El cielu por asaltu

Recuperar la dignidá, recuperar la llucha. Documentos pa la hestoria del movimientu obreru y la clase obrera n'Asturies.

Nombre: Mazhuku

lunes, noviembre 02, 2009

Celestino Fernández (a) Celesto el Topu

Celestino Fernández Fernández, más conocido por el pseudónimo de Celesto el Topu, nacido en Santumareño (Noreña) en 1899, aunque residió en Lada (Langreo). Era obrero metalúrgico en la Duro Felguera y militante del Sindicato Único de la Metalurgia (SUM) de la CNT donde los principales responsables eran Onofre García Tirador e Higinio Carrocera. Durante la revolución de octubre de 1934, después de haber participado en los combates contra la Guardia Civil en La Felguera y contra la Guardia de Asalto en Valdecuna, fue junto con Higinio Carrocera y Onofre García Tirador el responsable de la columna de 200 militantes cenetistas que el día 6 entraron en Oviedo por San Esteban y se apoderaron de la fábrina de armas La Vega. Tras la derrota del movimiento revolucionario, fue condenado a una larga pena que pasa en la prisión de El Coto en Gijón. Fue liberado en febrero de 1936, después de haber pasado 16 meses en prisión, gracias a la victoria del Frente Popular y al decreto de amnistía para los prisioneros políticos que trajo consigo este nuevo gobierno presidido por Azaña.

En julio de 1936, Celestino Fernández organiza el Batallón Asturias nº9 (o Batallón Celesto y Batallón CNT nº4), uno de los primeros del Ejército Repúblicano en el Norte. Durante la ofensiva franquista de septiembre, estaba en Bayo y participa en la defensa del sector de Grado con el Batallón CNT nº1 comandado por Onofre García Tirador. En febrero de 1937 fue nombrado comandante de la 6ª Brigada de Choque comprendiendo 4 batallones y con base en Colloto. Desde el 21 de febrero hasta el 17 de marzo de 1937, la 6ª Brigada participa en la ofensiva sobre Oviedo pero se vio obligada a retirarse a sus posiciones anteriores. En verano de 1937, durante la preparación de una nueva ofensiva sobre Oviedo, escribe al Estado Mayor: "Acabaré mi informe con una opinión sobre las supuestas operaciones en este sector, operaciones que, tras las tentativas hechas en febrero, yo no comparto. La idea de emprender operaciones contra tales objetivos, tampoco es compartida por los jefes de batallón de esta brigada. Propongo, con un criterio compartido por el resto de unidades bajo mi mando, atacar El Esclampero con todas las fuerzas que dispongo en este sector. Considero más eficaz de tomar El Esclampero que atacar la capital frontalmente, donde cada casa es un fortín que nos costaría numerosas pérdidas de hombres, pérdidas que debemos saber administrar muy bien en el Norte ya que no tenemos sustitutos."

En Agosto de 1937, la 6ª Brigada fue reorganizada en 193ª Brigada Mixta en donde él mismo fue nombrado comandante.

Tras la caída del Frente Norte en Octubre, Celestino Fernández Fernández se echó al monte, cayendo finalmente en las montañas de Siero el 21 de Noviembre de 1937.


Fuente: Asturies Llibertaria.

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Ramón Bada

Ramón Bada nació en Asiego, en el concejo de Cabrales, en Asturies, en el seno de una familia campesina, que pronto conoció las consecuencias de la represión franquista. Ya de muy joven se incorporó a trabajar a la mina y allí ingreso en el Partido Comunista, siendo uno de los dirigentes más destacados de la “Huelgona” del año 1962 en la comarca del Caudal, donde lideró un movimiento de manifestaciones que llegó a tomar la comisaría de la Policía franquista. Ello le ocasionó diversas detenciones y torturas, lo cual le condujo al exilio a Bélgica, para poder salvar su vida y la de su esposa, Carmina, la cual ha estado con el hasta el final de sus días.

En Bélgica, Bada continuó en la lucha, primero, en el PCE y luego en el PCOE, luchando también contra el reformismo eurocomunista, segundo, en la fundación de CC.OO., siendo uno de los organizadores de este sindicato en la emigración. Ramón Bada fue uno de los precursores del movimiento asociativo de los inmigrantes españoles en Europa, logrando conectar la inmigración económica con el exilio político, siendo uno de los fundadores y dirigentes del famoso Centro Social “Federico García Lorca” y del “Centro Asturiano de Bruselas”. Bada también se caracterizó por su profundo compromiso internacionalista, siendo uno de los representantes españoles en el “Consejo Mundial de la Paz”, lo cual le trajo serios problemas con la policía belga.

En vísperas del Congreso de Unidad, que dio origen al Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Ramón Bada, junto con otros/as camaradas de la emigración, no dudo en abandonar cualquier posición sectaria y se sumó con entusiasmo a dicho proceso. Fue elegido miembro del primer Comité Central del PCPE del cual ha formado parte hasta el día de su muerte.

En los últimos años ha continuado su ardua labor asociativa siendo representante de los emigrantes asturianos en el “Consejo de Comunidades Asturianas” y siendo uno de los coorganizadores de los “Congresos Mundiales de Asturianía”, donde la valía intelectual y ética de Ramón Bada era reconocida por personas de las más diversas corrientes ideológicas.

Ramón venía, desde hace años, a pasar largas temporadas en Xixon, a un pisito que había comprado en el barrio de El Llano, y siempre intentaba que su estancia coincidiera aquí con la Manifestación de Solidaridad con Cuba del 26 de Julio.

Este año ya no contaremos con él, pero su recuerdo seguirá siendo ejemplo para todos/as los/as que aspiramos a cambiar de base este mundo injusto que nos ha tocado padecer.


Fuente: PCPE-Asturies.

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sábado, julio 11, 2009

Despedida anarquista a Ramón Álvarez Palomo

Figura clave de la Revolución de Octubre de 1934 y miembro del Consejo Soberano de Asturias y León, falleció en Gijón, a los 90 años, tras una vida entregada a la lucha obrera

El histórico anarquista gijonés Ramón Álvarez Palomo falleció el pasado viernes en la ciudad, a los noventa años de edad. La cárcel, la Revolución de Asturias de 1934, la guerra civil, el exilio y la resistencia contra Franco forman parte del bagaje personal de este líder sindical que regresó en 1976 a Asturias para volver a ponerse al frente de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Después fue uno de los fundadores de la Confederación General del Trabajo (CGT), tras la escisión del sindicato anarquista.

Su desaparición ha causado consternación entre los más veteranos de la izquierda asturiana, quienes recordaban ayer la entrega de su vida a unos ideales. Tras formarse en la escuela neutra de Eleuterio Quintanilla, Ramón Álvarez Palomo comenzó a trabajar a los 12 años como pinche en la farmacia Castillo y luego se empleó en una panadería de La Guía. A los 15 años ingresó en CNT y cinco años después fue elegido secretario general de la CNT de Asturias, León y Palencia. «Ramón tenía muchos valores humanos. Era un gran luchador por liberar a la clase trabajadora de su explotación y un hombre de acción. Por eso alcanzó grandes mandatos en la CNT desde muy joven», señaló ayer Eduardo Prieto Marcos, ex secretario regional de CNT y CGT.

«Desde el primer conflicto, siempre estuvo Ramón a la cabeza y fue un idealista partícipe de los grandes acontecimientos políticos y sociales del siglo XX», agregó su compañero de militancia. Ramón Álvarez Palomo encabezó los movimientos revolucionarios de la CNT de 1933 —lo que le llevó a prisión— y de Octubre de 1934 en Asturias, donde fue una de las figuras destacadas junto al comunista Mario Huerta.

Pasó por las cárceles de El Coto (Gijón) y de Torrero (Zaragoza), donde entabló una estrecha amistad con Buenaventura Durruti, líder carismático del movimiento anarquista durante la República y la guerra civil. En abril de 1934 eludió un consejo de guerra gracias a una amnistía y en octubre volvió a organizar las barricadas en su ciudad como secretario del Comité Revolucionario de Gijón.

Al fracasar la sublevación popular huyó. Primero por los montes hasta Rengos (Cangas del Narcea) y luego a Francia, donde en 1935 conoció por primera vez el exilio. Allí permaneció hasta la amnistía del Frente Popular.

