El cielu por asaltu

Recuperar la dignidá, recuperar la llucha. Documentos pa la hestoria del movimientu obreru y la clase obrera n'Asturies.

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lunes, noviembre 02, 2009

La Revolución, vista por un niño comunista

Aquilino Vega contempló los estertores de la revuelta en el alto del Ferrador, donde los mineros gastaron sus últimos cartuchos

La Revolución del 34 es para Aquilino Vega Menéndez una historia de valientes mineros que luchaban por un mundo mejor, de curas y falangistas con pistolas al cinto y de desfiles paramilitares por la «carretera del llano del río», que comunicaba con Tudela Veguín, con el pañuelo al cuello de los pioneros comunistas, la organización que encuadraba a los niños «rojos». El relato de este antiguo minero de casi 85 años tiene el aire de un cuento de hadas cruel. Con 10 años tuvo su propia inmersión en el infierno, aunque él le quita importancia. «Nosotros, a esa edad, ya estábamos acostumbrados a todo y no nos sorprendía», asegura.

A Aquilino, «El Chintu», lo metió en el partido un joven de la parroquia ovetense de Naves, al que «mataron a palos después de la guerra». Con 10 años ya mostraba una rebeldía que muchos ahora envidiarían. «Cuando pasábamos delante del cura del pueblo levantábamos el puño y gritábamos vivas a la República y abajos a la Iglesia», rememora con un punto de orgullo.

La víspera del movimiento, una partida de unos veinte revolucionarios llegó a La Grandota, un punto privilegiado desde el que se bombardearía Oviedo durante el asedio que sufrió en la Guerra Civil. Según Aquilino Vega, venían a preparar la entrada a Oviedo. Los mineros venían de acribillar la casa de un ingeniero en Tudela Veguín (mataron a una criada, asegura Aquilino Vega) y de requisar un toldo y un jamón de un par de bares-tienda. Iban requisando todas las armas que podían, pistolas y escopetas, «porque sólo tenían dinamita negra». «El toldo era porque aquel día orbayaba bastante. Aquí se apostaron y me invitaron a comer con ellos el jamón. Al día siguiente, se unieron a los mineros de Mieres y entraron en Oviedo», asegura.

De aquellos días de violencia, El Chintu recuerda la gran humareda que se levantaba de la ciudad. «No podíamos ver nada, nada más que el humo causado por los incendios y las explosiones», señala este viejo comunista. El día 13, los moros de Yagüe entraron en Oviedo. Aquilino Vega repite como una letanía todos los hitos del martirologio comunista. «Los moros entraron en los barrios de Oviedo, en el de Villafría (al pie de La Grandota), donde mataron a niños, mujeres y ancianos, y en San Pedro de los Arcos, donde mataron a Aida de la Fuente. También están los que mataron en el Naranco, y los de Cerdeño», rememora este antiguo minero. En la Casa del Abogado, junto al cementerio de El Salvador, «violaron a las mujeres delante de sus maridos y luego les dieron machete». El Chintu no para de repetir que muchas de estas cosas no están en los libros.

Desde el lugar privilegiado que es La Grandota, Aquilino pudo ver los estertores de aquella revuelta, en compañía de su abuelo, Pedro Menéndez Suárez. «Era por la mañana, el 20 de octubre. Los mineros iban ya de retirada cuando llegaron al alto del Ferrador. Allí quemaron la última dinamita que les quedaba. Mi abuelo y yo estábamos viendo la contienda, que estaba a unos tres kilómetros, cuando nos llegaron unas balas perdidas que casi nos matan», asegura. Luego, «los mineros bajaron por el Calderu a San Esteban de las Cruces y unos giraron a Mieres y otros al valle del Nalón. Si llegan a resistir hubiese sido una masacre. No hubo persecución, los moros volvieron a Oviedo».

A Aquilino Vega le quedaba por ver mucha guerra, muchas cartillas de racionamiento, mucha injusticia, por ambas partes. El relato de un cura atado a un árbol y quemado con gasolina se mezcla con los ejemplos de la cruel y calculada venganza del bando vencedor, tras el hundimiento republicano en Asturias, en octubre de 1937. A su abuelo le impusieron una multa de 200 pesetas por «desafección al régimen», tal como figura en un ejemplar de la sanción que El Chintu guarda como oro en paño. Para pagarla tuvo que vender la mejor de sus tres vacas y pedir un préstamo. Antes, durante la guerra, vio disparar varias veces a «La Leona», el cañón instalado en Bendones, que acertó a la torre de la catedral de Oviedo, donde se había instalado un nido de ametralladoras. Cerca de allí se vivirían fuertes combates durante la guerra, y después fusilamientos.

L. Á. Vega


Publicado en: La Nueva España, 31 de mayo de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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miércoles, septiembre 16, 2009

Entrevista a Octavio Cabezas Moro

Octavio Cabezas Moro (Oviedo, 1933) escribió en 2005 «Indalecio Prieto, socialista y español», una de las últimas aportaciones biográficas a la figura de uno de los dirigentes del PSOE esenciales para comprender la Revolución del 34. Cabezas defiende la memoria de aquel movimiento, pese a su fracaso. «Emocional y sentimentalmente, para los hombres de izquierda, la Revolución de Asturias es un faro ideal de objetivos permanentes, utópicos, pero movilizadores», señala.

-¿Cómo es posible que Prieto, un socialdemócrata moderado, se viese involucrado en aquella aventura?

-Era un momento de mucha tensión, desde la pérdida de las elecciones de 1933. El Partido Socialista se había radicalizado bajo la dirección de Largo Caballero y había muchas presiones. La CEDA y Lerroux estaban insistiendo en terminar con los avances de la República azañista. La CEDA estaba derivando hacia una visión fascista, y aquella primavera de 1934, Döllfuss había machacado al socialismo austriaco, sin olvidar la toma del poder por Hitler en enero de 1933. Prieto no estaba a favor de la revolución de la clase obrera, tenía muchas dudas de que una huelga general fuese efectiva para derribar el Gobierno de la derecha pero era un hombre de obediencia al partido.

-Tuvo un papel crucial en la preparación de la insurrección.

-Muy activo, especialmente en el affaire «Turquesa», el barco que trajo armas a San Esteban de Pravia, pero estuvo muy ayudado por el Sindicato Minero de Belarmino Tomás, que aportó pertrechos y mandos a la revolución. Es el sindicato, con mandos como Teodomiro Menéndez o Graciano Antuña, el que lleva adelante la insurrección y el que resiste a los casi 25.000 soldados enviados por el Gobierno. Tras el fracaso de la revuelta, Prieto se queda en su casa unos días con Largo Caballero. Éste decide ir a su domicilio y allí lo detienen. Prieto pudo salir a Francia con la ayuda de Hidalgo de Cisneros y otros amigos, y allí moviliza a los sindicatos internacionales contra las penas de muerte dictadas contra González Peña y el resto. Gracias a su lucha se evitó que fuesen ajusticiados.

-¿Qué régimen buscaban aquellos socialistas?

-Tenía una visión muy ambigua. Aquella izquierda socialista nunca tuvo nada clara su arquitectura revolucionaria. Querían un modelo socialista, pero no lo tenían nada claro. Antes de la revolución, Prieto elaboró las bases de un Gobierno muy progresista, e insistía en la colaboración con los republicanos de izquierda. El fracaso de la Revolución de Octubre del 34, le lleva a proponer a Prieto la necesidad de volver a otros planteamientos. No se podía derrocar por las armas al régimen, y de hecho, Prieto, González Peña, Belarmino Tomás y otros defiende la República.

-Desde cierta historiografía se plantea la revolución como el primer capítulo de la Guerra Civil.

-Imagino que se refiere a gente como Pío Moa o César Vidal. No creo que sean dignos de ser tomados en cuenta. Ese planteamiento ya lo defendió Madariaga, un personaje nefasto, que traicionó a la República. Esta claro que el levantamiento de los militares golpistas de 1936 había sido preparado con varios meses de antelación. Estaban arrebatados por el asesinato de Calvo Sotelo, pero también estaban dispuestos a levantarse contra la República desde siempre. Al no triunfar el golpe de Estado, tienen que recurrir a los nazis alemanes y los fascistas italianos. Y la República tiene que recurrir a la Unión Soviética, porque las democracias no la defendieron. La política de no intervención fue una operación británica para acabar con la República. Ligar la Revolución de 1934 con el golpe de julio de 1936 está fuera de lugar.

-¿Por qué la revolución triunfa sólo en Asturias?

-Había medios, dirigentes, armas. El mundo estaba muy organizado y el Sindicato Minero Asturiano proporcionó capacidad organizativa y logística. Además, no hay que olvidar la alianza revolucionaria en la que entran socialistas y anarquistas. En Asturias había gente bregada, que tenía ya tradición de lucha. Pero estaba muy mal planteada, y además le falló todo el mundo: los catalanes, Madrid, los vascos...

-Hubo excesos...

-Es cierto que durante la revolución hubo momentos de gran dureza, pero la reacción posterior fue terrible. Hubo asesinatos y torturas, como las que recibió Teodomiro Menéndez, que se tiró desde el quinto piso de la cárcel modelo de Oviedo. No murió, pero quedó en muy malas condiciones. Yo le escuchaba en casa de mi padre, Juan Antonio Cabezas, que fue redactor jefe de «Avance» de Gijón durante la guerra. Y también a Javier Bueno, director del mismo periódico, que se hizo fusilar al finalizar la guerra en Madrid, porque no quería huir más. Graciano Antuña fue otro protagonista de la revolución fusilado, pero en 1936, en Oviedo, de donde no se marchó por tener a su esposa enferma. Mi padre sí escapó. Si hubo excesos por parte de los revolucionarios, no fueron nada comparados con las atrocidades del comandante Doval de la Guardia Civil, un personaje siniestro.

-Tres cuartos de siglo después, ¿qué enseñanza cabe sacar de aquello?

-No fue un error, como diría Prieto en el año 42, durante la apertura en México del ciclo dedicado a Pablo Iglesias. En aquel acto pidió perdón, yo creo que en realidad el problema era que se daba cuenta de que había actuado rompiendo con su línea de pensamiento. Pero yo creo que sí valió la pena, porque la reivindicación de la amnistía de los 40.000 presos le sirvió a Prieto para ganar las elecciones de febrero de 1936. Y creo que la revolución fue un aldabonazo que permitió detener la deriva fascista que habían tomado las fuerzas derechistas y que hubiesen permitido a Gil Robles obtener el poder absoluto.

-¿Y qué nos dice a la gente de hoy en día?

-Emocional y sentimentalmente, para los hombres de izquierda y para los asturianos, la Revolución del 34 sigue siendo un faro de objetivos permanentes, dentro de la utopía, pero movilizadores. Fue un movimiento positivo que enardeció a la izquierda de este país.

L. Á. Vega


Publicado en: La Nueva España, 22 de mayo de 2007.
Fuente: La Nueva España.

