque dispusieron de 24.000 fusiles, sólo hubo municion para unos cuantos centenares. Enfrente tuvieron al ejército de África y a unos cuantos regimientos, sumando en total 26.000 soldados.

Las consecuencias de la Revolución de Asturias se hicieron notar en los acontecimientos posteriores. La derecha radical-cedista comprendía que para gobernar tendría que apoyarse en el Ejército. A fin de preparar un ejército gendarme a prueba de insurrecciones obreras, los militares más reaccionarios como Fanjul, Goded, Varela, Mola, el antiguo Director General de Seguridad bajo la Monarquía, fueron rehabilitados y ascendidos por Gil Robles, extremista de derechas que en mayo de 1935 llegó al Ministerio de la Guerra. Franco fue nombrado jefe del Alto Estado Mayor. Por su parte las dos facciones socialistas acentuaron su división y se enzarzaron en una lucha de poder. Los dirigentes de la UGT adoptaron un lenguaje maximalista pero puramente retórico. Solo la FTT, el sindicato socialista de los jornaleros, se radicalizó de verdad. La izquierda socialista rechazó la responsabilidad en los hechos de Octubre, brindando la oportunidad al PCE de reivindicar la insurrección como cosa suya y acaparar protagonismo postizo. El centro socialista de Prieto renunció definitivamente a los métodos revolucionarios y trató de repetir la coalición anterior con los republicanos, pero la izquierda socialista de Largo Caballero transformó esa iniciativa en un frente político y social que englobaba a los comunistas, a los pestañistas y al POUM. La invocación de Asturias sirvió esta vez para exhortar al proletariado a votar por el Frente Popular. La CNT no hizo campaña de abstención, como en las otras veces y recibió con los brazos abiertos a los escindidos. La UGT absorbió a los sindicatos que no quisieron volver al seno de la Confederación y a pequeñas centrales comunistas como la CGTU y la FOUS. La CNT proclamó en su congreso de Zaragoza la necesidad perentoria de una alianza con la UGT. Desgraciadamente dicha alianza, inicialmente materializada tras el 19 de Julio en colectivizaciones conjuntas o en comités de control obrero, se intentaría llevar a cabo por pactos entre burocracias amparados por el Estado, con lo que la unidad de la clase obrera se convertiría en un tópico ideológico sin contenido revolucionario y la Revolución Social se perdería de nuevo.

Miquel Amorós



Publicado en
: Miquel Amorós, Desde abajo y desde afuera. Editorial Brulot, 2007.

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Vídeos del 70 Aniversario de la Batalla del Mazuco

Vídeos de la exposición que se celebró en Llanes en octubre de 2007 para homenajear a los luchadores del Mazuco, organizada por el Foro por la Memoria de Asturias y la Federación Estatal de Foros por la Memoria





Fuente: Coses de Llanes.

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Los resistentes, a contra lluz

Son munches les histories de los fugaos, anque como diz el cantar de Nuberu, «son coses que güei naide cuenta».

La vida de Mario Huerta, «L’home del Sacu», ye un símbolu de la resistencia humana frente a la inxusticia.


La historia que tamos viviendo ye lo que ye tanto polo que fomos como polo nun fomos. La terca resistencia de dalgunos, ¿redimirános de dalguna manera de lo que somos? Falo d’aquellos homes qu’un día decidieron tirase al monte, porque nun soportaben la inxusticia, y contra toda prudencia y pragmatismu anecieraron na alcordanza negándose a dase. Foron munchos los homes, coles sos lluces y les sos sombres, los que pel Franquismu llucharon por caltener la llaparada encesa de la dignificación social, munchos los que quixeron más pasar humillaciones, privaciones y trabayos a llevar una vida más o menos «decente» llibre de les prisiones y la violencia represora. Güei, n’acabando esti Ochobre del 2002, hai mui bien de coses que s’echen de menos d’aquellos quince díes de la Revolución d’Ochobre de 1934. Naquel pos, neses escases dos selmanes, l’Alianza Obrera consiguiera que los asturianos, tal vez per primer vez na so Historia, foran realmente dueños del so destín. Daquella triunfara la revolución anarquista en La Felguera, la socialista n’Uviéu y en Xixón, la comunista en Turón y en Grau.

Güei, cuando yá tamos pasando una páxina de la historia tal vez definitivamente, nin siquiera se consiguió construir (a dalgunos que podíen facelo nun-yos interesó) un discursu de la señaldá oxetiva que nos provoca aquel afán de xusticia, aquelles voluntaes xuntes en procura del bien social y la democracia. Con too y con eso, ellos tuvieron pol mundu cuando too paecía que diba vencer: sostuviéronlu sobre’l llombu y la conciencia republicana. Y gracies a ellos el mundu nun esbarrumbó dafechu.

Tres homes foron especialmente importantes na clandestinidá asturiana, toos tres lligaos al PCE: Mario Huerta, Horacio Fernández Inguanzu y Ángel León Camblor. Estos tres asturianos nun duldaron en «saltar» a la clandestinidá, reconstruyendo n’Asturies un movimientu obreru que nun diba tener tan dignos heriedes.

Mario Huerta foi el primeru d’estos tres en «saltar» a la clandestinidá. Naciera en Villarín, parroquia de Trubia, en 1915. Trabayó na Fábrica d’Armes y foi delantreru nel Juvencia, un equipu de fútbol local. En 1933 asiste al primer mitin del Partíu Comunista en Mieres Con 19 años yera miembru del Comité Rexonal y tuvo una destacada actuación nos sucesos de 1934. Derrotada la Revolución tuvo na cárcel hasta l’amnistía de 1936. N’acabando la Guerra Civil tírase al monte y en 1941 detiénenlu: intenta suicidase cortándose les venes de la muñeca esquierda. Tuvo en prisión once años y tres díes: Burgos, Ocaña y Uviéu. Cuando sal, impónse la xera de reconstruir el Partíu, pa lo que se pon a trabayar de viaxante, xera que-y permitía viaxar d’un llau a otru «ensin llevantar sospeches». Con too y con eso, tenía que presentase tolos meses ente los díes 1 y 5. Nesta situación taba cuando lu llamen a París p’asistir a un Congresu. Ellí, dícen-y que tien que desplazase a Praga, onde tuvo más de quince díes. Ente una cosa y otra pasaron dos meses, nos que nun fixo actu de presencia na Comisaría de Polícía. Cuando volvió, pa nun entrar a la cárcel, saltó definitivamente a la clandestinidá.

Andó per tolos pueblos del área central asturiana. Como traía y llevaba propaganda dientro d’un sacu punxéno-y d’alcuñu «L’home del sacu». Dormía en cuadres y en cabañes del monte, mui poques veces en casa de dalgún camarada. Nuna ocasión citóse con un enllaz nuna cabaña, en La Mosquitera. Pero a esti home (que se llamaba Mario como él) tardaron tres díes en day l’avisu. Cuando s’enteró, llegó a la cabaña onde alcontró a Mario Huerta cuasi a puntu de la inanición. «Llevo tres díes esperándote», dixo Huerta. « ¿Y qué comiste?», entrugó l’otru». «Nada», dixo Huerta. Y alegó que nun fuera a casa del enllaz pa nun comprometelu.

Los que lu conocieron daquella, recuérdenlu perpetuamente moyáu, yá que nun tenía gabardina. Cuando pillaba una moyadura, metíase nel payar ente la herba seco pa dormir y secase. Nuna ocasión foi a buscalu a la cabaña Vicente Gutiérrez Solís. Como nun lu alcontró dientro, salió al campu gritando «Cho, cho», la contraseña habitual. Alcontrólu desnudu, tiráu nel prau, secando al sol.

Mario Huerta actuaba, sobre too en Llaviana, Sama y Mieres. A mediaos de la década de los 50 entamaron les fuelgues mineres y Huerta yera l’encargáu de distribuir l’ayuda internacional que llegaba p’aliviar la situación de les familias represaliaes. El sistema yera fácil: metía billetes de 100 pesetes per baxo de les puertes. Anduvo per Asturies, París y Madrid. En 1969 cayó nuna depresión y marcha a Francia y a la Unión Soviética a reponese. En 1976 vuelve a Asturies onde va vivir hasta que muerre en Xixón, en 1996, nuna residencia d’ancianos. Qué coses nun contaría.

(Una anécdota que da un poco’l color d’aquellos primeros años de la Transición. Un militante comunista de Llangreu, Freixedo «Voló», volvió depués de munchos años a Sama –pasara pelos brutales penales de Burgos, Ocaña y San Marcos de Llion. Diba cola maleta pela cai y vio a un compañeru de partíu totalmente deformáu por una bomba que-y esplotara cuando la guerra civil y que-y mutilara una pierna y un brazu. Pasó xunto a él mirándolu de refilón, callando como un afogáu pa nun lu comprometer. L’home, sentáu nuna siella de ruedes, con esi acentu de la Cuenca entrugó: «¿Nun me conoces, Voló?». Y Voló, alegre por encontrar a un compañeru al que nuny importaba dase a conocer, contestó con sorna y alegría: «¿Voi conocete, ho? ¡Fáltate la mitá!»).

Manuel Parrondo


Publicáu en: Les Noticies, 27 d'ochobre de 2002.
Fonte: Les Noticies.

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Sí, hubo otra Felguera

Tengo en mis manos el álbum del presente año de las fiestas de San Pedro de La Felguera, donde está insertado el pregón del pasado año 2007 que lleva por título «¿Es que hubo otra Felguera?», pueblo donde nací y realicé mi larga vida. Pregón efectuado por don Carlos Fernández Espina, a quien le expreso mi más sincera felicitación por tan grata y amena disertación.

En cuanto al título y refiriéndose al aspecto visual urbanístico, así como al cambio de los valores humanos con el paso del tiempo, podemos ratificar que, efectivamente, sí hubo otra Felguera.

Ciertamente se puede decir que ganamos en algo fruto del progreso, así como perdimos ricos valores, apreciación que tuvimos durante generaciones por su trabajo y cultura, siendo un referente no sólo para Asturias, sino para España y fuera de ella. Esta apreciación la valoramos personas descendientes de distintas generaciones a quienes por nuestra avanzada edad (87 años) se nos considera viejos o ancianos.

En cuanto al pregón, resaltar los aspectos y nombres reseñados, y sin inmiscuirme en ello y sin objeción alguna, sino que movido por sentimientos propios y apreciación personal –lo que no sé si procedería–, creo que aunque de pasada nombrar a Higinio Carrocera Mortera, «pozarico» de Barros, del que habría mucho que contar y agradecer, y de quien escribo esta breve reseña.

Si hay algo que dignifique a los seres humanos es reconocer lo que les hace ser especial por una u otra causa, como fue este humano y ejemplar hombre, quien mientras vivió y su cerebro empezó a germinar por lo que luchó y murió, por la paz, la libertad y la emancipación del proletariado, asumiendo desafíos y adversidades hasta su último momento en su corta edad y entregando su vida con los demás compañeros de lucha.

Fue un luchador incansable en la contienda nacional, respetado y siempre en primera línea de fuego, herido y hospitalizado dos veces, aunque no revestía gravedad. Con sus ideas anarcosindicalistas, pero al margen de cualquier filiación política ortodoxa, tenía como emblema único el símbolo de la bandera roja y negra y las siglas de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo).

La dictadura del general Primo de Rivera, con sus persecuciones e injusticias, acabó de convertirlo en uno de los elementos más efectivos del anarcosindicalismo asturiano.

Higinio apoyó la militarización de las milicias durante la guerra como gran estratega asumiendo el grado de comandante del Batallón 210 del Ejército Popular Republicano y, más tarde, comandante de una brigada móvil de choque formada por milicianos voluntarios, al frente del cual en la famosa y dura batalla de El Mazuco alcanzó la Medalla de La Libertad quien por su esfuerzo y moral fue considerado por sus compañeros «Héroe del Mazuco», siendo nombrado con frecuencia en los partes de guerra, de prensa y radio, por el general franquista Queipo del Llano, dando por finalizada la guerra en Asturias, con esta epopéyica resistencia a pesar de la diferencia de fuerzas y los escasos medios de defensa de que disponían.

En los frentes de batalla se hallaba aún Carrocera cuando muchos barcos estaban repletos de combatientes y elementos responsables de retaguardia. Se habían hecho a la mar en El Musel en busca de la salvación, siendo de los últimos en hacerlo en el barco de carga «El Llodio». Capturado el 21 de octubre de 1937 y conducido a Ferrol y de allí a La Coruña, desembarcando en Muros de Noya el 4 de noviembre de 1937, e internado en el campo de concentración de Romani, donde descubren su verdadera identidad, encerrándole en la celda de castigo durante 12 a 15 días llamada «La Leona» por el terror y trato que infundía, siendo fusilado el 8 de mayo de 1938.

Posteriormente, fue trasladado a Oviedo y procesado en un «llamado consejo de guerra» y ejecutado con 30 años de edad junto con otros catorce compañeros de lucha. Había en Asturias en el año 1924 más de 3.000 afiliados a la CNT, de los que 59 eran del poblado de Barros («pozaricos») cotizando el sello confederal.

Higinio Carrocera Mortera, que en paz estés por tu extraordinaria valentía, nobleza y humanidad; un gran hombre para no olvidar y tenerlo en nuestra memoria histórica.

Baldomero Montejo Martín


Publicado en: La Nueva España, 11 de enero de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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¿Sindicalista o soplón?

Un libro escrito por el hijo de un policía cuestiona la trayectoria del líder minero Fernández Villa, al que acusa de ser un confidente y de simular bajas laborales

Es un hombre pequeño, pero duro. Admirado incondicionalmente por sus seguidores y odiado por otros. Apreciaciones personales aparte, José Angel Fernández Villa, secretario general del sindicato minero SOMA-FIA-UGT, ex miembro de la ejecutiva nacional del PSOE hasta el penúltimo congreso, guerrista empedernido, es un peso pesado de la política y del sindicalismo asturiano. Así lo demostró todavía esta semana en Madrid, al frente de la manifestación que congregó a los mineros frente al Ministerio de Industria para protestar contra los incumplimientos en el Plan Minero.

Un peso pesado, al que le ha salido un contrincante también pequeño pero duro, que no puede derrotar ni en las urnas ni en las asambleas a pie de pozo: un libro. Sí, un pequeño libro de bolsillo azul de 306 páginas, titulado Clandestinos y en el que en uno de sus capítulos se afirma que el sindicalista, que se encerró en las Navidades de 1991 en el Pozo Barredo desafiando a su propio partido, fue «un confindente de la policía» hasta 1976 y «delató» a muchos de sus compañeros; y que, además, pone en duda los motivos de una baja que se le concedió cuando estaba liberado ya del pozo Candín, en 1993, y ocupaba el cargo de secretario general del entonces SOMA-UGT.

Un libro que ataca frontalmente su imagen de luchador de la causa obrera y que ha desencadenado reacciones diversas en el seno socialista. Algunos, cuya identidad no quieren que sea desvelada, apoyan la versión del polémico autor, José Ramón Gómez Fouz, un hijo de policía que «dispone de los archivos de los elementos más bajos e inmorales (en referencia a los agentes de la brigada político social) de la sociedad de la época tardofranquista».

Otros, consternados o realmente enfadados, defienden a su jefe y compañero con uñas y dientes. «Lo que se dice es vomitivo», exclama Pedro Castillejo, mano derecha del sindicalista.

Clandestinos, editado por Pentalfa, propiedad del hijo del eminente filósofo Gustavo Bueno, ve la luz casualmente en una época en que la lucha política es más intensa y a los españoles les toca elegir a sus representantes autonómicos, municipales y europeos.