Luego vino la guerra civil y Ramón Álvarez Palomo volvió a implicarse en la defensa de sus ideales ácratas. Se ocupó de la movilización para la defensa de Gijón y también formó parte del Consejo Municipal Republicano con otro anarcosindicalista, Avelino González Mallada, en la Alcaldía. Además, fue consejero de Pesca del Consejo Interprovincial de Asturias y León, que en agosto de 1936 se declaró soberano al quedar aislados de comunicación con el Gobierno de la República, en Valencia. Ocupó este último cargo en representación de la Federación de Grupos Anarquistas (FAI). Tras la desaparición del frente del Norte, en 1937, llega a Cataluña donde se convierte en secretario del ministro de Instrucción Pública, Segundo Blanco.

Con la conquista de Cataluña por las tropas de Franco, se exilia en Francia, donde residió en Toulouse y luego en París. Desde Francia viajó por varios países europeos para dar charlas en favor de la causa de la República.

En Francia le sorprendió la II Guerra Mundial, que pasó oculto en la zona ocupada por los alemanes, donde estableció lazos con la Resistencia francesa, según recordaba ayer su viuda y compañera de militancia, Aurora Molina Iturbe.

No fue hasta después de la liberación de Francia, en 1945, cuando conoció a la que sería su segunda esposa, hija de otro histórico anarcosindicalista de la FAI. Aurora Molina recuerda la clandestinidad que vivieron en Francia. Los anarquistas «llamaban a nuestra casa, en la calle Louvel Tessier, de París, el segundo Consulado francés; casi toda la clandestinidad (anarcosindicalista) de Asturias pasó por allí y nos encargábamos de buscarles trabajo y documentación», explica Aurora Molina. La relación con otras organizaciones antifranquistas siempre fue fluida, especialmente con los movimientos socialistas, la UGT y los nacionalistas vascos, recuerda su viuda. Los comunistas y los anarquistas siempre guardaron una mayor distancia. Aún así, veteranos comunistas como Manuel García González, «Otones», elogiaban ayer su «coherencia política» y su trayectoria: «Si los comunistas fuimos perseguidos en el franquismo, los anarquistas con más saña», indicó. También elogió su figura el líder de IU en Gijón, Jesús Montes Estrada, para quien «fue un hombre fiel a sus principios y coherente con sus ideas».

Antes de la democracia Ramón Álvarez Palomo pasó en varias ocasiones la frontera para participar en Madrid en reuniones clave del Comité Nacional de la CNT. Entonces, ocupaba el cargo de secretario del subcomité nacional del sindicato en Francia.

A finales de los años sesenta contribuyó junto con líderes de UGT como Muiño y García Duarte a la creación del Fondo Unificado de Solidaridad Obrera de Asturias (FUSOA), mediante el que se recogían fondos en los centros de trabajo para ayudar a los obreros despedidos o encarcelados. «Fue uno de los impulsores desde el exilio de esta alianza sindical entre la CNT y la UGT», recordaba ayer Marcelo García, presidente del PSOE gijonés e histórico militante ugetista que se encargó junto con los anarquistas José Luis García Rúa y Eduardo Prieto de materializar en Asturias la creación de ese fondo. Marcelo García recuerda a Ramón Álvarez como «un hombre íntegro con ideas revolucionarias bien forjadas».

Álvarez Palomo volvió a Asturias por primera vez en 1972. Pasó la frontera por primera vez sin emplear un nombre falso. En 1976 retornó definitivamente con la familia y durante un par de años regentó una librería. En 1978 volvió a ser elegido secretario regional de CNT.

En el séptimo congreso del sindicato, en 1979, fue uno de los que con más firmeza se enfrentaron a la ortodoxia anarquista que defendía, entre otros, José Luis García Rúa. Las discrepancias llevaron a la ruptura.

Álvarez Palomo defendía la participación de los anarcosindicalistas en la negociación colectiva y en las elecciones sindicales para los comités de empresa. «Desde que la sección sindical de Ensidesa dijo que sí a la participación, él asumió esa postura», según palabras de Eduardo Prieto Marcos. Palomo y los que pensaban que había que adaptarse a las nuevas circunstancias y participar en la negociación colectiva fundaron la CGT. El sindicato adoptó ese nombre tras pugnar infructuosamente en los tribunales por las siglas históricas con la otra facción. «Para él fue un terrible desgarro la división. Era un utópico, que antepuso a todo sus ideales», apuntaba el ex secretario de CSI Luis Redondo. También fue para él una decepción la pérdida de la representatividad sindical de la CNT tras la dictadura, con el surgimiento de CC OO, vinculado al movimiento comunista.

La alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, quiso señalar ayer que «fue una persona muy íntegra, con una larga trayectoria de lucha en defensa de la clase trabajadora». El ex alcalde socialista de Oviedo Antonio Masip, que lo conoció en París en 1973, lo recuerda como «un testigo excepcional de nuestra historia, de la que ha dejado testimonio» en varios libros. Sus restos serán incinerados hoy, a las 18.30 horas, en el tanatorio de Cabueñes. No hay convocada ninguna ceremonia.

M. Castro


Publicado en: La Nueva España, 16 de noviembre de 2003.
Digitalización: El cielu por asaltu.

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domingo, julio 05, 2009

La olvidada historia de "El Jefe"

El histórico comunista Ceferino Á. Rey falleció en Toulouse a los 100 años, tras una azarosa vida en la que combatió en Asturias, Cataluña y Moscú

Hasta hace unos días, cuando se publicó la noticia de su muerte, pocos conocían el nombre de Ceferino Álvarez Rey y su intensa vida. Todo comenzó a principios del siglo XX y acabó el pasado 25 de enero, con su fallecimiento en Toulouse, a los 100 años de edad. Ese día murió un padre, un abuelo, leonés de nacimiento y mierense de adopción; un comunista condecorado por la URSS, el militar republicano vivo de mayor grado. «El Jefe», como le decían en casa. Los responsables de la Fundación Juan Muñiz Zapico, de CC OO, y Luis Miguel Cuervo, presidente del colectivo «Todos los Nombres» han recuperado su historia.

Álvarez Rey nació en la localidad leonesa de San Andrés de Rabanedo en 1909 y, cuando aún era un niño, se trasladó con su familia a Turón. Hijo de minero, apenas levantaba dos palmos cuando inició su actividad militante ayudando a los trabajadores que se tenían que esconder por la represión posterior a la huelga de 1917. «El Jefe» comenzó a trabajar en la mina a los 15 años y se afilió al Partido Comunista en 1924. Fue uno de los fundadores del PCE en Asturias. Desempeñó los cargos de miembro del comité ejecutivo regional y secretario general del radio de Turón, y participó en la creación del Sindicato Único de Mineros (SUM), del que llegó a ser secretario. El SUM, que tuvo más 6.000 afiliados, nació tras la expulsión de los comunistas del SOMA y estuvo adscrito a la CNT hasta 1931. Cuatro años más tarde volvió a unificarse con UGT. El SUM fue ilegalizado, lo que no impidió que organizara las principales movilizaciones mineras de aquellos años.

La convulsa juventud de Álvarez Rey tuvo otro punto de inflexión en 1934. Durante la Revolución de octubre tomó parte activa combatiendo contra los cuarteles de la Guardia Civil de Turón y más tarde frente al Ejército en Campomanes. Al ver que había fracasado el movimiento obrero, emprendió la huida a pie hacia León con su hermano Virgilio y los hermanos Herminio y Pin García. Más tarde el grupo se separó. Luis Miguel Cuervo explica, en un texto de homenaje a Álvarez Rey, que la idea con la que funcionaban era que «un hermano de cada familia fuera por cada lado. Si caen unos, que no caigan los otros». Cuatro de los hermanos Álvarez Rey murieron como consecuencia de la represión: dos están enterrados en la fosa común de Oviedo, uno en el Pozo Fortuna y otro falleció en un campo de concentración en Francia.

Su primer viaje fuera de Asturias fue también el del primer exilio de Rey. Cuervo asegura que de León fueron a Madrid y San Sebastián, para después pasar a Francia. «Tras permanecer unos meses en París, viajó a Moscú, donde realizó diferentes cursos hasta regresar a España en marzo de 1936 acogiéndose a la amnistía decretada tras la victoria electoral del Frente Popular», señala.