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Los iconos de la Revolución

Un desconocido «Tomás» y el escultor Cheché firmaron ya en 1937 los dos carteles que mejor emblematizaron el espíritu de 1934 desde el punto de vista de la izquierda

Cada acontecimiento histórico del siglo pasado tiene sus imágenes, convertidas en muchos casos en iconos. También la Revolución de Asturias de Octubre de 1934. Resulta casi imposible pensar en los acontecimientos que se desarrollaron en el Principado entre el 5 y el 18 de octubre de ese año sin visualizar de inmediato la imagen colosalista de un minero que, fusil al hombro y con un cartucho de dinamita encendido en la mano derecha, se dispone a lanzarlo protegiendo una alambrada tocado por una boina en la que figuran las siglas «UHP»: «Uníos, hermanos proletarios»; de fondo, un estilizado grupo familiar de madre y dos niños y el sinuoso horizonte verde de las montañas asturianas. El poderoso conjunto forma parte de uno de los carteles más reproducidos y afectivamente e ideológicamente cargados de toda la historia del género en España. Y, como otros relacionados con los acontecimientos del Octubre asturiano, fueron diseñados e impresos años después de la Revolución, cuya urgencia y fugaz desarrollo impidió ningún otro tipo de producción impresa que bandos y llamamientos puramente tipográficos.

Como conviene a todo lo que está envuelto por un halo mitológico, el cartel está envuelto en una casi absoluta ausencia de datos. De su autor -que firmó «Tomás», con un nombre, o apellido, curiosamente tan vinculado a la Revolución como el del líder gijonés Belarmino Tomás- nada se sabe, y apenas se conservan muchos más datos de la producción del cartel mismo. Se imprimió en las máquinas de Gráficas Valencia, en la capital del Turia, con posterioridad a la caída del frente asturiano, a finales de 1937, y, como otros carteles de la época en torno al mismo asunto, tuvo como eje la consagración icónica e ideológica del 34 en Asturias; como escribe el especialista asturiano Francisco Crabiffosse Cuesta en el catálogo «El cartel en Asturias», «el emblema por excelencia de una izquierda que mitificará estas jornadas hacia el final de la Guerra Civil», cuando más combustible propagandístico necesitaba una República que encaraba la derrota.

El pretexto para la recuperación iconográfica del 34 fue en este y en otros casos el auxilio a las familias de los revolucionarios que sufrieron represalias o exilio tras su participación en los acontecimientos del Octubre asturiano. Socorro Rojo de España, tal como figura en la leyenda «Octubre 1934-1937. Hoy como ayer el Socorro Rojo de España cuidará de vuestras familias», fue la entidad que encargó el cartel, que ha atravesado el siglo como uno de los más vigorosos y épicos recordatorios del obrerismo insurrecto en España, y que aún hoy sigue siendo invocado en numerosas ocasiones por la izquierda asturiana.

Igualmente épico y de una calidad gráfica excepcional es el cartel firmado por el escultor y cartelista vallisoletano Juan José Moreno Llebra, «Cheché», que también al servicio de Socorro Rojo y también en Valencia, recrea la Revolución del 34 con una composición iconográfica con muchos puntos en común con la del canónico cartel de Tomás. Crabiffosse, en la obra citada, describe la figura central del dramático e impresionante afiche como «una figura de busto» que «se impone ciclópea con un rostro en cuyo semblante se conjugan energía y serenidad». En este caso las siglas «UHP» aparecen conformando la alambrada que simboliza la resistencia obrera, tras la cual se alza el titánico busto que domina la composición, y que Cheché dibujó inspirándose en los mineros que conoció en Asturias en 1933.

J. C. Gea


Publicado en: La Nueva España, 17 de mayo de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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domingo, agosto 30, 2009

Entrevista a Javier Rodríguez Muñoz

El historiador Javier Rodríguez Muñoz, director del Club Prensa de LA NUEVA ESPAÑA es el autor del volumen que el periódico entregará a partir del domingo en fascículos acerca de la revolución de las izquierdas asturianas, acaecida entre los días 5 y 19 de octubre de 1934, durante el Gobierno radical-cedista de derechas de la II República. Se cumple este año su 75.º aniversario.

-Sitúe la Revolución del 34 en el marco de la historia contemporánea.

-Es el último intento de una revolución armada por parte de la clase proletaria. Después, no vuelve a haber en Europa otro intento de la entidad que tuvo la comuna asturiana. Su modelo prototípico era la Revolución rusa, de la que sólo habían pasado 17 años. Esa referencia y modelo no se pueden olvidar en el caso de Asturias.

-¿Y respecto a la historia de Asturias?

-Mostró la capacidad de organización y lucha de una clase obrera que llevaba años de reivindicación sindical, y que lo hizo hasta el punto de enfrentarse a todas las fuerzas del Estado, mediante ataques sincronizados en muchos lugares y movilización de muchas personas. Puso también de relieve algo que las derechas anunciaban: el riesgo de una revolución socialista o comunista era real. Además, la revolución de Asturias marcaba los dos bloques ideológicos españoles del momento y obligaba a posicionarse a un lado o al otro. No es octubre del 34 el que abre la brecha, pero marca mucho más los extremos.

-¿Un movimiento antifascista?

-Confluyen objetivos distintos. Por un lado, se produce ese movimiento antifascista. En Italia ya estaba Mussolini en el poder. En Alemania había ganado las elecciones el partido nazi y se había producido ya la «Noche de los cuchillos largos». Y a comienzos del mismo 1934 Dollfuss inicia la persecución física de los socialistas austriacos. Movimientos fascistas existían en toda Europa y el riesgo de que eso se pudiera producir en España era real. No se inventaba un fantasma.

-¿Y las otras coordenadas?

-El programa del movimiento de octubre, en general, es reformista y pretende dar un golpe de timón a la República: sustituir a Alcalá Zamora como presidente, acabar con el poder de las órdenes religiosas, establecer el Estado laico, realizar la reforma agraria... El programa de ese movimiento -no de la revolución en particular de Asturias- no era revolucionario y no se ponía en cuestión el sistema. Pero en medio de ello surgen varios discursos, y entre ellos el de un personaje clave, Francisco Largo Caballero. Cuando los socialistas dejan el Gobierno, Largo empieza a lanzar un discurso cada vez más revolucionario y se le llama el «Lenin español». Dicho en tono coloquial, a Largo se le calienta la boca y suelta ideas poco meditadas. Pero esas ideas y las del periódico «El Socialista» hacen concebir a muchos que la República era burguesa y no satisfacía los intereses de los trabajadores. Y que había que ir a una República socialista. Ese discurso cala en sectores del Partido Socialista y, fundamentalmente, en las Juventudes Socialistas. Y cala totalmente aquí, en Asturias, con un órgano que agita la situación, el diario «Avance». Su director, Javier Bueno, es un periodista con méritos excepcionales, con capacidad para conectar con sus lectores, para los que el periódico era una auténtica directriz.

-¿Factores diferenciadores con el resto de España?

-Aquí empiezan a preparar una revolución que no se hizo en el resto de España. Empiezan a comprar armas, a conseguir fusiles, a sacar otros de la Fábrica de Armas, a reciclar armas viejas y a juntar dinamita, que va a ser un arma importante en el ataque de los cuarteles. Respecto al resto de España, en cierta medida Largo Caballero es un irresponsable que lanza a una revolución para la que no tenían armas, ni estaban implicadas las fuerzas de seguridad ni el Ejército. La fuerza de la huelga era todo lo que tenían.

-¿Qué es lo específico asturiano?

-La voluntad: la idea de asumirla y ponerse a ella. La gran diferencia entre Asturias y el resto es que aquí creyeron que era posible realizar el sueño de la clase trabajadora de conquistar el poder y cambiar el orden social. Se lo creyeron y, en cierta manera, hay algo de desmesurado en esa creencia de que con las fuerzas con que contaban se podían enfrentar a todo un Ejército. Es esa desmesura de que a los asturianos no se les pone nada por delante, de la misma manera que en 1808 no se cortan y le declaran la guerra al mayor Ejército del mundo, el de Napoleón. Aquí se lanzan a hacer una revolución sin parar en consideraciones de si tenían fuerza y medios para llevarla a cabo.

-Saborit dijo: «Os pedimos una huelga y nos disteis una revolución».

-Según cuenta Solano Palacios, un anarquista que escribe sobre la revolución, Saborit, que había sido diputado socialista por Asturias, viene a Oviedo a visitar en la cárcel a sus camaradas de partido. Y les recrimina que nadie les había dado la orden de hacer una revolución, sino que la orden era la huelga.

-¿Cifras de la revolución?

-Se dieron unas cifras disparatadas en su momento y se habló hasta de 50.000 revolucionarios. Pero no hubo una recluta en la que constase cuántos participaron en el movimiento. Se habla de unos 30.000 trabajadores, aunque tal vez el número real haya que reducirlo a bastantes menos, a la mitad. Los que realmente se movilizan y forman parte de columnas son unos 15.000. En cuanto a las pérdidas, es difícil dar cifras exactas. Según fuentes oficiales, murieron algo más de mil paisanos o revolucionarios -incluidos los represaliados- y 324 militares o miembros de las fuerzas de orden público. El número de heridos fue de más de 2.000 paisanos y alrededor de mil militares.

-¿Qué ofrece de nuevo el volumen que usted ha escrito?

-Un relato continuado y lo más completo posible, y con esta distancia del tiempo que permite más objetividad. Hoy hay numerosas fuentes que son más accesibles: el Archivo de Salamanca, la prensa de la época, el archivo de Yagüe o crónicas y libros difíciles de consultar.

J. Morán


Publicado en: La Nueva España, 15 de mayo de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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lunes, agosto 17, 2009

Incendiarios de ídolos


Mathieu Corman, periodista, editor y viajero belga buscaba una revolución para vivirla, para contarla, y la encontró en aquellos primeros días de octubre de 1934:

"En un pueblo donde nos hemos detenido para comprar provisiones, nos enteramos de la sensacional noticia: la provincia de Asturias se ha constituido como estado comunista independiente […]. Nuestra elección está clara. ¡Iremos a Asturias!"

Incendiarios de ídolos es la crónica de su viaje para entrar en Asturies, las voces de las personas que encontró a su paso y el relato, casi fotográfico, de una tierra en llamas. Se trata de uno de los escasos testimonios, si no el único, de un periodista extranjero que vivió la experiencia en pleno desarrollo de los acontecimientos.

CORMAN, Mathieu: Incendiarios de ídolos. Editorial Cambalache, Uviéu, 2009. 170 pp. 13 euros. [Traducción del original en francés editado en 1935]. [Descargar en pdf]

Contenido:

- Presentación

- Prólogo: Dos trotamundos y un libro

- I. La aventura

- II. La Revolución

- III. La pacificación

- Postfacio: Socialistas y comunistas belgas ante el octubre revolucionario de Asturias 1934

- Biografía: Un librero en la tormenta.

Más información: Local Cambalache.

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jueves, julio 02, 2009

Octubre Asturiano UHP

"Nadie os ordenó ir a la revolución: la consigna era ir a la huelga". Saborit, a los obreros de la cárcel de Oviedo

"Los socialistas asturianos no son como los demás socialistas". Durruti, en la cárcel Modelo de Valencia.

