El cielu por asaltu

Recuperar la dignidá, recuperar la llucha. Documentos pa la hestoria del movimientu obreru y la clase obrera n'Asturies.

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jueves, julio 02, 2009

Vídeos del 70 Aniversario de la Batalla del Mazuco

Vídeos de la exposición que se celebró en Llanes en octubre de 2007 para homenajear a los luchadores del Mazuco, organizada por el Foro por la Memoria de Asturias y la Federación Estatal de Foros por la Memoria





Fuente: Coses de Llanes.

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jueves, mayo 28, 2009

La huída de El Musel en la noche más clara

Vicente Rodríguez Alonso relata su salida de Gijón, el 20 de octubre de 1937, ante la caída de la ciudad y del Frente Norte, cuando era un joven comunista de 16 años

«Nunca vi una noche tan clara y con tal Luna llena como la del 20 de octubre de 1937». Tal admiración la expresa el gijonés Vicente Rodríguez Alonso, de 87 años, y no lo hace en un sentido estético. Esa noche, con 16 años y siendo militante del Partido Comunista, huyó de Gijón por El Musel, como tantos ciudadanos que, al menos, lo intentaron, cuando las tropas nacionales estaban a punto de entrar en la ciudad.

Iban a caer la ciudad y el Frente Republicano del Norte -acaban de cumplirse 71 años- y Vicente Rodríguez ha narrado a LA NUEVA ESPAÑA lo que vivió aquella jornada en la que llegó corriendo al puerto gijonés a las nueve de la noche, cuando ya había perdido la oportunidad de salir antes, junto a su padre, Fernando Rodríguez, también comunista, en la huida organizada por el gobierno gijonés del Frente Popular.

«Sin ánimo de polemizar», Vicente Rodríguez cuenta que «a la hora en la que yo llegué a El Musel no vi ametralladoras, ni en los barcos, ni en tierra, ni a ninguna Brigada Vasca; no vi a ningún soldado armado, sino a gente desarmada, a soldados milicianos desarmados».

El veterano comunista rememora que «éramos cientos de personas y no había muchos barcos, pero sí algunos; buscábamos lo que podíamos y nadie me impidió encontrar un barco. Di con uno, bajé por la escala y me dijeron que me metiera en la bodega».

Después, a causa de la especial luminosidad de aquella noche, el crucero «Almirante Cervera», de la Armada Nacional, apresó el barco en el que viajaba aquel chaval.

Vicente Rodríguez Alonso había nacido el 14 de octubre de 1921 en La Felguera, pero al estallar la guerra se vino a Gijón, junto con su padre, Fernando Rodríguez, que era «secretario del Departamento de Guerra», encabezado por el comunista Juan Ambou, dentro del Consejo de Asturias y León, del Frente Popular.

El joven Vicente Rodríguez trabaja a su vez en la Consejería de Comunicaciones, «de la que era responsable Aquilino Fernández Roces, al que después detuvieron en Alicante y fusilaron». Dicha Consejería, «en la que yo era un auxiliar más, estaba en la Casa de Correos y de ella dependía la emisora de radio EAJ-34. Se daban los partes de guerra y recuerdo que había un locutor que era Joaquín Sánchez, que era rapsoda también, componía versos».

Avanzada la guerra, Vicente Rodríguez recuerda la declaración de soberanía del 24 de agosto de 1937, dos meses antes de la caída del Frente Norte, cuando se constituye el Consejo Soberano de Asturias y León, lo que significaba que el Gobierno asturiano, establecido en Gijón, rompía con el de la República, en Valencia. Era presidente de dicho Consejo el socialista Belarmino Tomás y, precisamente, el Partido Comunista se opuso a aquella medida de soberanía. «Belarmino Tomás quería asumir cargos de una manera muy personal», explica el veterano gijonés. «El Partido Comunista propugnaba un Ejército regular, mientras que Belarmino quería uno de milicianos; y, al mismo tiempo, él acusaba a los comunistas de querer crear un Ejército rojo». El caso es que, «cuando el coronel Prada fue destinado por la República al Ejército del Norte, prefería más tratar con los comunistas que con los socialistas de Belarmino», agrega.

«Finalmente, Belarmino destituye a Ambou y se nombra a sí mismo consejero de Guerra. Entonces, mi padre es destinado al consejo militar del Partido Comunista». Dicho partido tenía su sede «en la casa de Paquet, en el muelle, en la parte de arriba del edificio, subiendo por la cuesta». El consejo militar del Partido Comunista estaba comandado por «Casto García Roza, que en el año 1946 vino a organizar el partido, por orden de Santiago Carrillo, a La Camocha, pero le capturó la Policía y le llevaron a la Comisaría de la calle Cabrales, donde le torturaron y murió; en el parte de defunción decía que había fallecido de un infarto, pero ya sabíamos todos lo que eran esos infartos».

Lo que sucedió aquel 20 de octubre de 1937 constituye el preámbulo de la huida de este gijonés por El Musel. «A las doce del mediodía, hubo reunión del Consejo y se planificó la salida inmediata». Para aquel chaval iba a ser, en principio, «un día de vida normal; fui a Correos a trabajar y volví a casa a la hora de comer. Fue entonces cuando mi padre me dijo que a las cinco de la tarde, no más tarde, fuera a la casa de Paquet, para salir de Gijón».

A continuación, «a las tres de la tarde, vuelvo a Correos a trabajar y me llama el consejero, Aquilino Fernández Roces. "Antes de marchar, vete a inutilizar la emisora", me dijo».

Vicente Rodríguez hizo un rápido cálculo de horas y se percató de que no daba tiempo a cumplir su misión y llegar a las cinco a la cita con su padre. Pero obedeció la orden.

«La emisora estaba en la calle de Los Moros, antes de la calle de Tomás Zarracina. Tenía el locutorio abajo y los aparatos arriba. Llegué y el técnico de la emisora se mostró reacio a hacer nada. Yo le expliqué que bastaba con romper o inutilizar algunas lámparas, para que la emisora quedase inutilizada durante unas horas, las suficientes para que los nacionales no pudieran utilizarla al entrar en Gijón».

Entre las discusiones y la ejecución de lo previsto, «pasaron varias horas, y cuando llegué a la casa de Paquet ya eran las ocho de la tarde y allí no había nadie».

Vicente Rodríguez reflexiona hoy sobre el hecho de que su padre no le esperara. «La respuesta es bien fácil: él, como les pasó a muchos otros comunistas, sería con total seguridad fusilado y yo, por estar a su lado, pues también. Por ello optó, con muy buenas razones, por pensar que los dos por separado tendríamos más oportunidades de salvar el pellejo».

Tras encontrar vacía la sede del Partido Comunista, «junto a otros compañeros tomé rumbo a El Musel. Hice todo el trayecto corriendo todo lo que me daban las piernas y las zapatillas de esparto y pude observar con gran desolación que no estaban ni mi padre ni nadie conocido a quien yo pudiera pedir ayuda».

Eran las nueve de la noche y había comenzado ya la noche más clara que Vicente Rodríguez recuerda haber visto en toda su vida.

«Hice la instrucción en el "Cervera", el buque que años antes me capturó al huir por El Musel»

A las nueve de la noche del 20 de octubre de 1937, Vicente Rodríguez Alonso, de 16 años y militante del Partido Comunista (PC), llegó corriendo al puerto de El Musel. «Pasé junto al barco "Monseny" y bajé por la escala». Comenzaba así la huida de Gijón de aquel chaval que después iba a pasar 33 meses apresado en campos de concentración y batallones de trabajo.

Vicente Rodríguez Alonso (La Felguera, 1921) revive para LA NUEVA ESPAÑA los sucesos de aquel día en el que las tropas del Ejército nacional estaban a punto de entrar en Gijón, lo que supondría la caída del Frente Republicano del Norte. Ese mismo día 20, a la hora de comer, su padre, Fernando Rodríguez, un señalado dirigente comunista, le había dicho a Vicente que le esperaba antes de las cinco de la tarde en la sede del PC, en la casa de Paquet, junto al muelle de Gijón. Pero el chaval se retrasó por cumplir la orden de ir a las tres de la tarde a inutilizar la emisora gijonesa EAJ-34. Cuando llegó a El Musel, su padre ya no estaba.

«Éramos unos cientos los que llegábamos al puerto; entramos como Pedro por su casa, sin que nos tropezáramos con soldados armados o ametralladoras que nos impidieran buscar algún barco. Eso sí, había mucho barullo y se quedó mucha gente en tierra».

A bordo del «Monseny», Vicente Rodríguez observó que «era la noche más clara que he visto en toda mi vida, con una visibilidad de varias millas». En aquel tiempo, controlaban El Musel buques nacionales «como el "Cervera" o el "Júpiter"». El primero de ellos, el crucero «Almirante Cervera», fue el que interceptó al «Monseny», «hacia las doce de la noche, tras un par de horas de navegación», y Vicente Rodríguez acabó en los calabozos del buque. «Nos llevaron a Ribadeo y empezó a nublarse y a llover; ¡lástima que la noche nublada no hubiera sido la de ayer!, pensé». Vicente Rodríguez recuerda, asimismo, que «a las cuatro de la madrugada del día 21, cuando las tropas nacionales ya estaban en La Guía, salió del muelle el "Santa Elena", custodiado, porque llevaba enfermos; pudo salir y llegó a su destino».

Tras pasar la primera noche retenido en Ribadeo, «al día siguiente, nos llevaron a varios de los barcos capturados a La Coruña y nos preocupamos mucho cuando vimos a militares franquistas que colocaban ametralladoras frente a los barcos; pensábamos que nos íbamos a quedar allí, muertos». Sin embargo, «pasaba el tiempo y no disparaban; después supimos que aquellas ametralladoras eran para protegernos de la Falange, que quería hundir los barcos con nosotros dentro».

Después de 15 días en La Coruña, «nos llevaron a Muros de San Pedro, donde había dos campos de prisioneros, uno abierto y otro cerrado. Primero estuvimos en el abierto, amplio, sin alambradas, donde nos recibió un capitán requeté retirado, que se apellidaba Pardal».

Eran unos 600 prisioneros, «pero no había listas, de manera que no se sabía exactamente quiénes éramos los que estábamos allí recluidos». Hoy, a sus 87 años, Vicente Rodríguez reconoce que «no sé cómo enjuiciar aquello que nos sucedió con Pardal. Nos pidió que hiciéramos una carretera para que llegaran desde el pueblo los víveres al campo, y la hicimos. Pasado un tiempo, una noche oímos a Pardal que gritaba: "¡Hijos míos, hijos míos, que se me ha embarrado el camión, venid a ayudarme, por favor, por favor!". Estaba soplado. Fuimos y le sacamos».

Vicente Alonso iba a coincidir en ese campo con Higinio Carrocera, el militar anarcosindicalista, natural de Barros, que había batallado el septiembre anterior en El Mazucu contra el avance nacional. «Una mañana veo a Higinio en el campo y no me dice nada, pero a los diez minutos me manda a uno que me dice que vaya a la enfermería. "Desearía que no me reconociera nadie", me dijo, y yo le respondía que así sería por mi parte, automáticamente». Carrocera sabía que su vida valía muy poco en aquel momento. «Iban al campo contrapartidas de falangistas de La Felguera y Sama y, entonces, le ocultábamos bajo colchonetas».

Después, «en diciembre de 1937 o enero de 1938, cerraron el campo abierto y nos llevaron al cerrado, dentro del pueblo de Muros, amurallado. Entonces sí hubo listas y controles. Una pareja de la Guardia Civil llegó un día y cogió a Higinio Carrocera. Se dice que había sido un chivatazo, pero no se supo de quién. Le llevaron a Oviedo y en febrero lo condenaron a muerte».