Despedido

En aquella época, explica el autor, Villa no era todavía «excesivamente conocido», aunque sí tenía fama de inquieto pues «en 1969 había sido despedido de la mina junto a otros». El policía Claudio Ramos al tener conocimiento «del rumor o denuncia, que en realidad no comprometía a Villa, ya que el adulterio sólo estaba penado para la mujer (...), dejó aviso en el Bar de Hermógenes para que Villa se presentase a Claudio Ramos en la comisaría porque había una denuncia contra él».

Así, al poco tiempo el líder sindical «se presentó» en el despacho del citado policía. Ramos «habló largo y tendido y, efectivamente, vio a un hombre con inquietudes. Villa le contó la situación en la que se encontraba, sin trabajo. Ramos le dijo que eso estaba arreglado y le metió a trabajar como trenista en la mina Miravalles de su amigo Efrén, en la Colladona, convirtiéndose a partir de entonces en un extraordinario servidor del policía».

El autor pormenoriza varios «chivatazos» del líder sindical: «Le confió a Efrén que siete de los que trabajaban en la mina con él (...), que habían pedido permiso de vacaciones, en realidad habían ido a trabajar a mina Margarita, en Quirós». Villa, que en aquel entonces «estaba cercano a la CNT y pertenecía a las Comunas Revolucionarias de la Acción Socialista (CRAS), dio el primer cante de dos de los pertenecientes al CRAS de Oviedo (...)». «Cuando había reunión de la CNT, la UGT u otra organización clandestina, Villa hablaba con Claudio Ramos y preguntaba si debía ir. La respuesta del policía era siempre la misma: claro, vete y así luego nos enteramos de todo (...)».

Relata Gómez Fouz que «el contacto» del líder sindical con Ramos «era siempre el teléfono personal de su casa. Claudio Ramos (ya muerto), por su parte, o Fuente (que sigue vivo), que también empezaba a recoger el testigo, llamaban al bar del padre de Villa (...) Siempre daban un nombre falso (...) Uno de los lugares de reunión era el local del SECED (el antecesor del CESID, creado por Carrero Blanco)».

Los documentos que aporta el autor en el libro son notas «tomadas a mano por Ramos y Fuente», en las que figura al inicio el nombre de «José Angel». Tienen fecha de 28-12-1975, 3-12-75 y 19-6-76 la última de ellas.

Varios de los supuestos «chivatazos», como el del comité surgido del Congreso de UGT celebrado en mayo de 1976, en el que fue elegido Emilio Barbón, actualmente magistrado jubilado, como secretario general, aparecían ya en prensa y coinciden en algunas de sus descripciones. Igual ocurre con las notas del homenaje póstumo al veterano socialista José Barreiro, en las que la policía apunta los nombres de algunos de los asistentes, mientras el periódico tan sólo nombra a Barbón.

Gómez Fouz también relata cómo «Ramos, a propuesta de Villa, le metió a trabajar en ENSIDESA , en La Felguera (...)». Para un veterano dirigente socialista este dato da «veracidad a la historia porque ya en aquella época nos pareció muy raro que un hombre que fue expulsado de una empresa pública pudiera entrar en otra. Yo ya tenía esos datos a finales de 1988», corrobora el dirigente.

Comida en Mieres

Emilio Barbón confirmó a CRONICA que cuando llegó la democracia asistió a una comida que se relata en el libro, celebrada con Efrén (el amigo de Ramos que supuestamente metió a trabajar a Villa) y otros en un bar de Mieres y en la que, según se cuenta en la publicación, «el empresario minero confirmó a Barbón el trato que él tuvo con Ramos y Villa».

En el mismo capítulo en el que se describen las presuntas confidencias de Villa a Ramos, el autor incluye la reproducción del parte de un accidente de trabajo: «Resbaló por una escalera y cayó flexionado y rotando la columna, golpeándose contra la propia escalera».

Fue el accidente que presuntamente tuvo José Angel Fernández Villa, liberado ya como sindicalista, en el pozo Candín, donde estaba adscrito, el 14 de mayo de 1993. Gómez Fouz también incluye un extracto del libro de bajas de Hunosa de mayo de 1993 «en el que no aparece» el mencionado accidente. En el capítulo 16 del libro comenta el hecho: «Todo el mundo sabe que hace mucho tiempo que Villa ya no entra en el pozo. Pero como figura como accidente, cobra el 100%».

Todos los socialistas consultados desconocían ese accidente de Villa, ya prejubilado. Tan sólo recuerdan que ese mismo año en la fiesta minera astur-leonesa de Rodiezmo (León), «le cayeron unas cajas de sidra en la espalda».

El sindicato SOMA-FIA-UGT entregó una ficha de accidentes a este suplemento de la empresa estatal Hunosa, en la que se hace constar con unas notas escritas a mano que Villa tuvo un accidente en la fecha señalada. Según el sindicato, ese documento certifica la veracidad del accidente. Un portavoz de la empresa estatal señaló que los citados partes deben tener la firma de un médico y el sello de la empresa estatal. Este documento carece de ambas cosas.

La historia se encargará de confirmar si Villa es un héroe o un villano.

Ana Gallego


Publicado en: El Mundo, 6 de junio de 1999.
Fuente: El Mundo.

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Entrevista a Rubén Vega II

La llucha antifranquista tuvo nel movimientu obreru asturianu ún de los principales aliaos. Asina, les güelgues d’abril de 1962 convirtieron a Asturies nun puntu de referencia pa tolos que s’interesaben pola evolución social y política de la España de la época. La Fundación Juan Muñiz Zapico vien desenvolviendo, dende hai yá tres años, un intensu llabor pa recuperar la memoria histórica. Pa ello organizó exposiciones (una pue vese inda nel CAMCO), publicaciones de llibros, congresos y debates. Daquella, había una lluz n’Asturies.

–Ustedes, dende la Fundación Juan Muñiz Zapico, tán entamando una serie d’investigaciones, publicaciones y actos pa recuperar la memoria de la Güelgona del 62. ¿En qué consisten?

–Ye un proyectu de llargu plazu; yá llevamos tres años. Ye un programa d’investigación histórica, pa lo qu’hubo que formar un grupu d’historiadores que sacaran alantre’l llabor. Tamién publicamos estos resultaos nel llibru tituláu «Hay una luz en Asturias. Las huelgas de 1962 en Asturias», acabante publicar por Trea y que yo coordiné. Tamién fiximos un congresu, qu’organizamos pel branu en collaboración cola Universidá d’Uviéu, y que va orixinar un prósimu llibru, a publicar a fines d’esti mes, sobre les güelgues del 62 nel restu d’España y la repercusión internacional. Nesi congresu reunimos a historiadores de les comunidaes onde hubo dalguna incidencia de la güelga, y dalgunos que vinieron de fuera del Estáu o a tratar cuestiones xenerales. Esti llibru va titulase «El camino que marcaba Asturias. Las huelgas de 1962 en España y su repercusión internacional». Lo del «camín que marca Asturies» parafrasea un lema del PCE d’entós. Depués de 1962, Asturies realmente conviértese nuna referencia inescusable pa tola oposición al Franquismu.

–Efectivamente, munchos investigadores afirmen qu’el 62 asturianu ye una especie d’ecuador sociolóxicu del Franquismu. ¿Cómo se concreta eso?

–Efectivamente, les güelgues del 62 constitúin una bisagra no que ye la movilización social contra’l Franquismu. Nun ye que sían les primeres güelgues, nin siquiera que signifiquen el principiu de la movilización opositora; pero tolo qu’hubiera antes tuviera un carácter geográficamente concentráu (en Vizcaya, Barcelona, Asturies); toles güelgues anteriores taben mui localizaes, mui disperses nel tiempu; amás, la movilización obrera diba per un llau, la estudiantil per otru y la cultura d’oposición de los intelectuales per otru. Hasta’l 62, toos estos yeren sectores desconectaos, y ye nesti momentu cuando cuaya una auténtica movilización antifranquista.

–¿Esto cómo foi?

–D’un llau, dase la mayor güelga con anterioridá y con posterioridá. Simultáneamente, a lo llargo del mes d’abril, la suma total de güelguistes da unos 300.000. Amás, territorialmente afecta –agora podemos dicilo con abonda base de certeza– a 28 provincies. Eso nun pasara nunca. Más tovía: esa güelga –no que foi el focu, les Cuenques mineres asturianes– consigue que’l ministru José Solís –que yera Secretariu Xeneral del Moviento y Delegáu Nacional de Sindicatos, el que yera’l másimu responsable depués de Franco del partíu y el sindicatu oficial– negocie colos güelguistes (que yeren delincuentes pal Réxime, dada la illegalidá de la movilización). Y non negocia con representantes institucionalmente reconocíos, verticalistes, negocia con comisiones d’obreros. Esto da-y a la güelga una dimensión política estraordinaria. Ye la única vez que sucede nel Fanquismu: nin antes nin depués un ministru se ve forzáu a negociar.

–Tuvo que ser un momentu impresionante.

–Solís pasa una selmana n’Asturies. Va a Mieres, va a Llangréu. Métese na Sindical, onde recibe a empresarios, verticalistes y depués a comisiones d’obreros formaes por sindicalistes que depués van ser bien conocíos. Negocia con ellos, fai concesiones, fala por radio colos asturianos –especialmente colos mineros–, recibe periodistes y, sobre too, fai concesiones. Hasta’l puntu que cuando vuelve a Madrid métese nun Conseyu de Ministros y d’ehí sal una prima de 75 pesetes por tonelada de carbón pa que revierta nun aumentu salarial na minería. Esto sal publicáu nel Boletín Oficial del Estáu cuando la güelga inda taba vixente, coles mines paraes. En términos políticos, el Franquismu sufrió d’aquella una derrota de primer magnitú. Significó que los sindicatos verticales nun taben funcionando y nada menos qu’un ministru de Franco negocia colos güelguistes, cede y publica nel BOE la ratificación del Conseyu de Ministros, la concesión que fai pa desactivar la güelga.

–Esto tuvo unes consecuencies inmediates.

–La Güelga de 1962 pon pates arriba’l sistema qu’entós venía funcionando de censura de la información. Inmediatamente depués de la güelga va haber un cambiu de Gobiernu y Arias Salgado, que yera’l responsable de la censura, da pasu a Francisco Fraga Iribarne. Nun ye que llegara la llibertá d’información, pero sí que s’intauró otra manera. Fraga tien idees nueves y, sobre too, fai una llectura de la güelga. N’abril del 62 descubrieron que yá nun yera posible’l silenciu. ¿Qué yera lo que fixeran n’abril hasta que se declara un Estáu d’Escepción que, por cierto, nun-yos valió de nada, yá que la güelga siguió medrando durante y depués del Estáu d’Escepción? Nun dicir nada. Nes hemeroteques pue vese que nun hai nenguna referencia al paru xeneral de la minería asturiana, la siderurxa de Fábrica de Mieres y, posiblemente, la de Duro Felguera tamién. El silenciu informativu foi absolutu. A partir d’ehí, saquen una conclusión: como la xente nun alcuentra información verosímil acude a les radios estranxeres.

–Radio Pirenaica, claro.

–Radio Pirenaica tien daquella una fuerza impresionante, que sal en tolos informes confidenciales de la Guardia Civil. Tamién ta Radio Praga, Radio Moscú, Radio Bucarest, la BBC... tamién Radio París. La Pirenaica consigue desmantelar l’aparatu informativu franquista d’una manera mui eficaz. Esto consigue que’l Franquismu cambie la so política de censura. En 1968 hai otres güelgues, n’agostu y setiembre, y lo qu’apaez nos periódicos yá se paez al periodismu. Vázquez Prada, que dirixe «Región», va a les Cuenques y entrevista a mineros. Yá reconocen que la güelga esiste.

–Tuvo que ser un tragu difícil de pasar pal Réxime...

–Como-y digo supunxo un corte. Incluso hai un momentu en que’l Gobiernu se plantea reconocer de forma limitada’l derechu de güelga. Hai notes manuscrites de Franco considerando la propuesta. Al final lo que fixeron foi sacar un Decretu de Conflictos Colectivos pero que nun la reconoz.

–Falábame que’l movimientu nun foi namás obreru. Tamién lo foi estudiantil y qu’eso supunxo un golpe que nun pudo asimilar el Franquismu.

–La güelga del 62, per primer vez, tien esa nueva dimensión: treslládase tamién al movimientu estudiantil. En Barcelona, Madrid y Valencia hai estudiantes que se movilicen. Hai represalies previes (en febreru detienen en Barcelona a varios d’ellos) y tienen reivindicaciones propies: quieren que la Universidá de Navarra, del Opus, nun emita títulos oficiales. ¿Pero qué ye lo que dicen cuando se manifiesten pela Cai San Bernardo de Madrid o na Plaça de Catalunya?: «Asturias, sí. Opus, no»; «Asturias, sí, Franco no». ¿Por qué detienen a Manuel Vázquez Montalbán na puerta de la Universidá Central de Barcelona? Por cantar l’«Asturies, patria querida», que se convierte nun cantar subversivu.

–¿Cree usté qu’un conflictu como aquel diba ser posible güei?

–Ye mui difícil que güei se dean circunstancies pa un modelu de conflictu como aquel. La güelga del 62 tuvo una dosis notable d’espontaneidá. Nun foi una güelga programada: foi un fenómenu que se contaxó básicamente por simpatía y solidaridá. Los xornaleros andaluces, o los campesinos de Jerez o Don Benito, teníen unes reivindicaciones propies pero siguen la estela de lo que pasa n’Asturies y se difunde pela Pirenaica o peles organizaciones clandestines. Los conflictos tienen agora otra dinámica, aparte de que’l movimientu obreru se bate en retirada dende hai munchos años. La clas obrera ta sufriendo un procesu d’acosu: la globalización endurez les condiciones del mercáu de trabayu, estableciendo una correllación de fuerces nalgún sentíu más desfavorable pa los trabayadores y, n’otru, más favorable. Pero no que diz respecto a la cohesión interna de la clas, les condiciones son agora muncho más adverses. Les condiciones nes que se llucha –la llegalidá– son muncho más favorables que na dictadura, evidentemente.

–Lleendo’l volume «Hay una luz en Asturias» rescampla’l carácter sufríu y heroicu d’aquella xente.

–Aguantar dos meses de güelga, como s’aguantó, significa pasar fame. Dalguna de les muyeres cola que falamos, encargada de los comités de solidaridá, contónos que nun pidíen dinero, pidíen comida. La HOAC, la xente de Cáritas, pide comida; o creen comedores. La xente llevaba a comer a casa a los güelguistes. Hubo una solidaridá popular tremenda, y a ello hai qu’añedir la solidaridá internacional que se desencadenó.

–La güelga foi un aldabonazu na conciencia de los intelectuales españoles. ¿Qué papel xugaron?

–Hubo una repercusión importante, primero, nel mundu intelectual, y segundo, nel planu internacional. Nel mundu intelectual hai un manifiestu qu’encabeza Ramón Menéndez Pidal. Rápidamente sucédense otros suscritos en México y Francia. Namás n’España hai 200 intelectuales que firmen, dalgunos veníos de la derecha más rancia: Laín Entralgo, Tovar, Dionisio Ridruejo... Tamién taben Aranguren y comunistes como Buero Vallejo, Celaya, Alfonso Sastre. En realidá, el manifiestu úrdelu’l PCE en Madrid.

–¿Cuál foi el papel del PCE nesti conflictu?