La insurrección obrera de Asturias de 1934 fue el prólogo de la guerra civil de 1936. Anteriormente se habían producido otras, pero la de Asturias es la primera que presupone la unidad de los proletarios y resuelve la cuestión en el combate. El problema de la unidad era fundamental para la clase obrera española y su solución parecía imposible, debido a la diferente actitud que sus organizaciones -la CNT y la UGT- mantenían con respecto a la República. Si los anarcosindicalistas se desengañaron pronto del régimen burocrático burgués, los socialistas en cambio pretendieron aprovecharse del mismo para eliminarles sindicalmente. En efecto, los socialistas promovieron una batería de leyes que consagraban la mediación estatal en los conflictos laborales, trababan el recurso a la huelga general y dejaban al margen de la ley a los cenetistas. En el parlamento votaron por las deportaciones a los huelguistas y sus gobernadores civiles metieron presos a multitud de obreros libertarios, clausurando las sedes de sus sindicatos "Únicos". La irritación de estos con la República fue tal que en tres ocasiones promovieron movimientos insurreccionales en su contra, cuyos malos resultados acarrearon la escisión del sector moderado o "treintista". La profunda división en la clase obrera entre reformistas y revolucionarios parecía que nunca iba a resolverse cuando el 19 de noviembre de 1933 los socialistas perdieron las elecciones y fueron barridos de los ministerios, hecho que determinó un cambio de postura. El triunfo de los republicanos demagogos con el apoyo de la derecha fascista indicaba claramente que la dirección de la burguesía pasaba a los sectores caciquiles y clericales. Para la CNT había quedado claro la imposibilidad de hacer la Revolución en solitario y para la UGT, que no cabía esperar una reforma significativa en el marco del parlamentarismo burgués. La izquierda socialista que se apoyaba en la sindical y en las Juventudes Socialistas proclamó que el PSOE debía prepararse para tomar el poder y forzó la ruptura de la coalición con los republicanos. Entonces comenzó a hablarse de la Alianza Obrera, pero solamente las minorías comunistas disidentes y los sindicatos escindidos de la CNT se entusiasmaron con la idea. Es comprensible, el papel de bisagra era lo único que les podía dar juego. La CNT emplazó a la UGT a manifestar públicamente sus intenciones revolucionarias pero aquella no contestó. El resultado fue que pese a la constitución de diversos Comités de Alianza Obrera, la unidad real no se produjo. La UGT jamás los promovió y dentro siempre se mantuvo pasiva. La CNT se abstuvo de entrar, con la excepción de la Regional asturiana, que ya había planteado la cuestión de la Alianza en un pleno confederal. Pero la posición pro Alianza de la Regional de Asturias no era unánime y ni siquiera mayoritaria, como se encargó el delegado de La Felguera de demostrar en el Pleno de Regionales del 23 de junio, sino que más bien reflejaba la posición del Comité Regional y de la Federación Local de Gijón. En el Pleno Regional de septiembre los cenetistas consecuentes impugnaron la Alianza por incorporar partidos políticos, idea contraria a la táctica anarcosindicalista, y por creerla una maniobra que no conducía a la Revolución Social sino al golpe de Estado. La influencia del secretario regional, José María Martínez, inclinó la balanza hacia el pactismo. Así, mientras los anarcosindicalistas del resto del Estado se pronunciaban por una alianza revolucionaria "en la calle", los asturianos firmaban con sus paisanos socialistas un pacto de alianza al que también se incorporaron las facciones comunistas. La Alianza Obrera había dejado pasar su momento cuando en junio de 1934 tuvo lugar la huelga general de campesinos. Los socialistas dejaron que el proletariado agrícola se estrellara contra el Estado sin promover ningún acto insurreccional en la ciudades, quedando incapacitado para intervenir en luchas posteriores. La indecisión del Gobierno mostrada en la represión de la huelga campesina indujo a la derecha agraria y católica a retirarle el apoyo. Entonces se desencadenó la serie de sucesos que condujeron a la Revolución de Octubre.

Si las derechas cavernícolas ocupaban carteras en el nuevo Gobierno republicano significaba que el capitalismo español se inclinaba definitivamente por la vía autoritaria. El triunfo de la reacción sería completo. La alternativa que venían planteando los anarquistas desde 1931, "Fascismo o Revolución Social", se revelaba más verdad que nunca. El proletariado no podía ponerse en pie más que sobre una base y con una única bandera: la destrucción del sistema capitalista y la supresión del Estado como organismo burgués de regulación de la convivencia social. Efectivamente el día 4 de octubre de 1934, el encargado de forma gobierno, Lerroux, anunció la presencia de tres ministros de la CEDA ocupando las carteras de Trabajo, Justicia y Agricultura. Los socialistas -no la Alianza Obrera- impartieron la orden de huelga general con el propósito de impedir la consolidación del nuevo gobierno y provocar elecciones. No sólo no esperaron a que la CNT tratase la cuestión de la Alianza como tenía previsto, sino que la dejaron al margen; es más, en Cataluña, donde el objetivo se limitaba a la implantación de una república burguesa independiente, la CNT fue perseguida por la Generalitat para impedir que se sumase al movimiento. Sin la CNT éste se desfondó en muy poco tiempo. Allá donde más fuertes eran los socialistas caballeristas, en Madrid, el movimiento fracasó a las primeras de cambio. Sin embargo, en Asturias, pese a las consignas contrarias, la huelga general derivó casi inimediatamente en insurrección revolucionaria.

El día 5, en numerosos pueblos de la cuenca minera los obreros se procuraron armas, asaltaron los cuarteles de la guardia civil y se enfrentaron a la guardia de asalto de Oviedo. En Mieres, en Trubia, Sama, Ciaño, Siero, Quirós, Cabañaquinta, Turón, Riosa, Proaza, Morcín, Figaredo, Laviana, Pola de Lena, etc., después de librar fieros combates y poner a buen recaudo a los prisioneros, se constituyeron Comités Revolucionarios con el objeto de normalizar la vida ciudadana y enviar grupos armados a combatir a Oviedo. Los de Mieres libraron un combate victorioso contra las tropas del Gobierno cerca de Olloniego. A los anarquistas de La Felguera, opuestos a la Alianza, nadie les pasó la orden, pero una confidencia personal les puso sobre aviso y salieron a la calle como todos, asaltando el cuartel de la guardia civil y partiendo a pelear en Campomanes y El Berrón. Su santo y seña era "FAI". En Gijón, centro del anarcosindicalismo asturiano, los obreros no se decidían al levantamiento por carencia absoluta de armas. Lo mismo pasaba en Avilés. El secretario regional de la CNT, José María Martínez, fue varias veces a Oviedo desesperadamente en busca de armas que no pudo conseguir. Oviedo, donde estaba el Comité Provincial, la máxima autoridad revolucionaria, absorbía todas las fuerzas y recursos, no permitiendo desviar nada hacia otra parte, cosa que debía resultar fatal pues impidió la conquista de puntos estratégicos como Llanera y el puerto de Musel, y acarreó la pérdida temprana de importante plazas como Gijón y Avilés.

El día 6 los mineros se apoderaron de la fábrica de dinamita de La Manjoya y entraron en Oviedo. También cayó la fábrica de armas de Trubia, proporcionando a los insurrectos cañones, aunque con proyectiles sin espoleta. Una columna del Gobierno mandada por el general Bosch llegó desde León por el puerto de Pajares, olvidado por los insurrectos, pero fue detenida en Campomanes. En Mieres los mineros fabricaron bombas y camiones blindados; también los metalúrgicos de La Felguera, los únicos en enviar refuerzos a Gijón. Desde Grado, Riosa, Villanueva, Traverga, etc., municipios parcialmente agrícolas, llegaban alimentos para Oviedo y otras poblaciones. Las mujeres se incorporaron a la lucha. En Sama los mineros lograron vencer la resistencia de un destacamento de guardias de asalto y su Comité envió gente a Mieres, convertida en el centro de la insurrección. Allí afluían los grupos y salían hacia los diversos frentes, fundamentalmente dos: Campomanes y Oviedo.

El día 7 ya hay varios hospitalillos instalados en la zona minera y en Oviedo para atender a los heridos. Las mujeres organizan cocinas de campaña para dar de comer a los combatientes. Los Comités tratan de impedir los actos de pillaje a la vez que organizan el orden revolucionario. La propiedad y el dinero quedan abolidos; todos los bienes; todos los bienes son declarados comunes. De los Comités emanan Comités de Guerra para reclutar luchadores y distribuir armamento, Comités de Sanidad, Comités de Transporte... Se practican algunas detenciones, se controla el comercio con vales y libretas y se efectúan requisas de vehículos, ropa y escopetas. En algunos lugares los Comités de Abastecimiento organizarán comedores populares y los Comités de Trabajo mantendrán las fábricas y minas en funcionamiento al servicio de la Revolución. En Oviedo el centro de la ciudad resiste a pesar de la dinamita y en Gijón los obreros tratan en vano de armarse y de apoderarse de la ciudad. La derecha reaccionaria, que se venía preparando de antiguo, había recurrido a los generales africanistas, el grupo de presión militar más corrupto y más retrogrado, pero también el de menos escrúpulos a la hora de reprimir. El general Franco, instalado en el Ministerio de Guerra, ordena el despliegue de tropas en Asturias, embarcando en Marruecos a los batallones de choque a las órdenes de su amigo Yagüe, que se hallaba apartado del mando.

El día 10, Avilés y Gijón caen en poder del Gobierno. En gijón las tropas africanas pasan a los obreros a cuchillo. Ese el primer indicio de que la represión va a ser implacable. Los supervivientes se hacen fuertes en los pueblos de la carretera a Oviedo y dificultan el avance de las tropas. A la cabeza de esa resistencia desesperada está José María Martínez. La escasez de municiones impide que las ametralladoras entren en acción. Se hace frente al enemigo sólo con dinamita. Acaba de llegar por Pajares un regimiento de artillería y sus obuses paralizan las líneas obreras. En Oviedo se combate alrededor de la cárcel, la Catedral y el cuartel de Pelayo.

El día 11 la situación se agrava. A los obreros del frente de Campomanes se les acaban las balas. A duras penas consiguen algunas cajas de Trubia y Oviedo. Una nube de aeroplanos sobrevuela Asturias arrojando bombas, periódicos reaccionarios y metralla. El Comité Provincial de Oviedo llega a la conclusión de que todo está perdido y ordena abandonar la lucha, informando del acuerdo a algunos comités. La desaparición de los Comités no arrastra a la de los combatientes que deciden continuar la lucha solos. Alguno de los desaparecidos reaparece y se forman nuevos Comités. Las posiciones abandonadas se recuperan de nuevo. Muchos ni siquiera se han enterado. Otros prefieren morir con las armas en la mano a huir.