Por lo que respecta al destino de Vicente Rodríguez, «en el campo cerrado se presentó un auditor de guerra y me interrogó. Había una disposición que decía que a los capturados de 16 años o menos, sin delitos de sangre, serían liberados. Era mi caso. Me llamó el auditor y me pidió la domiciliación».

Durante la guerra en Gijón, «había vivido con mi familia en el número 25 de la calle Uría, piso 4.º izquierda. En ese mismo edificio también había vivido la familia de Juan Ambou. Le dije al auditor que mi domicilio estaba en Gijón; si le digo que era de La Felguera me machacan, porque era el hijo de un destacado comunista». Sea como fuere, «el auditor pidió informes sobre mí, pero, al no recibir nada, mantuvo mi reclusión, aunque puede que recibiera algo de La Felguera, donde yo ya no tenía familia, salvo lejana».

Al tiempo que Vicente Rodríguez pasaba por todas estas vicisitudes, «mi padre había salido de El Musel en el barco "Conchita" y pasó a zona republicana. Le nombraron gobernador civil de Castellón y Teruel, que para entonces ya estaba tomado por los nacionales. Recuerdo que estando en el campo de Muros hubo compañeros que me decían que mi padre había sido gobernador». Al acabar la guerra, «le cogieron en Alicante. El hecho de haber sido gobernador significaba la condena a muerte, pero se la conmutaron y permaneció desterrado en Valencia. Al cabo de un tiempo, un juez le dijo que tenía que presentarse ante el Tribunal de Orden Público, que juzgaba a masones y a comunistas. Su pena iba a ser de un mínimo de 11 años, así que huyó». Cuando Fernando Rodríguez logró escapar, «su intención era venir a Asturias para incorporarse a la guerrilla, pero le falló el enlace. Vino de Soto de Rey a La Felguera y le dijeron que huyera inmediatamente, porque era uno de los comunistas más señalados».

Posteriormente, «el PC le ayudó a salir hacia París. "Me pasó la frontera un falangista, por una propinilla", me contó después, cuando nos encontramos en París 14 años más tarde». Vicente Rodríguez se había quedado sin familia directa en España. «Mi madre había muerto en el año 1933 y mis hermanos se habían ido a Rusia, como mi padre y su compañera. Intervinieron Pasionaria y Semprún para que pudiera entrar en Moscú. Falleció allí, en abril de 1968, a los 70 años».

El veterano gijonés considera que «mi padre se había aliado desgraciadamente con las Juventudes Socialistas Unificadas de Carrillo; porque hay dos tipos de político: el revolucionario y el de salón. Carrillo es político de salón y mi padre era revolucionario. Antes de la guerra, la Policía llegaba cada poco a mi casa y decía: "Fernando, vamos a dar un paseo". En aquellos tiempos había siempre un sabotaje que aclarar».

Vicente Rodríguez agrega que «el político revolucionario está o en la cárcel o perseguido. Mi padre no pudo formar familia: siempre estaba o en congresos del partido, o en prisión o perseguido».

En cuanto a él mismo, «no me dejaron libre en Muros y después me llevaron a Cedeira, también en la provincia de La Coruña. Estábamos en plena playa, donde había fusilamientos. Pasé después a San Pedro de Cardeña, Burgos, al monasterio, con prisioneros de las Brigadas Internacionales. Después me llevaron a un batallón de trabajadores en Fuenteovejuna, Córdoba, y en junio de 1940 me liberaron, cuando se deshizo el campo de Tarifa, Cádiz, que estaba junto al faro».

Tras aquellos 33 meses de reclusiones, «volví a La Felguera y recibí muchas palizas en las comandancias de la Guardia Civil. Había un teniente, Berenguer, descendiente del Berenguer de la dictadura. Estaba en la Comandancia de Barros, empeñado en encontrar a mi padre. Ponía delante de mí un despertador grande y señalaba una hora: "Cuando llegue aquí, me habrás dicho dónde está tu padre", y un golpe y otro...».

A aquel joven comunista le citaban en la Comandancia «a las once de la mañana, con lo que no podía trabajar; iba a la de Tuilla, por ejemplo, andando, y tenía que estar allí sentado un par de horas. "La semana que viene preséntate en Barros", me decían, y, si no había paliza, a las dos horas me iba».

Por fortuna, a Vicente Rodríguez le surge una oportunidad cuando piden voluntarios en la Comandancia de Marina de Gijón. «Me presenté, me admitieron y embarqué en el "Cervera" para la instrucción». Aquella ironía del destino, la de servir en el buque que le había capturado años atrás, se volvió incluso un sarcasmo cuando «el cabo de la batería del buque que había bombardeado Gijón se enteró de que había un gijonés a bordo y me llamó: "Vaya paliza que os dimos", me dijo». Después, «me demoraron la licencia seis meses y había vacante en Gijón, en la Comandancia, así que fui como secretario del juez de Marina, Juan González Toca. Por allí pasaban los jefes de Duro Felguera y del astillero de El Dique, así que le pedí un certificado de buena conducta a mi superior y también alguien me dio una tarjeta de recomendación».

Para entonces, «había echado novia en Gijón, y después hice algo en la construcción, pero decidí presentarme a Dimas Menéndez, que era jefe en Duro Felguera. No era fácil que te recibiera. Había que rellenar un papel y razonar la visita». Vicente Rodríguez rememora, asimismo, que «toda mi familia había trabajado en Duro Felguera».

Cuando Dimas Menéndez le recibe, «me pregunta: "¿Es usted ex combatiente?". "Serví en el 'Cervera' durante la Guerra Mundial". "Enséñeme documentos". Le mostré también los documentos que me habían dado en la Comandancia. "Con estas cartas y tarjetas pase usted por las oficinas de la empresa". El lunes siguiente empecé a trabajar. Entonces, me casé».

Vicente Rodríguez trabajó 27 años en Duro Felguera. En el presente mantiene una espina clavada. «Pedí los datos que tuvieran de mí a los archivos de la Guerra Civil de Salamanca, Guadalajara, Ávila y al Ministerio de Defensa y me contestaron que no había referencia alguna sobre mi persona durante aquellos 33 meses de reclusión. Pero tiene que haber documentos, porque en Fuenteovejuna había intendencia militar». El veterano gijonés afirma que «no persigo una indemnización, pero sí documentos que digan que fui antifranquista y que por ello fui a un campo de concentración, pese a mis 16 años. En balnearios, ciertamente no estuve. Quiero un papel que diga que estuve en el batallón de trabajadores número 131, 4.ª Compañía, de Fuenteovejuna. No sé adónde tengo que ir a por ese papel. Aparte de eso, yo no fui nadie».

J. Morán


Publicado en: La Nueva España, 2 y 3 de noviembre de 2008.
Fuente: La Nueva España, I y II.

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miércoles, abril 16, 2008

La Federación Regional de Campesinos de Asturias

El 17 de enero de 1937, en asamblea celebrada en el cine «Roxy» de Gijón, se constituía la Federación Regional de Campesinos de la CNT . Aunque tarde, el sindicato anarquista se organizaba en el campo asturiano y, por el decir de su prensa, con unos resultados en la afiliación que rebasaban con creces los cálculos más optimistas.

En total, al acto de constitución de la Federación concurrieron treinta sindicatos que agrupaban a más de 2.000 afiliados. Como órgano rector se eligió una Junta Directiva de ocho miembros, de la que era presidente Antonio Raigada; vicepresidente, Teodoro Sánchez, y tesorero, Jenaro Sala; los cinco vocales restantes los designarían las diferentes secciones de la Federación del Concejo de Gijón.

La asamblea aprobó el reglamento de la Federación y los puntos básicos de su alternativa para el campo asturiano. Esta incluía «la colectivización y cooperativización de la economía agrícola y ganadera» y la creación de un Consejo Regional Cooperativo Agrario «articulado con arreglo a normas puramente revolucionarias» con la misión de atender los diferentes problemas relacionados con la producción agrícola y con la asistencia técnica al campesino. Podría organizar granjas colectivas con las tierras y ganadería incautadas a los propietarios fascistas, con la riqueza comunal o de los ayuntamientos, con aquellos terrenos abandonados pero susceptibles de ser explotados y con los que aportasen los campesinos interesados en integrarse en el sistema cooperativo. Elaboraría, en fin, los planes técnicos necesarios y distribuiría abonos y semillas entre los campesinos. Todo ello con los fondos proporcionados por las rentas de las fincas rústicas incautadas, en ese momento percibidas por el Frente Popular a través de la Consejería de Agricultura. Su composición sería paritaria (dos representantes por cada uno de los sindicatos mayoritarios, UGT y CNT), con la presidencia encomendada a un delegado del Consejo Provincial del Frente Popular (1).

El acto y sus resultados inmediatos fueron acogidos con entusiasmo por los dirigentes cenetistas y con la esperanza de hacer de la Federación a corto plazo el sindicato representativo del sector más radical y consciente del campesinado asturiano. «Parece que entre ellos (los campesinos) va ganado cuerpo la idea de que las dificultades y problemas que plantea la revolución en marcha han de ser vencidos fácilmente si los sindicatos agrícolas han de estar regidos conforme alas normas federalistas de la CNT y al verdadero espíritu revolucionario -escribirá CNT en las vísperas de la asamblea constitutiva de la Federación- .Así, vemos que a estos actos de propaganda del ideal libertario concurren las masas campesinas con inusitada animación y reciben con visible agrado y provecho sus enseñanzas. Por otra parte, el auge que de día en día va adquiriendo la organización campesina afecta a las doctrinas confederales, es un exponente rotundo y definitivo de la bondad insuperable de nuestros principios ideológicos» (2).

En días sucesivos la prensa dará cuenta de las incorporaciones que se iban produciendo a la Federación de Campesinos, a veces como en el caso de los de Tudela de Veguín (143 afiliados en total) tras darse de baja en la Federación de Trabajadores de la Tierra. Sin embargo, a tenor de los datos publicados a raíz del Pleno Extraordinario de la CNT de marzo de 1937 y de la escasa vida de la página semanal que el periódico dedicaba al campo, cabe deducir el fracaso del proceso de afiliación y, en consecuencia, de los intentos anarquistas de ganarse la confianza del campesinado, máxime si pensamos en la influencia que conservaba la Federación de Trabajadores de la Tierra, poco mermada en el curso de la guerra (3).

Juan Carlos García Miranda

NOTAS:

(1) La referencia de la asamblea constitutiva de la Federación la da CNT del 18 de enero de 1937, pág. 2. La constitución del Consejo Regional Cooperativo Agrario fue propuesto a la asamblea por los sindicatos de San Martín de Anes, La Secada y Lieres.

(2) Artículo publicado por CNT en la página dedicada al campo, el 14 de enero de 1937 («La confederación en el campo»).

(3) Por lo menos había secciones de la Federación en los siguientes pueblos y villas: Torán (Cangas de Onís); Nieda (Cangas de Onís), Pervera (Carreño); Castiello (Gijón), Cotorraso (Langreo); Galguera (Llanes); Bañugues (Luanco); Infiesto (Comarcal); La Felguera, Tiraña (Laviana); Jove, Perlora, Bañuges, Lugo de Llanera, Labra, Lada (Langreo), Sariego, Lamuño (Siero), Marcenado (Siero), Villar (Siero), Lieres, San Andrés (Turón); Cuenya (Nava), Colunga, Viobes-Paraes (Nava), Cabueñes (Gijón), Cenera (Mieres), Vera del Camino (Turón), Mestas de Con (Cangas de Onís), Sotiello (Gijón), Soto de Cangas, Tudela de Veguin, Cenero (Pinzales), Moreda, Ribadesella, Noreña, Turón, Siero (Comarcal), Lugones, Nava, Casielles, Vega (Gijón), Roces (Gijón), Mieres. Véase CNT de 21 y 28 de enero de 1937, pág. 7; de 4,11, 18 y 25 de febrero de 1937, también pág. 7.