La Guerra Civil es otra de las claves que explican la vida de Álvarez Rey, la que lo encumbró a los altos mandos del Ejército republicano. Tras el alzamiento militar, el mierense formó parte del Comité de Guerra de Turón. En agosto de 1936 se desplazó al frente occidental de Asturias, donde fue nombrado delegado político en la Comandancia Militar de Occidente y participó en la defensa de Cornellana. Más tarde ocupó el mismo cargo en la Comandancia de Trubia. Tras la militarizació n, llegaría a ser comisario político en la 8.ª Brigada de Asturias y más tarde en la 5.ª, 1.ª y 60 divisiones, esta última con puesto de mando en Lugones. Allí, el día 21 de octubre de 1937, recibió un enlace enviado por el mayor anarquista Víctor González, que le avisaba de que se había acordado la evacuación y que todo el mundo se marchaba esa noche. Le dijo también que su mujer, su hija y su cuñado ya habían embarcado en Gijón, y que lo mejor era que «intentara salir desde Avilés, porque en Gijón ya no quedaban barcos». González y Álvarez Rey recorrieron el camino hasta la villa avilesina apuntándose con una pistola. No se fiaban uno del otro. Pero la cosa salió bien y pudieron embarcar con otras 50 personas rumbo a Francia, desde donde pasaron a Cataluña. No cesó en su lucha para defender la «República legítima» y llegó a ocupar el cargo de comisario político de división en Teruel y en el Ejército del Ebro. Con la guerra terminada y perdida, y con la familia en el exilio, el objetivo de Álvarez Rey fue marchar de España. Consiguió llegar al norte de África, para pasar después a la URSS. Allí le sorprendió el inicio de la II Guerra Mundial. Versado, a su pesar, en las artes de la guerra, Álvarez Rey tomó parte en la batalla de Moscú, dentro de la 4.ª compañía especial de la Brigada Motorizada Independiente de Tiradores de la NKVD, integrada por 125 republicanos españoles. Él era el jefe, y su misión -nada más y nada menos-, defender el Kremlin. Más tarde, combatió en el Cáucaso.

Cuervo explica: «Entre las distinciones que tenía destacaban la condecoración de la Estrella Roja de la URSS, orden de la Victoria en la Gran Guerra Patria de la URSS, medalla de la Defensa de Moscú y el Cáucaso, y las conmemorativas de los 20.º, 30.º y 40.º aniversarios de la Victoria. También fue distinguido con la medalla de la Liberación de Yugoslavia».

Acabada la Guerra Mundial, se trasladó a Francia. Eran los años cuarenta y con ocasión del intento de invasión por el valle de Arán estaba previsto que formara parte de la segunda oleada para acabar con el régimen de Franco. Así, fijó su residencia en la localidad francesa de Toulouse. Nunca se olvidó de sus orígenes comunistas y desarrolló su papel como formador de cuadros del PCE. También participó en el congreso de 1959 del PCE en Praga. El resto de su vida trabajó, hasta su jubilación, como albañil.

Con la dilatada redacción de la vida de Álvarez Rey parece que no queda lugar para nada más, pero sí. Al parecer, y eso ya no aparece en su historia oficial, llegó a espiar al Ejército nazi vestido de militar alemán, y aunque él nunca lo contó «porque era secreto de partido», su familia y amigos creen que alguna vez volvió a España para participar en acciones clandestinas del PCE. «Desaparecía durante tres meses y cuando volvía a casa nadie preguntaba nada, seguían con su vida normal», apunta Cuervo. Porque Álvarez Rey siempre dijo que ciertas cosas se irían con él a la tumba y, como todas las promesas que hizo en vida, cumplió hasta el final.

Una íntima ceremonia familiar despidió, el pasado 26 de enero, a Álvarez Rey en Toulouse, donde reposan sus restos, y adonde tal vez lleguen las noticias de que su muerte sirvió para recordar que «El Jefe» pervive en la memoria de una nación que, ahora con leyes y homenajes, intenta recuperar los nombres que se creían olvidados.

Aitana Castaño


[Foto: (izda. a dcha. Ceferino Álvarez Rey, Emilio Morán (comandante militar de Pola de Gordón y Herminio García "Casín"]
Publicado en: La Nueva España, 1 de febrero de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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jueves, julio 02, 2009

Los resistentes, a contra lluz

Son munches les histories de los fugaos, anque como diz el cantar de Nuberu, «son coses que güei naide cuenta».

La vida de Mario Huerta, «L’home del Sacu», ye un símbolu de la resistencia humana frente a la inxusticia.


La historia que tamos viviendo ye lo que ye tanto polo que fomos como polo nun fomos. La terca resistencia de dalgunos, ¿redimirános de dalguna manera de lo que somos? Falo d’aquellos homes qu’un día decidieron tirase al monte, porque nun soportaben la inxusticia, y contra toda prudencia y pragmatismu anecieraron na alcordanza negándose a dase. Foron munchos los homes, coles sos lluces y les sos sombres, los que pel Franquismu llucharon por caltener la llaparada encesa de la dignificación social, munchos los que quixeron más pasar humillaciones, privaciones y trabayos a llevar una vida más o menos «decente» llibre de les prisiones y la violencia represora. Güei, n’acabando esti Ochobre del 2002, hai mui bien de coses que s’echen de menos d’aquellos quince díes de la Revolución d’Ochobre de 1934. Naquel pos, neses escases dos selmanes, l’Alianza Obrera consiguiera que los asturianos, tal vez per primer vez na so Historia, foran realmente dueños del so destín. Daquella triunfara la revolución anarquista en La Felguera, la socialista n’Uviéu y en Xixón, la comunista en Turón y en Grau.

Güei, cuando yá tamos pasando una páxina de la historia tal vez definitivamente, nin siquiera se consiguió construir (a dalgunos que podíen facelo nun-yos interesó) un discursu de la señaldá oxetiva que nos provoca aquel afán de xusticia, aquelles voluntaes xuntes en procura del bien social y la democracia. Con too y con eso, ellos tuvieron pol mundu cuando too paecía que diba vencer: sostuviéronlu sobre’l llombu y la conciencia republicana. Y gracies a ellos el mundu nun esbarrumbó dafechu.

Tres homes foron especialmente importantes na clandestinidá asturiana, toos tres lligaos al PCE: Mario Huerta, Horacio Fernández Inguanzu y Ángel León Camblor. Estos tres asturianos nun duldaron en «saltar» a la clandestinidá, reconstruyendo n’Asturies un movimientu obreru que nun diba tener tan dignos heriedes.

Mario Huerta foi el primeru d’estos tres en «saltar» a la clandestinidá. Naciera en Villarín, parroquia de Trubia, en 1915. Trabayó na Fábrica d’Armes y foi delantreru nel Juvencia, un equipu de fútbol local. En 1933 asiste al primer mitin del Partíu Comunista en Mieres Con 19 años yera miembru del Comité Rexonal y tuvo una destacada actuación nos sucesos de 1934. Derrotada la Revolución tuvo na cárcel hasta l’amnistía de 1936. N’acabando la Guerra Civil tírase al monte y en 1941 detiénenlu: intenta suicidase cortándose les venes de la muñeca esquierda. Tuvo en prisión once años y tres díes: Burgos, Ocaña y Uviéu. Cuando sal, impónse la xera de reconstruir el Partíu, pa lo que se pon a trabayar de viaxante, xera que-y permitía viaxar d’un llau a otru «ensin llevantar sospeches». Con too y con eso, tenía que presentase tolos meses ente los díes 1 y 5. Nesta situación taba cuando lu llamen a París p’asistir a un Congresu. Ellí, dícen-y que tien que desplazase a Praga, onde tuvo más de quince díes. Ente una cosa y otra pasaron dos meses, nos que nun fixo actu de presencia na Comisaría de Polícía. Cuando volvió, pa nun entrar a la cárcel, saltó definitivamente a la clandestinidá.

Andó per tolos pueblos del área central asturiana. Como traía y llevaba propaganda dientro d’un sacu punxéno-y d’alcuñu «L’home del sacu». Dormía en cuadres y en cabañes del monte, mui poques veces en casa de dalgún camarada. Nuna ocasión citóse con un enllaz nuna cabaña, en La Mosquitera. Pero a esti home (que se llamaba Mario como él) tardaron tres díes en day l’avisu. Cuando s’enteró, llegó a la cabaña onde alcontró a Mario Huerta cuasi a puntu de la inanición. «Llevo tres díes esperándote», dixo Huerta. « ¿Y qué comiste?», entrugó l’otru». «Nada», dixo Huerta. Y alegó que nun fuera a casa del enllaz pa nun comprometelu.