–El PCE en 1962, como antes y depués d’esta fecha, ye la principal organización d’oposición al Franquismu. Probablemente ye la organización que ta presente en más puntos onde la güelga se da. Tenía Radio Pirenaica, lo qu’amplificaba la so voz. En 1962 ye’l PCE’l que se mueve, anque los socialistas tamién se mueyen. Los anarquistas malapenes queden organizaos, pero los pocos que queden tamién actúen. Depués tán los cristianos, que ye la gran novedá, xente que vien del mundu cristianu y dinamiza’l movimientu social. Incluso hai cures que participen activamente na güelga. Otru de los factores claves de la güelga ye la plasmación d’una contradicción del sistema: l’apartamientu de ciertos sectores de la Ilesia y el Gobiernu. Hasta ésa fora un matrimoniu que yeren ún pa otru, que yera prácticamente una simbiosis, conviértese nuna fonte de tensiones. Franco ta obsesionáu con esi tema. Nos documentos históricos vemos cómo esti tema lu trai de cabeza, porque nun entiende cómo ye posible qu’haya cures que se pongan del llau de los güelguistes, cómo ye posible qu’apoyen a los comunistes. En definitiva, cómo la xerarquía, que nun apoyaba abiertamente les posiciones de la oposición, polo menos nun les condena. La resquebra bien d’antes pero agora profundízase.

–La repercusión internacional foi enorme.

–Nós, nun vídeo que fiximos sobre esta güelga sacamos unes imáxenes bien elocuentes: sitios onde hai manifestaciones, colectes de solidaridá, declaraciones de sindicatos, partíos, parlamentos, editoriales de periódicos. Alcuéntreste con que nos cinco continentes tien repercusión. Asturies nunca saliera na opinión pública internacional d’esa manera dende 1934. Ehí sí que se pue establecer un paralelismu ente la revolución y la güelga de trenta años depués. Alcuentes informaciones y reportaxes de «Le Monde», de «Le Figaro». Tamién hai varios editoriales de «The New York Times», preocupaos por si «esto» será cosa de los comunistes, si el réxime yera estable o non, si les güelgues yeren llaborales o teníen otru conteníu. Hubo manifestaciones en cada pueblu d’Alemania o Francia, porque hai esiliaos o emigrantes. Y tamién en Sidney (Australia), amás de declaraciones de solidaridá que lleguen de Tanzania, Indonesia, Madagascar... La cuestión asturiana puense d’actualidá. Y esto lleva a un factor clave: el réxime en febreru solicitara abrir negociaciones col Mercáu Común. El resultáu ye qu’en febreru piden negociaciones y n’abril españa la güelga. Los intelectuales denúncienlo y el comunicáu sal en tol mundu. Ponse n’evidencia que n’España nun hai derechu de güelga, d’opinión, d’asociación, de reunión. La socialdemocracia europeo ciárrase entós en banda respecto a cualquier perpectiva d’almitir nel sen comunitariu al réxime de Franco, pero tamién un sector de la democracia cristiana y de la derecha, que yeren propensos a da-y cancha al Franquismu, recula nes sos posiciones. Esto último vieno reforzáu pol «Conturbeniu de Munich»: el réxime reacciona con una infinita torpeza, desata una campaña de prensa furibunda contra los que se reunieran en Munich. ¿Y quién se reuniera?: socialistes, lliberales y democristianos. Y esa yera la xente que gobernaba Europa.

–¿Por qué intenten recuperar la memoria de la güelga del 62?

–La Transición fundóse sobre un pautu d’olvidu. Ensin entrar a analizar si esto foi bono o malo, o simplemente xusto, yo creo qu’esi pautu nun pue durar siempre. Lo que nos propunximos foi facer un homenaxe a toa aquella xente que lluchó cuando too paecía perdíu, especialmente a los deportaos. El nuesu afán ye que se pague la deuda histórica a esta xente, a la resistencia anti-franquista. Y que se faiga al más altu nivel.

Xuan Bello


Publicáu en: Les Noticies, 24 de payares de 2002.
Fonte: Les Noticies.

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Entrevista a Rubén Vega I

El próximu domingu cúmplense cuarenta años del entamu de les fuelgues de 1962. La Fundación Juan Muñiz Zapico aprovecha la ocasión pa presentar en Mieres el llibru «Hai una luz en Asturias. Las huelgas de 1962 en Asturias». Acompañando la presentación d’esti testu colectivu va realizase un homenaxe a los veteranos de la llucha obrera. Nesta entrevista, Rubén Vega, coordinador del llibru y presidente de la Fundación, fálanos de la importancia d’aquelles movilizaciones.

–¿Cómo yeren les condiciones de vida de la clase obrera asturiana nos sesenta?

–A xulgar polo que cuenten los testigos bastante precaries. De les munches entrevistes que ficimos na ellaboración del llibru, una cosa na que coinciden prácticamente toos –y que tamién ta rexistrao nos documentos d’archivu– ye que nun se ganaba un duru, había xornaes grandísimes y condiciones de trabayu bastante estenuantes. Nesti sentíu tanto la memoria de los protagonistes como la documentación de los archivos, incluyida la documentación de sectores del réxime, como la policía o’l Sindicatu Vertical, coinciden en que les condiciones de vida de los trabayadores yeren bastante dures.

–¿Cuáles fueren les razones concretes que llevaron a les fuelgues de 1962?

–Hai una combinación de factores relativamente complexa, de descontentu coles condiciones de vida y de trabayu, descontentu cola dictadura, los efectos del plan d’estabilización de 1959 y los recortes drásticos que tuvieron nos salarios... Al final, too indica que les fuelgues precipítense por una combinación de malestar económicu y de descontentu políticu. Un movimientu tan xeneralizáu tien que tar espresando un descontentu mui fondu pola dimensión qu’algamen les fuelgues, pola cantidá de xente que s’involucra, pola facilidá cola que se van encadenando les reacciones, cola que se produz la solidaridá d’una empresa a otra o d’una comunidá a otra, mesmamente. Evidentemente’l descontentu yera mui xeneralizáu y mui fondu.

–¿Qué trescendencia tuvieron n’Asturies?

–D’una manera como namás ocurriere otra vez na historia. Concretamente, en 1934 el movimientu obreru asturianu conviértese nun referente, non sólo pal restu del Estáu, sinón a nivel internacional. Les fuelgues de 1962 consoliden el mitu de l’Asturies «roxa», revolucionaria y obrera, mui vinculáu al papel de los mineros nel movimientu obreru. Nesti sentíu, Vázquez Montalbán dizlo mui claro nel prólogu del llibru cuando escribe qu’hai un momentu de los años sesenta nos que la pregunta, pase lo que pase políticamente n’España, ye ¿y los mineros asturianos qué faen? Estes fuelgues son les mayores qu’hubo en tola dictadura, nin antes nin depués hai una fuelga de semeyante magnitú, hailes más llargues, pero fuelgues d’empresa, non como éstes que se xeneralicen nun sector y se prollonguen per dos meses. Amás provoquen una de les más series crisis polítiques que la reivindicación obrera consiguiere en tol franquismu. El fechu de que’l Réxime salte los sos propios calces llegales, qu’heba un ministru que negocia’l desenllace d’una fuelga... Too eso nun tenía precedentes nin vuelve a pasar, hai otros conflictos qu’evidentemente tamién conmueven les estructures del réxime –particularmente les movilizaciones contra’l Procesu de Burgos o les fuelgues d’El Ferrol, de Vigo o del baxu Llobregat...– pero ye verosímil pensar que nun hai nengún conflictu que tenga l’algame y la trescendencia d’estes fuelgues.

–¿Qué «actos reflexos» xeneraos por estes fuelgues son señalables n’otros puntos del Estáu?

–Hubo una estensión mui amplia de la fuelga. Hai fuelgues que se xeneralicen en prácticamente tola industria, cola excepción d’Altos Hornos en Bizkaia. Pero depués repercusión mayor o menor, a veces mui localizada y otres más estensa, haila na metá de les provincies españoles. Hai fuelgues en Barcelona y en Madrid, en toles cuenques mineres d’España: Andalucía, Aragón, Lleón, Cataluña, Murcia... Nun hai una cuenca minera n’España que nun pare. Hai fuelgues en munchos astilleros... Reflexu del conflictu hailu inclusive en Canaries o Baleares, en sitios bastante insólitos naquel tiempu y no que yera’l movimientu obreru.

–Enantes yá lo comentasti un poco per alto; ¿cuála foi la reacción del aparatu franquista delantre les fuelgues?

–Tienen delles respuestes en distintes fases. Nun primer momentu tán mui condicionaos pol contestu, acaben de solicitar negociaciones col Mercáu Común y entós intenten encalzar el conflictu plantegándolu como un problema llaboral. A midía que’l conflictu va creciendo y que se-yos va de les manes faen lo qu’efectivamente facía colos conflictos obreros: palu, represión... Ehí entamen a detener xente, les detenciones, les tortures, redaes masives pa, finalmente, decretar l’estáu d’escepción, colo que se suspenden les presuntes garantíes que’l Fueru de los Españoles contemplaba. Pero, como la fuelga sigue creciendo y trasciende fuera d’Asturies, hai un momentu nel que’l Réxime decide facer una cosa que ye bastante insólita: negociar. Nesi momentu el ministru Solís desplázase a Asturies, pasa una selmana negociando y aende hasta abren, dientro d’una situación que llegalmente yera d’estáu d’escepción, espacios pa facer asambleas nos pozos, pa elexir comisiones que representen a los trabayadores y pa qu’al traviés d’eses comisiones s’espresen les demandes de los trabayadores. Esta situación ye tamién bastante insólita, tien mui pocos precedentes y mui pocos paralelismos. Finalmente, nel tema específicu de los mineros acaben cediendo. Les reivindicaciones de los mineros acaben siendo recoyíes nun decretu que sal nel Boletín Oficial del Estáu cuando la fuelga inda ta activa. Les represalies son relativamente poques nesta primer fuelga, la de la primavera, en rellación colo que fueren n’otros conflictos, lo que pasa ye que la fuelga rebrota otra vez n’agostu y ehí’l Réxime yá vuelve a les sos más pures esencies: deportación de 126 trabayadores, cientos de despidos... intenten sofocar al movimientu obreru pola vía clásica de la represión pura y dura.

–La prensa reflexaba too esto d’una manera mui peculiar, ¿non?

–El comportamientu de la prensa ye mui revelador de lo que representa una prensa controlada, censurada y dirixida nun réxime dictatorial. Na primer fuelga la prensa mantién un silenciu absolutu unes selmanes hasta que llega’l decretu d’estáu d’escepción. Nesi momentu yá nun se puede negar la so esistencia –el decretu d’estáu d’escepción señalaba precisamente les fuelgues como ún de los principales motivos– y entós pasen tol mes de mayu escribiendo que la fuelga acaba, que los trabayadores vuelven al trabayu, hasta que llega Solís y entama a haber un tratamientu mas exhaustivu de lo que ta pasando, de la negociación abierta. Siempre con informaciones que nun tán siendo redactaes polos periodistes, sinón que tán siendo emitíes directamente dende’l Ministeriu d’Información y Turismu, de manera que cuando agora vas a la hemeroteca y mires los distintos periódicos alcuentres que les informaciones son lliterales, exactamente igual, lo que cambia son los titulares, que yera lo único qu’escribíen nes redacciones.

Ramón Lluis Bande


Publicáu en: Les Noticies, 7 d'abril de 2002.
Fonte: Les Noticies.

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jueves, mayo 28, 2009

El sindicalismo policiaco da nuevos pasos

Ya hemos visto en estos últimos años en qué han ido quedando los llamados nuevos «sindicatos alternativos y de clase». Un ejemplo de esto es lo que viene sucediendo en Asturias con la Corriente Sindical de Izquierda (CSI). Su pretendido radicalismo inicial ha ido dando paso poco a poco a una política cada vez más abiertamente seguidista de las grandes centrales mafiosas y en especial de CCOO. Y no podía ser de otra manera dado el estrecho margen de movimiento que les deja la asfixiante legalidad del Estado fascista español. Si a esto añadimos el carácter reformista de sus máximos dirigentes, Morala y Redondo (¡menudos elementos!), podemos comprender fácilmente el triste papel que vienen desempeñando. Esto explica el que con los años la Corriente haya ido dejando de ser poco a poco ese «cajón de sastre» al que iba a parar la gente más cañera y combativa para transformarse casi en su contrario, en un muro de contención, el último (dado el descrédito de las grandes centrales mafiosas) que trata de impedir a los obreros y los jóvenes más combativos tomar el camino de la lucha independiente, de hacer de las asambleas verdaderos órganos de decisión y abandonar los caminos del reformismo y la conciliación con los explotadores.

Ciertamente tanto Redondo como Morala gozan todavía de un «prestigio» fruto de las poses «radicales» que les permite la pasma con el objeto de desviar la atención de sus afiliados y simpatizantes de la lucha resuelta y decidida. Es Morala quien más se cuida de rodearse de esa «aureola» pretendidamente radical. En las luchas de Naval Xixón del 95 allí estaba él tutelando, encarrilando y poniendo coto a las iniciativas solidarias de la juventud cañera que iba al astillero a romperse la cara con la pasma, no fuera a ser que la cosa se fuese de madre y le metieran mano a él y a su chiringuito. Los jerifaltes de la CSI han hecho de las Asambleas de obreros en lucha una burda imitación de lo que fueron antes; toda la «estrategia» de las movilizaciones del Naval fue negociada por ellos con anterioridad, y sus «éxitos» y concesiones también.

Una buena muestra del papel tan dañino que vienen jugando estos dos elementos es su iniciativa de intentar crear la «sección juvenil» del sindicato, lo cual les viene costando auténticos esfuerzos, dada la resistencia que encuentran entre la mayoría de los más jóvenes. La bomba demográfica de Asturias la constituye ese 50% de paro juvenil, esa juventud obrera «sobrante», cada vez más radicalizada y que tantos quebraderos de cabeza da a maderos y picolos. ¿Y qué hacen los dirigentes de la CSI al respecto? Pues no se les ocurre nada mejor, en lugar de avivar el fuego de la lucha de clases, que seguir actuando de apagafuegos; en lugar de apoyar consecuentemente las luchas de la juventud, tratan de resucitar lo que ya estaba muerto.

Lo que verdaderamente temen los mandamases de la CSI es que sus afiliados más radicales tomen el camino de la lucha y la organización más decidida y acaben confluyendo con el movimiento de resistencia organizado. Bien es cierto que han hecho todo lo posible para evitar que esto suceda (expulsiones, caza de brujas, presiones, chantajes…). Cuando ya dábamos esto por acabado parece que han vuelto a poner en marcha una campañita de este tipo secundando la consigna de la policía política de extender el miedo: «no se os ocurra moveros que los tenemos encima», «sabemos que hay gente aquí que tiene contactos con el terrorismo…», dice Redondo escrutando el rostro de sus afiliados (no vamos a entrar aquí en el uso demagógico-fascista que hacen de la palabra «terrorismo» aunque ahí también se les ve el plumero). Pero lo que callan es por boca de quién lo «saben» y tienen sus buenas razones para ello pues, ¡ay!... ¿quién estaba al otro lado del teléfono? ¿un pajarito o los picolones de información de Contrueces y los torturadores del cuartel de Buenavista…?

Debemos estar alerta y hacer frente a estas campañitas que preparan el terreno a la represión. Ya es hora de desenmascarar y plantar cara con valentía a quienes tanto daño vienen haciendo al movimiento obrero asturiano.

A. Xivares


Publicado en: Resistencia, órgano del Partido Comunista de España (reconstituido), nº38 (noviembre 1997).
Digitalización: El cielu por asaltu.