Publicado en: Historia general de Asturias, tomo X: La Guerra Civil (2ª parte); VVAA. Editor Silverio Cañada. Gijón, 1978.
Fuente: Ateneo Virtual.

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sábado, marzo 29, 2008

Industria pesquera de Gijón

En los primeros momentos se crearon los controles locales que funcionaban con plena autonomía, entregando el pescado a los comités de Abastos sin exigir nada a cambio de dicho artículo. Estos controles fueron creados a base de un Comité de control que funcionaba bajo la dirección del Sindicato de Industria Pesquera, cuyas determinaciones y cargos correspondían a las asambleas generales.

Tan pronto llegaba la flota pesquera a los muelles se procedía a la distribución del pescado. Primero se abastecían los hospitales y asilos; el resto entre la población civil y las milicias.

Durante los primeros meses del movimiento, para los pescadores, como para el resto de los trabajadores de las diferentes ramas no existía el salario. Cada trabajador tenía en su poder un carnet de consumo donde se consignaba el número de familiares, ocupación, domicilio, etc. Los pescadores entregaban su mercancía a cambio de estos carnets que les daban derecho a adquirir el racionamiento establecido.

Cooperativas locales reemplazaron a los comités de Abastos creados al principio. El intercambio fue cada vez más efectivo. Se creó un Consejo Cooperativo que era una organización de carácter provincial y suministraba a todas las cooperativas por medio de la Consejeria de Comercio. No obstante, la población era reacia a esta innovación.

En noviembre de 1936, Amador Fernández publicó una serie de artículos en Avance defendiendo la libertad del pequeño comercio y de la pequeña burguesía, dando lugar a fogosas polémicas entre elementos confederales y socialistas.

El bloqueo militar fue mitigado en parte por el aporte de la industria pesquera cuya flota desafiaba constantemente los peligros del mar. Los facciosos progresaban difícilmente por tierra. Su propósito era quebrantar la resistencia del pueblo por medio del hambre. Muchos barcos pesqueros eran hundidos; otros apresados, conducidos a El Ferrol donde se fusilaba a los tripulantes. La industria pesquera representaba en Asturias la segunda riqueza regional. Tanto la flota de altura como la menor quedaron socializadas desde los primeros momentos. Lo mismo por lo que respecta a los mercados, fábricas de hielo y de conservas (estas últimas eran las más importantes de España), casas de venta o lonjas de contratación. Todo pasó a poder de los sindicatos, pasando más tarde al control de la Consejería de Pesca. Este control tenía sus delegaciones en todos los puertos del litoral asturiano donde existían factorías pesqueras o conserveras. (Condensado de un trabajo de Solano Palacio, publicado en Timón, de Barcelona, correspondiente a julio de 1938).

José Peirats


Publicado en: La CNT en la Revolución española, José Peirats. Ruedo Ibérico, París, 1971.
Fuente: Ateneo Virtual.

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sábado, marzo 15, 2008

Manifiesto sobre control de las industrias en Asturias, León y Palencia

Poco sabemos de las realizaciones económicas en la zona leal del norte. Salvo los vagos testimonios de que dejamos constancia en este capítulo (manifiesto sobre control de las industrias en Asturias y dos notas sobre colectivizaciones pesqueras en Gijón y Laredo), poco se sabe de otras realizaciones en aquella zona. las condiciones de la lucha allí planteada no permitieron, sin duda, la plena expansión de la iniciativa popular.

En el norte la guerra lo absorbió todo con una crudeza lindante con la epopeya. La preocupación militar, el aislamiento y el bloqueo, borraron preciosos indicios para la historia de la revolución. A través de las tres notas que se siguen, queda reflejado, por una parte, el peso de aquellas crudas realidades; por otra, el hecho consumado de realizaciones espontáneas llevadas acabo a pesar de todas las dificultades:


«MANIFIESTO SOBRE CONTROL DE LAS INDUSTRIAS EN ASTURIAS, LEÓN Y PALENCIA. Reunidos el Secretariado provincial de la UGT y el Comité regional de la CNT de Asturias, León y Palencia en el día de la fecha, convienen en llevar a la práctica los siguientes acuerdos :

» 1º. Formarán parte de los comités de control de Industrias aquellos sindicatos pertenecientes a una u otra central sindical que cuenten en su seno, cuando menos, CON EL DIEZ POR CIENTO DE LOS OBREROS organizados en el preciso momento en que se constituye el Comité de control. La representación será paritaria. La presidencia recaerá en el sindicato mayoritario y su voto será dirimente de calidad.

» 2º. La elección será democrática, si bien habrá de observarse lo establecido en el párrafo anterior. Se hará así para evitar el que a los obreros se les imponga una persona no grata. Ellos elegirán del sindicato o sindicatos el hombre u hombres que más confianza inspiren. Irán a estos puestos preferentemente los federados cuya sindicación sea anterior al 19 de julio de 1936. UGT y CNT se comprometen a celebrar asambleas conjuntas para tratar problemas industriales.

» 3º. Los comités de control se constituirán con arreglo a las siguientes normas: a) Por industrias en fábricas y talleres. b) Por explotación en minas y construcciones. c) Por zonas, en ferrocarriles. d) Por actividades en puertos y por barcos en mar. d) Por centros comerciales, en comercios, imprentas y pequeñas industrias. e) Por cooperativas de producción y venta (Cooperativas de visagra), en el campo. f) Por normas a fijar con los sindicatos paralelos de la CNT y UGT, en casos no previstos, por características particulares de una industria.

» 4º. Los comités de control son esto: comités de control CNT y UGT . Se comprometen a popularizar entre sus afiliados la misión de estos comités de control, que no es la de DIRECCIÓN, NI LA DE ABSORCIÓN DE FUNCIONES DE LOS CUERPOS TÉCNICOS DE DlRECCIÓN Y ADMINISTRACIÓN. Su papel principal es el de colaboración con la dirección; ayudar a la dirección aportando toda clase de iniciativas y sugerencias, velando por el exacto cumplimento de la producción, en cuya organización informarán, denunciando ante la dirección las anomalías y defectos para corregirlos y superar las condiciones de trabajo y rendimiento. Estas mismas obligaciones que se especifican, las ha de tener también la dirección, administración y cuerpos técnicos para con los Comités de control.

» 5º. Los puestos de los comités de control son TOTALMENTE GRATUITOS, HONORÍFICOS ; LOS COMPAÑEROS A ELLOS ELEVADOS DEBEN CONSIDERAR SU TRABAJO EN EL COMITÉ COMO UN SUPERTRABAJO, COMO UN TRABAJO DE CONFIANZA DE LA MASA DE COMPAÑEROS DEL TALLER, DEL POZO, ETC ; Y ESTE TRABAJO EN EL COMITÉ DEBE SER REALIZADO EN HORAS EXTRAORDINARIAS, LO QUE QUIERE DECIR QUE LA FAENA HABITUAL QUE EL CAMARADA VENÍA REALIZANDO ANTES DE IR AL COMITÉ, DEBE DE CONTINUARLA REGULARMENTE. ESTO OBLIGA A LA CNT Y UGT A UNA LUCHA ABIERTA CONTRA EL BUROCRATISMO NACIENTE, QUE DE NO CORTARLO A TIEMPO, CONDUCIRÍA A LO MÁS SANO Y CONSCIENTE DE LA CLASE OBRERA POR DERROTEROS PERNICIOSOS, PERNICIOSOS EN PRIMERO y ÚNICO TÉRMINO PARA LA PROPIA CLASE TRABAJADORA. Se exceptúan de estos casos aquellas industrias en que, por su mucha capacidad, la labor de los comités tenga que ser muy ardua.

»6º. CNT y UGT se comprometen a no reconocer personalidad alguna a los sindicatos que hasta el 16 DE JULIO PASADO TENÍAN CARÁCTER «AMARILLO» O PATRONAL. Sólo después de bien examinada la conducta individual de los en ellos agrupados, puede admitirse INDIVIDUALMENTE al obrero que lo solicite. Los elementos así conquistados no PODRÁN IR, BAJO NINGÚN CONCEPTO, APUESTOS DE RESPONSABILIDAD, TANTO DE DIRECCIÓN COMO DE GESTIÓN. Se facilitarán recíprocamente por ambas centrales sindicales listas de recusables para ser escrupulosamente observadas. CNT y UGT defenderán el derecho a la rehabilitación, incorporándolos a la arena revolucionaria, de aquellos elementos que vivían engañados, por una u otra causa, lejos de los sindicatos de clase y en oposición a éstos, en sindicatos al servicio de la burguesía. Pero esto SIEMPRE BAJO UN RIGUROSO CONTROL, CON UNA ESTRECHA VIGILANCIA DE CLASE SINDICAL.

» 7º. CNT y UGT se comprometen a no admitir en su seno a aquellos elementos cuya solicitud de ingreso hubiera sido rechazada o bien fueran expulsados -siempre que esté fundamentado en su enemiga a la clase trabajadora y a la democracia- por indeseables por cualquiera de las dos centrales sindicales.

» 8º. CNT y UGT propugnan por la sindicación voluntaria de los trabajadores; condenan los métodos coercitivos de sindicación, defendiendo la libertad o derecho que los trabajadores tienen para enrolarse en aquella sindical que más de acuerdo esté con sus concepciones personales, siempre que el cambio no obedezca a incumplimiento de acuerdos de la organización que abandona.

» 9º. CNT y UGT se comprometen a orientar su trabajo con dos objetivos inmediatos: GANAR LA GUERRA Y ORGANIZAR LA REVOLUCIÓN EN MARCHA.

» 10º. Toda diferencia que pudiera surgir entre sindicatos paralelos de las dos centrales sindicales, se resolverá por una comisión conjunta de compañeros responsables del Provincial de la UGT y del Regional de la CNT, entendiéndose que se girarán visitas de inspección mancomunada para ver en todos y cada caso si estos acuerdos son observados en toda la región.

» APÉNDICE. Estos acuerdos serán publicados en los diarios de las dos organizaciones, por espacio de ocho días, sin perjuicio de circular órdenes a los diferentes sindicatos de ambas centrales. » Gijón, enero de 1937. Por la Regional de la CNT: El Secretariado, Silverio Tuñón. Por la Provincial de la UGT : El Secretariado: Valdés. »


Publicado en: La CNT en la Revolución española, José Peirats. Ruedo Ibérico, París, 1971.
Fuente: Ateneo Virtual.

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viernes, marzo 07, 2008

Historia del Batallón Galicia nº19 en el Frente Norte


Como respuesta a la publicidad alcanzada por las columnas gallegas en su avance sobre la región, y para demostrar al pueblo asturiano que no todos los gallegos abrazaban ideas fascistas, a últimos de septiembre de 1936 se procedió a la militarización del que sería conocido como Batallón de Milicianos de Galicia, más tarde señalado por el Estado Mayor con el número 19 de los de Asturias.