Los que lu conocieron daquella, recuérdenlu perpetuamente moyáu, yá que nun tenía gabardina. Cuando pillaba una moyadura, metíase nel payar ente la herba seco pa dormir y secase. Nuna ocasión foi a buscalu a la cabaña Vicente Gutiérrez Solís. Como nun lu alcontró dientro, salió al campu gritando «Cho, cho», la contraseña habitual. Alcontrólu desnudu, tiráu nel prau, secando al sol.

Mario Huerta actuaba, sobre too en Llaviana, Sama y Mieres. A mediaos de la década de los 50 entamaron les fuelgues mineres y Huerta yera l’encargáu de distribuir l’ayuda internacional que llegaba p’aliviar la situación de les familias represaliaes. El sistema yera fácil: metía billetes de 100 pesetes per baxo de les puertes. Anduvo per Asturies, París y Madrid. En 1969 cayó nuna depresión y marcha a Francia y a la Unión Soviética a reponese. En 1976 vuelve a Asturies onde va vivir hasta que muerre en Xixón, en 1996, nuna residencia d’ancianos. Qué coses nun contaría.

(Una anécdota que da un poco’l color d’aquellos primeros años de la Transición. Un militante comunista de Llangreu, Freixedo «Voló», volvió depués de munchos años a Sama –pasara pelos brutales penales de Burgos, Ocaña y San Marcos de Llion. Diba cola maleta pela cai y vio a un compañeru de partíu totalmente deformáu por una bomba que-y esplotara cuando la guerra civil y que-y mutilara una pierna y un brazu. Pasó xunto a él mirándolu de refilón, callando como un afogáu pa nun lu comprometer. L’home, sentáu nuna siella de ruedes, con esi acentu de la Cuenca entrugó: «¿Nun me conoces, Voló?». Y Voló, alegre por encontrar a un compañeru al que nuny importaba dase a conocer, contestó con sorna y alegría: «¿Voi conocete, ho? ¡Fáltate la mitá!»).

Manuel Parrondo


Publicáu en: Les Noticies, 27 d'ochobre de 2002.
Fonte: Les Noticies.

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Sí, hubo otra Felguera

Tengo en mis manos el álbum del presente año de las fiestas de San Pedro de La Felguera, donde está insertado el pregón del pasado año 2007 que lleva por título «¿Es que hubo otra Felguera?», pueblo donde nací y realicé mi larga vida. Pregón efectuado por don Carlos Fernández Espina, a quien le expreso mi más sincera felicitación por tan grata y amena disertación.

En cuanto al título y refiriéndose al aspecto visual urbanístico, así como al cambio de los valores humanos con el paso del tiempo, podemos ratificar que, efectivamente, sí hubo otra Felguera.

Ciertamente se puede decir que ganamos en algo fruto del progreso, así como perdimos ricos valores, apreciación que tuvimos durante generaciones por su trabajo y cultura, siendo un referente no sólo para Asturias, sino para España y fuera de ella. Esta apreciación la valoramos personas descendientes de distintas generaciones a quienes por nuestra avanzada edad (87 años) se nos considera viejos o ancianos.

En cuanto al pregón, resaltar los aspectos y nombres reseñados, y sin inmiscuirme en ello y sin objeción alguna, sino que movido por sentimientos propios y apreciación personal –lo que no sé si procedería–, creo que aunque de pasada nombrar a Higinio Carrocera Mortera, «pozarico» de Barros, del que habría mucho que contar y agradecer, y de quien escribo esta breve reseña.

Si hay algo que dignifique a los seres humanos es reconocer lo que les hace ser especial por una u otra causa, como fue este humano y ejemplar hombre, quien mientras vivió y su cerebro empezó a germinar por lo que luchó y murió, por la paz, la libertad y la emancipación del proletariado, asumiendo desafíos y adversidades hasta su último momento en su corta edad y entregando su vida con los demás compañeros de lucha.

Fue un luchador incansable en la contienda nacional, respetado y siempre en primera línea de fuego, herido y hospitalizado dos veces, aunque no revestía gravedad. Con sus ideas anarcosindicalistas, pero al margen de cualquier filiación política ortodoxa, tenía como emblema único el símbolo de la bandera roja y negra y las siglas de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo).

La dictadura del general Primo de Rivera, con sus persecuciones e injusticias, acabó de convertirlo en uno de los elementos más efectivos del anarcosindicalismo asturiano.

Higinio apoyó la militarización de las milicias durante la guerra como gran estratega asumiendo el grado de comandante del Batallón 210 del Ejército Popular Republicano y, más tarde, comandante de una brigada móvil de choque formada por milicianos voluntarios, al frente del cual en la famosa y dura batalla de El Mazuco alcanzó la Medalla de La Libertad quien por su esfuerzo y moral fue considerado por sus compañeros «Héroe del Mazuco», siendo nombrado con frecuencia en los partes de guerra, de prensa y radio, por el general franquista Queipo del Llano, dando por finalizada la guerra en Asturias, con esta epopéyica resistencia a pesar de la diferencia de fuerzas y los escasos medios de defensa de que disponían.

En los frentes de batalla se hallaba aún Carrocera cuando muchos barcos estaban repletos de combatientes y elementos responsables de retaguardia. Se habían hecho a la mar en El Musel en busca de la salvación, siendo de los últimos en hacerlo en el barco de carga «El Llodio». Capturado el 21 de octubre de 1937 y conducido a Ferrol y de allí a La Coruña, desembarcando en Muros de Noya el 4 de noviembre de 1937, e internado en el campo de concentración de Romani, donde descubren su verdadera identidad, encerrándole en la celda de castigo durante 12 a 15 días llamada «La Leona» por el terror y trato que infundía, siendo fusilado el 8 de mayo de 1938.

Posteriormente, fue trasladado a Oviedo y procesado en un «llamado consejo de guerra» y ejecutado con 30 años de edad junto con otros catorce compañeros de lucha. Había en Asturias en el año 1924 más de 3.000 afiliados a la CNT, de los que 59 eran del poblado de Barros («pozaricos») cotizando el sello confederal.

Higinio Carrocera Mortera, que en paz estés por tu extraordinaria valentía, nobleza y humanidad; un gran hombre para no olvidar y tenerlo en nuestra memoria histórica.

Baldomero Montejo Martín


Publicado en: La Nueva España, 11 de enero de 2009.
Fuente: La Nueva España.

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jueves, mayo 28, 2009

Entrevista a Marcelino Laruelo Roa

La historia de varios activistas de la CNT que fueron fusilados en Gijón el 14 de julio de 1938 llegó a sus oídos mientras preparaba otro de sus estudios. Ahora, tras varios años de meditación, Marcelino Laruelo Roa ha decidido publicar «Tres anarquistas de Gijón», en el que describe los últimos días de Alfredo Díaz, Marcelino Ovies y José Tourman, condenados a muerte tras varios meses en la antigua cárcel de El Coto. Con su obra pretende saldar «una deuda moral» con los ajusticiados.

-¿Por qué elige a tres protagonistas concretos para tratar el tema del anarquismo en Gijón?

-Este tema surge hace bastantes años. Por entonces conozco a Luis Quirós, un superviviente de la cárcel de El Coto que compartió celda con José Tourman. Me comunica que, por entonces, estos tres dirigentes anarquistas, todos ellos muy conocidos en Asturias, habían sido fusilados el 14 de julio de manera extrajudicial. A primeros de este año me animé a escribir la historia.

-¿Los protagonistas fueron realmente ajusticiados sin un proceso judicial?

-En el libro cuento la historia desde que hacen prisioneros a cada uno de los protagonistas hasta el fusilamiento, que se produce el 14 de julio, día simbólico para los republicanos por la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa. Pasan por un consejo de guerra. Realmente, antes de la ejecución llegó el documento del Cuartel General del Generalísimo, pero los presos tenían su parte de razón en sospechar de que parte del proceso fue extrajudicial, ya que había un preso que trabajaba en la cárcel que no recibió la notificación la tarde anterior al fusilamiento.

-Entonces, ¿por qué deciden los carceleros llevar a cabo la ejecución ese día?

-Retrasan la ejecución porque querían fusilarlos el 14 de julio, por el valor simbólico de este día para los republicanos. Era una manera de hacer más duro el castigo. Ocurrió algo similar en un caso de Salamanca, cuando al único pastor protestante de la ciudad lo fusilan el 8 de diciembre, día de la Purísima Concepción, el dogma que no admiten los protestantes del catolicismo.