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La huída de El Musel en la noche más clara

Vicente Rodríguez Alonso relata su salida de Gijón, el 20 de octubre de 1937, ante la caída de la ciudad y del Frente Norte, cuando era un joven comunista de 16 años

«Nunca vi una noche tan clara y con tal Luna llena como la del 20 de octubre de 1937». Tal admiración la expresa el gijonés Vicente Rodríguez Alonso, de 87 años, y no lo hace en un sentido estético. Esa noche, con 16 años y siendo militante del Partido Comunista, huyó de Gijón por El Musel, como tantos ciudadanos que, al menos, lo intentaron, cuando las tropas nacionales estaban a punto de entrar en la ciudad.

Iban a caer la ciudad y el Frente Republicano del Norte -acaban de cumplirse 71 años- y Vicente Rodríguez ha narrado a LA NUEVA ESPAÑA lo que vivió aquella jornada en la que llegó corriendo al puerto gijonés a las nueve de la noche, cuando ya había perdido la oportunidad de salir antes, junto a su padre, Fernando Rodríguez, también comunista, en la huida organizada por el gobierno gijonés del Frente Popular.

«Sin ánimo de polemizar», Vicente Rodríguez cuenta que «a la hora en la que yo llegué a El Musel no vi ametralladoras, ni en los barcos, ni en tierra, ni a ninguna Brigada Vasca; no vi a ningún soldado armado, sino a gente desarmada, a soldados milicianos desarmados».

El veterano comunista rememora que «éramos cientos de personas y no había muchos barcos, pero sí algunos; buscábamos lo que podíamos y nadie me impidió encontrar un barco. Di con uno, bajé por la escala y me dijeron que me metiera en la bodega».

Después, a causa de la especial luminosidad de aquella noche, el crucero «Almirante Cervera», de la Armada Nacional, apresó el barco en el que viajaba aquel chaval.

Vicente Rodríguez Alonso había nacido el 14 de octubre de 1921 en La Felguera, pero al estallar la guerra se vino a Gijón, junto con su padre, Fernando Rodríguez, que era «secretario del Departamento de Guerra», encabezado por el comunista Juan Ambou, dentro del Consejo de Asturias y León, del Frente Popular.

El joven Vicente Rodríguez trabaja a su vez en la Consejería de Comunicaciones, «de la que era responsable Aquilino Fernández Roces, al que después detuvieron en Alicante y fusilaron». Dicha Consejería, «en la que yo era un auxiliar más, estaba en la Casa de Correos y de ella dependía la emisora de radio EAJ-34. Se daban los partes de guerra y recuerdo que había un locutor que era Joaquín Sánchez, que era rapsoda también, componía versos».

Avanzada la guerra, Vicente Rodríguez recuerda la declaración de soberanía del 24 de agosto de 1937, dos meses antes de la caída del Frente Norte, cuando se constituye el Consejo Soberano de Asturias y León, lo que significaba que el Gobierno asturiano, establecido en Gijón, rompía con el de la República, en Valencia. Era presidente de dicho Consejo el socialista Belarmino Tomás y, precisamente, el Partido Comunista se opuso a aquella medida de soberanía. «Belarmino Tomás quería asumir cargos de una manera muy personal», explica el veterano gijonés. «El Partido Comunista propugnaba un Ejército regular, mientras que Belarmino quería uno de milicianos; y, al mismo tiempo, él acusaba a los comunistas de querer crear un Ejército rojo». El caso es que, «cuando el coronel Prada fue destinado por la República al Ejército del Norte, prefería más tratar con los comunistas que con los socialistas de Belarmino», agrega.

«Finalmente, Belarmino destituye a Ambou y se nombra a sí mismo consejero de Guerra. Entonces, mi padre es destinado al consejo militar del Partido Comunista». Dicho partido tenía su sede «en la casa de Paquet, en el muelle, en la parte de arriba del edificio, subiendo por la cuesta». El consejo militar del Partido Comunista estaba comandado por «Casto García Roza, que en el año 1946 vino a organizar el partido, por orden de Santiago Carrillo, a La Camocha, pero le capturó la Policía y le llevaron a la Comisaría de la calle Cabrales, donde le torturaron y murió; en el parte de defunción decía que había fallecido de un infarto, pero ya sabíamos todos lo que eran esos infartos».

Lo que sucedió aquel 20 de octubre de 1937 constituye el preámbulo de la huida de este gijonés por El Musel. «A las doce del mediodía, hubo reunión del Consejo y se planificó la salida inmediata». Para aquel chaval iba a ser, en principio, «un día de vida normal; fui a Correos a trabajar y volví a casa a la hora de comer. Fue entonces cuando mi padre me dijo que a las cinco de la tarde, no más tarde, fuera a la casa de Paquet, para salir de Gijón».

A continuación, «a las tres de la tarde, vuelvo a Correos a trabajar y me llama el consejero, Aquilino Fernández Roces. "Antes de marchar, vete a inutilizar la emisora", me dijo».

Vicente Rodríguez hizo un rápido cálculo de horas y se percató de que no daba tiempo a cumplir su misión y llegar a las cinco a la cita con su padre. Pero obedeció la orden.

«La emisora estaba en la calle de Los Moros, antes de la calle de Tomás Zarracina. Tenía el locutorio abajo y los aparatos arriba. Llegué y el técnico de la emisora se mostró reacio a hacer nada. Yo le expliqué que bastaba con romper o inutilizar algunas lámparas, para que la emisora quedase inutilizada durante unas horas, las suficientes para que los nacionales no pudieran utilizarla al entrar en Gijón».

Entre las discusiones y la ejecución de lo previsto, «pasaron varias horas, y cuando llegué a la casa de Paquet ya eran las ocho de la tarde y allí no había nadie».

Vicente Rodríguez reflexiona hoy sobre el hecho de que su padre no le esperara. «La respuesta es bien fácil: él, como les pasó a muchos otros comunistas, sería con total seguridad fusilado y yo, por estar a su lado, pues también. Por ello optó, con muy buenas razones, por pensar que los dos por separado tendríamos más oportunidades de salvar el pellejo».

Tras encontrar vacía la sede del Partido Comunista, «junto a otros compañeros tomé rumbo a El Musel. Hice todo el trayecto corriendo todo lo que me daban las piernas y las zapatillas de esparto y pude observar con gran desolación que no estaban ni mi padre ni nadie conocido a quien yo pudiera pedir ayuda».

Eran las nueve de la noche y había comenzado ya la noche más clara que Vicente Rodríguez recuerda haber visto en toda su vida.

«Hice la instrucción en el "Cervera", el buque que años antes me capturó al huir por El Musel»

A las nueve de la noche del 20 de octubre de 1937, Vicente Rodríguez Alonso, de 16 años y militante del Partido Comunista (PC), llegó corriendo al puerto de El Musel. «Pasé junto al barco "Monseny" y bajé por la escala». Comenzaba así la huida de Gijón de aquel chaval que después iba a pasar 33 meses apresado en campos de concentración y batallones de trabajo.

Vicente Rodríguez Alonso (La Felguera, 1921) revive para LA NUEVA ESPAÑA los sucesos de aquel día en el que las tropas del Ejército nacional estaban a punto de entrar en Gijón, lo que supondría la caída del Frente Republicano del Norte. Ese mismo día 20, a la hora de comer, su padre, Fernando Rodríguez, un señalado dirigente comunista, le había dicho a Vicente que le esperaba antes de las cinco de la tarde en la sede del PC, en la casa de Paquet, junto al muelle de Gijón. Pero el chaval se retrasó por cumplir la orden de ir a las tres de la tarde a inutilizar la emisora gijonesa EAJ-34. Cuando llegó a El Musel, su padre ya no estaba.

«Éramos unos cientos los que llegábamos al puerto; entramos como Pedro por su casa, sin que nos tropezáramos con soldados armados o ametralladoras que nos impidieran buscar algún barco. Eso sí, había mucho barullo y se quedó mucha gente en tierra».

A bordo del «Monseny», Vicente Rodríguez observó que «era la noche más clara que he visto en toda mi vida, con una visibilidad de varias millas». En aquel tiempo, controlaban El Musel buques nacionales «como el "Cervera" o el "Júpiter"». El primero de ellos, el crucero «Almirante Cervera», fue el que interceptó al «Monseny», «hacia las doce de la noche, tras un par de horas de navegación», y Vicente Rodríguez acabó en los calabozos del buque. «Nos llevaron a Ribadeo y empezó a nublarse y a llover; ¡lástima que la noche nublada no hubiera sido la de ayer!, pensé». Vicente Rodríguez recuerda, asimismo, que «a las cuatro de la madrugada del día 21, cuando las tropas nacionales ya estaban en La Guía, salió del muelle el "Santa Elena", custodiado, porque llevaba enfermos; pudo salir y llegó a su destino».

Tras pasar la primera noche retenido en Ribadeo, «al día siguiente, nos llevaron a varios de los barcos capturados a La Coruña y nos preocupamos mucho cuando vimos a militares franquistas que colocaban ametralladoras frente a los barcos; pensábamos que nos íbamos a quedar allí, muertos». Sin embargo, «pasaba el tiempo y no disparaban; después supimos que aquellas ametralladoras eran para protegernos de la Falange, que quería hundir los barcos con nosotros dentro».

Después de 15 días en La Coruña, «nos llevaron a Muros de San Pedro, donde había dos campos de prisioneros, uno abierto y otro cerrado. Primero estuvimos en el abierto, amplio, sin alambradas, donde nos recibió un capitán requeté retirado, que se apellidaba Pardal».

Eran unos 600 prisioneros, «pero no había listas, de manera que no se sabía exactamente quiénes éramos los que estábamos allí recluidos». Hoy, a sus 87 años, Vicente Rodríguez reconoce que «no sé cómo enjuiciar aquello que nos sucedió con Pardal. Nos pidió que hiciéramos una carretera para que llegaran desde el pueblo los víveres al campo, y la hicimos. Pasado un tiempo, una noche oímos a Pardal que gritaba: "¡Hijos míos, hijos míos, que se me ha embarrado el camión, venid a ayudarme, por favor, por favor!". Estaba soplado. Fuimos y le sacamos».

Vicente Alonso iba a coincidir en ese campo con Higinio Carrocera, el militar anarcosindicalista, natural de Barros, que había batallado el septiembre anterior en El Mazucu contra el avance nacional. «Una mañana veo a Higinio en el campo y no me dice nada, pero a los diez minutos me manda a uno que me dice que vaya a la enfermería. "Desearía que no me reconociera nadie", me dijo, y yo le respondía que así sería por mi parte, automáticamente». Carrocera sabía que su vida valía muy poco en aquel momento. «Iban al campo contrapartidas de falangistas de La Felguera y Sama y, entonces, le ocultábamos bajo colchonetas».

Después, «en diciembre de 1937 o enero de 1938, cerraron el campo abierto y nos llevaron al cerrado, dentro del pueblo de Muros, amurallado. Entonces sí hubo listas y controles. Una pareja de la Guardia Civil llegó un día y cogió a Higinio Carrocera. Se dice que había sido un chivatazo, pero no se supo de quién. Le llevaron a Oviedo y en febrero lo condenaron a muerte».

Por lo que respecta al destino de Vicente Rodríguez, «en el campo cerrado se presentó un auditor de guerra y me interrogó. Había una disposición que decía que a los capturados de 16 años o menos, sin delitos de sangre, serían liberados. Era mi caso. Me llamó el auditor y me pidió la domiciliación».

Durante la guerra en Gijón, «había vivido con mi familia en el número 25 de la calle Uría, piso 4.º izquierda. En ese mismo edificio también había vivido la familia de Juan Ambou. Le dije al auditor que mi domicilio estaba en Gijón; si le digo que era de La Felguera me machacan, porque era el hijo de un destacado comunista». Sea como fuere, «el auditor pidió informes sobre mí, pero, al no recibir nada, mantuvo mi reclusión, aunque puede que recibiera algo de La Felguera, donde yo ya no tenía familia, salvo lejana».

Al tiempo que Vicente Rodríguez pasaba por todas estas vicisitudes, «mi padre había salido de El Musel en el barco "Conchita" y pasó a zona republicana. Le nombraron gobernador civil de Castellón y Teruel, que para entonces ya estaba tomado por los nacionales. Recuerdo que estando en el campo de Muros hubo compañeros que me decían que mi padre había sido gobernador». Al acabar la guerra, «le cogieron en Alicante. El hecho de haber sido gobernador significaba la condena a muerte, pero se la conmutaron y permaneció desterrado en Valencia. Al cabo de un tiempo, un juez le dijo que tenía que presentarse ante el Tribunal de Orden Público, que juzgaba a masones y a comunistas. Su pena iba a ser de un mínimo de 11 años, así que huyó». Cuando Fernando Rodríguez logró escapar, «su intención era venir a Asturias para incorporarse a la guerrilla, pero le falló el enlace. Vino de Soto de Rey a La Felguera y le dijeron que huyera inmediatamente, porque era uno de los comunistas más señalados».

Posteriormente, «el PC le ayudó a salir hacia París. "Me pasó la frontera un falangista, por una propinilla", me contó después, cuando nos encontramos en París 14 años más tarde». Vicente Rodríguez se había quedado sin familia directa en España. «Mi madre había muerto en el año 1933 y mis hermanos se habían ido a Rusia, como mi padre y su compañera. Intervinieron Pasionaria y Semprún para que pudiera entrar en Moscú. Falleció allí, en abril de 1968, a los 70 años».

El veterano gijonés considera que «mi padre se había aliado desgraciadamente con las Juventudes Socialistas Unificadas de Carrillo; porque hay dos tipos de político: el revolucionario y el de salón. Carrillo es político de salón y mi padre era revolucionario. Antes de la guerra, la Policía llegaba cada poco a mi casa y decía: "Fernando, vamos a dar un paseo". En aquellos tiempos había siempre un sabotaje que aclarar».

Vicente Rodríguez agrega que «el político revolucionario está o en la cárcel o perseguido. Mi padre no pudo formar familia: siempre estaba o en congresos del partido, o en prisión o perseguido».

En cuanto a él mismo, «no me dejaron libre en Muros y después me llevaron a Cedeira, también en la provincia de La Coruña. Estábamos en plena playa, donde había fusilamientos. Pasé después a San Pedro de Cardeña, Burgos, al monasterio, con prisioneros de las Brigadas Internacionales. Después me llevaron a un batallón de trabajadores en Fuenteovejuna, Córdoba, y en junio de 1940 me liberaron, cuando se deshizo el campo de Tarifa, Cádiz, que estaba junto al faro».

Tras aquellos 33 meses de reclusiones, «volví a La Felguera y recibí muchas palizas en las comandancias de la Guardia Civil. Había un teniente, Berenguer, descendiente del Berenguer de la dictadura. Estaba en la Comandancia de Barros, empeñado en encontrar a mi padre. Ponía delante de mí un despertador grande y señalaba una hora: "Cuando llegue aquí, me habrás dicho dónde está tu padre", y un golpe y otro...».

A aquel joven comunista le citaban en la Comandancia «a las once de la mañana, con lo que no podía trabajar; iba a la de Tuilla, por ejemplo, andando, y tenía que estar allí sentado un par de horas. "La semana que viene preséntate en Barros", me decían, y, si no había paliza, a las dos horas me iba».