Tomaron parte en su constitución las Milicias Antifascistas Gallegas y los miembros de la Confederación Regional Galaica, ocupado los cargos de organizador y primer comandante el anarquista José Penido Iglesias. Aunque en un principio pasó a formar parte de las fuerzas del Regimiento Antifascista Máximo Gorki, al quedar éste bajo el control del Partido Comunista pronto se acentuaron las diferencias entre comunistas y anarquistas, mayoritarios éstos últimos en la unidad, por lo que el mando republicano decidió que ésta operara de forma independiente[1].

En el mes de noviembre de 1936, fueron trasladados al batallón varios guardias de Asalto comunistas que habían logrado huir de Galicia y casi un centenar de soldados de quinta de origen gallego pertenecientes a la guarnición de los cuarteles rebeldes de Gijón[2].

Quizá obligado por las circunstancias o tal vez por iniciativa propia, lo cierto es que por esas fechas Penido abandonó la unidad para pasar a hacerse cargo de los hospitales de Gijón, ocupando la jefatura de ésta el cabo de Asalto orensano Ramón Iglesias Pérez.

Entre el continuo goteo de gallegos que se fueron alistando en la unidad a lo largo de la contienda, figuraron varias docenas de desertores de las unidades franquistas tras ser reclutados a la fuerza en Galicia y también veintitrés destacados militantes libertarios gallegos llegados al puerto de Gijón el día 9 de enero de 1937, tras salir cuatro días antes del de As Xubias en La Coruña a bordo de una motora pesquera bautizada por ellos mismos como “La Libertaria”. Entre los fugados se encontraban Emilio Novas Naya, Odilo Masip Masip y José Moreno Torres[3], uno de los más conocidos anarquistas gallegos del período republicano.

El Batallón Galicia en el frente Norte

Los gallegos recibieron su bautismo de fuego en el frente Occidental de Asturias, donde desde septiembre de 1936 participarían en la mayor parte de los combates librados contra las columnas que avanzaban desde Galicia, destacando por su dureza los que tuvieron lugar en torno al poblado del Escamplero, donde se detuvo el frente durante tres días, sufriendo la unidad un buen número de bajas sin poder impedir que las primeras unidades moras alcanzaran la capital asturiana en la jornada del 17 de octubre.

Tras la entrada de los franquistas en Oviedo, el batallón ocuparía posiciones en el sector de Grullos y más tarde en el de Cogollo, trasladándose a finales de diciembre al de Colloto donde, tras ser nuevamente numerado[4], pasó a formar parte de las fuerzas de la 6ª Brigada de Asturias que en aquellos momentos se encontraba mandada por el mayor Ramón Garzaball[5].

A mediados de febrero de 1937 se produjeron las deserciones de tres antiguos guardias de Asalto pertenecientes a la unidad, circunstancia que fue aprovechada por CNT para cesar a los mandos comunistas y convocar elecciones entre los milicianos, haciéndose otra vez con el control del batallón.

En los comicios resultó nuevamente elegido Penido para el cargo de comandante, ocupando el de capitán ayudante Emilio Novas Naya y el de teniente ayudante José Moreno Torres, quedando las respectivas compañías al mando de los capitanes: Camilo Fernández Dopazo, Ramón Vázquez Rey, Enrique García Lago y Alfredo Viejo Bernall[6]. Unas horas más tarde la unidad fue trasladada a San Cucao de Llanera, donde permanecería en reserva en espera del comienzo de la ofensiva general sobre Oviedo preparada por el mando republicano para la jornada del 21 de ese mismo mes[7].

Unas horas más tarde el batallón fue trasladado a San Cucao de Llanera, donde permanecería en situación de reserva en espera del comienzo de la ofensiva general sobre Oviedo preparada por el mando republicano para la jornada del 21 de ese mismo mes[7]. Los ataques darían comienzo amanecer de ese día, operando los gallegos por El Escamplero, donde ya lo había hecho en octubre del año anterior, participando al día siguiente en un asalto sin éxito sobre la loma de La Trecha[8]. Una vez finalizada la ofensiva, la unidad se trasladó al sector de Biedes – Las Regueras, donde alternaría periodos de posición en los parapetos de La Trecha, con otros de reserva en los cuarteles de La Granda[9].

En el mes de abril se incorporó Jaime Machicado Llorente, quien ocuparía del cargo de comisario político, organizando la elección democrática de los comisarios de las cuatro compañías de la unidad, cargo para el que resultaron elegidos Serafín Varela Platero, José Casas Fernández, Odilio Masip Masip y Manuel Ramos Escarís[10]. Por su parte, José Penido fue ascendido al mando de la 3ª Brigada de Asturias, siendo sustituido en el puesto del Comandate del Batallón por José Moreno Torres.

Formando parte de la 3ª Brigada de Asturias, junto a los batallones nº 211 y nº 258, el día 29 de junio la unidad fue trasladada urgentemente a Euzkadi, como refuerzo de última hora, en un desesperado intento de los republicanos para contener la dura ofensiva iniciada por los nacionales sobre Vizcaya. A su llegada a Euzkadi se desplegó en las inmediaciones de la localidad de Molinedo[11], combatiendo más tarde en los montes de Colisa, en el pico de San Miguel, dominando Traslaviña y la Ermita de San Roque, donde se sostuvo bastante tiempo, rechazando las repetidas acometidas lanzadas por el enemigo[12], regresando a Asturias el 19 de julio[13].

Tras participar en la fallida operación lanzada por los republicanos el día 1 de agosto sobre La Manga – Cimero, la 3ª Brigada de Asturias fue trasladada a Santander, desplegando al Batallón Galicia y al nº 211 en el puerto de El Escudo, donde ambas unidades llevarían a cabo una brillante actuación al ser atacado ese paso montañoso por fuerzas italianas a mediados de ese mismo mes[14].

Tras la vergonzosa retirada de los batallones nacionalistas vascos, las unidades gubernamentales que no habían quedado copadas en la bolsa de Reinosa se fueron replegando hacia Asturias, estableciéndose los batallones de la 3ª Brigada (ahora numerada como 183ª) en una improvisada línea de defensa situada en el margen izquierdo del río Deva, quedando desplegados los gallegos sobre las estribaciones del cerro Jana.

Para hacer frente a las bien equipadas brigadas de Navarra, en esos momentos la unidad contaba con un total de 423 hombres, disponiendo únicamente de 380 anticuados fusiles de Lebel de tres tiros, 2 fusiles ametralladores, 80 bombas de piña y 20 de humo[15].

El día 1 de septiembre, con los republicanos duramente batidos por la artillería y la aviación enemigas, fuerzas pertenecientes a la 1ª Agrupación de la 1ª Brigada de Navarra tomaron la villa de Panes, infiltrándose a continuación por el flanco derecho de las posiciones ocupadas por los batallones de la 183ª Brigada, que para no quedar copados se vieron obligados a realizar un primer repliegue hacia la zona de la Borbolla, donde establecieron una nueva línea defensiva sobre la orilla izquierda del río Cabra, quedando el Batallón Galicia y el nº 211 desplegados al Norte de Llonín, donde enlazaban con fuerzas de la División “B”[16].

A pesar de las duras acometidas lanzadas sobre ellos por fuerzas pertenecientes a la 3ª Agrupación de la 5ª Brigada de Navarra, los dos batallones aguantaron bien y cuando el día 8 fueron relevados, lo hicieron sin haber cedido ni un solo metro de terreno. Tras combatir durante unas horas en el puerto de La Tornería, la 183ª Brigada Mixta fue relevada y trasladada al puerto de Pajares, donde pasó a formar parte de la División “C”, mandada por Luis Bárzana, quedando desplegada en El Techo, posición desde la que se dominaba el pueblo de Villamanín.

Durante los días siguientes se lucharía en la carretera que lleva de Busdongo a Pajares, sobre la que los republicanos lanzarían varios contraataques, sufriendo los gallegos un número considerable de bajas.

El día 1 de octubre el batallón pasó a depender de la 194ª Brigada Mixta de la que también formaban parte el nº 241 y nº 267, quedando las fuerzas del Galicia divididas entre las posiciones de La Perruca, Alto de La Cerra, canto de Los Pobres y El Gobio[17], haciéndose unos días más tarde cargo de la defensa de la Loma del Ajo y Peñasagudas[18].

El día 8, los nacionales presionaron sobre las posiciones ocupadas por el Batallón nº 250, logrando apoderarse de tres lomas situadas en las estivaciones de Peña Buján. A las 18 horas contraatacó el Batallón Galicia por el flanco, logrando recuperar la posición perdida, causando al enemigo un gran número de bajas[19], por lo que la unidad fue felicitada públicamente por el jefe del XVII Cuerpo de Ejército en un comunicado editado ese mismo día[20]. Tanto esfuerzo sería en vano, ya que los franquistas lograron recuperar las lomas perdidas al día siguiente, contando para ello con el apoyo de numerosa artillería y el concurso de 18 aparatos de bombardeo. Aun contraatacarían los gallegos durante la mañana del día 11, pero sin obtener ningún resultado positivo, lo que motivó que los gubernamentales se vieran obligados a replegarse hacia una nueva línea, que quedó establecida desde Los Castellanos y sus estivaciones, pasando por el alto de La Raya, hasta la cota 1800, ocupando el Galicia las posiciones comprendidas entre la Cota 1.800 y la carretera, donde enlazaban con el Batallón nº 250.

Permanecieron allí hasta el día 16, fecha en la que pasaron a la línea de Peña Alba - Cota 1800 - Camino a Coleao y Pico Retriñón. Dos días más tarde, con excepción de la 2ª Compañía, el resto de las fuerzas de la unidad fueron retiradas del frente para descansar y de paso ser reorganizadas, situación en la que les sorprendería el final de la guerra en el Norte.

Luis Miguel Cuervo

Notas

1] ÁLVAREZ PALOMO Ramón; Rebelión militar y revolución en Asturias, Ediciones Trea. SL, Gijón 1995.
[2] Relación de la Sección de Movilización - Milicias Antifascitas Gallegas.- AGGCE – PS Gijón - Legajo I 74 - 4.
[3] AIRMN – Causa de Coruña nº 1477/37.
[4] Con la reestructuración llevada a cabo dentro del Ejército del Norte a finales de diciembre de 1936 la numeración de las unidades asturianas pasó a estar precedida por el número dos, quedando el Galicia señalado con el nº 219.
[5] Estadillo de fuerzas de la Jefatura del Sector Norte.- AGGCE – PS Gijón – Legajo I 53 - 2.
[6] Documento de la unidad en la que se da cuenta al Estado Mayor de la nueva estructura de mando – AGGCE – PS Gijón – Legajo K 223 – 9.
[7] Listado de armamento de la Comandancia Militar de Posada de Llanera.- AGGCE – PS Gijón – Legajo J5 – 8.
[8] Listado de bajas del Batallón Galicia nº 219.- AGGCE – PS Gijón – Legajo F 116 – 15.
[9] Informes de la Comandancia Militar de Avilés – AGGCE – PS Gijón – Legajo - I 34 – 4.
[10] Listado de mandos de la unidad del mes de mayo de 1937.- AGGCE – PS Gijón – Legajo I 79 – 2.
[11] Parte de operaciones de la 3ª Brigada de Asturias.- AGGCE – PS Gijón – Legajo I 83 – 4.
[12] SOLANO PALACIO, Fernando; Asturias Mártir, la tragedia del Norte, Ediciones Tierra y Libertad, Barcelona 1938.
[13] Parte de operaciones de la 3ª Brigada.- AGGCE – PS Gijón – Legajo - I 34 – 4.
[14] SOLANO PALACIO, Fernando; obra anteriormente citada.
[15] Informe del Comisario Político de la 183ª B. M.- AGMAV – Legajo 857 - Carpeta 3.[16] Ibidem.
[17] MARTÍNEZ BANDE, J. M.; El final del frente norte. Editorial San Martín, Madrid 1972.
[18] Parte de operaciones de la Agrupación de los Puertos.- AGMAV - Legajo 857 – Carpeta 11.
[19] Parte oficial publicado en el diario El Boletín del Norte del día 9 de octubre de 1937.
[20] Partes de operaciones de la Agrupación de los Puertos.- AGGCE - PS Gijón – Legajos I 72 - 1 y J 35 - 4L.