El día 12 aparece el cadáver de José María Martínez con un balazo en el pecho. Bonifacio Martín, viejo dirigente socialista que resistía en Lugones a los gubernamentales, ha sido pasado a la bayoneta. Mueren dos de los principales responsables del Comité Provincial y de la Alianza Obrera asturiana. López Ochoa avanza parapetándose con cadenas de prisioneros obligados a caminar delante de la tropa. Por la tarde, entra en Oviedo. La mayoría de los prisioneros son asesinados en el acto o mandados al cuartel de Pelayo para ser fusilados. En la represión se distinguen los legionarios y los moros, que además de matar y mutilar a los prisioneros, incendia, saquean y violan. No son tropas aguerridas, pero los obreros no les pueden hacer frente desarmados. Los fusiles no sirven sin balas. Los obreros recogen las cápsulas cada vez que disparan para recuperar pero la medida no sirve de mucho. El frente se desplaza al El Berrón donde luchan los de La Felguera; los combatientes de Oviedo instalan su cuartel general en Las Cruces. Un nuevo Comité Provincial o Regional se constituye en Sama y cambia la consigna UHP por la de "PRP" (¿Partido Revolucionario del Proletariado?). Los anarquistas se comprometen a acatar sus decisiones pero rehúsan participar en él. No están de acuerdo con sus manera autoritarias y sus manifiestos sectarios con vivas a la dictadura del proletariado y al ejército rojo, porque son enemigos de cualquier dictadura y de cualquier ejército. Los comunistas aumentan su presencia en los nuevos comités con el fin de desacreditar a los socialistas y aparecer ellos como los verdaderos dirigentes de la insurrección. Una vez hecha la maniobra, no manifiestan gran interés en seguir luchando. Principalmente por eso los nuevos Comités de Sama y Mieres abandonan sus puestos, pero el de Pola de Lena, donde no hay comunistas, no deserta y mantiene el frente en Vega del Ciego. En los lugares donde no hay estados mayores ni ínfulas de ejército proletario, se lucha con más coraje y mayor eficacia.

El día 14 se continúa combatiendo en los alrededores de Oviedo bajo un intenso bombardeo. Cuando los aviones se retiran en busca de más bombas los avances del Tercio son detenidos y los legionarios son obligados a retroceder con relativa facilidad. A pesar de las atrocidades de las tropas los Comités no permiten represalias contra los prisioneros. Los obreros constatan con tristeza que están aislados y sin munición, a merced de fuerzas bien armadas cada vez más numerosas. comprenden que proseguir la lucha es un suicidio. Para el día 15 los frentes están paralizados por falta de cartuchos. Sólo queda dinamita. El día 16 los soldados toman Trubia y la fábrica de La Manjoya, y bombardean Pola de Lena con la artillería. El día 17 el Comité Regional de Sama se reúne con delegados de todos los Comités que quedan y acuerdan detener la lucha y utilizar la mediación de un teniente de la Guardia Civil prisionero. El fortín del monte Naranco, último reducto revolucionario en Oviedo, ha sido conquistado. Su única defensora viva, la joven de 16 años Aída Lafuente, prefiere sucumbir a rendirse. Al día siguiente los revolucionarios acuerdan dejar de hostigar a las tropas, liberar a sus prisioneros y entregar las armas a cambio de que sus vidas se respeten y de que las fuerzas del Tercio y Regulares no entre en la cuenca minera. El día 19 transcurre entre discusiones. Muchos obreros se niegan a rendirse y escapan al monte. Los que se consideran más comprometidos tratan de salvarse escondiéndose o huyendo. La Revolución ha costado mil vidas a los obreros por 300 de sus enemigos.

López Ochoa cumplirá su parte a medias. El periodista liberal Luis de Sirval fue asesinado por un capitán del Tercio descontento con sus reportajes. La información veraz tendrá su mártir. En el frente de Campomaness ocho heridos serán enterrados vivos. Y veintisiete trabajadores presos fueron sacados de sus celdas y torturados hasta la muerte. Sus cadáveres destrozados fueron encontrados en las escombreras de Carbayín. El día 24 llega el comandante de la Guardia Civil Doval, enviado por el Gobierno para dirigir la represión policial. La tortura en las comisarías y en las cárceles se pondrá a la orden del día. Cerca de cuarenta mil obreros irán a presidio en Asturias y en el resto del país. Los locales de las organizaciones obreras fueron clausurados y su prensa prohibida. Hubo varias condenas de muerte y algunas ejecuciones. Los obreros se habían enfrentado con éxito durante dos semanas a un enemigo infinitamente superior en número y en armas, demostrando el valor real del ejército español en manos de generales fascistas. Participaron 50.000 trabajadores en la insurrección, pero aunque dispusieron de 24.000 fusiles, sólo hubo municion para unos cuantos centenares. Enfrente tuvieron al ejército de África y a unos cuantos regimientos, sumando en total 26.000 soldados.

Las consecuencias de la Revolución de Asturias se hicieron notar en los acontecimientos posteriores. La derecha radical-cedista comprendía que para gobernar tendría que apoyarse en el Ejército. A fin de preparar un ejército gendarme a prueba de insurrecciones obreras, los militares más reaccionarios como Fanjul, Goded, Varela, Mola, el antiguo Director General de Seguridad bajo la Monarquía, fueron rehabilitados y ascendidos por Gil Robles, extremista de derechas que en mayo de 1935 llegó al Ministerio de la Guerra. Franco fue nombrado jefe del Alto Estado Mayor. Por su parte las dos facciones socialistas acentuaron su división y se enzarzaron en una lucha de poder. Los dirigentes de la UGT adoptaron un lenguaje maximalista pero puramente retórico. Solo la FTT, el sindicato socialista de los jornaleros, se radicalizó de verdad. La izquierda socialista rechazó la responsabilidad en los hechos de Octubre, brindando la oportunidad al PCE de reivindicar la insurrección como cosa suya y acaparar protagonismo postizo. El centro socialista de Prieto renunció definitivamente a los métodos revolucionarios y trató de repetir la coalición anterior con los republicanos, pero la izquierda socialista de Largo Caballero transformó esa iniciativa en un frente político y social que englobaba a los comunistas, a los pestañistas y al POUM. La invocación de Asturias sirvió esta vez para exhortar al proletariado a votar por el Frente Popular. La CNT no hizo campaña de abstención, como en las otras veces y recibió con los brazos abiertos a los escindidos. La UGT absorbió a los sindicatos que no quisieron volver al seno de la Confederación y a pequeñas centrales comunistas como la CGTU y la FOUS. La CNT proclamó en su congreso de Zaragoza la necesidad perentoria de una alianza con la UGT. Desgraciadamente dicha alianza, inicialmente materializada tras el 19 de Julio en colectivizaciones conjuntas o en comités de control obrero, se intentaría llevar a cabo por pactos entre burocracias amparados por el Estado, con lo que la unidad de la clase obrera se convertiría en un tópico ideológico sin contenido revolucionario y la Revolución Social se perdería de nuevo.

Miquel Amorós



Publicado en
: Miquel Amorós, Desde abajo y desde afuera. Editorial Brulot, 2007.

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lunes, diciembre 29, 2008

Bando del Comité Provincial Revolucionario de Asturias (18 de octubre)

A todos los trabajadores:

El día cinco del mes en curso comenzó la insurrección gloriosa del proletariado contra la burguesía, y después de probada la capacidad revolucionaria de las masas obreras para los objetivos de gobiernos, ofreciendo alternativas de ataque y defensa ponderadas, estimamos necesaria una tregua en la lucha, deponiendo las armas en evitación de males mayores. Por ello, reunidos todos los comités revolucionarios con el provincial, se acordó la vuelta a la normalidad, encareciéndoos a todos os reintegréis, de forma ordenada, consciente y serena, al trabajo. Esta retirada nuestra, camaradas, la consideramos honrosa por inevitable. La diferencia de medios de lucha, cuando nosotros hemos rendido tributo de ideales y de hombría en el teatro de la guerra, y el enemigo cuenta con elementos modernos de combate, nos llevó por ética revolucionaria a adoptar esta actitud extrema. Es un alto en el camino, un paréntesis, un descanso reparador después de tanto surmenaje. Nosotros, camaradas, os recordamos esta frase histórica: "Al proletariado se le puede derrotar, pero jamás vencer."

¡Todos al trabajo y a continuar luchando por el triunfo!

Comité Provincial Revolucionario de Asturias

18 de Octubre de 1934

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domingo, septiembre 21, 2008

Manifiesto conmemoración Ochobre'34

Un año más, como inevitable que resulta, vuelve a ser Octubre, y otro año más, aunque esto sí resulte evitable, vuelve a quedar en el olvido aquel Octubre en que nuestros abuelos lucharon por la libertad, en contra del capitalismo y el estado; no ha pasado tanto tiempo como para que sea posible que tanto dolor y valentía sean olvidados. Han sido 70 años, menos de una vida, pero lo suficiente para que los vencedores rescribieran la historia y borrasen lo que resulta peligroso que se sepa. Nosotros nos negamos a olvidar el coraje de nuestros familiares, de los trabajadores asturianos en general, y apelamos al recuerdo de lo que parece que está prohibido saber.

Corría el año 1931, las esperanzas de la población se centraban en la II República, era considerada por los sectores de izquierda como el principio de un cambio mucho más profundo. Desde el gobierno parecía que se iban a tomar las medidas que la población necesitaba, se empezó a hablar de un cambio en la educación, hasta entonces en manos de la iglesia, de una reforma agraria que diese a los campesinos una tierra que los terratenientes no trabajaban, los estatutos de autonomía... Pero solo fueron eso, palabras, la aplicación de ciertas medidas resultó casi insignificante, sobretodo el caso de la reforma agraria. La clase trabajadora ardía en ganas de soluciones, de coger las riendas de su vida, de dejar de tener que mantener a quienes no trabajaban pero vivían mejor que ellos.

En Asturias en aquel momento, en 1934, la lucha obrera se concentraba sobretodo en el sindicato socialista UGT, con unos 40.000 adherentes, y en la anarcosindical CNT, con unos 30.000 afiliados. Como fruto del entendimiento de estos dos sindicatos nace la Alianza Obrera con el objetivo de potenciar la lucha de los trabajadores, y logra plenamente su objetivo, ya que desde su creación en Marzo de ese mismo año hasta Octubre, convoca 6 huelgas generales y más de 20 locales. Este espíritu revolucionario y de justicia social desemboca en la revolución social de Octubre de 1934. Cabe mencionar que la incorporación del Partido Comunista es un tanto sorprendente y de última hora, ya que en la víspera del estallido revolucionario calificaba a los anteriores de “Alianza Obrera de la traición”, y dos días después, cuando la revolución ya era un hecho, pedía ingresar en la misma Alianza tras disculparse por sus recientes palabras. Ingresó en la Alianza Obrera más que por su fuerza, que comparada con los dos grandes sindicatos era insignificante, como demostración del pluralismo ideológico de la Alianza. Este hecho contrasta también con la imagen que se nos trata de ofrecer hoy en día por parte de alguna organización de izquierdas, presentándonos estos hechos como una revolución comunista.

En la noche del 4 al 5 comienza la huelga general que en Asturias toma forma de insurrección popular. La insurrección estalla en Oviedo, Gijón, y en las cuencas mineras, donde la pasión revolucionaria se extiende de pueblo a pueblo con el sonido de la dinamita. Los obreros se lanzan a la calle, sus primeras acciones son la toma de los cuarteles de la guardia civil y los polvorines, y la ocupación de las fábricas para poder administrar de la manera más justa posible lo que ellos mismos producen. En la zona de las cuencas, donde predominaba la UGT, el sistema adoptado fue el comunismo autoritario, aboliendo la propiedad privada, pero limitando la libertad y estableciendo una férrea disciplina. En las zonas más industriales como Gijón, La Felguera... donde predominaban los anarcosindicalistas de la CNT se proclamó el comunismo libertario, aboliendo la propiedad privada, la autoridad, donde cada uno era responsable de sus propios actos sin imposiciones. Como ejemplo podemos señalar que al hacerse los obreros con la fábrica Duro Felguera, lo primero que dijeron al dueño fue que a partir de ese momento todos eran compañeros, que no le iban a hacer nada, el solo tenía que trabajar y sería tratado como uno más.