Por fortuna, a Vicente Rodríguez le surge una oportunidad cuando piden voluntarios en la Comandancia de Marina de Gijón. «Me presenté, me admitieron y embarqué en el "Cervera" para la instrucción». Aquella ironía del destino, la de servir en el buque que le había capturado años atrás, se volvió incluso un sarcasmo cuando «el cabo de la batería del buque que había bombardeado Gijón se enteró de que había un gijonés a bordo y me llamó: "Vaya paliza que os dimos", me dijo». Después, «me demoraron la licencia seis meses y había vacante en Gijón, en la Comandancia, así que fui como secretario del juez de Marina, Juan González Toca. Por allí pasaban los jefes de Duro Felguera y del astillero de El Dique, así que le pedí un certificado de buena conducta a mi superior y también alguien me dio una tarjeta de recomendación».

Para entonces, «había echado novia en Gijón, y después hice algo en la construcción, pero decidí presentarme a Dimas Menéndez, que era jefe en Duro Felguera. No era fácil que te recibiera. Había que rellenar un papel y razonar la visita». Vicente Rodríguez rememora, asimismo, que «toda mi familia había trabajado en Duro Felguera».

Cuando Dimas Menéndez le recibe, «me pregunta: "¿Es usted ex combatiente?". "Serví en el 'Cervera' durante la Guerra Mundial". "Enséñeme documentos". Le mostré también los documentos que me habían dado en la Comandancia. "Con estas cartas y tarjetas pase usted por las oficinas de la empresa". El lunes siguiente empecé a trabajar. Entonces, me casé».

Vicente Rodríguez trabajó 27 años en Duro Felguera. En el presente mantiene una espina clavada. «Pedí los datos que tuvieran de mí a los archivos de la Guerra Civil de Salamanca, Guadalajara, Ávila y al Ministerio de Defensa y me contestaron que no había referencia alguna sobre mi persona durante aquellos 33 meses de reclusión. Pero tiene que haber documentos, porque en Fuenteovejuna había intendencia militar». El veterano gijonés afirma que «no persigo una indemnización, pero sí documentos que digan que fui antifranquista y que por ello fui a un campo de concentración, pese a mis 16 años. En balnearios, ciertamente no estuve. Quiero un papel que diga que estuve en el batallón de trabajadores número 131, 4.ª Compañía, de Fuenteovejuna. No sé adónde tengo que ir a por ese papel. Aparte de eso, yo no fui nadie».

J. Morán


Publicado en: La Nueva España, 2 y 3 de noviembre de 2008.
Fuente: La Nueva España, I y II.

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Los rescatadores de la Naval

La tenacidad de 430 trabajadores ha salvado a la empresa de su cierre

«Y dicen que la movilización no sirve para nada... Pues mira, mira, y verás como sí», se pronunciaba ayer entusiasmado uno de los 430 trabajadores del astillero Naval de Gijón (Nagisa).

En idéntico escenario que hace un año, cuando se tapaba la cara con un pañuelo y empuñaba un «gomero» para lanzar piedras a la Policía, luchando contra el cierre de la empresa, el mismo trabajador sonreía ayer ufano, con el rostro ahora descubierto.

Mientras, recorría tranquilamente las instalaciones que ya se han renovado y pintado de azul: el color de la esperanza.

Su alegría y la de todos los empleados no era para menos. La historia de esta pequeña empresa naviera, participada en un 50% por la familia Orejas y por el Grupo Duro Felguera, ha dado un golpe de timón brutal y la aguja de su brújula se ha orientado ahora hacia el norte.

La compañía tiene dos contratos en marcha para la construcción de dos buques químicos, y negocia otros cinco contratos. Una vez despejado el futuro, «en el próximo mes de otoño podrá integrarse ya totalmente toda la plantilla a trabajar», comenta Cándido González, miembro del sindicato Corriente Sindical de Izquierdas (CSI).

La empresa invertirá 1.800 millones de pesetas para hacer realidad este sueño, y el Gobierno Regional subvencionará el 50% de los avales de los buques encargados y la deuda de 750 millones que la sociedad había contraído con el Instituto de Crédito Oficial (ICO).

Por eso, todos esos antiguos luchadores de la barricada -150 ya trabajan en las labores de renovación del astillero- se reunieron ayer para celebrar la victoria. Porque fueron capaces de imponerse, con su tenacidad, a que se levantase sobre los terrenos del astillero un complejo de chalés de lujo, que se iba a llamar «Urbanización Poniente».

Lo primero que hicieron para celebrarlo fue una asamblea, por no perder la costumbre, orquestada, por supuesto, por el emblemático sindicalista Morala, jefe natural en todas las movilizaciones. Comentaron cómo marchaba la negociación del segundo buque y luego, entusiasmados como niños, se hicieron una foto de grupo frente al desvencijado portón de entrada, que tantas veces les salvó de los botes de humo de la Policía y al que consideran como «un viejo compañero».

Ese portón es el último vestigio que queda de su lucha, y será sustituido por otro más sofisticado en los próximos días.

Los trabajadores concluyeron su celebración con el corte de la famosa calle Mariano Pola, situada enfrente del astillero, y lanzaron al aire las 15 docenas de cohetes voladores que les quedaban, ante las sonrisas de complicidad del público.

«Enterrada queda ya el hacha de guerra», concluyó Cándido González.

Ana Gallego


Publicado en: El Mundo, 22 de marzo de 1996.
Fuente: El Mundo.

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El asesinato de Raúl Losa

Una persona resultó muerta ayer en Gijón por un disparo de revólver en una manifestación contra la reestructuración naval

Graves incidentes en Vigo, donde fue quemado un autobús, y movilizaciones en El Ferrol y Vitoria

Un estudiante de 19 años resultó muerto ayer en Gijón de un disparo en el pecho cuando un grupo de manifestantes se disponía a levantar una barricada, dentro de las movilizaciones convocadas ayer en distintas ciudades para oponerse a los planes de reconversión naval. Unos 4.000 trabajadores de Astano, en El Ferrol, permanecieron ayer encerrados en la factoría, mientras en Vigo, grupos de obreros de los astilleros protagonizaron graves incidentes, con un balance de cuatro detenidos, un autobús completamente destruido por el fuego y otro seriamente dañado. En el País Vasco, 2.000 trabajadores se manifestaron ayer en Vitoria ante la sede del Gobierno autónomo y la residencia del delegado del Gobierno central.

Raúl Losa García, de 19 años, estudiante del Instituto Politécnico de Gijón, resultó muerto anoche de un disparo en el pecho cuando participaba en una manifetación convocada por trabajadores del sector naval. El presunto autor de su muerte fue un joyero, Manuel Alvarez Martín, de 33 años, que utilizó un revólver del calibre 38 -arma para la que contaba con el correspendiente permiso-, tratando de impedir que varios manifestantes utilizaran el coche de su propiedad en la formación de una barricada en la calle gijonesa de Manuel Llaneza. Según la versión facilitada ayer por la policía, Manuel Álvarez había sido previamente agredido y rodeado por un grupo de trabajadores, y tuvo que ser atendido posteriormente en la casa de socorro de varias contusiones. Anoche continuaba detenido en la comisaría de Gijón.

Los incidentes, que costaron la vida a Raúl Losa García, la primera víctima mortal registrada en las movilizaciones de protesta contra la reconversión industrial, se produjeron sobre las 20.30 horas de ayer, en la calle Manuel Llaneza, situada en el centro de Gijón. A esa hora, un grupo de manifestantes, entre los que se encontraba al parecer el fallecido -otras versiones indican que regresaba de clase- procedía a levantar una barricada para interrumpir el tráfico. Manuel Álvarez Martín, que observó el hecho desde su casa y vio que iban a utilizar un Renault 18 de su propiedad, bajó a la calle y trató de impedir la acción. Hubo un forcejeo entre él y los trabajadores, y posteriormente el joyero hizo tres disparos al aire. Un cuarto alcanzó mortalmente a Raúl Losa García, que ingresó cadáver en la residencia sanitaria de Cabueñes.

El suceso causó una profunda conmoción en toda Asturias. El presidente del Gobierno del Principado, el socialista Pedro de Silva, convocó para hoy miércoles a mediodía a los presidentes y secretarios generales del PSOE, Partido Comunista de Asturias, Alianza Popular, Comisiones Obreras, UGT y la Federación Asturiana de Empresarios para celebrar una reunión en Oviedo en la que se analizará "el grave deterioro de la convivencia alcanzado en Gijón", según se advierte en el telegrama enviado anoche a las citadas organizaciones.

Paro general

Los sindicatos CC OO, USO, CNT, Corriente Sindical de Izquierdas y Sindicato Unitario Asturiano de Trabajadores de la Enseñanza acordaron realizar un paro general en Gijón durante la jornada de hoy. A la una de la tarde se celebrará una concentración en la plaza Mayor.

Gijón cuenta con tres pequeños astilleros privados (Dique Duro-Felguera, Marítima del Musel, Cantábrico y Riera), y uno de propiedad pública (Juliana Constructora Gijonesa), cuyo futuro -según los planes de reconversión- pasa por la reducción de capacidad y los correspondientes ajustes de plantilla. En los últimos meses, las manifestaciones de protesta, acompañadas de barricadas y cortes de tráfico, se han repetido frecuentemente.

La jornada de protesta tuvo también especial relevancia en Vigo, donde un autobús completamente destruido por el fuego y otro seriamente dañado fue el balance de las movilizaciones realizadas ayer por los trabajadores regulados de los astilleros de esta ciudad, informa María José Porteiro.

Unos 1.000 trabajadores se concentraron ante la casa consistorial que se encontraba fuertemente protegida por 120 policías nacionales y la brigada nocturna de la Policía Municipal. Doce trabajadores consiguieron ser recibidos por el alcalde, Manuel Soto.

En su marcha hacia la plaza de España, los trabajadores fueron haciendo barricadas con ramas de árboles y otros materiales combustibles a los que en algunos casos prendieron fuego. Ya en la céntrica plaza, cortaron el tráfico y volcaron un microbús después de hacer descender al conductor y a los pasajeros.

Los manifestantes prendieron fuego al vehículo e impidieron el paso del coche de bomberos, por lo que el microbús fue consumido totalmente por las llamas. También deshincharon las ruedas de un autobús que había conseguido romper el cerco del corte de tráfico.

La presencia de cuatro furgones policiales provocó la desbandada de los trabajadores que, en su huida, apedrearon los coches de la policía y automóviles. La policía nacional detuvo a cuatro trabajadores cuando ya habían finalizado los incidentes.

Alrededor de 4.000 trabajadores de Astano, en El Ferrol, realizaron ayer un paro técnico y permanecieron encerrados en la factoría hasta las cuatro de la tarde, hora en la que iniciaron una manifestación hasta el centro de la ciudad.

Miguel Somovilla


Publicado en: El País, 24 de octubre de 1984.
Fuente: El País.

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Entrevista a Carlos Gordon

Carlos Gordon ta acabante publicar en KRK un llibru, «La prensa sindical y política asturiana en la transición» nel qu'indaga, dende una perspectiva histórica, na prensa d'esquierdes ente 1975 y 1982. Eses feches, onde naz y fragua la prensa escrita n'asturianu, tuvieron marcaes pola reconversión industrial. Una llectura atenta d'aquelles publicaciones («Mundo Obrero», «El Glayíu», «Xera»...) esplica muncho bien la historia d'Asturies nos años posteriores. «¿Queda dalgo d'aquello? Tolo qu'agora hai d'asturianismu, sía muncho o poco, diba ser inimaxinable ensin aquella prensa. Lo mesmo-y digo del ecoloxismu», esplica Gordon.

¿Por qué escoyó esti periodu, 1975-1982, como época d'estudiu?

Efectivamente los historiadores discuten muncho sobre cuándo empieza y acaba la Transición. Yo escoyí 1975 y 1982 porque me parez qu'hai dos fitos mui importantes: el primeru ye obviamente la muerte de Franco. Pudo haber munchos planes pa empobinar la Transición, pero lo que ta claro ye qu'hasta la muerte de Franco nun foi posible. 1982 tamién ye una fecha clave: ye la primer vez dende la II República qu'un partíu que se proclama d'esi espectru llega al poder con una mayoría enforma y escomienza l'alternacia pacífica.

¿Qué característiques tien esa prensa n'Asturies?

Ún mui básicu ye la preocupación pol procesu de reconversión que se ta fraguando equí. Fundamentalmente nesa prensa tán les respuestes que se daben dende distintos ámbitos: PCA, CC OO, etc. Ehí vese como naz una alternativa rexonalista dientro d'estos grupos, una propuesta de rexonalización de les empreses públiques n'Asturies. N'otros ámbitos apostóse por otru tipu d'alternatives. De cualesquier manera, la recorversión industrial, que yá daquella empezara a fraguar, ye lo que llama l'atención. Tamién hai otra característica importante: culturalmente toos tienen que facese eco d'un fechu mui novedosu. Parte de la opinión pública, organizada alredol de Conceyu Bable, pon de relieve les señes d'identidá, la llingua asturiana...

Precisamente nesti momentu naz la prensa escrita n'asturianu. ¿Tien unes característiques específiques? ¿Comparte a rasgos xenerales les inquietúes del restu?

Dalgunos rasgos sí que comparte. Nun hai qu'escaecer que ye prensa militante. Hai rasgos d'estilu que son comunes: un tonu cuasi doctrinariu; sí tuvo una preocupación polo cultural más grande de lo qu'atopamos n'otros medios. Ye natural: la idea fuerte de l'actitú militante de Conceyu Bable ye la recuperación de la llingua. Aparte d'eso, la prensa n'asturianu va tener un abanicu de temes muncho más ampliu. Toi falando fundamentalmente d'«El Glayíu», una revista que tresciende con muncho les árees d'interés qu'otres teníen. Ellí vamos atopar, escritos n'asturianu, artículos sobre coses muncho variaes, normalmente acutaes pal castellanu. Nun se circunscribíen tampoco a lo político o sindical. Hai crítica de la cultura, feminismu, etc.

D'esta realidá, ¿fíxose eco'l restu de la prensa asturiana? ¿Publicaben collaboraciones n'asturianu?

Pocos. Nel periódicu del PCA hai debates sobre'l tema. Nun ye una constante nin hai una sección espresamente dedicada a eso pero sí que se dediquen númberos especiales a esi tema. Na esquierda radical yera más frecuente. Los medios del MCA van a tar mui atentos, asina como Andecha Xoven (que yera la organización xuvenil del MCA). En xeneral son los medios de la esquierda radical los que tienen más interés nesta cuestión.

¿Qué queda de too ello? ¿Qué coclusiones se puen estraer de la llectura d'esta prensa?

Básicamente la conclusión a la que se llega nel llibru ye que les organizaciones que más destacaron na llucha contra'l franquismu salieron enforma mal paraes... A escepción posiblemente de CC OO (anque tampoco CC OO consiguió caltener la proyección que naquellos años tenía), da la impresión que los partíos que supieron combinar l'oportunismu polícu ensin dexar d'apelar a les vieyes sigles. Yo estudio básicamente la prensa d'esquierda. Les opciones más moderaes son les que salieron triunfantes. ¿Queda dalgo? Tolo qu'agora hai d'asturianismu, sía muncho o poco, diba ser inimaxinable ensin aquella prensa. Lo mesmo-y digo del ecoloxismu.

Les Noticies (edición dixital del 10 de marzu de 2009)

Fonte: Les Noticies.

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Entrevista a Marcelino Laruelo Roa

La historia de varios activistas de la CNT que fueron fusilados en Gijón el 14 de julio de 1938 llegó a sus oídos mientras preparaba otro de sus estudios. Ahora, tras varios años de meditación, Marcelino Laruelo Roa ha decidido publicar «Tres anarquistas de Gijón», en el que describe los últimos días de Alfredo Díaz, Marcelino Ovies y José Tourman, condenados a muerte tras varios meses en la antigua cárcel de El Coto. Con su obra pretende saldar «una deuda moral» con los ajusticiados.