-¿Qué papel desarrollaban dentro del anarquismo asturiano los fusilados?

-Eran representantes significativos, pero el hilo conductor del libro es que a los tres los fusilan el 14 de julio.

-En Gijón el anarquismo llegó a tener un gran asentamiento y participó en la Revolución del 34. ¿Cuál era su poder real?

-La CNT en Gijón era hegemónica, del mismo modo que la UGT era mayoritaria en las cuencas mineras. No sabría explicar el porqué de este poder. Quizás encajó más con el espíritu de la ciudad. Creo que se debe a que Gijón, en tanto que ciudad costera, siempre estuvo más abierta a la influencia de otros pensamientos. La censura nunca fue tan eficaz como en el interior. De esto ya habla el mismo Jovellanos. Ese ambiente liberal conecta con el espíritu libertario de la clase obrera.

-¿Durante la Guerra Civil cuál fue el papel de los anarquistas gijoneses?

-La CNT fue la gran perdedora de la República y de la guerra. Durante la República fue siempre perseguida, frente a la UGT, que recibió un trato de favor. Sin embargo, nunca se buscó la integración republicana de la CNT.

-¿Por qué fracasa el anarquismo y se diluye definitivamente después de la Guerra Civil?

-Hubo muchas ideas anarquistas que se integraron en otros movimientos. Ahora bien, tras la guerra en España se inicia un período de dictadura tan largo que todo cambia. Hubo acciones clandestinas, pero el franquismo desmanteló el movimiento obrero. De hecho, el sindicalismo actual no es continuador de aquel otro sindicalismo. Ahora sólo reivindica mejoras económicas, no hace construcción social. Es la herencia del sindicalismo vertical del franquismo.

-¿Se encuadra este libro dentro del actual proceso de recuperación de la memoria histórica?

-No. Este libro me gustaría que fuera el inicio de una pequeña colección sobre temas de personajes que fueron importantes en esta época y que no figuran en la historia.

Eloy Méndez


Publicado en: La Nueva España, 4 de noviembre de 2008.
Fuente: La Nueva España.

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domingo, noviembre 09, 2008

Aurelio Hevia Carmona

En Xixón, a 9 de Marzo de 2008.

Fallece Aurelio Hevia Carmona:

Candidato nº 3 al Congreso por Asturias del PCPE y Presidente de la Comisión de Estudio sobre el callejero de Villaviciosa.

La Capilla Ardiente se encuentra instalada en su domicilio en la calle del Carmen nº 17 de Villaviciosa En el día de hoy, en plena jornada electoral, falleció en Villaviciosa, de forma repentina, AURELIO HEVIA CARMONA, veterano dirigente Comunista y activista del movimiento campesino en Asturies. En las elecciones que hoy se celebran Aurelio Hevia Carmona concurría como candidato número tres al Congreso, en la circunscripción de Asturies, en las listas del PARTIDO COMUNISTA DE LOS PUEBLOS DE ESPAÑA (PCPE). Aurelio había sido candidato a la Alcaldía de Villaviciosa en varias ocasiones, primero por el PCE, y luego, desde 1984, por el PCPE, tanto dentro como fuera de IU.

En la actualidad Aurelio era miembro de la Comisión Republicana y de Memoria Histórica del PCPE-Asturies, y Presidente de la Comisión Municipal formada en el Ayuntamiento de Villaviciosa para la reordenación de los nombres de las calles de este concejo, donde tuvo una labor meritoria logrando amplios consensos e impulsando decididamente la eliminación de los nombres de Plaza del Generalísimo y Calle José Antonio. Aurelio estaba muy contento de haber jugado ese papel, pues no lograba entender como después de 30 años de la muerte del dictador podía en su pueblo seguir figurando esos nombres en el callejero. Aurelio era querido y respetado por personas de la más diferente condición e ideología, entre otras cosas porque su trato afable siempre le permitió tener un amplio abanico de amistades. El PCPE considera que como tributo a su labor en Villaviciosa, y aprovechando su trabajo en la configuración del nuevo callejero municipal, podría ser razonable que se le diese el nombre de una calle a tan insigne demócrata y ciudadano. La capilla ardiente esta situada en su casa en Villaviciosa, en la Calle del Carmen Nº17, siendo el entierro el Lunes 10 de Marzo a las 18.30 horas. El PCPE llama a la ciudadanía de Villaviciosa, en particular, y a la de Asturies, en general, así como a todos los antifascistas, demócratas y revolucionarios a rendir un último homenaje a un comunista luchador, tal y como su larga trayectoria ha demostrado.

Comité de Asturies del Partido Comunista de los Pueblos de España


Aurelio Hevia Carmona

Nació, en 1925, en Matanzas (Cuba).
Actualmente reside en Villaviciosa (Asturias).


El azar hizo que naciera en Cuba y, más tarde, que sobreviviera en la guerra popular revolucionaria. Luego, participó en la toma de decisiones que le salvaron la vida a él y a otros muchos opositores al franquismo. Tuvo la osadía de gritar su rabia cuando asesinaron al líder comunista Julián Grimau. Hoy, Hevia sigue activo en las luchas sociales de su territorio y vislumbra un futuro optimista para su partido, el PCPE, un futuro que pasa por “crecer más”.

–¿Cómo iniciaste tu militancia política?

En el año 1936, con 12 años, mi padre era Secretario del PCE en Ribadesella y yo ingrese en los Pioneros Rojos. A partir de ahí tuve alguna vivencia de la Guerra Civil, pero sin ocupación militar, aunque me relacionaría con milicianos y batallones en Ribadesella. Tuve ocasión de conocer al Comandante Feliner, Comandante de la Plaza de Ribadesella. Conocí, también, al famoso Sargento Muíz (que derribara, con su ametralladora, a 3 aviones en el Mazuco, en Llanes), a Belarmino Tomás y al Coronel Adolfo Prada, Jefe del Ejército del Norte, sustituyendo a Uribarri. Como anécdota destacable de aquel entonces, durante los combates en Ribadesella, cayó un cañonazo en la habitación donde dormía en un momento en que afortunadamente no me encontraba allí. Recuerdo especialmente los últimos días de resistencia en la zona, cuando el pueblo de Ribadesella se refugiaba en las cuevas de Tito Bustillo junto con tres 3 batallones. Como niño que aún era por entonces, fui a ver cómo uno de estos batallones construía una fortificación cuando se produjo un ataque aéreo. Al escapar corriendo salté unas zarzas calculando mal la altura y torciéndome una rodilla, por lo que tuve que ser evacuado de Ribadesella.

–¿En qué organizaciones has desarrollado tu actividad?

Fui fundador de UCA (Unión de Campesinos Asturianos) en la clandestinidad. Tras la legalización, a la hora de hacer oficial la afiliación a UCA, se me solicitó dos avales para darme de alta, por lo que yo y otros compañeros decidimos no integrarnos. Abandoné el PCE para ingresar en el PCPE, al poco de su fundación, con toda la agrupación del PCE de Villaviciosa. Participé en múltiples plataformas de solidaridad, culturales y de problemas concretos de Villaviciosa.

–Durante el franquismo, ¿cómo era tu actividad?

Yo era una especie de guerrillero: aparecía para una acción concreta y volvía a desaparecer. Se puede destacar que participé, en torno al año 1947, en una reunión en Sotrondio, con guerrilleros de Asturias, Cantabria y Galicia. Allí, se discutió la posibilidad de llevar a cabo una acción contra Franco en su primera visita a la cuenca del Nalón. El plan consistía en volar la carretera al paso de la comitiva para acabar con él. Los mineros ya tenían localizados los puntos estratégicos por dónde pasaría la caravana de Franco antes de llegar a La Felguera. El problema era que acabar con la vida de Franco no acabaría con el fascismo y sí desataría una ola de represión brutal en la cuenca minera. Yo fui de los que aposté por desechar ese tipo de acción, por estos motivos, y, finalmente, se consensuó no llevarla a cabo. En otra ocasión, estando en un bar de la cuenca minera, entró un sargento fascista con dos soldados. El sargento mandó a los soldados de ronda por el pueblo, y mis compañeros y yo conseguimos emborracharlo hasta el punto que le sacamos todos los nombres de las personas que se iba a detener, consiguiendo avisarles antes de que esto sucediera.