Los gobernantes no podían permitir esta situación y enviaron al ejército, pero los obreros asturianos resistieron hasta que se quedaron sin munición. Aún así, el ejército republicano, con Franco como director de las operaciones, solo pudo entrar cuando en una asamblea de todos los comités se decidió la rendición. Pese a que a su entrada en Asturias el día 18 los obreros habían depuesto las armas, las tropas se ensañaron con los obreros y con toda la población en general, con muertes, torturas, vejaciones y todo tipo de humillaciones, destacando la extrema crueldad del Tercio, venido desde África.

Reclamamos la figura de todos aquellos obreros, obreros que dieron su vida por cambiar la sociedad, por dejarnos un mundo mejor; y principalmente la figura de los anarquistas, los principales olvidados de la revolución. Nosotros, sobretodo los jóvenes, tenemos el deber de recordar su historia y continuar su lucha para que no se apague la llama libertaria.

¡¡¡UNÍOS HERMANOS PROLETARIOS!!!

Juventud Libertaria de Asturias - Mocedá Llibertaria d'Asturies


Panfleto repartido en Asturies en octubre de 2004
Fuente: A las barricadas.

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Cantar de la Revolución de Octubre

Extracto del episodio 2x02 del programa Camín de Cantares, desarrollado en Saisteban, concejo de Belmonte.

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sábado, agosto 16, 2008

Bando del Comité Provincial Revolucionario de Asturias (16 de octubre)

El Comité Provincial Revolucionario de Asturias.

¡Proletarios todos, obreros y campesinos!

Nuestra Revolución sigue su marcha ascendente. De esta realidad que nadie os aparte.
De nuestra potencia es un exponente la debilidad de las fuerzas enemigas acusada en los procedimientos asesinos que emplean en la lucha, penetrando en las casas de Oviedo en los hogares pobres y degollando con la gumia de uso en las cabilas del Rif, seres inocentes, niños en presencia de sus madres, provocando la locura de estas mártires por muchos conceptos, para luego rematarlas con fruición demoníaca.

¡Obreros: En pie de guerra! ¡Se juega la última carta!

Nosotros organizamos sobre la marcha el ejército rojo. El servicio obligatorio con la incorporación a filas de todos los hombres desde los diecisiete a los cuarenta años. Todos a sumarse a la Revolución. Aquel que no sea apto para el frente, tendrá su destino en los Comités organizadores o en servicios complementarios.

Lo repetimos: En pie de guerra. ¡Hermanos! el mundo nos observa. España, la España productora, confía su redención a nuestros triunfos. ¡Qué Asturias sea un baluarte inexpugnable!

Y si su Bastilla fuera tan asediada, sepamos antes que entregarla al enemigo, confundir a éste entre escombros, no dejando piedra sobre piedra.

Rusia, la patria del proletariado, nos ayudará a construir sobre las cenizas de lo podrido el sólido edificio marxista que nos cobije para siempre.

Adelante la Revolución. ¡Viva la dictadura del proletariado!

Dado hoy, 16 de octubre de 1934.


Fuente: Wikisource.

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domingo, septiembre 09, 2007

La plataforma de alianza


Hemos llegado al aspecto más delicado del problema. Lo primero que conviene dejar sentado es que ninguna de las bases doctrinales específicas de cada movimiento pueden servir de plataforma a la unidad. La conjunción buscada es una imposición táctica de circunstancias excepcionales a las cuales hay que sacrificar particularismos teóricos inflexibles. Si cada tendencia se empeñare en mantener su propia declaración de principios como molde obligado de la alianza, ésta sería prácticamente imposible. Hay que buscar, pues, un terreno neutral para el pacto. Cierto que este terreno ha de ser tan firme que pueda resistir sin resquebrajarse el peso y las consecuencias de la unidad.

El acuerdo de carácter táctico es el que ofrece menos dificultades, ya que todos los sectores coinciden en apreciar la gravedad de las actuales circunstancias, y sólo habría que discutir y concretar detalles de modo y oportunidad.

Donde surgen escollos no tan fáciles de orillar es en la orientación a seguir después del hecho anecdótico. Largo Caballero habla de “la conquista íntegra del poder público”; los comunistas quieren la implantación de la “dictadura del proletariado”, y los anarcosindicalistas aspiran a instaurar el “comunismo libertario”, utilizando como células esenciales el municipio rural y la organización obrera industrial. Aquí los términos difieren bastante entre sí, siendo de notar que mientras socialistas y comunistas resumen su programa en consignas exclusivamente tácticas, representadas por las figuras políticas “poder público” y “dictaduras”, los anarcosindicalistas ofrecen en el suyo un sistema social peculiar y completo.

De estos tres puntos de vista hay que quitar todo lo que mutuamente tengan de refractario e incompatible. Sólo así se podrá hallar la necesaria línea de convergencia, de cuyo logro y mantenimiento depende el triunfo permanente y ascendente de una revolución proletaria.

Desde luego, hay que desechar las fórmulas “conquista del poder público” y “dictadura del proletariado”, por ser características demasiado parciales y enunciados insuficientes del contenido práctico de una revolución social. El proletariado español desconfía hoy mucho, y con razón, de los simples trueques de poderes. Después de la experiencia de 1931, exige que el fruto de su lucha se traduzca en transformaciones más tangibles, positivas y profundas.



Democracia obrera revolucionaria.

Puesto que en el fondo, y según reconocimiento explícito de sus principales teóricos, también los socialistas y comunistas aspiran, como última etapa de su desarrollo, a un régimen de convivencia sin clases ni Estado, una de las bases de la alianza deberá estipular el avance en este sentido hasta donde sea posible. Es decir, que con el nuevo orden social no han de crearse órganos coercitivos a la ligera y por el capricho de ajustarse al recetario artificioso de una tendencia, sino sólo los resortes estrictamente indispensables para el encauzamiento eficaz de la labor revolucionaria. Todo el engranaje gubernamental y represivo del viejo sistema debe desaparecer sin dejar raíz. Para aplastar al enemigo de clase no se precisa implantar una dictadura crónica, sino usar adecuadamente de la “violencia revolucionaria” que preconizaba Bakunin para el período de transición.

El burocratismo y el bonapartismo, amenazas latentes de toda revolución, se evitan poniendo la revolución en manos del pueblo laborioso, suscitando la emulación de las grande multitudes para defenderla y fecundarla.

Comoquiera que ninguna de las tendencias puede considerar defendible la tesis oligárquica de gobernar por encima de la voluntad de las masas proletarias, es lógico suponer que todas ellas han de mostrarse dispuestas a servir y acatar dicha voluntad como instancia suprema con lo cual desembocamos en una fórmula que creemos aceptable para todos: la democracia obrera revolucionaria. Esta base corresponde aproximadamente a la que en Baviera tuvo la República de los consejos obreros en 1919, en la cual, hasta el socialdemócrata Noske la ahogó en sangre, fue posible la colaboración de socialistas de izquierda, Ernst Toller; comunistas, como Eugen Levine, y anarquistas, como Landauer y Mühsen. La democracia obrera revolucionaria es una gestión social directa del proletariado, un freno seguro contra las dictaduras de partido y una garantía para el desarrollo de las fuerzas y empresas de la revolución .

En las actuales previsiones teóricas de los partidos socialista y comunista se está concediendo una importancia excesiva al papel del instrumento político en el proceso revolucionario. Resulta curiosa esta actitud de los partidarios oficiales del materialismo histórico, que debieran ver en la influenciación de la economía la piedra de toque de toda transformación social efectiva. Nosotros, a pesar del mote de utópicos que se nos suele adjudicar, creemos que el afianzamiento de la revolución depende, sobre todo, de la articulación rápida y racional de su economía. De ahí que nos parezca insuficiente una simple consigna de orden político para abarcar los problemas fundamentales de una revolución. Lo que hay que enfocar como esencial es la socialización de los medios de producción y la formidable labor de acoplamiento y organización que comporta el levantamiento de una economía de nueva planta. Y esto no puede ser obra de un poder político central, sino de las entidades sindicales y comunales, que, como representación inmediata y directa de los productores, son en sus respectivas zonas los pilares naturales del orden nuevo. Interesa recalcar de antemano que, aun subordinándose a un plan general técnico, la dirección de las funciones económicas, tanto en el orden local como en el nacional, corresponde a las colectividades obreras de las respectivas especialidades. Así, la revolución descansará sobre una red de células vivientes e idóneas, que impulsarán con entusiasmo y competencia la construcción del socialismo integral.



Líneas directrices.

Sería demasiado pretencioso querer prever y examinar una por una las muchas cuestiones que en el curso de una revolución han de surgir, y arbitrar para todas ellas soluciones apriorísticas. Lo que más importa es fijar desde ahora las líneas directrices de orden general que pueden servir de plataforma a la alianza, y de norma combativa y constructiva a las fuerzas unidas. A nuestro juicio, deben destacarse los siguientes puntos:

Primero. Acuerdo sobre un plan táctico inequívocamente revolucionario, que excluyendo en absoluto toda política de colaboración con el régimen burgués, tienda a derribar éste con una rapidez no limitada más que por exigencias de carácter estratégico.

Segundo. Aceptación de la democracia obrera revolucionaria, es decir, de la voluntad mayoritaria del proletariado, como común denominador y factor determinante del nuevo orden de cosas.

Tercero. Socialización inmediata de los elementos de producción, transporte, conmutación, alojamiento y finanza; reintegro de los parados al proceso productivo; orientación de la economía en el sentido de intensificar el rendimiento y elevar todo lo posible el nivel de vida del pueblo trabajador; implantación de un sistema de distribución rigurosamente equitativo; los productos dejan de ser mercancías para convertirse en bienes sociales; el trabajo es, en lo sucesivo, una actividad abierta a todo el mundo y de la emanan todos los derechos.

Cuarto. Las organizaciones municipales e industriales, federadas por ramas de actividad y confederas nacionalmente, cuidarán del mantenimiento del principio de unidad en la estructuración de la economía.

Quinto. Todo órgano ejecutivo necesario para atender a otras actividades que las económicas estará controlado y será elegible y revocable por el pueblo. Estas bases son mucho más que una consigna. Representan un programa, que recoge sintéticamente las realizaciones susceptibles de dar médula social a una revolución. Además de ser un cartel expresivo de las aspiraciones esenciales del movimiento obrero, constituyen un punto de coincidencia en lo fundamental para todas las tendencias.

De cualquier manera, con éstas o con otras bases, consideramos necesario establecer un acuerdo previo sobre los primeros pasos de la revolución. Con el compromiso solemne, claro está, de respetarlo íntegramente. Porque si para derrotar a un régimen enemigo es indispensable la unión de las fuerzas proletarias, lo es mucho más para asegurar el fruto del triunfo revolucionario y vencer las dificultades que puedan acumularse en el período inicial. La ruptura de hostilidades entre las diferentes tendencias en este período pondría en serio peligro la vida de la revolución. En interés de la clase trabajadora hay que hacer imposible tal eventualidad.