-¿Por qué elige a tres protagonistas concretos para tratar el tema del anarquismo en Gijón?

-Este tema surge hace bastantes años. Por entonces conozco a Luis Quirós, un superviviente de la cárcel de El Coto que compartió celda con José Tourman. Me comunica que, por entonces, estos tres dirigentes anarquistas, todos ellos muy conocidos en Asturias, habían sido fusilados el 14 de julio de manera extrajudicial. A primeros de este año me animé a escribir la historia.

-¿Los protagonistas fueron realmente ajusticiados sin un proceso judicial?

-En el libro cuento la historia desde que hacen prisioneros a cada uno de los protagonistas hasta el fusilamiento, que se produce el 14 de julio, día simbólico para los republicanos por la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa. Pasan por un consejo de guerra. Realmente, antes de la ejecución llegó el documento del Cuartel General del Generalísimo, pero los presos tenían su parte de razón en sospechar de que parte del proceso fue extrajudicial, ya que había un preso que trabajaba en la cárcel que no recibió la notificación la tarde anterior al fusilamiento.

-Entonces, ¿por qué deciden los carceleros llevar a cabo la ejecución ese día?

-Retrasan la ejecución porque querían fusilarlos el 14 de julio, por el valor simbólico de este día para los republicanos. Era una manera de hacer más duro el castigo. Ocurrió algo similar en un caso de Salamanca, cuando al único pastor protestante de la ciudad lo fusilan el 8 de diciembre, día de la Purísima Concepción, el dogma que no admiten los protestantes del catolicismo.

-¿Qué papel desarrollaban dentro del anarquismo asturiano los fusilados?

-Eran representantes significativos, pero el hilo conductor del libro es que a los tres los fusilan el 14 de julio.

-En Gijón el anarquismo llegó a tener un gran asentamiento y participó en la Revolución del 34. ¿Cuál era su poder real?

-La CNT en Gijón era hegemónica, del mismo modo que la UGT era mayoritaria en las cuencas mineras. No sabría explicar el porqué de este poder. Quizás encajó más con el espíritu de la ciudad. Creo que se debe a que Gijón, en tanto que ciudad costera, siempre estuvo más abierta a la influencia de otros pensamientos. La censura nunca fue tan eficaz como en el interior. De esto ya habla el mismo Jovellanos. Ese ambiente liberal conecta con el espíritu libertario de la clase obrera.

-¿Durante la Guerra Civil cuál fue el papel de los anarquistas gijoneses?

-La CNT fue la gran perdedora de la República y de la guerra. Durante la República fue siempre perseguida, frente a la UGT, que recibió un trato de favor. Sin embargo, nunca se buscó la integración republicana de la CNT.

-¿Por qué fracasa el anarquismo y se diluye definitivamente después de la Guerra Civil?

-Hubo muchas ideas anarquistas que se integraron en otros movimientos. Ahora bien, tras la guerra en España se inicia un período de dictadura tan largo que todo cambia. Hubo acciones clandestinas, pero el franquismo desmanteló el movimiento obrero. De hecho, el sindicalismo actual no es continuador de aquel otro sindicalismo. Ahora sólo reivindica mejoras económicas, no hace construcción social. Es la herencia del sindicalismo vertical del franquismo.

-¿Se encuadra este libro dentro del actual proceso de recuperación de la memoria histórica?

-No. Este libro me gustaría que fuera el inicio de una pequeña colección sobre temas de personajes que fueron importantes en esta época y que no figuran en la historia.

Eloy Méndez


Publicado en: La Nueva España, 4 de noviembre de 2008.
Fuente: La Nueva España.

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martes, abril 07, 2009

La guerra de todos los jueves

430 trabajadores del naval de Gijón llevan un año enfrentándose a la Polícia En los terrenos de la factoría se quiere construir una gran urbanización - Doce trabajadores han sido citados a declarar y otro condenado a 8 meses de cárcel

Son las once de la mañana de un martes cualquiera. Los trabajadores de Naval Gijón, S.A. (NAGISA), que padecen desde hace doce meses suspensión temporal de empleo, ya han llegado a la casa sindical, situada cerca de la empresa. Los sindicalistas planean para todos la jornada pacífica. Cuando se decide el recorrido salen todos. Ese día sus únicas armas son cacerolas y botes para hacer ruido. No quieren que nadie olvide y menos Felipe González que están ahí. Por ello, un muñeco de cartón que representa al presidente del Gobierno encabeza su protesta. La jornada termina dos horas después, tras recorrer el centro de Gijón, sin problemas, y se despiden hasta el jueves.

Tienen que descansar y coger fuerzas para ese día, en el que los empleados se convierten en «guerrilleros urbanos, profesionales de la barricada». La jornada comienza cada jueves de cada semana a las diez de la mañana. En esta ocasión, todos los trabajadores tapan sus caras con un pañuelo negro, fabricado en exclusiva para ellos y que tiene su propio logotipo. Es decir, un trabajador en posición de lucha con un «gomero» y debajo de éste un mensaje: «Tenemos que ser optimistas». Ese día sus armas son cohetes caseros y ruedas para montar barricadas a la Policía, que les responde con botes de humo y pelotas de goma. El final de la contienda, la mayoría de las veces, lo marca una bandera blanca que saca uno de los trabajadores, al estilo de los conflictos bélicos del siglo XIX.

Ayer volvieron a repetirse los incidentes de cada semana con duros enfrentamientos entre trabajadores y la Policía.

De esta forma, se pueden describir las movilizaciones que estos trabajadores mantienen desde hace casi un año. Al principio era un solo día, los jueves. Desde hace tres semanas: los martes y jueves. Y es que los ánimos ya están muy encrespados. «Las promesas incumplidas y el futuro incierto de los desempleados» son las principales causas de la movilización, según explica el secretario del comité de empresa, Cándido González, miembro del sindicato Corriente Sindical de Izquierdas (CSI).

Son muchos meses ya de movilizaciones y tensiones que tienen su origen en un pasado lejano.

NAGISA -participada en un 50% por la familia Orejas y por el grupo Duro Felguera- fue creada en 1985 con un capital social de 250.000 pesetas, gracias a la mediación del Gobierno regional, tras fusionarse dos empresas: Astillero Marítimo del Musel y Dique Duro Felguera. Desde su creación «sólo hemos tenido tres años tranquilos que ha sido cuando hemos tenido trabajo», comenta Ramón González, miembro del CSI.

Los problemas de esta empresa privada derivan de la reconversión naval iniciada en toda España en 1980. A principios de esa década en Gijón había cinco astilleros que daban empleo a 3.259 personas. Ahora sólo hay dos: uno público, Constructora Gijonesa, con 700 trabajadores, y NAGISA, con 430. Una década en la que se produjeron duras movilizaciones.

NAGISA heredó de la fusión pactada 1.149 empleados, la mayoría de ellos había luchado en la contienda de los años 80. En una primera reconversión, la plantilla quedó reducida a 742 personas, y los trabajadores regulados pasaron a depender del Fondo de Promoción de Empleo. Poco después, otra reconversión y las jubilaciones disminuyeron el número de empleados a 580. Durante esos años, hubo protestas intermitentemente.

En 1991, el astillero consiguió, con la mediación del Gobierno central, un pedido de siete barcos rusos. «Este fue el único encargo que consiguió la empresa. Los demás estaban ya contratados por Marítima del Musel.

NAGISA presentó en mayo de 1994 un nuevo expediente de regulación de empleo para 150 trabajadores y los 430 restantes quedaron afectados por una suspensión temporal de empleo.

A medida que han ido pasando los meses, las protestas se han ido radicalizando y desde hace tres semanas, los sindicatos acordaron convocar otro día de movilización semanal, los martes.

Doce trabajadores serán citados pronto a juicio y otro ya ha sido condenado a ocho meses de prisión.

Ana Gallego


Publicado en: El Mundo, 19 de mayo de 1995.
Fuente: El Mundo.

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Informe del PCE (VIII-IX)

Los camaradas de Asturias han examinado el proyecto de programa del C.C.:

En primer lugar debemos decir que la participación, pese a haber empleado cerca de cuatro meses no ha sido lo amplia que hubiéramos deseado. Esto no se debe a falta de interés sino a las dificultades que tienen los camaradas y los obreros para estudiar documentos como el programa del partido, dificultades muy diversas tales como la falta de tiempo, el agobio de la vida diaria, la insuficiencia de preparación cultural general y otras. Pero esto no debe interpretarse como inhibición de ninguno de nosotros. Al contrario, son muchos los camaradas que han demostrado un vivo interés y que han manifestado unas u otras preocupaciones en relación con el proyecto de programa. Es casi general el deseo de nuestros militantes de encargar al CC de reexaminar aún toda una serie de problemas, para que cuando se apruebe definitivamente el programa del PCE pueda ser un documento más comprensible, más movilizador y más ajustado a nuestros principios y realidades.

A continuación señalaremos algunos aspectos que han motivado más discusión entre nosotros y que sometemos al CC para que los estudie y los tenga en cuenta.

1. Cuando se habla del derrocamiento del régimen franquista se expone ampliamente la necesidad de construir un amplio frente de fuerzas democráticas y revolucionarias y se dice que estará cimentado por la alianza obrero-campesina y dirigida por la clase obrera. Esto nos parece muy justo. Ahora bien surge la pregunta siguiente: ¿En esas condiciones, si el frente ya citado consigue derribar la dictadura, y teniendo en cuenta que las fuerzas principales serán los obreros y los campesinos pobres y medios, no sería posible pasar rápidamente a la revolución socialista, para terminar de una vez y para siempre con la explotación capitalista? Naturalmente nosotros comprendemos que no es posible saltar las etapas del proceso revolucionario. Pero el hecho de que se plantee esa pregunta quiere decir que nuestro programa debe plantear con más claridad la diferencia que existe entre la etapa antimonopolista y popular a la socialista, porque en la primera no se puede hacer una serie de cosas, qué fuerzas apoyarán una y qué fuerzas apoyarán otra etc.

2. Esta cuestión suscitada nos lleva a plantearnos otras dudas. ¿Cómo terminar con la dictadura?, ¿qué formas de lucha serán empleadas? Ya sabéis que actualmente se dicen y se escriben muchas cosas por los revisionistas de la camarilla carrillista y por los de signo contrario. En realidad sobre estas cuestiones hay bastante confusión. El programa del partido debe explicar esta cuestión con más claridad, de manera convincente, no teniendo ningún inconveniente en enfrentarse abiertamente a los oportunistas de derecha y a los oportunistas de todo género. Es claro que nosotros sabemos muy bien, por propia experiencia que la única salida a esta situación está en la lucha de las masas trabajadoras, en la unidad de acción y en la organización de la clase obrera, en la alianza obrero-campesina, en la alianza de los trabajadores manuales e intelectuales, en la capacidad de los comunistas para crear un partido fuerte, política, ideológica y orgánicamente, en la vinculación de nuestro partido con las masas trabajadoras y en otras condiciones. Pero en el proyecto de Programa todo debe estar muy bien expuesto para que sea un documento de educación y de movilización. Así por ejemplo, si se dice en el proyecto que "la experiencia de todas las revoluciones sociales del s.XX permite afirmar que la burguesía monopolista y sus aliados en cuanto clase gobernante no claudicarán jamás, no renunciarán al poder político y ofrecerán una resistencia desesperada por conservar sus privilegios", con lo que estamos todos de acuerdo, ¿qué hay que hacer por nuestra parte, cómo preparar las condiciones para derribar el poder de esas clases? Aquí, según nuestra opinión, el proyecto no da toda claridad necesaria.

3. Se habla también de pluripartidismo, tanto en la revolución antimonopolista y popular, como en la revolución socialista. Pero eso es otra cuestión muy peliaguda. Estamos de acuerdo en no cerrar ninguna puerta para que así sea. Al fin y al cabo los comunistas somos conscientes de la necesidad de unir a todos los partidos de izquierda para facilitar la gran tarea de terminar con el fascismo primero y marchar hacia el socialismo después. Sin embargo, ¿puede nadie asegurar que será así? Ya sabemos lo que pasó en Rusia en 1917 y en años sucesivos que pese a los esfuerzos de Lenin y de los bolqueviques los socialrevolucionarios y los mencheviques se colocaron al lado de la reacción y de los intervencionistas extranjeros. Y sabemos también lo que ha pasado hace menos tiempo en Cuba, que pese a los esfuerzos de Fidel Castro y de los comunistas cubanos, los otros partidos se pasaron con armas y bagajes al campo imperialista. Por lo tanto, según nuestra opinión, el programa del partido no debe ser tan categórico y dejar abiertas todas las puertas del camino revolucionario. Hoy existen muchos grupos que hablan de revolución pero que en la práctica hacen muy poco por ella. Hoy se habla entre diferentes personas que se llaman antifranquistas y marxistas mucho sobre el socialismo, pero en la práctica se dedican más al antisovietismo que otra cosa. Para liquidar el franquismo será posible una alianza muy amplia y nosotros los comunistas debemos favorecerla, pero para liquidar el capitalismo y pasar al socialismo la cosa será diferente. Por consiguiente pedimos más luz sobre este problema y formulaciones menos categóricas.

4. También hemos hablado mucho del papel del partido comunista en todos los momentos de lucha contra el franquismo y en los que vengan después. La experiencia nos muestra que sin un partido comunista que sea el dirigente de la clase obrera y sus aliados no será posible ir muy lejos. Por eso estamos luchando hoy, frente a los franquistas y frente al revisionismo. En el proyecto debe quedar también muy claro. Por ejemplo en algún momento se habla del papel del partido en la dictadura del proletariado, como ser dirigente a través de su partido, y ese partido debe ser el partido comunista, firme en la defensa del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario.

5. Se han suscitado muchas discusiones en relación a las Fuerzas Armadas. En realidad nosotros entendemos que una vez derribado el poder franquista, que contará hasta el final con el apoyo de los mando reaccionarios de las Fuerzas Armadas, lo mejor será no solo “democratizar” sino crear un verdadero ejército popular. Pues solamente así romperíamos esa “columna vertebral” del capitalismo monopolista que es actualmente el Ejército español. Y para ello, como es natural, habrá que apoyarse sobre todo en los soldados que son hijos del pueblo trabajador.

También habrá que explicar mejor qué papel juegan en la primera etapa de la revolución las empresas pequeñas y medias, pues si no están sometidas a la disciplina del gobierno popular y revolucionario nos podrían perjudicar bastante.

En el programa debemos decidir que serán disueltos todos los cuerpos represivos del régimen y, en su lugar, creados los instrumentos del poder popular que garanticen su existencia. Los que han cometido crímenes contra el pueblo deben ser entregados a los tribunales populares. Esto no significa que vayamos ahora a ajustar las cuentas a los que participaron en la guerra civil contra nosotros. No, se trata de que los asesinos de los obreros de El Ferrol y otros sitios, respondan de sus actos.

6. Cuando se habla de que “el Partido Comunista de España se esforzará por utilizar con fines revolucionarios las formas legales de organización…”, nos parece que se comete un error. Podría parecer que en ocasiones la utilización de esas formas no ha sido revolucionaria. En el caso de los comunistas esto no es cierto. Los revisionistas de derecha y de “izquierda” sí que han caído frecuentemente en esa falta, pero nunca los verdaderos comunistas, aunque a veces hayamos cometido pequeños errores .Todos los medios de organización y de lucha que emplea el Partido son siempre con fines revolucionarios y no reformistas, pese a lo que griten unos cuantos que se dedican siempre a criticar. En cambio, los que los utilicen para fines reformistas no tienen nada que ver con el Partido Comunista, aunque se llamen comunistas, y hasta marxistas-leninistas.