–¿Sufriste represalias?

Afortunadamente, nunca me cazaron. Solo fui detenido una vez, en Tazones, y porque me confundieron con un tal Gaínza, un delincuente común. Pero, nada más llegar al cuartel de la Guardia Civil de Villaviciosa, me soltaron.

–¿Qué acontecimiento de cierta importancia consideras vinculado a tu vida?

Recuerdo especialmente el fusilamiento de Julián Grimau. A pesar de que Villaviciosa siempre ha sido una villa muy vinculada con la derecha, esa noche unos cuantos camaradas salimos a pegar voces a las ventanas de pura rabia.

–Actualmente, ¿qué actividad realizas?

Estoy participando en la plataforma reivindicativa de Finca La Huertona, donde pretendemos paralizar su derribo y que se utilice con un fin social para Villaviciosa.

–¿Cómo ves la actual situación del PCPE?

En comparación con años anteriores, veo al partido en una situación inmejorable. El 8º Congreso puso las bases para que haya un partido fuerte y honrado. Pero todavía tiene que crecer mucho más. El 8º Congreso ha supuesto un gran avance.


Entrevista publicada en: Propuesta Comunista, nº50 (junio 2007).
Fuente: PCPE.

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domingo, octubre 19, 2008

Destacados comunistas asturianos

Finalmente, para poner de manifiesto el valor de nuestra historia revolucionaria, queremos recordar brevemente el ejemplo de destacados internacionalistas nacidos o forjados en la lucha de Asturias:

Isidoro Acevedo. Nació en Luanco en 1867. Corrector de imprenta. Precursor y alma del socialismo en Asturias. Compañero de Pablo Iglesias en la fundación del PSOE y de la UGT. Uno de los firmantes, con Lázaro García, del manifiesto que dio nacimiento a la Federación Socialista Asuriana. Fundador, con García Quejido y Perezagua, del PCE. Notable periodista. Escribió en El Socialista; dirigió La Voz del Pueblo, de Santander; La Lucha de Clases, de Bilbao, y La Aurora Social, de Asturias. Escribió varios libros, entre los que destaca Los Topos. Orador de masas. Aún en la campaña electoral del otoño de 1933 habló vigorosamente en la popular y centenaria Plaza del Fontán, de Oviedo, en la que participaba él como veterano y el autor de estas líneas como debutante.

Gustavo de la Fuente. Vallisoletano arraigado en Asturias. De origen socialista. Fundador del Partido Comunista. Pintor, como su padre, y conocido cartelista del Teatro Campoamor, de Oviedo. Como consecuencia de los acontecimientos revolucionarios de octubre de 1934 fue encarcelado, y ya libre se trasladó a Madrid. Al final de la guerra revolucionaria de liberación estuvo preso en el Castillo de Alicante, en Elche y finalmente en la escuela convertida en cárcel que llevaba —qué sarcasmo!— el nombre de M. Unamuno (Yeserías, Madrid). Ya en libertad murió en 1948 a consecuencia de las sádicas torturas a que le habían sometido.

Jesusa Penaos. Esposa y compañera de Gustavo de la Fuente. Vilmente asesinada en los comienzos de la guerra en el campo de San Francisco (Oviedo), en el llamado Paseo de los Curas —testigo de incontables crímenes—, que corre paralelo a la calle de Santa Susana.

Aída de la Fuente. Destacada militante de la Juventud Comunista, heroína y símbolo de la insurrección obrera y popular de octubre de 1934. Murió defendiendo la posición de San Pedro de los Arcos el 13 de octubre de aquel año. Sus últimos gritos son una arenga constante para la lucha proletaria:
“Viva el Partido Comunista!” “Viva la libertad!” Aún no cumplía los diecisiete años. El asesino fue el teniente del Tercio Dimitri Iván Ivanov, de origen búlgaro. Con ella caerían en el mismo lugar cerca de un centenar de combatientes antifascistas.
En el homenaje que se le rindió en el primer aniversario de su muerte, el gran poeta Federico García Lorca, que más tarde correría su misma suerte, cantó su heroica hazaña en conmovedores versos.

Maruja de la Fuente. Detenida después de octubre del 34. Martirizada en el hospital General. Allí fue desnudada y hubo un simulacro o disposición real de fusilarla. “El pudor, diría más tarde, podía más en mí que la misma muerte”. Murió en la URSS.

Daniel de la Fuente. Jefe de las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas) en Oviedo. Murió en el cuartel de Santa Clara el primer día de la sublevación fascista. Otra versión fue que la muerte aconteció más tarde, cuando las columnas gallegas entraron en Oviedo.

Gustavo de la Fuente. Ferroviario (del Ferrocarril del Norte). Actuó como comisario político. Desaparecido, lo que equivale siempre a asesinado. Jamás se supo nada sobre el particular.

Hemos agrupado así a una ejemplar familia de revolucionarios, educada en el humanismo de la filosofía marxista-leninista. Inspirada en el talento, la probidad, la consecuencia revolucionaria y la fidelidad a los principios y a la conducta rectilínea de un padre y camarada, cuya vida debe ser para nuestra juventud una guía luminosa en la lucha por el socialismo.

El leninismo ha dado a Asturias muchas otras familias semejantes: la de los Castrillo, de Trubia; la de los Bárzana, de Oviedo; las de los Álvarez Rey y García Álvarez, de Turón; la de los Gutiérrez, de Sotrondio; la de los García Roza, de La Felguera, y tantas otras.

De ellas hablo, aunque sucintamente, a continuación.

Ramón García Roza. Otro gran precursor del Partido Comunista en Asturias. Secretario provincial en 1931. Incansable propagandista y organizador. Periodista, de origen obrero. Muerto en la represión que siguió a la caída de Asturias. Nunca se supo exactamente a dónde llevaron su cuerpo.

Fernando Rodríguez. Fundador del Partido en Asturias. Dirigente sindical. Miembro del Comité Provincial. Secretario del Departamento de Guerra en los primeros meses de la sublevación fascista. Más tarde gobernador de Castellón de la Plana. Murió en Moscú.

Gonzalo López. Minero y metalúrgico. Fundador del Partido Comunista en Asturias. Miembro de su Comité Provincial. Representante del mismo en el Consejo de Asturias y León al frente de la Consejería de Agricultura. Colaborador de Pedro Checa, Secretario de Organización del Comité Central, desde fines de 1937 hasta que acabó la guerra. Murió en México en 1966.

Carlos Vega. Carpintero. Secretario general del Comité Provincial del PCE en Asturias cuando estalló la sublevación fascista. Miembro del Comité Provincial Revolucionario en 1934. Asesinado por los franquistas en el comienzo mismo de la guerra.

José María Castro. Obrero. Secretario general de la Juventud Comunista. Miembro del Comité Provincial del PCE. Murió después de ser herido en el cuartel de Santa Clara el primer día de la sublevación franquista.

Juan José Manso. Obrero metalúrgico en la fábrica de cañones de Trubia. Miembro del Comité Central del PCE. Alma de la insurrección en Trubia en octubre de 1934. Primer diputado comunista de Asturias (febrero de 1936). Murió en México en 1972.

Casto García Roza. Metalúrgico en La Felguera. Miembro del Comité Provincial del PCE en Asturias. De la Comisión de Organización del Comité Central después. Secretario general del Comité Regional del Partido cuando fue asesinado en la comisaría de Policía de Gijón en 1946.

Félix Llanos. Maestro. Miembro del Comité Provincial del PCE. Director de Milicias, órgano provincial del Partido. De inteligencia y valor poco comunes. Pasó a Francia, participó en la resistencia antinazi y sufrió los rigores del campo nazi de Dachau. Después del triunfo de los aliados regresó a Francia, donde murió.

Aquilino Fernández Roces. Minero, dirigente sindical. Miembro del Comité Provincial del PCE. Representante de la UGT en el Consejo de Asturias. Detenido a consecuencia de la traición casadista y trasladado a Asturias, donde fue pasado por las armas.

Salustiano G. Sopeña. Dirigente campesino de la comarca de Villaviciosa. Miembro del Comité Provincial del Partido durante la guerra. Muerto en cumplimiento de la misión encomendada por el Partido al final de la guerra en Asturias.

José García “Pin”, de Turón. Minero. Secretario de Organización del Comité Provincial del Partido. Miembro del Consejo de Asturias y León en los primeros meses de la guerra. Asesinado por los falangistas.