Palabras finales.

Cuanto queda dicho escandalizará acaso a los aficionados a cabalgar sobre purismos teóricos. Quizá se nos tache de herejes por no pagar tributo a rigideces dogmáticas en boga. No nos importa. Al emitir nuestra opinión sobre el importantísimo problema de la unidad hemos sido sinceros con nosotros mismos. Hemos visto la realidad sin las gafas ahumadas de preocupaciones y convencionalismos doctrinales. Se trata de una revolución y no de una discusión doctoral sobre tal o cual principio. Los principios no deben ser mandamientos de la ley, sino fórmulas ágiles para captar y moldear la realidad.

¿Garantiza nuestra plataforma de alianza el comunismo libertario integral para el día siguiente de la revolución? Evidentemente, no. Pero lo que sí garantiza es la derrota del capitalismo y su soporte político, el fascismo; lo que sí garantiza es un régimen de democracia proletaria sin explotación ni privilegios de clase y con una gran puerta de acceso a la sociedad plenamente libertaria. Todo esto nos parece más positivo que la metafísica pura y las teorías de monopolio y milagrerismo revolucionario.

La franqueza no es delito.

Valeriano Orobón Fernández


Publicado en: La Tierra, enero de 1934.
Fuente: Foro de "A las barricadas".

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sábado, septiembre 01, 2007

Entrevista a David Ruiz

David Ruiz ye profesor d'Historia na Universidá d'Uviéu y de xuro'l mayor especialista na Revolución d'Ochobre del 34, a la que dedicó varios libros y trabayos. Nesta entrevista, Ruiz esamina unos acontecimientos que nel so momentu supunxeron un orixinalísimu "experimentu social" puestu en práctica por trabayadores asturianos. En cualquier casu, considera inverosímil cualquier llectura del 34 dende parámetros nacionalistes.


-A 70 años vista, ¿qué representó la Revolución del 34?
-Representó dalgo perimportante pa munchos protagonistes d'aquellos acontecimientos, a los que-yos tocó vivir depués de la Guerra Civil y el réxime de Franco. La referencia d'ochobre permaneció col pasu del tiempu como dalgo que podía ayudar moralmente a los combatientes na defensa de la República. Paradóxicamente, hubo xente que nel 34 s'enfrentó a la República y depués, nel 36, volcóse en defendela. Ye ún de los rasgos más singulares d'ochobre del 34. En cuanto a les xeneraciones moces, cuando conocen de verdá lo que significó, sorpréndeles el fechu de que foi'l primer momentu históricu nel que tuvo llugar una auténtica revolución social, anque l'experimentu namás durara quince díes.

-¿Esi legáu moral y políticu sigue siendo asumible pola esquierda anguaño?
-Pienso que non. Les circunstancies son agora bien distintes. Agora nun hai una gran depresión económica nin paru masivu. De toles maneres, el factor económicu nun foi'l más importante pa qu'ocurriere la Revolución d'ochobre. Hubo otros factores que movilizaron más, ente ellos el temor a les formes d'exerciciu del poder parafacistes. Gil Robles nun yera Hitler; yera un monárquicu católicu y conservador partidariu de poner orde pa que la República nun continuara descristinianizando España y desposeyendo a los grandes terratenientes d'Andalucía. Conque nun yera Mussolini pero yera un personaxe temíu pola esquierda.

-¿Quién diben ser anguaño los heriedes del 34?
-Hai mui pocos que puedan reclamase heriedes del 34, nel sentíu de que'l plan "oficial" de la Revolución foi ellaboráu dientro d'un pequeñu grupu de dirixentes del PSOE y la UXT que se sentíen expulsados del poder por unes elecciones democrátiques. Conque planearon la realización -imprecisa y mui ambigua- d'un movimientu revolucionariu pal que nun contaben namás que coles sos propies fuerces. Nun contemplaben aliances nin a la esquierda nin a la derecha. Too salió de la executiva socialista y, especialmente, del toupoderosu Largo Caballero.

-¿Ye ehí onde hai que buscar les causes de la mala conciencia del PSOE respectu al 34?
-Pues sí. Lo que fixo'l PSOE foi pasar páxina, garrándose comu un clavu ardiendo a la versión d'ochobre d'un dirixente del partíu enfrentáu a Largo Caballero: Indalecio Prieto. Ésti (que dixo de sigo mesmu que yera socialista a fuer de lliberal) arrepintióse de participar na insurreción d'ochobre y semó la idea de que fora un error qu'había qu'escaecer. A eso foi a lo que se garró Felipe González. Renunciaron al marxismu y ganaron las elecciones. Nesa etapa cásique nun se mencionó'l 34. Cuandu llegó'l centenariu del PSOE, en 1984, les celebraciones fixéronse baxo l'espíritu del arrepentimientu encarnáu n'Indalecio Prieto.

-Nestes circunstancies, nun ye estraño que nun haiga previstu nengún actu oficial pa recordar ochobre...
-Nun tengo noticia de que lu vaiga haber.

-¿Qué motivaciones teníen unos y otros pa una Revolución?
-Los motivos principales teníenlos los campesinos. Pero cuando llega ochobre, la España de la gran propiedá (Andalucía, Extremadura, Castiella la Nueva) queda en blanco, prácticamente. A la llamada namás se xunta la zona industrial del norte, nin siquiera Madrid, onde taba'l dirixente máximu (Largo Caballero). Y Cataluña unióse a la insurrección por razones non revolucionaries: el tribunal de garantíes constitucionales del momentu derogara una llei de contratos de cultivu favoratible a los campesinos catalanes. Entós la esquierda catalana, que tenía una base social campesina, aprovechó la ocasión pa rebelase contra'l gobiernu central. Pero en cuanto a oportunismu, tamién foi oportunismu'l d'Indalecio Prieto, que se sumó a un comité revolucionariu n'ochobre pa arrepentise más tarde. ¿Por qué se sumó? Pa nun quedar marxináu de los centros de poder. Prieto tenía un gran componente de profesional de la política. De vivir nesti tiempu, diba ser un gran parlamentariu del centru-esquierda.

-¿La llectura que dende ciertos sectores asturianistes se fai del 34 en clave nacionalista ye verosímil?
-El primeru que quixo facer una interpretación en clave rexonalista foi Gerardo Iglesias. Pero él comentóme una vez que la so versión yera más d'asturianos, de la clase trabayadora asturiana, qu'asturianista. Lo cierto ye qu'ochobre del 34 foi un movimientu de vanguardia revolucionaria y nesi sentíu'l so conteníu ye altamente internacionalista. Los manifiestos que llancen tán dirixíos al conxuntu de la clase obrera española y internacional. La sociedá del futuru cola que suañen, aparte d'acabar cola propiedá privada, etc., contempla la eliminación de les fronteres. Pa ellos, el nacionalismu yera una ideoloxía burguesa, ensin más. Claro, los exemplos que teníen... El PNV yera un partíu conservador y católicu, llamábenlu'l "Xibraltar Vaticanista"...

Lo propiamente asturiano de la Revolución foi la creatividá del movimientu, la manera -única n'España y n'Europa- en que se desenvolvieron distintos experimentos sociales, sigún la hexemonía que tenía cada grupu en cada zona -los anarquistes en Xixón, los socialistes nes Cuenques, los comunistes en Grao...-

-¿Por qué hai tan poca documentación alredol del 34?
-Los archivos fueron muy castigaos pola guerra. Amás, los propios protagonistes de los acontecimientos taben mui interesaos en destruir documentos que los podíen comprometer. Lo que sobrevivió ye colo que podemos reconstruir lo sucedío. Lo más relevante ta nel Archivu Históricu de Salamanca. Yo tengo atopao nel Ayuntamientu de Mieres documentación residual que delataba l'anterior expoliu.

-¿Y los testimonios personales? Ye estraño que nun haiga más llibros y películes sobre'l 34, como sí los hai sobre la guerra civil.
-Hai testimonios personales recoyíos por Televisión Española n'Asturies que podíen usase pa facer una película. El 34 merecía una película al máximu nivel, pola complexidá que tuvo y porque per primer vez na historia d'España la xente, por unos díes, creyó vivir n'otru mundu, na mesma tierra pero con otra organización social diametralmente opuesta a la que se conociera hasta aquel momentu. Una sociedá con igualdá. Porque la República truxera llibertá y fraternidá pero non igualdá.

Por cierto, hai un llibru raru d'Albert Camus sobre'l 34. Al enterase dende Arxelia de los sucesos, escribió una obra de teatru, qu'equí publicó la editorial Ayalga en 1984 como "Rebelión en Asturias", con un prólogu míu. El grupu Margen fexo una adaptación teatral. Hai una cierta mitoloxía, una cultura del 34, que pasó dende Asturies al acerbu de la España republicana y d'esquierdes.

José Luis Piquero


Publicáu en: Les Noticies, ochobre 2004.
Dixitalización: El cielu por asaltu

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jueves, julio 12, 2007

Informe de Juan González a la UJCE sobre el Octubre asturiano

Informe del camarada Juan González al Comité Central de la Unión de Juventudes Comunistas de España sobre los sucesos revolucionarios de Octubre de 1934 en Asturias.


Estimados camaradas, salud: Antes de entrar de lleno en el informe, sobre los sucesos revolucionarios desarrollados últimamente en Asturias, quiero hacer algunas consideraciones, que expliquen, si éstas llegasen a existir, las diferencias de criterio con otros camaradas, sobre la cuestión objeto de este informe. Es mi criterio el que este informe abarque no sólo el hecho insurreccional, sino también que se refiera éste a nuestra línea a seguir en aquella región principalmente en lo que se refiere a nuestras relaciones con los jóvenes socialistas: pero sobre esta última cuestión tengo que sortear algunas dificultades que se explican fácilmente. He vivido intensamente la insurrección asturiana dedicando todas mis actividades a la organización de la insurrección armada, descuidando la cosa política que yo creí bien orientada y atendida por nuestro partido. Durante todo el período insurreccional he estado en todo momento en las barricadas, al lado de los trabajadores, tratando de cumplimentar, explicándolas a los trabajadores, aquellas famosas directivas de Marx y Lenin sobre la insurrección armada cuyo valor ha aumentado por las experiencias de los movimientos revolucionarios en el mundo entero. Y esto que se refiere particularmente a mí, puede referirse también a los demás miembros responsables de la Unión de Juventudes en Asturias. Es decir ha sido nuestra única actividad. Sin previo acuerdo los miembros de la juventud han ido a las barricadas a trabajar en el sentido ya indicado: mientras entregábamos a los responsables del partido el trabajo político que lamentablemente no han sabido realizar —(como se verá a través de mi informe)—. ¡Magnífico papel el jugado por nuestra organización en la insurrección armada y magníficos los resultados obtenidos, que han obligado a los jefes socialistas a aceptar el impulsar la insurrección hasta sus últimas consecuencias! No tan satisfactorio el resultado del trabajo del Partido en el aspecto político, que nos hubiera permitido conquistar la hegemonía del movimiento obrero en Asturias.