Archivos

AGGCE.- Archivo General de la GCE de Salamanca
AGMAV.- Archivo General Militar de Ávila
AIRMN.- Archivo Intermedio de la Región Militar Noroeste de Ferrol

Prensa

Diario Boletín del Norte.

Libros

MARTÍNEZ BANDE, J. M.; El final del frente norte. Editorial San Martín, Madrid 1972.
SOLANO PALACIO, Fernando; Asturias Mártir, la tragedia del Norte, Ediciones Tierra y Libertad, Barcelona 1938.
ÁLVAREZ PALOMO Ramón; Rebelión militar y revolución en Asturias, Ediciones Trea. SL, Gijón 1995.



Fuente: Grupo de Investigación Frente Norte.

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La batalla del Mazuco



Fuente: Youtube.

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martes, febrero 05, 2008

Reunión extraordinaria del Consejo Soberano de Asturias y León

REUNIÓN EXTRAORDINARIA DEL CONSEJO DE ASTURIAS Y LEÓN CORRESPONDIENTE AL DÍA 20 DE OCTUBRE DE 1937 (ÚLTIMA)

A las doce y media de la mañana y en la Delegación del Gobierno.- Presidente Belarmino Tomás y asisten todos los Consejeros excepto el de Comercio que está ausente.- También asiste el Coronel-Jefe de E.M.- Prada.

PRESIDENTE: Dice que ha convocado a esta reunión extraordinaria con objeto de examinar la situación militar singularmente grave, tanto en el frente como en la retaguardia, para tratar de forma definitiva de la conducta a seguir. Concede la palabra al Sr. Coronel Prada para que informe al Consejo de la situación militar.

SR. CORONEL PRADA: Informa de que la situación de Asturias se agrava de día en día. Manifiesta que él, ya ha comunicado al Gobierno que de pasar el enemigo la línea del Sella, la situación sería muy comprometida, y desesperada si los facciosos llegaban a Villaviciosa.- Da cuenta de la baja moral de nuestros combatientes agravada por el sentir pesimista de la retaguardia.

Pone ejemplos que robustecen sus opiniones.- Dice que ha habido batallones que se negaron a combatir.- Habla de uno de ellos, de Sama, que acogido a un refugio se negó a salir de él.- Da cuenta de que los soldados decían a los comisarios y oficiales que se batieran ellos, ya que de entrar los facciosos en Gijón a los soldados nada había de sucederles.

Se refiere al material de guerra que se esperaba y dice que él en su día comunicó al Gobierno la necesidad de recibir ese material de guerra urgentemente y la precisión de que este material llegare a tiempo, ya que de venir tarde, las armas que se esperaban no servirían para nada.- Llegan tarde esas armas -declara hace 48 horas, y además son malas y viejas.- Explica a continuación cómo redujo el frente para darle más eficacia.- Todo esto lo hizo de pleno acuerdo con la Comisión de Guerra.- Estima que no es posible resistir más, y que sí es posible evacuar parte del Ejército.- Propone hacer un repliegue en 24 horas para concentrar las tropas en los puertos de Avilés, Candás y Gijón.- El se compromete en llevarlo a cabo y para ello sólo se necesita saber, en el término de dos horas, el número de barcos disponibles, capacidad de ellos y puertos donde se encuentran.- Esto puede hacerse hoy; mañana será tarde.

Nos ha derrotado la aviación y pretender resistir es inútil.- No cabe más que el repliegue si se quiere salvar parte del Ejército.-

PRESIDENTE: Dice que hay barcos para evacuar 50 mil o 60 mil hombres.- El mandó, hace ya tiempo que todas las embarcaciones estuvieran preparadas en carbón y víveres.- Pregunta si el Consejo está conforme con la propuesta del Jefe de E.M.

INSTRUCCIÓN PÚBLICA: Declara que la política conjuntamente con los cobardes que huyeron hace unos días: precipitaron los acontecimientos. Dice que los manejos de una organización secreta anticiparon los proyectos de evacuación.- Estima que es necesario evitar el desmoronamiento del frente oriental y aconseja que se proceda a la destrucción de fábricas etc.- (a la vuelta hoja 2)

El SR. CORONEL PRADA: Interrumpe para decir que urge determinar lo de los barcos pues las unidades tienen que recibir órdenes oportunas antes de las cuatro.-

COMUNICACIONES: Dice que sobran discusiones y que es preciso tomar decisiones rápidas.-

INDUSTRIA: Propone proclamar el estado de guerra.- No se acepta esta propuesta.-

SR. CORONEL PRADA: Da seguridades de poder realizar el embarque con orden.

TRABAJO: Propone facilitar al Coronel-Jefe de E.M. hombres de confianza de las organizaciones para que le ayuden en su tarea. Sugiere se prepare un barco especial para los hombres de confianza de los partidos.

PRESIDENTE: Dice debe darse santo y seña.

SR. CORONEL PRADA: Propone sea éste: "Ya llegó". Se acepta.

Se invita al Sr. Coronel Prada a abandonar la reunión. Se va éste. Continúa reunido el Consejo.

PRESIDENTE: Da cuenta de que al salir ayer el General ruso Dambrosky ofreció al Consejo tres aviones que llegarán esta tarde, si se cumple lo prometido. Dice que por ello es necesario que se sepa en todo momento dónde están los Consejeros para avisarles.- El Coronel Prada propuso que en primer lugar saliera la mitad del Consejo y la mitad del E.M.- Pregunta si se está conforme con esa propuesta.

COMUNICACIONES: Dice que si son los militares los que se han comprometido a hacer la evacuación deben ser estos los últimos en salir.

AGRICULTURA: Estima que debe salir primero la mitad del Consejo y luego la otra mitad.

JUSTICIA Y O.P.: Discrepa.- Dice que deben salir todos o ninguno. Se acuerda que todos los miembros del Consejo salgan juntos.

PRESIDENTE: Dice que hay que preparar con toda rapidez la voladura de minas, fábricas, etc.- No se puede perder tiempo en volar minas sin importancia.- Pide se nombren compañeros que se encarguen de la voladura de bombas de achique, ventiladores y máquinas de extracción. Deben inutilizarse también las centrales eléctricas y cortar el cable del plano inclinado de la Florida.

COMUNICACIONES: Manifiesta que cada Consejero debe encargarse de la destrucción de aquello que a su custodia estaba encomendado.- Declara que sobre el particular, tenemos órdenes concretas del Gobierno.

Se acuerda proceder a la destrucción de todo lo que pueda tener interés de guerra.

JUSTICIA Y O.P.: Habla del problema que a última hora nos plantean los presos. (a la vuelta hoja 3)

PRESIDENTE: Dice que hay que respetar la vida de los presos. Pensemos -dice-, en lo que esto puede repercutir en el ámbito internacional.- La guerra no se solventa sólo en Asturias y es necesario pensar en la repercusión que pudieran tener nuestros actos.

SANIDAD: Conforme con lo manifestado por el Presidente; pero estima que si hubiera algún preso caracterizado convendría tomar medidas contra él.

JUSTICIA Y O.P.: Dice que los presos antifascistas han sido puestos en prisión atenuada y que a todos ellos se les pondrá en libertad.- Hizo una sola excepción: La de aquellos cuatro asesinos condenados a muerte por el Tribunal Popular.

Se acuerda poner en libertad a todos los presos antifascistas.

AGRICULTURA: Dice que de dejar a los presos fascistas con vida la gente que quede en Gijón sufrirá las consecuencias de tal medida.

COMUNICACIONES: Se muestra conforme con el criterio sustentado por el Consejero de Agricultura y se manifiesta partidario de tomar medidas extremas contra determinadas personas de la retaguardia.

PROPAGANDA: Se opone y habla de las repercusión que para la causa de la República pudieran tener estas medidas en el extranjero y aún en la propia España.

JUSTICIA Y O.P.: Opina lo mismo.

OBRAS PÚBLICAS: Dice que debe evitarse cualquiera clase de excesos. De hacer tal cosa podríamos provocar una reacción internacional que acabara con la República.
Con el voto en contra de los Consejeros de Agricultura, Comunicaciones e Instrucción Pública se acuerda respetar la vida de los presos.

Y no habiendo más asuntos que tratar se levantó la sesión a las dos menos cuarto de la tarde.


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domingo, enero 27, 2008

El Consejo Interprovincial de Asturias y León se declara soberano



Quien repase en su memoria hechos históricos hallará la confirmación de que una ciudad sitiada asumió siempre la integridad de su responsabilidad. Dos encontradas corrientes coinciden en el punto de esta necesidad: una, la dificultad, cuando no la imposibilidad de consultar las decisiones con el supremo poder político del país; otra, la inaplazable urgencia de resolver minuto por minuto.

Los medios actuales de ataque y defensa en la guerra imprimen a los movimientos tal rapidez, fuerzan hechos a tan larga distancia, que bien puede asimilarse el caso de una provincia o región sitiada hoy al caso de una ciudad y su contorno sitiada antaño.

Caracteriza a una ciudad o región sitiada la desaparición de líneas divisorias entre lo civil y lo militar. Todo se funde en la estrechez de combatir por salvar la propia vida. No queda espacio detrás del frente para actividades propias de la paz. No hay frente militar y retaguardia civil: todo es frente.

Siendo todo frente, siendo todo un conjunto indiferenciado, ese frente, ese conjunto, no puede ser más que civil. El poder civil invistió a los militares con una especialidad que reasume cuando lo estima pertinente. Otra interpretación es pretorianismo, el funesto pretorianismo causa de la actual desdicha de España.

El Consejo Interprovincial de Asturias y León, por las razones expuestas, cree llegado el momento de asumir la plena responsabilidad del mando soberano en el territorio de su autoridad. Da por supuesto el asentimiento del Gobierno de la República; la República cuyo bien e integridad es el anhelo de todos.

Adopta la resolución que sigue en plena serenidad, y dispuesto firmemente a imponer serenidad al que quiera perderla; seguro de contribuir a la indudable victoria sobre el fascismo en España.

De conformidad con todo lo expuesto, el Consejo decreta:

Artículo 1º.– El Consejo Interprovincial de Asturias y León, a partir de la fecha y hora de este Decreto, se constituye en Consejo Soberano de gobierno de todo el territorio de su jurisdicción y a él quedan íntegramente sometidas todas las jurisdicciones y organismos civiles y militares que funcionan y funcionen en lo sucesivo dentro del referido territorio.

Artículo 2º.– El propio Consejo Soberano, a la vista de los acontecimientos favorables que se produzcan en el curso de la guerra, determinará el momento de despojarse de las funciones soberanas que hoy asume.

Artículo 3º.– De este Decreto se dará cuenta al Gobierno de la República para su convalidación; sin perjuicio de su absoluta vigencia, impuesta por imperio de las circunstancias, desde este mismo momento de su promulgación.

Dado en Gijón, a veinticuatro horas del día veinticuatro de agosto de mil novecientos treinta y siete.