Queridos camaradas del CC: Dado el nivel de cultura general que como consecuencia del fascismo tenemos los trabajadores, os pedimos que hagáis mayores esfuerzos para cambiar las palabras difíciles de comprender para las masas. Así por ejemplo deben ser cambiadas, y si no se pueden cambiar, explicadas, las palabras “premisas”, “dinámica”, ”socaire”, ”concatenación”, ”nexos” y otras más. Nuestra propaganda y nuestros folletos son para las masas trabajadoras, para los hombres y mujeres sencillos, así que deben ser más populares y más cercanas a la mayoría de sus lectores. Y aprovechamos esta ocasión para recomendar también que los artículos del Mundo Obrero Rojo y de Nuestra Bandera, salvo excepciones sean más cortos y concretos.

Los camaradas de Asturias están al lado del VIII Congreso, al lado de sus acuerdos y decisiones, al lado siempre del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario, junto a la Unión Soviética que es la vanguardia de todos los comunistas y trabajadores revolucionarios del mundo.

¡Viva el comunismo!

¡Viva el PCE, libre de revisionistas!

Noviembre de 1972


Publicado en: Los comunistas en Asturias (1920-1982), VVAA (Coordinador: Francisco Erice). Editorial Trea, Xixón, 1996.
Fuente: Prosoviéticu.

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El conflicto de Naval Gijón estrena el año con dos heridos

Detenido un trabajador y acusado de desórdenes y atentado

La primera manifestación del año del astillero privado Naval Gijón (Nagisa) se saldó con dos personas heridas leves, un trabajador y un policía, y un operario detenido.

Los empleados del astillero gijonés aprovecharon la hora del bocadillo, poco después de las 10.00 horas, para salir a las calles de la ciudad tras la tregua navideña. Los operarios continúan reivindicando una mayor carga de trabajo y más ayudas institucionales.

Los comités de empresa de Naval Gijón y de otras entidades asturianas en crisis -Porcelanas Principado, Monroe, Duro Felguera, Calderería Pesada y Lagisa- mantuvieron una reunión con el fin de preparar una manifestación conjunta el próximo día 20 y también una marcha para el día 13.

Los representantes de estas empresas configuran un frente común contra la crisis industrial en la región y están solicitando reuniones con los grupos políticos municipales antes de iniciar las dos protestas conjuntas que planean para el presente mes de enero.

El trabajador detenido quedó en libertad después de prestar declaración en el juzgado, aunque deberá responder de los cargos de desorden público y atentado que se le imputan, según informa Efe.

El titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Gijón abrió diligencias contra el joven, cuya identidad responde a las iniciales P. D. y de 27 años. Según el parte remitido por la policía al juez, al detenido -trabajador de una subcontrata del astillero privado- le fue decomisado un pasamontañas, un tirachinas y varias bolas de acero.

Cristina Oro

Publicado en: El Mundo, miércoles 5 de enero de 2000.
Fuente: El Mundo.

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lunes, marzo 16, 2009

Homenaje a Asturias. Gijón, 1984-1985

La ofensiva mundial dirigida por el Capital contra los pobres tropezó en España, durante los años 83, 84, 85, con un amplio movimiento de agitación que se desplegó principalmente a partir de los sectores industriales condenados a desaparecer.

Ya en el mes de febrero del 84, España registró un aumento del 400% en los conflictos laborales respecto al año anterior. Esas huelgas afectaban prácticamente a todos los sectores: industria, textil, industria química, industria del automóvil (General Motors), construcción, minería, transportes.

Pero fue el "plan de reconversión" del sector naval, donde el Estado se había fijado como objetivo la supresión de veinte mil puestos de trabajo, el que provocó el conflicto de mayor duración, que se extendió desde Cádiz hasta todo el noreste de España (País Vasco, Asturias, Galicia) donde se concentran los mayores astilleros españoles.

La lucha de los obreros del sector naval de Bilbao y Gijón en particular ha confirmado la oposición entre los métodos legalistas de la negociación sindical y los utilizados por todos aquellos que han visto en la negociación sindical y la legalidad una limitación práctica de su lucha. Como osaron gritar los estalinistas en plena batalla de los astilleros Euskalduna de Bilbao: "Hay que luchar contra el ministro de Industria, no contra el ministro de Interior".

Como no quisieron tener miramientos ni con uno ni con otro, los obreros toparon de frente con dos enemigos directos: la policía y el reformismo sindical, a los que hicieron frente en Gijón de una sola forma: organizándose en asamblea.

En todas estas luchas hubo momentos que escapaban a la forma de un conflicto industrial clásico, y se empleaban métodos que les daban un carácter universal, fuese en Cádiz, en diciembre del 84, donde durante unos días el conflicto del sector naval se extendió con exacerbada violencia a varios barrios que se atrincheraron tras las barricadas, en Bilbao, donde la rabia y la determinación de los combatientes dieron a su lucha la forma de una guerrilla abierta contra la policía durante tres meses, o en Gijón, donde la asamblea que se reunía en el centro de la ciudad estaba a abierta a todos.

Oponiéndose a los despidos, los obreros querían aplazar la aplicación del "plan de reconversión" en su conjunto. Inscribirse en los "Fondos de Promoción de Empleo" significaba aceptar los despidos sin rechistar. Como resumía muy bien un obreros de Gijón: "Dentro de tres años, nos encontraremos en la calle y habrá que luchar, así que mejor que lo hagamos ahora". La lucha contra la inscripción en los FPE, por su objetivo mismo, hacía del momento de la negociación algo secundario. La alternativa estaba clara: se trataba de saber si se cedía a las condiciones del FPE o se rechazaban como un chantaje más. A partir de ese momento, ya no había lugar para la negociación. A través de la lucha contra los FPE, en la que cristalizaba la rabia contra una suerte común a miles de asalariados, fue la dependencia más general de la lógica de este mundo lo que se convirtió en blanco de la cólera.

Al principio en Gijón, durante el año 83, se trataba por lo esencial de formas de protesta convencionales. Por lo demás, durante todo ese periodo, que duraría hasta la primavera del 84, los obreros aún salían a la calle con las manos vacías, pese a que la presión del Estado se hacía más intensa. Los gobernantes españoles tenían prisa por mostrarse presentables en el mercado de la competencia mundial, máxime cuando para ellos se avecinaba un plazo decisivo: la entrada en la CEE. Se trataba de llevar a todos esos insatisfechos a la mesa de negociaciones lo antes posible. Como el encuadramiento sindical no podía desempeñar ese papel con la suficiente eficacia, la presión del gobierno se concentró en el chantaje de la inscripción en los FPE. ¡Inscripción o muerte! "Las condiciones que ofrecemos a los trabajadores son muy buenas... Existe la garantía de una reclasificación. Si hay una minoría que sigue negándose, es muy libre de hacerlo", declaraba cínicamente Solchaga, el ministro de Industria. A esas prisas de los gobernantes y burócratas por someter a unos obreros totalmente decididos a diferir las cosas, éstos respondieron con métodos de lucha que iban radicalizándose... Aquello que para los dirigentes era lo máximo que podían conceder, los obreros lo consideraban como un mínimo que iban a hacer pagar lo más caro posible.

El verano del 85 representó para los obreros de astilleros de Gijón la suspensión provisional de un período de lucha que había durado casi dos años sin interrupción. Fue entonces cuando tuvieron lugar los más bellos excesos destructores y cuando la dinámica asamblearia dio las mejores pruebas de su capacidad práctica, estimulando la combatividad, la imaginación y la organización en la lucha, y atrayendo por su existencia misma a otros proletarios ajenos a los astilleros.

Desde la primavera del 84, fueron muchos los elementos del mobiliario urbano que sufrieron la cólera de los obreros de los astilleros. Las barricadas de neumáticos se contaban por centenas; los autobuses incendiados por decenas. Los deshechos de trenes, utilizados por la cara y después quemados, yacen todavía hoy en la estación. Un gran almacén que no quiso cerrar durante una jornada de huelga general fue incendiado esa misma noche. Las cervecerías frecuentadas por los fachas fueron destrozadas en varias ocasiones. Durante varios meses las entradas de los bancos fueron apedreadas e incendiadas. La fachada del ayuntamiento también sufrió las tórridas caricias del fuego tras una jocosa estratagema: un simulacro de entierro permitió a una pequeña concentración atravesar la ciudad en las narices de la policía; los féretros (que simbolizaban la muerte del sector naval) llevados a hombros estaban rellenos de neumáticos que sirvieron para prender fuego a las puertas del ayuntamiento al terminar la procesión. La entrada de la Audiencia fue quemada, y poco después, las instalaciones de uno de los astilleros recién cerrados fueron pasto de las llamas.

Si los obreros del sector naval pudieron mantener durante tanto tiempo una presión sobre el conjunto de las fuerza coaligadas contra ellos, fue gracias a su práctica asamblearia.

Pero, antes de proseguir, es importante recordar que esa autonomía que la asamblea de Gijón supo mantener frente al control sindical guarda relación con algunas peculiaridades históricas del movimiento social asturiano.

En primer lugar, la propia tradición de lucha del proletariado en Asturias, que marcó durante la insurrección de octubre del 34 una larga epopeya revolucionaria y planteaba ya las condiciones de una revolución moderna. Esta tradición de lucha resurgirá sin cesar a lo largo de los años cincuenta y sesenta, cuando partiendo de las minas, se desencadenaron las huelgas más duras que España conoció en aquel entonces.

Fue en Asturias donde estalló, en febrero del 57, la primera huelga importante desde la guerra civil, y donde aparecieron las primeras formas de organización autónoma con delegados de pozos, que constituirían el embrión de lo que más tarde serían las asambleas. En marzo del 58, veinte mil mineros se declararon de nuevo en huelga reclamando aumentos de salario. Franco respondió con el cierre patronal y el estado de excepción en todas las cuencas mineras: fueron detenidos doscientos delegados de pozos. En el 63, cuando las huelgas se sucedían en las minas asturianas, Franco respondió con el destierro de trescientos mineros.

Otra peculiaridad de la región es la evolución local de la UGT. La UGT, que se apoyaba sobre la tradición de lucha en la minería, era el sindicato con más implantación en Asturias. Pero desde que el PSOE está en el poder y la UGT a sus órdenes, su desaparición como principal sindicato obrero ha dejado en Asturias un magnífico vacío sindical que, si bien ha podido ponerles los dientes largos a muchos aprendices de burócratas, también ha dejado despejado el terreno, facilitando la comunicación práctica -sin intermediarios- entre los proletarios.

En el 84, en una época en la que el movimiento de las asambleas de los años 76 al 78 retrocedía en España, los obreros de Gijón tuvieron el gran mérito de colocar de nuevo esa forma de organización de la comunicación en el centro de la lucha. Hasta la primavera del 85, la dirección de esa lucha se ha fraguado en la asamblea como órgano soberano y decisorio.

Los obreros, que llevaban meses luchando y levantaban barricadas delante de sus respectivos astilleros, estaban abocados a reunirse de forma regular durante los enfrentamientos. Cuanto más se repetían esos choques, más sentían los combatientes la necesidad de reagruparse fuera de la zona de los astilleros, donde siempre terminaban retrocediendo frente a la intensa presión de los polis. Para dar más eficacia a una lucha casi cotidiana, decidieron celebrar dos veces por semana una asamblea que los reuniera a todos. Ocuparon una sala de cine abandonada en pleno centro de la ciudad, dentro de la "Casa del Pueblo", edificio que pertenecía normalmente a los sindicatos.

Al reunirse de una vez por todas fuera de los astilleros, la asamblea rompe la dependencia de los obreros respecto a su lugar de producción. Y está abierta a todos. En ella participan obreros de otros sectores industriales, algunos mineros de las cuencas vecinas, los jóvenes de los centros de formación profesional y de los institutos técnicos, los parados y finalmente cualquier proletario.

De entrada, la asamblea rompe el corporativismo sindical. Entre los participantes, que discuten directamente entre sí, no se tratará sino del porvenir de la lucha en curso, de sus consecuencias para la vida de cada cual, del papel nefasto de tal o cual sindicato respecto de esta u otra acción. En este lugar, se discute poco acerca de las negociaciones o del estado de éstas con el gobierno. Esa tarea se deja deliberadamente al margen de la asamblea, a cargo de los representantes sindicales.

La asamblea de Gijón ha sabido dotarse de los medios para el debate libre: cada cual puede intervenir en ella sin dotarse de una etiqueta cualquiera. Allí se habla en nombre propio, y cada uno de los presentes puede ser interpelado y tiene que responder en público, lo que la diferencia radicalmente de tantos otros conflictos en los que los burócratas prohíben expresarse a los no delegados. Todas las votaciones son a mano alzada y no con papeletas secretas, de modo que a lo largo de los debates la correlación de fuerzas esté a la vista de todos; por lo demás, estos no se eternizan. Se trata casi siempre de criticar las acciones llevadas a cabo en días anteriores y de buscar un acuerdo sobre lo que conviene hacer de cara a las próximas intervenciones callejeras. Es preciso recordar este principio esencial: que no hay separación entre la asamblea y la calle, a la que se trasladan la casi totalidad de los presentes al final de los debates (entre trescientas y cuatrocientas personas cada vez).

Es la asamblea, pues, quien prosigue su propia acción en la calle. Durante todo el tiempo que duraron los enfrentamientos con la policía, las diferentes acciones contra los bancos, los autobuses, etc., la asamblea jamás perdió la iniciativa. Esa coherencia permite una estrategia que tiene como principio ser siempre ofensiva: escoger, al margen de toda consigna exterior, el momento, el lugar y los métodos más indicados para perjudicar.

Como en los momentos cumbre del movimiento de las asambleas de fines de los años setenta, en Gijón no existió separación entre la discusión, la decisión y la ejecución práctica; sólo la época ha cambiado.

Tras cada salida a la calle, dos veces por semana (como las asambleas), la gente se juntaba de nuevo, incluso en pequeños grupos, para discutir el cariz tomado por los acontecimientos, decidir una nueva línea de actuación a debatir en la próxima asamblea. De ese modo, la asamblea solo rinde cuentas ante sí misma. Por otra parte, cuando el público está reunido, los burócratas que aparecen por allí se guardan de criticar los métodos empleados.

La asamblea de Gijón ha concentrado sobre sí el interés del público. Ha propagado el gusto por la ofensiva entre aquellos que, aun cuando los despidos no les afectan directamente, comparten las ganas de lucha de los obreros más decididos de los astilleros. Ese ánimo de insubordinación que salía reforzado de la asamblea, dio lugar a algunas hermosas prolongaciones fuera del sector naval. Por ejemplo, a fines de enero del 85, el Centro de Formación Profesional de Oviedo fue destruido por alumnos del Centro que frecuentaban la asamblea. Varios coches, un montón de piezas de motor y varias terminales electrónicas fueron reducidos a cenizas. A mediados de marzo, en Ensidesa, una importante empresa siderúrgica de Gijón, dos encapuchados incendiaron y destruyeron la torre de control de una cinta transportadora de acero. Ese sabotaje fue reivindicado como un acto de solidaridad con los trabajadores de los astilleros en lucha y tuvo, además, el gran mérito de proporcionar un respiro a los trabajadores de la empresa. ¡De puta madre! Ese sabotaje no hubiese podido tener lugar sin amistosas complicidades dentro de la empresa, que no se había movido durante ese periodo turbulento. Que sepamos, ese tipo de iniciativas individuales jamás fueron condenadas por la asamblea como un desbordamiento de su acción: ¡todo lo contrario!