Félix Bárzana. Maestro, dirigente regional de la FETE y nacional del PCE. Muerto en la Sierra de Guadarrama, Madrid, en los primeros días de la contienda.

Luis Bárzana. Maestro, destacado dirigente político y militar. Miembro del Comité Provincial del PCE. Orgullo del Ejército Popular en Asturias y en Andalucía, como queda descrito a lo largo de los capítulos anteriores. Muerto después de muchos años de cautiverio en las cárceles franquistas.

Jesús Bárzana. Hermano de los dos anteriores. De la dirección de la ATEA. Torturado y asesinado después de la caída de Asturias.

Horacio Argüelles. Extraordinario organizador y dirigente de masas. Líder de los obreros de la construcción (CNT) en Gijón. Emigrado a la URSS después de octubre de 1934. Abandonó las filas del anarquismo y a su regreso a España ingresó en el PCE. Notable organizador del Ejército Popular. Forjó el regimiento “Máximo Gorki”, con tres batallones que dirigieron los camaradas Lamas, Balbino y él mismo. Murió en combate en febrero de 1937.

Manuel Álvarez. Pescador de Gijón. Notable jefe militar. Murió en la batalla del Ebro, al mando de la 42 división de infantería, en 1938.

Etelvino Vega. Hermano de Carlos. Estuvo en la dirección nacional del Partido hasta 1932. Uno de los más brillantes jefes militares del Ejército Popular. Mandó el XIII Cuerpo de Ejército. Encarcelado y fusilado después de la traición casadista.

Silvino Morán. De Moreda. Dirigente minero. Comandante de milicias y del ejército. Murió heroicamente con su inseparable esposa después de terminada la guerra en el Norte.

Críspulo Gutiérrez. Minero. De Sotrondio. Destacado dirigente sindical. Jefe militar. Murió después de caer Asturias. No se sabe dónde ni cuándo.

Sócrates Gutiérrez. Hermano del anterior. Minero. Muerto con su esposa en heroica defensa personal después de la caída de Asturias.

Libertad Gutiérrez. Hermana de los anteriores. Detenida y torturada en una de las cárceles de Bilbao, donde encontró la muerte.

Alfredo Coto. Joven maestro de la ATEA. Cayó en la batalla de Cabruñana. Fue el primer maestro caído en combate.

Emilio M. Morán. De Ciaño. Miembro del Partido y destacado dirigente de la juventud. Comandante en el frente leonés. Asesinado después de la guerra en Asturias.

Laureano Argüelles. Maestro de la ATEA. Dirigente del PCE en Asturias. Ejemplar alcalde de Infiesto durante la guerra. Vilmente torturado y asesinado por los fascistas. Su abnegada compañera Oliva corrió la misma suerte.

Pepón de la Campa. Legendario combatiente. Extraordinario jefe militar salido de las filas del pueblo. Luchó en los montes de Langreo —Los Cuetos— en la guerrilla. Capturado y asesinado.

Mariano Fernández. Médico. De la dirección provincial del PCE. Organizador de la sanidad militar. Asesinado a garrote vil por los falangistas.

Antonia Muñiz. De la dirección del PCE en Gijón. Jefe de las MAOC. Notable preparación política y militar. Murió en la batalla de Tineo.

Julio Castrillo. Secretario del comité del Partido en la fábrica de cañones de Trubia. Vicepresidente del sindicato de la misma. Asesinado en compañía de su padre, del mismo nombre, después de la caída de Asturias.

Alfonso Castrillo. Hermano del anterior. Miembro del PCE y dirigente de la JSU en Trubia. Fue asimismo pasado por las armas.

Abundio Castrillo. Hermano menor de los Castrilb. Hecho prisionero y asesinado en Castropol en los primeros días de la guerra.

Cristino García. De Sama de Langreo. Héroe de la resistencia española y después, en especial, de la francesa. Asesinado en la prisión de Carabanchel en 1946.

Luis Montero. Obrero ferroviario. Capitán de infantería en Asturias. Héroe de la resistencia en Francia. Alma de la resistencia en el campo nazi de exterminio de Mauthausen. Muerto en España después de la segunda guerra mundial.

Joaquín Barrios. Dirigente del Partido en Oviedo. Dependiente de comercio. Detenido por los nazis en Francia y enviado a Dachau. Allí fue asesinado e incinerado.

Guadella. Nacido en Cataluña. Murió en el ataque al cuartel de Simancas, de Gijón. En un acto de verdadero heroísmo, se prestó voluntario para introducir en el cuartel, ocupado por las fuerzas facciosas del coronel Pinilla, un tanque cargado con gasolina, al que le prendieron fuego. Murió en la empresa.

Avelino Mata. Del Comité Local del Partido en Trubia. Presidente del sindicato de la fábrica de cañones. Horriblemente asesinado por los fascistas.

Manuel Fernández “Manolín”. Obrero de la fábrica del gas de Oviedo. Empuñó las armas desde el primer momento de la sublevación. Notable organizador de la escuela de clases (cabos y sargentos) de Noreña. Asesinado.

José Ramón Cabezas. Empleado del conocido diario ovetense El Carbayón. Excepcional dirigente del Comité de Radio del PCE en Oviedo. Secretario general del Sindicato de Artes Gráficas. Tuvo una destacada actuación en octubre de 1934. Salió hacia Palencia un día antes de la sublevación fascista para atender al famoso cineasta Juan Piqueras, que había caído gravemente enfermo. Ambos fueron asesinados.

José Cossío. De Mieres. Minero, dirigente juvenil y del PCE. Organizador del batallón “Aída de la Fuente”. Muerto en la ofensiva sobre Oviedo en 1936.

Manuel Zapico “Rebullu”. De Sama de Langreo. Minero. Muerto en combate.

Baldomero Ladreda. Obrero. Comandante de brigada. Destacado combatiente en la clandestinidad, fue descubierto, apresado y muerto a garrote vil en la cárcel de Oviedo.

Silverio Fernández. Obrero de la fábrica de armas de Oviedo. Dirigente local del Partido. Magnífica actuación en octubre de 1934. Comisario del arma de artillería durante la guerra. Murió en su puesto de combate.

Hermanos Ocejo. Obreros también de la fábrica de armas de la Vega, Oviedo. Asesinados.

Enedina Madera. De la JSU de Oviedo. Colaboradora en el Comité Provincial del PCE. Detenida, maltratada y conducida a la cárcel de Las Palmas (Gran Canaria), donde murió.

Daniel Cantero. Dirigente local en Oviedo del Partido. Murió como comisario, así como uno de sus hermanos.

Luis Ruibal. Hermano de Manuel, de la dirección local del Partido en Oviedo, fue asesinado.

Jovino Flórez. Comisario. Asesinado.

Columbiano Machado. Modelo de militante del Partido en la organización de Oviedo. Tanto él como su compañera Oliva. Comportamiento ejemplar en octubre de 1934. Emigración a la URSS, de donde regresaron en la primavera de 1936. Capitán en las milicias, muere heroicamente en la Casa Negra (carretera del Naranco) durante la primera ofensiva sobre Oviedo (octubre de 1936).

Agustín del Campo. Jefe del batallón “Mártires de Carbayín”. Participó en la resistencia francesa contra el nazismo. Con su guerrilla vino desde Francia a Asturias —poco antes que Casto G. Roza—, lo cual constituye una auténtica proeza. Descubierto, vendió cara su vida. Murió matando.

Fernando Fernández. Comisario de la décima brigada, que mandaba Manolín Alvarez. Preso y ejecutado.

Roces “El Seta”. ¡Cuánto le debemos a “El Seta”! ¡Cuánto le odiaron los enemigos! Fue actor y maestro en toda clase de voladuras...

Enrique Jarero. Maestro de la ATEA. Muerto después de la guerra.

Sabino Menéndez. De Peña Rubia. Popular dirigente minero. Lo conocíamos por “Chapaev”, recordando al legendario guerrillero ruso. Fue delegado del Partido en el VII Congreso de la Internacional Comunista. Herido gravemente en los primeros combates. Asesinado, su cadáver apareció en una cuneta en Santa Cruz de Mieres.

Emeterio García. De Avilés. Secretario de la organización de Avilés. Asesinado por los falangistas después de la caída de Asturias.

José Trabanco. Del comité local de Avilés. Notable comandante miliciano. Muerto después de la guerra.