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miércoles, octubre 31, 2007

"Euzkadi" está mal de los nervios

Euzkadi de Bilbao pasa estos días por una verdadera crisis de histerismo. Dos de sus números recientes los ha dedicado a hablar de “traición” cometida contra Euzkadi por haberse emprendido ofensiva militar en Asturias. Conoce a los “traidores” y los sacará a la vergüenza y a la venganza pública. Toma apoyo para sus sacudidas nerviosas en comparación de kilómetros cuadrados, y de objetivos buenos, malos y regulares, patentes, según él, para cualquiera que tenga sentido común. Todo ello adobado con unos “nuestro” territorio y “su” territorio y “nuestra” ayuda y “su” falta de reciprocidad, que huelen desde una legua a bandería, a taifa, o campanario de aldea.

Grave lenguaje; grave en el sentido de la gravedad que encierra, porque si fuésemos a tomar el adjetivo en su primera acepción, no de grave, sino de muy ligero habría que calificarlo, y más en las columnas de un diario de marcado tinte oficial. Desagradable síntoma de voluntaria reclusión en el recinto de sus propios kilómetros cuadrados, con trato de extranjeros para los kilómetros cuadrados de los demás. Excesivo desparpajo para tirar de la oreja técnica y de la oreja de la vigilancia y la buena fe a los organismos superiores del mando del ejército.

A ninguna de las consideraciones —más propio sería escribir “de las desconsideraciones”— que hace Euzkadi acerca de las operaciones en curso, somos quién para contestar. El ejército es de España. Sus organismos superiores disponen que se ataque en Asturias y se ataca. No hay otro modo de mirar la guerra, y sobre todo no debiera haber otro modo de escribir de la guerra, y en momentos como los presentes, menos. El criterio de Euzkadi favorece la interpretación de que cada territorio, cada región, cada provincia, constituye un campamento independiente, que ataca cuando a él le parece bien, que pacta operaciones con el de al lado o no las pacta, que socorre o no socorre con “sus” hombres y “su” material al vecino que combate, según su particular criterio. Funesta interpretación. Lo recto es entender que las unidades vascas y las asturianas y las de todas partes van a donde el mando las manda. Pobres de nosotros si no acabamos de incorporarnos este convencimiento. Y aquí han venido en varias ocasiones fuerzas vascas que cumplen su deber bravamente y reciben el trato de soldados y de hermanos a que son acreedores. Y cumpliendo su deber seguirán, a pesar de insensateces periodísticas y oficiosas que parecen intencionadamente destinadas a producir perplejidad y desorientación.

A nada de eso nos corresponde contestar; pero nos cabe una pregunta que hacer, por razón de la gravedad del caso, que a todos importa. La pregunta es esta: en Euzkadi ¿no hay censura más que para los artículos de El Liberal y los de Cruz Salido que rozan la infabilidad gubernamental, municipal, omnímoda, que el nacionalismo vasco se atribuye? ¿O entiende aquella censura que es más grave la crítica de un partido político cualquiera que la franca acusación de inepto y de infiel lanzada contra los hombres que mandan el ejército en operaciones? ¿Creen aquello más perturbador que esto en el ánimo de los que se baten y del pueblo todo? Pues parciales entendederas hacen falta.

De insidias como la de que Asturias no merecía la ayuda que haya podido prestársele, porque lo primero en quien acepta ayudas es haberse ayudado a sí mismo, lo mejor es no hablar. Lo que se pudo se hizo en Asturias y en todas partes. Sería grotesco que saliéramos ahora exhibiendo méritos y hazañas. La guerra no tiene nada que ver con esas rivalidades de pueblos vecinos. Pasen discusiones semejantes en las rondas de mozos y en los bailes de pueblo. La guerra es demasiado seria y demasiado de todos para sufrirlas.


Publicado en: Avance, 4 de marzo de 1937.
Recogido en: La Guerra Civil en Asturias, VVAA. La Nueva España / Cajastur, 2006.
Digitalización: El cielu por asaltu.

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domingo, octubre 28, 2007

Entrevista a Luis Aurelio González Prieto

-¿Qué importancia tiene la batalla de El Mazucu dentro de la guerra civil en Asturias?
-La batalla de El Mazucu, en Llanes, es una parte de la batalla del oriente en Asturias. La resistencia no fue únicamente en El Mazucu, también incluye toda la sierra del Cuera y la zona de los Picos de Europa en conjunto. Fueron necesarios dos meses, casi 80.000 hombres del bando nacional y toda la Legión Cóndor para reducir al Ejército republicano. Los gurús de la historia se refieren a esta batalla como una serie de operaciones de limpieza, pero fue una de las más sangrientas de la guerra civil en Asturias.

-¿De dónde radica la épica bélica en torno a El Mazucu?
-Fue una batalla rescatada por la historiografía vasca, puesto que la primera brigada que frenó el avance de las tropas nacionales fue vasca, aunque el peso de la lucha lo llevó la brigada asturiana de Higinio Carrocera. Hasta tal punto se valoró esta batalla que el coronel Adolfo Prado entregó dos medallas de la libertad -la máxima condecoración republicana- por un día de defensa de El Mazucu. Carrocera tuvo que esperar tres semanas para que le dieran la misma condecoración.

-¿A qué conclusiones ha llegado en sus investigaciones sobre este contexto histórico?
-La batalla del oriente tiene una importancia notable dentro de la guerra civil española y, también, dentro del contexto bélico internacional.

-Explíquese.
-La resistencia asturiana permitió frenar las brigadas navarras del Ejército nacional dando alas al Estado Mayor republicano y, en concreto, al general Rojo, para crear lo que van a llamar el Ejército republicano de maniobra de la zona centro, que un mes después lanza un ataque contra Teruel evitando una ofensiva franquista contra Madrid. En el contexto bélico nacional, la batalla que se libró en el oriente de Asturias proporcionará el tiempo necesario para construir ese Ejército capaz de iniciar la ofensiva sobre Teruel.

-Y dentro de la historia mundial, ¿cuáles fueron las consecuencias de la lucha librada en Asturias?
-En la batalla de Asturias por primera vez se coordinan la Legión Cóndor de la aviación alemana con las fuerzas de Tierra, de forma que se convierte en una máquina imparable ante la resistencia en las montañas. Es la estrategia que después utilizarán durante toda la guerra civil española y la misma que los alemanes desarrollaron durante la II Guerra Mundial.

-¿Qué otras estrategias bélicas se ensayaron en Asturias?
-Los republicanos empezaron a utilizar la línea de defensa en profundidad, que después sería utilizada en la batalla del Ebro y que también se ensayó en Asturias.

-¿Con qué medios contaba la resistencia asturiana?
-No tenían posibilidad de recibir armamento ni munición porque existía un bloqueo naval por parte de las fuerzas nacionales. Sólo algunos barcos ingleses consiguieron sortearlo. La precariedad del armamento y la falta de suministros marcaron la línea de defensa del frente oriental.

-¿Y las diferencias técnicas entre los dos ejércitos?
-En el nacional, desde el nivel de compañía hacia arriba, todo eran mandos profesionales y, en el republicano, sólo eran dos a nivel de división y otros dos a nivel de brigada. Un Ejército profesional contra un Ejército mandado por unos supuestos oficiales que tuvieron como enseñanzas militares veinte días de academia.

-¿Esta situación se reflejaba en los partes de guerra?
-No. Los partes de guerra de los nacionales achacaban al mal tiempo la imposibilidad de avance o decían que no había novedades cuando realmente existía una lucha atroz. Los republicanos hablaban de cambios estratégicos en la lucha cuando se producía una retirada. Su principal arma era la moral de combate.

-Covadonga fue uno de los focos principales de la resistencia asturiana.
-En Covadonga hubo una resistencia muy fuerte de la 184 brigada, que mandaba Manolín Álvarez. Los nacionales emplearon una fuerza brutal para hacerse con Covadonga. Aunque se rechazaron dos ataques, al tercero cayó.

-En su libro habla de que en Asturias se vivió un Guernica.
-Cangas de Onís fue saqueada más que Guernica. Mientras el 17 de septiembre de 1937 se inauguraba en París la exposición internacional sobre el «Guernica», Cangas era bombardeada simultáneamente por ser el centro logístico del Ejército republicano.

-Este tipo de hechos no ha sido relatado por la historiografía bélica.
-Asturias nunca fue bien tratada dentro de la historiografía acerca de la guerra civil, que se inclinó a favor de los vascos. Hacen falta trabajos más rigurosos por parte de la Universidad para sacar a flote esta historia. La batalla de Asturias necesita también, llegado el momento, un centro de interpretación.

-Habla de convertir acontecimientos bélicos en recurso turístico.
-Sí. Hay unas fortificaciones bélicas impresionantes de arquitectura militar en el Oriente y en el Suroccidente que podrían ser visitadas. Hay que rescatar la historia bélica de la región.

-¿Qué dificultades halló en su investigación?
-El Archivo de Salamanca está para una élite universitaria becada. Que se haya montado el follón que se montó por su traslado, cuando no está ni organizado, no es de recibo. Urge su digitalización. La toponimia tampoco se adecua a la realidad.

Covadonga Jiménez


Publicado en: La Nueva España, 26 de agosto de 2007.
Fuente: La Nueva España.

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domingo, octubre 21, 2007

Las decisiones soberanas del "Gobiernín"



Trasladaron a 500 presos a un barco cárcel en El Musel, donde la aviación franquista atacaba a la flota republicana

El Consejo Soberano de Asturias y León, despreciado por Azaña como «Gobiernín», tomó medidas militares y de orden al final de una guerra que acababa para Asturias. Mañana, en la última entrega, se bosquejará la figura de Rafael Fernández, único protagonista vivo del Consejo Soberano y testigo de su constitución.

El Consejo Soberano de Gobierno de Asturias y León, que se había independizado como tal del Gobierno de la II República el 24 de agosto de 1937 -hace ahora 70 años- era calificado despectivamente de «Gobiernín» por el presidente Manuel Azaña, varias veces, en sus «Diarios de guerra», con su frecuente y contundente tono de superioridad.

Azaña repite el calificativo cuando retrospectivamente repasa los sucesos asturianos. Lo hace en las páginas de sus cuadernos el día 4 de noviembre de 1937, jornada en la que recibe al coronel Adolfo Prada, que el día 25 de agosto había sido nombrado por el referido Consejo Soberano jefe del Ejército del Norte, en sustitución del general Gamir. Asturias y, en definitiva, el frente Norte habían caído el 21 de octubre anterior.

Comenta Azaña que «del Gobiernín Prada dice pestes. El más señalado era Belarmino Tomás, enteramente sometido a la CNT. La política que se seguía allí servía para fabricar fascistas. En Gijón, incautándose del pequeño comercio, de las pequeñas propiedades, etcétera, han logrado hacerse odiosos. Encarcelaba a niños de 8 años porque sus padres eran fascistas y a muchachas de 16 o 18 años, sobre todo si eran guapas».

Estas inmisericordes afirmaciones de Azaña han de leerse a la luz del desprecio que el político de Izquierda Republicana sentía hacia el socialista Belarmino Tomás. Prueba de alguna de las distorsiones reflexivas de Azaña es lo que agrega ese mismo día en su diario: «A pesar de las advertencias del coronel Prada, el "Gobiernín" no quería creer que en Asturias hubiese quinta columna. Belarmino contestaba: "En Asturias, la roja, no hay fascistas". El sangriento equívoco de la rojez de Asturias estaba dando sus últimos frutos».

Sin embargo, y junto al temor a las deserciones, el quintacolumnismo, o resistencia interna de los partidarios del alzamiento nacional, era una de las principales preocupaciones del Consejo Soberano presidido por Tomás.