El prestar todo nuestro calor a la insurrección armada hizo que pasasen desapercibidos para mí ciertos detalles que serían muy necesarios para juzgar justamente nuestro papel en la insurrección hasta en sus últimos detalles. De gran número de cosas me he enterado después fugitivo por los montes, en conversaciones con otros camaradas y más tarde en ésta, cada compañero que llega me proporciona algún dato que me sirve para ir conociendo con exactitud lo ocurrido en toda la región, durante y después de la insurrección. Por otra parte, siempre que he podido he hablado con obreros de otras tendencias especialmente jóvenes socialistas, y así orientarme en una forma directa de cuál es el verdadero estado actual de la masa obrera en general en Asturias; sobre todo por su importancia he prestado especial atención a los mineros que son decisivos en aquella región. Se encontrarán lagunas en mi informe, pero éstas son impuestas por las anómalas circunstancias en que he recogido los informes necesarios para esta labor. En este informe me referiré solamente a aquello sobre lo cual creo haberme formado un juicio decisivo y fijo y dejaré en suspenso detalles sobre los cuales no puedo opinar por ser incompletos los datos que poseo y temer incurrir en apreciaciones falsas que pudiesen perjudicar a nuestra organización, si ésta no se sitúa con justeza frente a los acontecimientos revolucionarios de la región Asturiana.

Y hecho ésta, para mí necesario paréntesis, paso a mi informe.

La situación de las Juventudes y el Partido en cuanto a organización eran deficientísima. Había células de empresa en número bastante elevado, pero la mayoría de éstas no funcionaban como tales y toda su labor se realizaba en torno a los domicilios sociales. Las organizaciones sindicales de la C.G.T.U. seguían organizadas con arreglo al viejo patrón socialdemócrata. El Sindicato Único de mineros el más importante de la región a pesar del acuerdo de un congreso todavía no había llegado a estructurarse en los lugares de trabajo. En este mismo Sindicato existían secciones juveniles, que contaban muy poco tiempo de vida y que por lo tanto podemos considerar que estaban en su nacimiento y que no realizaban ninguna labor.

Es cierto que lentamente se iban bolchevizando en este aspecto tanto nuestras organizaciones sindicales como políticas. Las células ¬¬¬¬¬–algunas– empezaban a realizar algún trabajo como tales; editábanse periódicos en varias empresas, etc., pero distaban mucho de funcionar perfectamente. Por añadidura no existía un órgano tan necesario para la insurrección como las M.A.O.C. Es decir en el aspecto de organización el balance no resulta nada satisfactorio para nosotros. Por otra parte, nuestra organización no realizaba un buen trabajo de reclutamiento, especialmente entre los jóvenes socialistas, por no creer en la radicalización de éstos y considerar falsamente, que toda su posición era pura demagogia. Los propios acontecimientos nos vinieron a sacar de este error, con ocasión de la concentración gilrroblista en Covadonga. Los jóvenes socialistas se lanzaron decididos a la lucha para impedir su celebración y ésto nos hizo ver claro el verdadero estado de los jóvenes socialistas. Querían la revolución y buscaban el camino que les había de conducir al derrumbamiento del capitalismo, pero estaban faltos de teoría revolucionaria, sin la cual no hay revolución posible y era toda nuestra labor la que día tras día debía ir señalando a los jóvenes socialistas el verdadero camino a seguir. Inmediatamente se llamó la atención de todos nuestros militantes en este sentido y en algunas partes se llegó a la formación de comités de frente único. En estas condiciones se produce el acuerdo de ingresar en las Alianzas Obreras y en Asturias nos dispusimos a cumplimentar dicho acuerdo. Para ello hubo necesidad de crear las alianzas puesto que éstas no existían –existía sólo un comité de alianza en Oviedo– y en las conversaciones para ello sostenidas con los socialistas llegó el día de la insurrección. Días antes el C.R. de Juventudes como consecuencia de algunas confidencias había ordenado a todos los radios la rápida formación de las M.A.O.C. y que se situasen convenientemente de una forma local ante la eventualidad del movimiento revolucionario que preparaban los socialistas. Se dieron directrices para el caso de que estallase aquél; y se puede afirmar que a esto se debe el brillante papel desempeñado por nuestros militantes en la dirección de la lucha armada. Al estallar el movimiento nos encontramos con que sólo en algunas partes teníamos representación en los Comités Revolucionarios. La dirección por lo tanto era francamente socialista y poseían además el armamento disponible; la inmensa mayoría de nuestros camaradas estaban desarmados y el resto mal armado que casi equivale a lo primero.

La característica de los líderes socialistas de España entera, en el último movimiento han sido las continuas vacilaciones muy en consonancia con todo su pasado reformista. Querían la revolución porque la reacción amenazaba con desbaratar todas sus organizaciones y desplazarles de sus posiciones y por otra parte temían a la masa en la calle. Y en estas condiciones su único papel ha sido el de freno; trataron por todos sus medios, que fuese la pequeña burguesía la vanguardia del movimiento revolucionario, confiando y poniendo todas sus esperanzas en la insurrección de la Generalidad Catalana y en las conspiraciones de determinados oficiales del ejército que estaban comprometidos. Y el fracaso del movimiento se explica, ya que la pequeña burguesía, históricamente ya no puede jugar ningún papel, y al proletariado auténtica vanguardia revolucionaria se le alejó de la lucha, haciéndole permanecer en actitud pasiva. Pero esto da una idea bastante clara de la debilidad del PC y JC en España y nos obliga a pensar seriamente en ello, si de verdad queremos ser los que conduzcamos a los obreros españoles a la conquista del poder político y al derrumbamiento total del capitalismo.

Los líderes socialistas de Asturias tenían el mismo concepto del movimiento que los del resto de España. Las cosas se desarrollaron de diferente forma hasta tomar los caracteres de una auténtica insurrección proletaria, precisamente por nuestra labor en la calle donde en todo momento fuimos los verdaderos dirigentes del movimiento. De no ser por esta circunstancia la insurrección en Asturias no habría pasado de ser lo que fue en otras partes: en Madrid por ejemplo. Hay multitud de detalles que dan idea clara de que los líderes socialistas no pensaron jamás en impulsar el movimiento hasta el extremo a que éste llegó y que a lo que aspiraban era solamente a una movilización general de carácter, sino pacífico algo que se le pareciese mucho. Para no hacer muy prolijo este informe voy a limitarme a referir el siguiente dato que resulta muy elocuente para explicar las anteriores aseveraciones.

Los socialistas habían llevado una gran campaña de propaganda “revolucionaria”. Tanto por medio de su órgano de prensa “Avance” como en todos sus actos hablaban de “revolución”; claro está que siempre se referían a la revolución en abstracto sin dar nunca directrices para el caso.

Esta campaña trajo como consecuencia el que los obreros de Asturias especialmente los mineros procurase por los medios a su alcance en facilitarse un arma. Y así fue como se efectuó el armamento de los mineros asturianos. Este autoarmamento impidió por completo a los jefes socialistas encuadrar el movimiento dentro de los límites por ellos deseados y facilitó nuestra labor enormemente. En las cuencas mineras no existían más armas que escopetas, pistolas y rifles adquiridos individualmente como queda indicado anteriormente. Los fusiles del famoso alijo se hallaban en Oviedo y no fueron entregados a los obreros hasta después que éramos dueños de toda la cuenca de Mieres y Langreo y estábamos ya a las puertas de Oviedo. Esto obligó a los jefes socialistas a entregar las armas. Las masas dirigidas e impulsadas por nosotros en la calle, desbordaron por completo a dichos jefes y se colocaron en verdadera posición revolucionaria.

De lo anterior se deduce claramente que de no haber estado armados los obreros, los jefes socialistas hubiesen jugado el mismo papel que en el resto de España, no entregando las armas. Lo demuestra claramente el hecho de que en el único sitio donde había armas ocultas —Oviedo— éstos se resistieron a entregarlas hasta que los acontecimientos en la cuenca minera y el empuje arrollador de las masas les obligó a ello.

En todo momento los jefes socialistas trataron de frenar a las masas, dando órdenes de beligerancia con el cuartel, con la catedral “por ser un monumento de inestimable valor artístico”, etc. Es decir, el espíritu pequeño burgués de esta gente se manifestó continuamente, y en todo momento demostraron estar asustados de las proporciones que tomaba el movimiento hasta el punto que a la primera dificultad algo seria –desembarque del tercio y regulares y avance de López Ochoa– desertaron de sus puestos, abandonaron los comités y dejaron a los obreros luchando en la calle. Esto sucedía el día 12; nosotros procedimos inmediatamente a reorganizar los Comités, que quedaron integrados, casi en general por jóvenes socialistas y comunistas y que prosiguieron el movimiento hasta el día 18, en que la circunstancias y la falta completa de munición, obligó a recomendar la retirada, ocultando las armas y procurando que el movimiento obrero no sufriese grandes quebrantos por desmoralización de los trabajadores. Para ello se explicaba en la misma hoja en que se recomendaba la vuelta a la normalidad –normalidad burguesa– se decía a los obreros con toda claridad el porqué de esta orden, y se les exhortaba a continuar firmemente dispuestos a luchar por todos los medios contra el capitalismo español como lo habían venido haciendo hasta ahora. Con ello se evitó que el movimiento terminase de una forma catastrófica y éste se liquidó de forma organizada.

Si el día 12 no hubiese habido quien recogiese la dirección del movimiento, los resultados hubiesen sido catastróficos y el problema que hoy preocupa seriamente al gobierno y a la burguesía española por no encontrar las armas ocultas por aquellos obreros, no existirían puesto que los obreros abandonados y sin dirección no hubiesen tomado tal medida. Hoy a pesar de la sangrienta represión que sufren aquellos heroicos trabajadores, Asturias sigue siendo un fuerte baluarte de la revolución española.

Hasta aquí, me he referido exclusivamente a la labor de los líderes socialistas, que como se ve no es más que una confirmación de nuestras predicciones. Veamos ahora cuál ha sido el papel desempeñado por los militantes más responsables del P.C. Anteriormente ya dejo señalado que eran muy pocos los Comités Revolucionarios en los que teníamos representación, pero éstos eran los más importantes de la región, Sama, Oviedo, Mieres, Trubia, Grado, Gijón y algún otro. El Comité de Oviedo hasta el día 12 fue en la práctica el que hacía de Comité provincial revolucionario y en él había cuatro compañeros. Había pues posibilidades de realizar buena labor. Desgraciadamente nuestros camaradas en los comités salvo excepciones han participado en todas las vacilaciones y errores de los jefes socialistas, especialmente los camaradas Vega, Simón y Lafuente miembros integrantes del C.R. y del Comité de Oviedo, que en todo momento dieron la sensación de marchar a remolque de los jefes socialistas. Interesa hacer constar que durante todo el período de insurrección no se celebró ninguna reunión, ni de miembros responsables, lo que hubiese sido posible ya que casi todos se encontraban en Oviedo. Por otra parte el trabajo en los comités no se ha realizado como “fracción comunista” sino de forma puramente personal; de aquí podemos afirmar que no ha existido Partido Comunista, sino camaradas de menor o mayor voluntad que trabajaban sin control de ningún género. Acusamos a los líderes socialistas de haber abandonado a los obreros en plena lucha y esta misma acusación la tenemos que lanzar contra algunos militantes del P.C. que también huyeron sin decir ni una palabra a nadie, mientras los obreros seguían luchando en la calle y sin preocuparse para nada de la organización de la retirada y recogida de armas. Señalemos a Simón Díaz y Jesús Fernández detenidos más tarde en Portugal a quienes les fueron ocupadas 51 mil y pico pts. Lafuente y Vega que al proseguirse el movimiento bajo la nueva dirección regresaron, pero sin jugar ya ningún papel en la insurrección, todos los compañeros que integraron el Comité de Grado siguieron en su huida a los socialistas, algunos regresaron más tarde y se reintegraron al Comité de aquella localidad. En Sama los camaradas huyeron también en los primeros momentos y regresaron después. En Gijón también abandonaron. De otros comités no tengo informes. El mismo día quedaron reorganizados todos los comités dándosenos representación en todos ellos. A pesar de nuestro deficiente trabajo nuestra influencia iba en aumento, como consecuencia de nuestra labor en la calle.