Frente a lo que pasó en Euskalduna, donde los obreros se sirvieron de su astillero como de un parapeto, los combatientes de Gijón apostaron por la movilidad desde los primeros enfrentamientos. Delante de las entradas de cada astillero, situadas en la misma avenida, se levantaban, en un ambiente tranquilo y de buen humor muy español, varias barricadas con trozos de grúas, traviesas de ferrocarril, y más a menudo, con centenares de neumáticos rociados con gasolina e incendiados. Esa arteria que comunica con el centro tiene una gran importancia estratégica para Gijón. Cuando el asalto policial se hacía demasiado apremiante, se organizaba el repliegue hacia la barricada que se había levantado mientras tanto delante del siguiente astillero, donde los combatientes podían desaparecer sin problemas.

Hace unos meses, cuando las escaramuzas se trasladaban hacia los inmuebles cercanos a La Calzada, una zona de viviendas de protección oficial, la policía recibió de parte de los habitantes de todas las edades una acogida bien merecida. Todo tipo de objetos domésticos fueron lanzados desde las ventanas sobre los cogotes de la pasma; un ama de casa nos aseguró haber visto caer una gran bombona de gas sobre los morros de la poli.

A lo largo de todo un año, los obreros y quienes se juntaban con ellos supieron mantener la iniciativa en los enfrentamientos. Muchas veces, las barricadas levantadas en el sector de los astilleros se vieron apoyadas por acciones en otros lugares de la ciudad. Así, en el mes de febrero del 85, una de las últimas veces en las que la policía lanzó un asalto muy violento contra combatientes refugiados en el interior de un astillero (las dos garitas de la entrada fueron totalmente destrozadas por la intensidad de los pelotazos de goma), otros grupos intervinieron para dar apoyo logístico, quemando en ese mismo momento varios vagones de dos trenes detenidos en la estación mientras otros levantaban e incendiaban barricadas en el centro de la ciudad. Simultáneamente, grupos de jóvenes atacaban una furgoneta de la policía a pedradas.

Más recientemente, en la primavera del 85, cuando una vez más tenían lugar serios enfrentamientos en los alrededores de un astillero, unos obreros que se encontraban en el centro se incautaron de unos autobuses para acudir en ayuda de los combatientes.

También apareció un arma temible, un lanzacohetes artesanal que devolvía las pelotas de goma contra la policía, al parecer con una violencia y una precisión multiplicadas.

La movilidad de los combatientes llevaba regularmente los enfrentamientos hasta el centro de la ciudad, donde las diversas intervenciones se hacían por pequeños grupos, la mayoría constituidos por los que salían de la asamblea. La rapidez de las acciones, que generalmente sufrían los bancos y los escaparates de las joyerías... hacía extremadamente delicada la intervención de la policía. La presencia de numerosos transeúntes entorpecía de forma considerable las cargas policiales y los disparos de pelotas o de gases. Esa movilidad servía de protección a los asaltantes. Cosa que entendió una beata agarrada a su reclinatorio dentro de una iglesia, y que se llevó un pelotazo de goma en la cabeza.

Ni que decir tiene que esa libertad de movimiento iba a la par con una vivacidad de ánimo que estuvo siempre presente en los momentos que exigían un máximo de unidad táctica y de determinación. Tal era la fuerza de la presión en la calle, que aunque hubo muchas detenciones, nunca duraron más allá de una detención preventiva. Así, una hermosa tarde de febrero del 85, cuando los "asaltantes", apoyados por unos jóvenes, atacaron las entidades bancarias incendiando las entradas con unos neumáticos y cócteles molotov, uno de ellos, de sobra conocido en las luchas, fue detenido. Unas horas más tarde, un reagrupamiento de unas cuatrocientas personas fue a rodear la cárcel, fuertemente custodiada, para exigir la liberación del prisionero. Una amenaza que no tardaría en tomar forma fulgurante se hizo perentoria: "si en las horas siguientes no se ha liberado al detenido, arderán dos autobuses, mañana cuatro, pasado mañana seis, y así sucesivamente...". La primera parte de la amenaza fue ejecutada en el acto. Dos autobuses ardieron en diferentes barrios de la ciudad. Hay que precisar que, en aquélla época, ya habían sido unos quince los autobuses totalmente devorados por el fuego. Al mediodía del día siguiente, nuestro hombre quedaba libre.

Los obreros de Gijón se han preocupado siempre de dar a conocer su lucha, por lo menos en Asturias. Siempre que iban a ocupar los estudios de la tele regional en Oviedo, a los que reprochaban silenciar su lucha, lo hacían en un ambiente de buen humor. En otra ocasión, sabotearon un partido de fútbol de máxima rivalidad emitido por la tele en toda España: la enloquecida carrera de un cochinillo en plena forma dio mucha guerra a los jugadores, evidentemente más acostumbrados a controlar un balón redondo. Al cerdo le sucedió un equipo de pollos. El colofón fue una lluvia de clavos que dificultó la continuación del encuentro, mientras aparecían en las pantallas pancartas alusivas a la lucha de Gijón.

Otro día, la cabina de una nave en construcción, previamente cortada con un soplete, fue depositada en el centro de Gijón para obstruir el tráfico.

Pese a que la existencia de la asamblea propicia un estado de ánimo anti-burocrático, los obreros de Gijón que se hallan presentes no rechazan abiertamente las diferentes representaciones sindicales. Si bien no se les prohíbe la entrada en la asamblea, los representantes sindicales sólo intervienen en ella a título personal o para exponer el único tema en el cual son expertos: el estado de las negociaciones con el gobierno. Sobre lo demás no se atreven a intervenir. En ningún momento desempeñan un papel de encuadramiento en la asamblea. No dan consignas, emiten opiniones.

En esas asambleas generalmente están presentes representantes de CCOO, de la CNT y de la CSI (Corriente Sindical de Izquierdas). Por su parte, la UGT se cuida mucho de aparecer.

El papel de la UGT consiste hoy en particular en la aplicación de los "planes de reconversión" en las empresas. Con saber que en sus filas abundan basuras reconvertidas de los sindicatos verticales franquistas, procurándoles de ese modo cuadros competentes y experimentados, está todo dicho. ¡Que revienten! Por lo demás, allí les dan muy mala vida. A principios del 85, en Vigo dos delegados ugetistas fueron perseguidos hasta sus locales por un centenar de obreros que querían partirles la cara. Sus oficinas fueron devastadas por completo, y dejaron las ventanas bien abiertas para que "todo el mundo pudiera disfrutar del espectáculo". En febrero del 85, en El Ferrol, parte de la vivienda de un conocido ugetista fue destruida por un incendio voluntario. En Santander, en la misma época, a varios representantes de la UGT les partieron la jeta cuando aparecieron en una manifestación. Por poner un último ejemplo de los sentimientos que suscitan estos gusanos, citemos la decisión del gobernador civil de La Coruña de procurar "un servicio de protección especial por parte de la policía contra hechos terroristas que atacan a la convivencia ciudadana" a los dirigentes del PSOE y de la UGT.

En cuanto a la folclórica CNT, cuyo número de afiliados en Gijón no debe pasar las tres decenas, se limita a pasar lo más desapercibida posible. Su rigidez ideológica la ha estrangulado hasta el punto de despojarla del uso de la palabra, cosa que nadie lamenta, y menos desde que logró la proeza de desacreditarse para siempre ante los asamblearios tras los enfrentamientos que tuvieron lugar en mayo del 85. Un día, unos obreros, perseguidos por la policía, se vieron obligados a refugiarse en la Casa del Pueblo donde se reúne habitualmente la asamblea. Cuando la batalla estaba al rojo vivo y la policía padecía un bombardeo intensivo de proyectiles desde los tejados, miembros de la CNT se encerraron dentro de sus locales, que se encuentran en ese mismo edificio, y se negaron a abrir sus puertas a aquellos a los que la policía estaba acosando. ¡Después de algo así resulta difícil aparecer en público!

Los burócratas de CCOO, en la asamblea de Gijón, tienen permanentemente un pie dentro y otro fuera. Si se pasan la mayor parte de sus intervenciones fustigando la acción de la UGT, es porque es el único terreno de acuerdo que les queda con la asamblea. Los estalinistas se debaten entre la necesaria imagen de representatividad de los trabajadores y la necesidad de no romper definitivamente con aquellos que constituyen la base dinámica de la asamblea. Situación muy incómoda (¡nunca lo bastante, desde luego!). Además, el relato de sus cabronadas en varios conflictos o acontecimientos recientes corre de boca en boca. Por ejemplo, se habla a menudo de su intervención en Madrid, donde el 15 de diciembre del 84, día de huelga general del sector naval, impidieron a los manifestantes asaltar el congreso nacional del PSOE, que ese mismo día se celebraba unas pocas calles más allá.

Si los estalinistas adoptaron durante tanto tiempo una posición oficial de oposición a la inscripción en los FPE en Gijón, fue sólo para permanecer dentro de un movimiento que los rechazaba cada vez más. El responsable local de la metalurgia de CCOO, al desaprobar los métodos de los obreros, fue obligado a dimitir en febrero del 85. Declaró: "Acciones como quemar autobuses, vagones de la RENFE, son prácticas prohibidas en CCOO desde siempre porque acentúa el aislamiento del sindicato... El progreso de hoy y el socialismo de mañana se hacen construyendo y produciendo, no destruyendo." Que reviente también.

La CSI desempeñó durante todo ese periodo un papel particular. La CSI es uno de esos neo-sindicatos, cada vez más numerosos en España, constituidos a principios de los años 80, de resultas del reflujo del movimiento de las asambleas. A menudo la iniciativa en la creación de ese tipo de corrientes parte de antiguos izquierdistas, e incluso antiguos asamblearios reconvertidos al activismo sindical.

La mayoría de los militantes de la CSI proceden de CCOO, con las que rompieron, reprochándoles un funcionamiento "demasiado burocrático" y su abierta participación en la gestión de los negocios del Estado. La CSI está organizada como sindicato autónomo desde el 81. Se ha dotado de sus propios estatutos, en los cuales se define a sí misma como antijerárquica y ajena a todo centralismo burocrático. Tiene delegados elegidos en los comités de empresa, lo que la lleva a participar en la concurrencia habitual entre sindicatos dentro de los procesos negociadores. La CSI reúne en Asturias a unos dos mil miembros, principalmente en los astilleros, pero también en la minería, la siderurgia... Defiende una posición de "sindicato de base", de "sindicato de lucha", que se ha puesto de manifiesto a lo largo del conflicto de Gijón desempeñando un papel de apoyo logístico a la asamblea. Muchos de sus más aguerridos combatientes se reunían en los locales de la CSI. Dentro de sus locales, todos los debates que concernían a la evolución de la lucha estaban abiertos a cualquier participante de la asamblea. Allí se decidían en particular las acciones duras, ilegales, que, por evidentes razones de seguridad, no se podían debatir en asamblea. En aquel momento, su papel no fue el de un sindicato clásico; apoyaba una lucha que se llevaba cada día a iniciativa de la asamblea. El principio de la asamblea extrae su vitalidad de su extensión a otros sectores, a otras asambleas. El peso relativo de la CSI se ha debido en gran parte al aislamiento al cual se vio sometida la asamblea de Gijón.

Al final de la primavera del 85, los tres astilleros que debían desaparecer fueron finalmente cerrados uno tras otro. Las prestaciones de los que se encontraban en paro se agotaban, o eran un porcentaje tan bajo que ya no bastaban (¡algunos incluso no percibían nada desde hacía varios meses!). Los obreros de los astilleros de Gijón, tras haber luchado durante más de un año contra su inscripción en los Fondos de Promoción de Empleo, se encontraron obligados a dar el paso y a ceder sobre ese punto.

Sin embargo, la presión que supieron ejercer sobre todo lo que gestiona y gobierna en esa parte de Asturias ha dado algunos resultados concretos. Al terminar un período de agitación que se había extendido a la mayoría de las regiones portuarias e industriales del norte de España, para el Estado era necesario terminar con el clima de insubordinación creado por los obreros de los astilleros de Gijón, y procurar que, una vez agotadas sus prestaciones por desempleo, los perturbadores fuesen bien tratados, no fuera que volviesen a entrarles ganas de movilizarse de nuevo.

Los recientes inscritos en los FPE se benefician de condiciones relativamente correctas, si se comparan, por ejemplo, con la suerte que han padecido en Francia, desde finales de los años setenta, las víctimas de las diferentes reconversiones industriales. Hoy, un obrero inscrito en los FPE de Gijón percibe, durante tres años y sin ruptura de contrato con su empresa, un salario de alrededor de unas veinticinco mil pesetas más del que percibía cuando trabajaba. Los FPE deben procurarle un empleo de una categoría correspondiente a su capacidad profesional durante ese período de tres años, a una distancia máxima de veinticinco kilómetros de Gijón.

Aquellos a quienes hemos visto recientemente nos confiaban que si bien esa perspectiva de quedarse tres años sin trabajar estaba lejos de desagradarles, pronto tendrían que reanudar las manifestaciones, pues son conscientes de que semejante acuerdo pueda volverse contra ellos en cuanto se relaje la presión en la calle. Añadieron que siempre existía la posibilidad de volver a hacer lo que habían hecho en octubre del 84, cuando trescientos de ellos fueron a asaltar el ayuntamiento, rompiendo puertas y ventanas, en el momento en que se celebraba una reunión entre los representantes del gobierno y de los sindicatos para decidir su suerte.

Mientras en otras regiones de España se desarrollaban luchas con orígenes similares, en ningún lugar como en Gijón ha resurgido con tanta nitidez el principio asambleario. Los proletarios de Gijón volvieron contra todos sus enemigos aquello que constituye su fuerza, la idea de la publicidad que se hace realidad. Supieron reanudar con lo mejor que se ha hecho en España volviendo a poner sobre el tapete algunas verdades universales: no esperar nada de los sindicatos, de la negociación, ni del recurso a la legalidad.

Nuestra fuerza radica en lo que deviene.


Publicado en: Os Cangaceiros, España en el corazón. Actas de la guerra social en el Estado Español (1868-1988). Pepitas de Calabaza, 2005.

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lunes, diciembre 29, 2008

Bando del Comité Provincial Revolucionario de Asturias (18 de octubre)

A todos los trabajadores:

El día cinco del mes en curso comenzó la insurrección gloriosa del proletariado contra la burguesía, y después de probada la capacidad revolucionaria de las masas obreras para los objetivos de gobiernos, ofreciendo alternativas de ataque y defensa ponderadas, estimamos necesaria una tregua en la lucha, deponiendo las armas en evitación de males mayores. Por ello, reunidos todos los comités revolucionarios con el provincial, se acordó la vuelta a la normalidad, encareciéndoos a todos os reintegréis, de forma ordenada, consciente y serena, al trabajo. Esta retirada nuestra, camaradas, la consideramos honrosa por inevitable. La diferencia de medios de lucha, cuando nosotros hemos rendido tributo de ideales y de hombría en el teatro de la guerra, y el enemigo cuenta con elementos modernos de combate, nos llevó por ética revolucionaria a adoptar esta actitud extrema. Es un alto en el camino, un paréntesis, un descanso reparador después de tanto surmenaje. Nosotros, camaradas, os recordamos esta frase histórica: "Al proletariado se le puede derrotar, pero jamás vencer."

¡Todos al trabajo y a continuar luchando por el triunfo!

Comité Provincial Revolucionario de Asturias

18 de Octubre de 1934

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