Prueba de ello son las medidas adoptadas el día 27 de agosto por la Consejería de Justicia y Orden Público -de la que era responsable el consejero Rafael Fernández-, las cuales suponen una vida militarizada para toda la población. Se impone el toque de queda a las 10 de la noche, se restringe la circulación de vehículos, se prohíbe la tenencia de radios y se controlan propaganda, mítines y manifestaciones de cualquier colectivo.

Sobre el nerviosismo imperante y el pavor quintacolumnista cuenta el ministro de Gobernación de la República, el socialista Julián Zugazagoitia (en su obra «Guerra y vicisitudes de los españoles») que «constaba positivamente que las autoridades asturianas habían caído, tras la pérdida de Santander, en un nerviosismo sobremanera peligroso». Narra un caso el político y periodista, acerca del desfile militar en Avilés en honor a la brigada «Carrocera», la del anarquista Higinio Carrocera, que en torno a agosto y septiembre de 1937 realizaba una brava resistencia en el oriente asturiano al avance nacional.

«Asistían a la parada, desde el balcón del Ayuntamiento, Belarmino Tomás, Segundo Blanco y los militares Prada, Galán, Ibarrola y Ciutat. Desfilando, a uno de los soldados se le desprendió del cinturón una bomba que hizo explosión y produjo varias desgracias. Belarmino Tomás atribuyó el hecho a una mano criminal; sin poder contenerse, desenfundó su pistola y, con boca espumosa, a grandes voces, se hizo oír en medio del tumulto: «Conocemos la maldad de nuestros enemigos, a los que estamos dispuestos a no perdonar. Este atentado tampoco quedará impune». Hubo tiros y víctimas, pues «el arco estaba demasiado tenso y se disparaba con la máxima facilidad», agrega Zugazagoitia.

En el marco de esta tensión, se había producido días antes la más llamativa decisión del Consejo Soberano: apelar a la Sociedad de Naciones como si Asturias fuera un Estado. Se trataba, cuenta Zugazagoitia, de un «telegrama a la Sociedad de Naciones anunciándole que, de continuar los ataques aéreos a Gijón, el Consejo daría orden de ejecutar a todos los presos políticos».

El ministro agrega que «el conocimiento de esta notificación hecha a Ginebra dejó al Consejo de Ministros de la República sin habla. Prieto se descompuso y reaccionó con su habitual viveza. Los comunistas, que se sentían desestimados en Asturias y contra la composición de cuyo consejo no cesaban de protestar, expresaron su irritación con palabras violentísimas».

El Consejo Soberano decide el 29 de agosto crear una prisión flotante en el puerto de El Musel, donde las agresiones aéreas nacionales contra la flota republicana allí amarrada eran continuas.

Ramón Álvarez Palomo, entonces consejero de Pesca, relató años después, en su libro «Rebelión militar y Revolución en Asturias», este suceso con un arranque un tanto eufemístico: «Con el fin de descongestionar las cárceles, fueron trasladados al buque "Luis Caso de los Cobos" 500 presos procedentes de El Coto de San Nicolás y de la Iglesiona y, el mismo día (28-8-37), se envió a trabajos de fortificación, en el frente, a los componentes de una brigada penal». Según Geminiano Carrascal, en su libro «Asturias: 18 julio 1936, 21 octubre 1937», fueron 150 mujeres y 365 hombres los llevados al «Caso de los Cobos», donde vivieron jornadas infernales.

En los contornos de estos sucesos, «el avance del enemigo estaba calculado en un promedio de 6 kilómetros diarios, aun cuando no falta quien asegura que llegó a andar los 10. A menos terreno, mayor nerviosismo», explicaba Zugazagoitia. Por ello, agrega, «el Consejo Soberano extrema hasta donde puede las medidas de rigor. No se sabe por qué suerte de extravío de la razón, cuando se proyectan medidas severas se las relaciona con los presos». Así era. Como hiciera «ya el Gobierno de la Generalidad», continúa el ministro, el Consejo Soberano establece que el Tribunal Popular de Asturias entenderá por vía sumarísima de los delitos de espionaje, traición y derrotismo. De las penas de muerte tomará conocimiento el mismo Consejo y no el Gobierno de la República. Otra medida, luego corregida, del «Gobiernín» despreciado por Azaña.

J. Morán


Publicado en: La Nueva España, 26 de agosto de 2007.
Fuente: La Nueva España.

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domingo, octubre 14, 2007

Una soberanía en tiempos explosivos



La medida, tachada de cantonalista en Asturias y de rebeldía por Azaña, fue más de índole práctica que de voluntad nacionalista

A finales de agosto de 1937, Asturias era un territorio «rodeado de enemigos por todas partes, menos por una... el Comité de No Intervención». La frase, en parte irónica por lo que respecta a la Francia y a la Gran Bretaña que se integraban en dicho Comité, había sido pronunciada por el teniente coronel Francisco Galán, militar republicano destinado en el Norte tras haber luchado en la defensa de Madrid, y que sería nombrado jefe del cuerpo XIV del Ejército pocos días después de producirse la declaración de soberanía del Consejo de Gobierno de Asturias y León, a las 24 horas del día 24 de agosto de 1937.

Las palabras de Galán las recoge Juan Ambou, entonces consejero asturiano de Instrucción Pública, en su obra «Los comunistas en la resistencia nacional republicana». Ambou admite que la situación en el Norte era desesperada, después de que Santander hubiera sucumbido al ataque de doce días de las fuerzas nacionales.

Pero Ambou, comunista, deja caer también con esa frase de Galán que la declaración de soberanía no era sino un paso previo a la rendición que estudiaban los socialistas del Gobierno republicano de Asturias, y que, según algunos mandos militares, ya se estaba tramando aquellos días con franceses e ingleses.

No hay pruebas de ello, pero los posibles indicios reforzaban en Ambou la idea de que la soberanía del Gobierno presidido por el socialista Belarmino Tomás era el mecanismo para que tuvieran las manos libres durante una hipotética retirada.

Hubo retirada poco menos de dos meses después, el 21 de octubre de 1937, cuando las columnas de las Brigadas Navarras entraron en Gijón por la carretera de Villaviciosa y se dio por vencido el frente Norte, leal a la República. Retirada más caótica que organizada y sin intervención paliativa de fuerzas extranjeras.

Frente a la idea de Juan Ambou de que la declaración de independencia asturiana había sido el encubrimiento de intenciones torcidas, otros miembros de aquel Consejo soberanista, como el anarquista Ramón Álvarez Palomo, consejero de Pesca, defendieron que dicha declaración no fue tomada con premeditación estratégica, sino que había sido reclamada por «una situación realmente excepcional y explosiva».

¿Cuáles fueron los motivos veraces de aquella decisión?

Claramente, no fue el preámbulo de un proceso constituyente soberanista, ni parecía que la preocupación nacionalista o secesionista hubiera estado en la agenda de los gobernantes asturianos desde el advenimiento de la II República o desde el estallido de la guerra civil.

En Asturias no existía conciencia nacionalista, y en aquel agosto de 1937 era una región en guerra contra un numeroso y bien pertrechado Ejército nacional que ya rozaba su frontera oriental al tiempo que miles de refugiados vencidos en el País Vasco y en Santander entraban en su territorio.

Sobre el inexistente segregacionismo y nacionalismo astur predicaba alguno de los informes que, tras la declaración de soberanía, el Gobierno de Belarmino Tomás había remitido al Gobierno de la República. «Un cuerdo sentido nacional ha presidido siempre nuestros actos. Ni sentimentales imperialismos, ni interesados separatismos pueden imputarse a Asturias. Asturias y León han cimentado la unidad nacional».

La soberanía aparecía como una medida práctica, aunque muy discutida y tachada por el Gobierno de Manuel Azaña como rebeldía inconstitucional.

Dentro de Asturias fue calificada de «cantonalismo inconsecuente», según afirmación posterior de Rafael Fernández, miembro del Consejo Interprovincial de Asturias y León que se opuso a aquella medida tomada en la tarde del 24 de agosto de 1937.
Rafael Fernández Álvarez, militante del PSOE que entre 1981 y 1983 fue presidente del Gobierno preautonómico del Principado y que entonces era miembro de las Juventudes socialista Unificadas (JSU), se opuso a la declaración de soberanía apelando a que se rompía la unidad republicana del país y a que Belarmino Tomás disponía de competencias suficientes sin necesidad del cuño de soberanas.
El veterano político Rafael Fernández declararía años después que dio la impresión de que el Consejo asturiano quería colocarse a la misma altura que los vascos, cuyo PNV había asumido plenos poderes de defensa militar durante la campaña del Norte.

Los anarquistas, que apoyaron la declaración de soberanía, sostenían en su órgano impreso, el periódico «CNT», que «no queremos discutir de legalidades; la legalidad es un producto de mil causas y concausas».

El presidente del Consejo, Belarmino Tomás, cruzó telegramas con el Gobierno de la República, entonces en Valencia, y en uno de ellos proclamaba: «Iniciativa funciones plenas Gobierno fue obligada, debido deserciones Ejército, cuyos mandos eran primeros incumplir obligaciones militares. Tal acto no puede interpretarlo Gobierno como rebeldía. Deben conocernos suficientemente».

Tomás proseguía pidiendo calma: «Esté seguro procederemos todo instante gran serenidad. Nosotros no culpamos Gobierno de nada de lo que sucede Norte y son injustos al decirnos que nos declaramos cantón independiente, ya que nuestra única autoridad la reconocemos en Gobierno actual (...). Si Gobierno hubiese conocido situación en aquel momento, tengo la seguridad de que no nos trataría tan injustamente como lo hace».

Tomás incurre en contradicciones cuando afirma: «Soy su delegado, y si alguna determinación tomáramos antes de que ustedes la conocieran, tengan la seguridad de que se habría hecho en bien de la guerra y por estar tan distantes del Gobierno, pero siempre comunicándosela para que decidan en definitiva».
En cuanto a las circunstancias concretas previas a la declaración de soberanía, otro informe del Consejo Soberano, posterior a la caída de Asturias y recogido por Ramón Salas Larrazábal en su «Historia del Ejército Popular de la República», dice que «se hunde Santander y se viven unas horas durante las cuales no existe autoridad ninguna en el Norte leal. Se busca el paradero del gobernador de Santander. No se sabe dónde se encuentra la Junta Delegada del Norte. El Estado Mayor ha desaparecido. Llegan a la frontera de Asturias cientos y cientos de milicianos santanderinos y vascos en huida desordenada. Se impone implantar una autoridad; la que sea».
En efecto, el día 24 de agosto, Santander se derrumbaba ante la ofensiva nacional. Cayó el día 26. Es en ese momento cuando el general de la República Mariano Gamir, junto a miembros de la Junta Delegada de Santander, más otros militares y políticos republicanos salen de la capital cántabra en el submarino C-4, escoltado por el C-2, y llegan a Gijón esa misma noche. Asturias ya era soberana.

Pero la interpretación de Juan Ambou sobre la declaración de soberanía era contrapuesta, según dejó escrito en su citada obra: «La causa era sólo una: preparar la evacuación (...). Y, lógicamente, para organizar tal evacuación, los «soberanos» necesitaban tener la manos libres. ¡Ni el Gobierno podía inmiscuirse en los planes de evacuación!».

Ambou supone que se está negociando la rendición con el Comité de No Intervención, de manera que «parte de la escuadra inglesa y tal vez de la francesa protegerían la retirada». Y añade: «Otra vez los ingleses y monseñor Pacelli; los mismos que mediaron en Santoña para que fascistas italianos y nacionalistas vascos establecieran un convenio de evacuación. Estábamos, en fin, contra el espíritu de Santoña, que revoloteaba amenazador sobre nuestras cabezas». Apunta también que el alcalde anarquista de Gijón, Avelino González Mallada, «era partidario de una rápida evacuación».