Cuando se tomó el acuerdo de ingresar en las “alianzas” se hizo bajo la perspectiva de llegar a la democratización de éstas, convirtiéndolas en auténticos órganos de poder proletario. Soy de los que creo que en Asturias no hubo posibilidad de crear “soviets” entre otras cosas por la no existencia de Comités de Mina, fábrica, etc. y por la mentalidad socialista con la que forzosamente había que chocar, pero también creo que sí se pudo llegar a una máxima perfección en los Comités en el aspecto de la democratización de los mismos, sólo con que se hubiese cumplido la línea marcada por nuestro Partido para el ingreso en las “alianzas”.

Resulta difícil averiguar exactamente la posición de nuestros camaradas en los comités, puesto que como ya señalo, con anterioridad, no había control de ningún género pero de todos los datos que poseo ninguno indica que nuestros compañeros hubiesen luchado por una más perfecta organización de los comités revolucionarios.

En Turón, el trabajo del Comité Revolucionario se dividió en diferentes secretarías a quienes dieron el nombre de Comisariados. Al frente de cada Comisariado se hallaba un miembro responsable a quien ayudaba en su labor un determinado número de compañeros quien componían la comisión correspondiente del ramo a que estaba entregada su labor. Este es a mi juicio el Comité mejor organizado de Asturias y de más amplia composición pues lo componían 18 individuos. Todos los demás Comités pecaron de muy restringidos de haberse organizado a espaldas de las masas. Este mismo defecto lo tenían los comités organizados después del día 12 pero hay un avance en cuanto se refiere a la dirección regional que desde ese día está ampliada con un miembro por cada Comité local. Por lo tanto ya se ha conseguido una dirección regional, amplia en el sentido de su composición numérica y más democrática puesto que en ella estaban representados todos los comités de la región.

Nuestro partido ha dejado de luchar, como debía de haber hecho por la organización de los órganos de poder proletario de importancia decisiva en toda insurrección armada. Esto solo ya constituye una grave falta para el partido que se diga revolucionario, pero agreguemos a esto los errores que voy a enumerar y se verá que nuestros camaradas, miembros responsables del P. ponían toda su esperanza en la espontaneidad de las masas. Durante catorce días hemos sido dueños de las imprentas y sin embargo éstas estuvieron paradas cuando tan necesario hubiese sido el editar un boletín o periódico diario en el que al lado de las noticias sobre el avance de la insurrección se publicasen artículos sobre organización, se planteasen y popularizasen las ventajas del poder proletario, con la máxima difusión de un programa mínimo de reivindicaciones que se tenían de haber puesto inmediatamente en práctica, etc.

Las imprentas se utilizaron solamente en la edición de algunas noticias falsas y en publicar algunos bandos contra el pillaje, organización del Ejército rojo y abastecimiento pero nada más. Un periodista burgués –Chaves Nogales– decía que no hubo ni principios de una nueva organización estatal proletaria. Prescindiendo de la mala fe del aludido periodista, nosotros con más razón podemos hacer la misma afirmación.

En Asturias existe un proletariado industrial numeroso pero existe también una cantidad superior de campesinos, que aunque pequeños propietarios casi todos no por eso desconocen la miseria y que están sometidos a explotación sin límites por intermediaros, cargas fiscales, rentas, etc. A estos campesinos que han sido los que dieron el triunfo electoral a Gil Robles el 19 de Nov[iem]bre había que hablarles en el único lenguaje comprensible para ellos; con medidas prácticas, aboliendo rentas y cargas fiscales, editando hojas especiales para ellos. En fin, demostrarles prácticamente las ventajas del nuevo régimen y ganarles para la revolución. Nada se hizo a este respecto, y me temo que los campesinos de Asturias no conserven muy grato recuerdo de los quince días de insurrección proletaria dada su mentalidad y el que no hayan visto más que perjuicios para ellos. La única ventaja que tenemos es la canallesca manera con que fueron tratados por las fuerzas del gobierno y que ha producido una justa reacción.

Al lado de esto pongamos que si el día 12 se hubiese hablado con claridad a los miembros responsables de las distintas localidades se hubiese podido realizar la retirada mejor lograda en todo el mundo y se hubiesen ocultado las armas de tal forma que sería imposible a las fuerzas de gobierno el encontrarlas. Se organizó ésta precipitadamente y confío en sus resultados positivos.

Se comprende fácilmente el estado en que ha quedado el movimiento obrero en aquella provincia. Momentáneamente éste ha quedado quebrantadísimo en el aspecto de organización pero la moral de los obreros permanece inalterable. Es necesario que nuestra organización se preocupe seriamente del trabajo en aquella región enviando uno a varios camaradas que ayuden aquellos compañeros a reconstruir el movimiento obrero.

Los jóvenes socialistas se han afirmado en su posición revolucionaria y es necesario que se lleve una intensa campaña de esclarecimiento de nuestra concepción revolucionaria, pero de ninguna forma debe dejarse de denunciar todas las causas todas las causas que han influido en el fracaso del movimiento. Deben reorganizarse las Milicias en común con los jóvenes socialistas, para lo cual no se han de encontrar dificultades. Como tampoco se han de encontrar para llegar a la Unidad Sindical especialmente entre los mineros.

Esta es la impresión recogida directamente de los obreros de otras tendencias.

El problema de la insurrección sigue a la orden del día. Asturias ha dejar el mismo papel que en el último movimiento, si se les ayuda en el trabajo de reorganización. Para ello es indispensable que nuestra organización preste toda su atención en la ayuda a aquellos obreros y orientar nuestro trabajo hacia los campesinos, que hasta ahora nada se hizo sobre el particular.

27-12-34. Juan González



FUENTE: Archivo Histórico del PCE (Madrid), Sección Documentos, F. VII (109).



Publicado en: Los comunistas en Asturias (1920-1982), VVAA (Coordinador: Francisco Erice). Editorial Trea, Xixón, 1996.
Digitalización: El cielu por asaltu.

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lunes, julio 09, 2007

Asturias, la última revolución obrera

Documental de Xuan Cándano (2004) para TVE.



Fuente: Rebeldemule.

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miércoles, junio 20, 2007

41º Aniversario de la gloriosa Revolución de Asturias



Publicado en: El correo del pueblo, nº16 (12 de octubre de 1975).

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domingo, junio 03, 2007

La Felguera en la Revolución

Puede considerarse a esta población como el centro vital de irradiación del comunismo libertario a través de la rebelión de octubre. Hasta entonces, La Felguera es el punto más importante de la lucha social en Asturias, a causa de su espíritu solidario y combativo, que ha jalonado más de un cuarto de siglo de historia del proletariado con sus luchas continuas y formidables. La Federación Local de Sindicatos Únicos reunía en su seno a los metalúrgicos, paletas, mineros y un Sindicato de Oficios Varios, 4.000 miembros aproximadamente.

La industria metalúrgica es la que da vida a esta población, de unos 18.000 habitantes. La gran fábrica Duro Felguera (laminados de hierro, fundición, altos hornos, etc.), puede considerarse como el aglutinante a cuyo alrededor se fue formando este pueblo inquieto y rebelde.

Ya producida la revolución, los anarquistas de La Felguera brindaron a su triunfo sus energías mejores y la preciosa experiencia adquirida a través de una vida de lucha implacable contra la reacción yel capitalismo. La Felguera ha desempeñado en la insurrección un papel importante. Siempre animosa y siempre vigilante para extender con sus armas, sus hombres y sus iniciativas el triunfo de la revolución, nos recuerda aquella otra comuna heroica y solidaria de Cronstadf [*], en el seno de la Revolución rusa. Sus hombres fueron llamados a otros pueblos para ayudar a organizar la vida sobre el modelo de La Felguera como ocurrió en Nava, Noreña y Pola de Siero, donde formaron parte de los comités revolucionarios. En relación al volumen de su organización, la labor realizada por los anarquistas fue enorme y supieron rodearse de muchas simpatías.

* Isla, situada en el golfo de Finlandia, a unos 30 km. de San Petersburgo que había sido decisiva en la revolución del 17; sufrió un terrible asedio en 1921 cuando aquellos mismos, que habían asegurado el éxito de la revolución, se sublevaron, ante la extrema escasez de víveres contra el Partido bolchevique. [N.de los Ed.]

Como ya hemos destacado en otro punto, el valle de Langreo nos muestra los dos aspectos de la insurrección asturiana. La Felguera y Sama, de población más o menos aproximada, son la más expresiva representación del anarquismo y del socialismo. Un puente divide dos experiencias revolucionarias, dos sistemas de convivencia social. Una misma población escindida tradicionalmente. En el ala norte, comunismo libertario; en el ala sur, socialismo marxista.

Sama, de una influencia preponderante durante todo el movimiento, se convierte a partir del 11 de octubre en el centro de la insurrección socialista en Asturias. La Felguera es, desde el primer instante también, el eje sobre el que descansa el grueso de los esfuerzos anarquistas .

Sama, con su ejército rojo y con su tendencia franca a la dictadura del proletariado, nos da la impresión de una rígida disciplina de hierro.

En la Felguera, en cambio, la espontaneidad revolucionaria de las masas enlaza perfectamente en la organización. Espontaneidad y organización no son incompatibles. Cada uno de estos factores se robustece apoyándose en el otro. Sin aplastar la iniciativa, respetando y ampliando la libertad, La Felguera nos brinda un magnífico ejemplo de organización coherente y eficaz en todos los aspectos. El individuo no se siente opreso por el ordeno y mando de los comités. Al contrario comprende que él es factor de reconstrucción y siente en sí mismo la responsabilidad revolucionaria que le incumbe. Tampoco la estructuración social que se da este pueblo excluye el uso de la energía. Hay que racionar las provisiones y se racionan para todos. Se está en plena revolución y no puede admitirse el dispendio individual.

Sama y La Felguera son el resultado de los dos factores que desencadenaron la revolución de Astucias: U.G.T. y C.N.T. Los dos aspectos constructivos y cuantitativos de la revolución. Siendo Astucias un feudo tradicional del socialismo, necesariamente la influencia de éste tenía que ser más extensa.


Publicado en: El anarquismo en la insurrección de Asturias: la C.N.T. y la F.A.I., Manuel Villar. Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1994.
Fuente: Dieronenduro.

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