Todo ello le sirve a Ramón Álvarez Palomo (en su libro «Rebelión militar y revolución en Asturias») para afirmar que «especulaciones leguleyas de todo tipo, precipitados análisis sobre la oportunidad del procedimiento legal; antecedentes constitucionales, sentimientos federales bruscamente reaparecidos y afanes regionalistas sirvieron a críticos de última hora» para juzgar «las intenciones que pudieron mover al Consejo Interprovincial de Asturias y León a declararse soberano».

En cambio, Palomo asegura que «¡era mucho más sencilla la cosa!», pues «prácticamente inexistentes las comunicaciones con la Junta Delegada, en Santander, que dejaba al garete la situación del territorio leal en el Norte, hubiese sido irresponsable y hasta delictivo que el Consejo de Asturias y León, único organismo legal con capacidad de movimiento, asistido por las fuerzas armadas de la zona y el apoyo de la mayoría de las organizaciones y población civil, no hubiese tomado las medidas que reclamaba una situación realmente excepcional y explosiva».

Eran las 10 de la noche, recuerda Álvarez Palomo, de aquel 24 de agosto cuando el Consejo de Asturias y León se reúne. Dos horas después, Asturias era territorio soberano.

J. Morán


Publicado en: La Nueva España, 25 de agosto de 2007.
Fuente: La Nueva España.

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jueves, octubre 11, 2007

El día de la independencia



La segregación de la región con respecto al Gobierno de la II República, que apoyaban la FSA, Belarmino Tomás y CNT, tuvo el rechazo de comunistas, parte de UGT y Juventudes Socialistas

Hoy hace 70 años, en plena guerra civil y acechada por la presión de las tropas de Franco, Asturias se declaró independiente del Gobierno de la II República, ubicado entonces en Valencia. La constitución del Consejo Soberano de Gobierno de Asturias y León (dos meses antes de la caída del frente Norte) fue una medida para asumir la dirección militar y política en un solo organismo, independiente, para planificar la acción sobre el terreno. La decisión tuvo votos en contra, pero fue anunciada con entusiasmo por los periódicos socialistas y anarquistas asturianos. El Gobierno de la República lo consideró una rebelión y Manuel Azaña lo vio como una demostración del afán de Belarmino Tomás, presidente del Consejo, de ser ministro de la Guerra y mandar tropas.

«A las 24 horas del 24 de agosto de 1937» el Consejo Interprovincial de Asturias y León emitía un decreto por el que se declaraba la independencia de Asturias con respecto al Gobierno de la República, ubicado entonces en Valencia.

Aquella segregación se producía poco menos de dos meses antes de la caída definitiva del frente Norte, que iba a sobrevenir el 21 de octubre de 1937, con la entrada en Gijón de las Columnas Navarras, al mando del general José Solchaga Zala, del ejército nacional.

Era precisamente la percepción de las autoridades frentepopulistas asturianas acerca de que las tropas de Franco aceleraban su presión sobre el Principado, para liquidar ese frente antes de la llegada del invierno, lo que condujo al Consejo Interprovincial a dicha declaración de independencia mediante la fórmula de constituirse en Consejo Soberano de Gobierno de Asturias y León.

Además de este temor al avance nacional, en las mismas horas en las que el Consejo adoptaba esta medida, en un tensa y discordante reunión, la ciudad de Santander se tambaleaba ante las brigadas navarras e italianas y los dirigentes asturianos veían cómo la línea del frente penetraba ya por el oriente de la región.

Y otro hecho histórico sucedía en esa misma jornada: dirigentes políticos y militares republicanos del Partido Nacionalista Vasco y mandos italianos del bando nacional firmaban el Pacto de Santoña, por el cual el ejército vasco, a espaldas del Gobierno republicano de Valencia, ofrecía su rendición a cambio de que fueran declarados prisioneros de guerra y de ser evacuados por buques ingleses.

Aunque el pacto no se hizo efectivo, pues Franco lo revocó y mandó encarcelar a los vascos en la prisión de El Dueso (Santoña, Cantabria), el espíritu que revelaba dicha rendición era totalmente derrotista.

La caída de Santander, el día 26 de agosto, y la retirada del ejército vasco dejaba a Asturias en absoluta soledad bélica, de ahí que el citado decreto de declaración de soberanía iniciaba su razonamiento preliminar con las siguientes frases: «Quien repase en su memoria hechos históricos, hallará la confirmación de que una ciudad sitiada asumió siempre la integridad de su responsabilidad. Dos encontradas corrientes coinciden en el punto de esta necesidad: una, la dificultad, cuando no la imposibilidad, de consultar las decisiones con el supremo poder político del país; otra, la inaplazable urgencia de resolver minuto por minuto».
Tras advertir que «puede asimilarse el caso de una provincia o región sitiada hoy al caso de una ciudad y su contorno sitiada antaño», el decreto manifiesta que «caracteriza a una ciudad o región sitiada la desaparición de líneas divisorias entre lo civil y lo militar (...). No hay frente militar y retaguardia civil: todo es frente».
Por tanto, el Consejo Soberano de Gobierno de Asturias y León asume la jurisdicción militar y política, pero no las va a ejecutar cada una por separado, sino conjuntamente, declarando una especie de estado de guerra o unas medidas represoras contra la quinta columna, que van a afectar a toda la población, principalmente a Gijón y Avilés, mayores núcleos urbanos del momento.

La declaración de independencia, o de soberanía, iba a ser recibida con cierto entusiasmo interno impulsado por la labor propagandística de los periódicos «Avance» (socialista) y «CNT» (anarquista), pero, sin embargo, iba a recibir furibundas críticas, tanto en el seno del propio Consejo declarado soberano como en el Gobierno valenciano de la República.
En Asturias, se opondrán a esta medida los comunistas, una parte de la Unión General de Trabajadores (UGT) y las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), mientras que los anarquistas respaldarán aquella idea socialista, concebida por Amador Fernández, respaldada por la Federación Socialista Asturiana y por Belarmino Tomás, presidente del Consejo.
De hecho, tras una agitada deliberación en el seno del Consejo Interprovincial, formado por quince consejeros, el citado decreto recibirá cinco votos en contra: el de los comunistas Juan Ambou, Gonzalo López y Aquilino Fernández Roces, y el de los miembros de las JSU Rafael Fernández y Luis Roca de Albornoz.

Fernández argumentará que el presidente del Consejo y gobernador general de Asturias, Belarmino Tomás, podía asumir todas las atribuciones de mando, civiles y militares, sin recurrir a la fórmula soberanista, pero sí mediante las competencias de que gozaba dentro del Estado republicano.

Por su parte, Juan Ambou afirma que nunca el Partido Comunista dará un paso hacia la desmembración de la República.

Fuera de Asturias, la decisión soberanista recibirá críticas furibundas, comenzando por las del presidente de la República, Manuel Azaña, que las recogió en sus «Diarios de guerra».
Así, Azaña escribirá el día 26 de agosto en sus cuadernos: «Y van a encerrarse en Asturias. Naturalmente, lo primero que han hecho en tal situación los directores del cotarro asturiano es constituirse en Gobierno soberano. O sea, rebelarse contra el Gobierno, por las buenas. Digo naturalmente porque la reacción espontánea de cada cual, ante las dificultades, consiste en erigirse en mandamás».
A los pocos días, el 8 de septiembre, recibirá al ministro de la Guerra, el socialista Indalecio Prieto, que en aquel momento era presidente en funciones del Consejo de Ministros, por viaje al extranjero de Negrín, y Azaña añadirá en sus escritos: «Prieto está indignado y dolido con la disparatada conducta de los asturianos. Se ha conseguido sacar de allí al general Gamir, destituido por aquel Gobierno soberano, y debe de estar en Francia, aunque el Ministro no tenía noticias suyas. No dejan salir de allí a nadie. Todos han de morir... La comunicación aérea ya no funciona, desde que han derribado el avión regular con Francia y matado al piloto».

Algunos de estos datos que menciona Azaña corresponden a decisiones tomadas por el Consejo Soberano en sus primeros días de actividad, a finales de agosto de 1937. Así, el Gobierno independiente sustituye al general Gamir por el coronel Prada en el mando del ejército del Norte, el XIV Cuerpo.
Al mismo tiempo, el Consejo prohíbe la salida de cualquier persona del territorio asturiano. Cuenta en su libro «Guerra y vicisitudes de los asturianos» Julián Zugazagoitia, entonces ministro de Gobernación de la República, que la frase «de aquí no sale ni Dios» era la que había pronunciado algún «soberano», es decir, un miembro del Consejo.
La prohibición de salida, continúa Zugazagoitia, crea un conflicto internacional, ya que «la Embajada norteamericana, que había enviado a El Musel un buque para sus connacionales, se encontró sorprendida con la noticia de que no es posible porque de Asturias no salía nadie».

Volviendo a los diarios de Azaña, el día 9 de septiembre, anota su interpretación de lo que está sucediendo en Asturias con su declaración de soberanía.
Azaña cuenta que ese día ha recibido a «los diputados en Cortes de Izquierda Republicana por Asturias, Menéndez y Laredo». Y agrega que «la situación que pintan es como yo había podido figurármela». Recoge Azaña que ambos diputados «truenan contra Belarmino Tomás y su desmesurada ambición de mando y de dirigirlo todo. Los republicanos han estado y están reducidos en Asturias al papel de gente tolerada, cuando no oprimida. Reconocen que la empresa sobre Oviedo, el afán de tomar la ciudad, las fanfarronadas sobre el triunfo fácil y la dirección de las operaciones han sido funestos».
Todo lo hasta aquí relatado se lo atribuye negativamente Manuel Azaña a Belarmino Tomás, pero irá más lejos al afirmar que «en Asturias, aun antes de formarse eso que han llamado Gobierno soberano, existía un Consejo de Ministros, con trece o catorce ministros, más subsecretarios, directores generales, etcétera, etcétera. El afán de Belarmino era ser ministro de la Guerra y mandar las tropas».

Este juicio sobre Tomás, persona por la que el presidente de la República no sentía ninguna simpatía, podría ser uno de los que expliquen la declaración de soberanía en Asturias, pero ello no estaría del todo claro, pues Belarmino Tomás ya disponía de las atribuciones bélicas.

Al comienzo de la contienda civil española se había creado el Comité Provincial del Frente Popular de Asturias, con sede inicial en Sama de Langreo, que posteriormente se trasladaría a Gijón tras la caída del cuartel de Simancas, asediado por los milicianos frentepopulistas desde el 19 de julio al 21 de agosto de 1936.

El Consejo de Ministros de la República decreta el 23 de diciembre de ese año la constitución del Consejo Provincial de Asturias, que a los pocos días pasa a denominarse Consejo Interprovincial de Asturias y León, pues el norte de esta última región se hallaba bajo control republicano.

Presidía el Consejo Interprovincial el gobernador general de Asturias y León, Belarmino Tomás, encargado también del departamento de Guerra.

Por tanto, la presencia de Tomás y su hipotético personalismo ya eran factores previos a la declaración de independencia. Lo que se podría dilucidar es si la declaración de soberanía venía acompañada por ciertas y rectas intenciones defensivas del territorio de Asturias o era, en cambio, un Consejo Interprovincial que, según Ambou, no debería haberse denominado de la soberanía, sino de «la evacuación o de la huida».

J. Morán


Publicado en: La Nueva España, 24 de agosto de 2007.
Fuente: La Nueva España

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