Florentino Fernández. De Lada. Sama. Facultativo de minas. Muerto en las filas del ejército soviético durante la segunda guerra mundial.

José García. De Pola de Lena. Minero. Notable jefe combatiente. Murió después de la guerra.

Virgilio, Rogelio y Agustín Álvarez Rey. De Turón. De la JSU y del Partido Comunista. Destacados combatientes. Asesinados por el franquismo.

Luis Álvarez Rey. Hermano de los anteriores. Murió en el campo de concentración de Argeles-sur-Mer con otros muchos centenares de republicanos.

Manuel Zapico. De Blimea. Minero. No supe nunca su paradero.

Herminio García Álvarez. Minero de Turón. Hermano de Pin. Destacadísimo cuadro del Partido Comunista y de la JSU. Notable preparación militar. Muerto en el cerco de Oviedo.

José García Argüelles, “Casín”. Padre de los dos anteriores. Asesinado en Turón.

Arcadio Monge. De Turón. Dirigente del comité local del Partido. Luchador de cuerpo entero. Asesinado por los falangistas.

Victoriano Collas. De Turón. De la JSU. Murió el primer día combatiendo en las calles de Oviedo.

José Fernández. De Sama. Hijo de Aquilino. De la JSU. Capitán ayudante de Luis Bárzana en Andalucía y del comandante Rodríguez en la zona de Cartagena en los últimos momentos. Apresado y asesinado por los fascistas.

José Martín, “Chinto”. Minero. Dirigente sindical. Murió en la primera ofensiva sobre Oviedo (octubre de 1936).

Comandante Rapín. Prototipo del combatiente de la JSU. Murió en el ataque al Pico del Árbol, al norte del Naranco.

De las cuencas mineras cayeron en la guerra o en la lucha guerrillera y clandestina: Daniel Barcalá, Joaquín Zapico, Fermín Solís (PCE), Leoncio Zapico, José Zapico, Cipriano Castaño, José Rodríguez (JSU); todos ellos murieron combatiendo durante la guerra. En la lucha guerrillera y clandestina fueron asesinados: César Rodríguez, Eliseo Argüelles, Tomás Zapico, Aladino García, Constantino Zapico (Boger), todos del PCE; Vicente Rodríguez, Belarmino Fernández, Silvino Iglesias (de la JSU); las compañeras Pilar Terente, Amada Zapico y Josefa Zapico.

La lista podría prolongarse mucho más. Pero bastan esos nombres para que la llama inextinguible de su vida de revolucionarios patriotas e internacionalistas ilumine el camino de las generaciones que ocupan su lugar en el combate contra el capitalismo y el imperialismo.

Marzo de 1974

Juan Ambou


Publicado en: Los comunistas en la resistencia nacional republicana (la Guerra en Asturias, el País Vasco y Santander), Juan Ambou. Hispamerca, Madrid, 1978.
Digitalización: El cielu por asaltu.

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martes, septiembre 30, 2008

José María Martínez, en tiempos de pistolas

El cuerpo estaba frío como una lagartija. Apareció sobre las vías del tren panza arriba, arrimado a un fusil y desjarretado con un tiro en el pecho. En Sotiello se escuchó por la mañana a alguien gritar: «¡Hay un muerto en el Peñón!». Todos los niños corrieron hasta el lugar donde descansaba el cadáver. La figura alargada del cuerpo no les impresionó. Era un tipo fuerte, parecía una ballena herida y varada sobre las vías de un tren. Una levísima fragancia a muerto despertó aún más la curiosidad de los niños que lo encontraron. Cuando reconocieron su rostro, descubrieron entonces su irónica sonrisa. Escaparon horrorizados gritando «Es José María Martínez».

El líder cenetista más importante de Gijón en la Revolución de Octubre de 1934 había sido asesinado cernida la madrugada.

José Luis Martínez nació en Cangas de Onís en 1884. Cuando la familia se trasladó a Gijón, José María Martínez entró a trabajar como botellero en la Fábrica de Cristales La Industria y después pasó a ser obrero metalúrgico. Sería a comienzos del siglo XX cuando iniciara su actividad sindical, fundando el primer sindicato anarquista de mineros asturianos, «El despertar del minero en Langreo», del que José María Martínez fue secretario. Para entonces, ya era un perseguido político y se le conocía como José Riestra.

Aunque su familia (mujer y dos hijos) estaba en Gijón, será el instigador de distintas huelgas en Langreo y Mieres. La primera en 1912, contra Duro-Felguera, debido a la negativa de la empresa a admitir en la negociación de su reglamento interno a los obreros y al rechazo de la patronal a un aumento de los salarios. En el quinto mes de huelga, a finales de aquel año, José Riestra propugnaba el sabotaje si los obreros eran vencidos. La huelga duró nueve meses.

Un hombre de acción

En la huelga de 1914 en el valle de Langreo contra el alza del precio del pan, pistola en mano, arengó a la multitud de La Felguera, se enfrentó a la Guardia Civil rompiendo el cordón militar y asaltó a la cabeza de la multitud la panadería de Enrique Menéndez.

José María Martínez era un hombre de acción al que le costaba enfrentarse a la muerte tanto como fumarse un cigarrillo. Nunca le tembló el pulso a la hora de apretar el gatillo de un 9 largo. Solía decirle a su mujer, cada vez que salía de la cárcel, que su lucha no buscaba mejorar el presente, sino a las generaciones futuras. No luchaba por las personas, sino por el futuro.

En 1919 ya era un destacado dirigente cenetista. En el congreso nacional de la CNT, José María Martínez y Manuel Álvarez representaban a 3.342 afiliados del sector metalúrgico de Gijón. En relación a la posible unificación con la UGT, Martínez defendió la necesidad de unir a todo el proletariado español en un solo organismo a fin de llevar a cabo la transformación proyectada de España. Para el destacado de la CNT asturiana eran los trabajadores los que ansiaban esa unión y los dirigentes de los dos organismos quienes la rechazaban.

José María Martínez se consideraba discípulo de Eleuterio Quintanilla y fue uno de los impulsores de la Alianza Obrera que hizo posible el estallido revolucionario de 1934 en Asturias. Había convencido a los suyos y a los socialistas asturianos. El pacto de la alianza estaba sellado con su nombre.

Los primeros pasos para la formación de la Alianza Obrera partieron de los dirigentes cenetistas presos en la cárcel de El Coto de Gijón como consecuencia del movimiento revolucionario que la CNT trató de impulsar en toda España en diciembre de 1933. Segundo Blanco, José María Martínez, Avelino González Mallada y Horacio Argüelles, entre otros, dirigieron un escrito al pleno regional de la CNT proponiéndoles una alianza con la UGT. Aprobada la propuesta, se formó una comisión en la que tomaba parte José María Martínez, encargada de contactar con la UGT y la Federación Socialista Asturiana. El 31 de marzo se firma la alianza, cuyos objetivos eran «1.º luchar abiertamente contra el fascismo que intenta imponer sobre el pueblo su característico sistema de opresión acabando con las organizaciones de clase y con las escasas libertades y derechos establecidos en la nación. 2.º Realizar amplia labor de oposición a todo propósito de guerra en lo que se refiere al conjunto de los países del continente europeo como igualmente en lo que afecta al problema colonial en África».

Víctor Guillot Monroy


Publicado en: La Nueva España, 13 de octubre de 2004.
Fuente: CNT.

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miércoles, abril 16, 2008

Mariano Rodríguez "El Fusiláu"

Las tres vidas de Mariano «El Fusiláu» Rodríguez, enterrado ayer, sobrevivió al paredón y a una condena a muerte

Mariano Rodríguez Fueyo -fallecido el pasado domingo, a los 90 años de edad y conocido por el sobrenombre de El Fusiláu- consiguió burlar a la muerte por primera vez en 1936, en plena guerra civil. Tras una escaramuza con tropas nacionales, fue apresado y ajusticiado junto a cuatro compañeros en una casa de Soto de Luiña. Los milicianos que le acompañaban fallecieron, pero Rodríguez consiguió salvarse, protegido bajo los cadáveres de sus compañeros, tras recibir siete balas en las piernas y en la cadera.

Inmóvil durante unos minutos que se hicieron eternos, comenzó a liberarse de sus ataduras cuando dejó de oír voces a su alrededor. «Tuve mucha suerte; cuando empezaron a dispararnos estaba convencido de que no saldría vivo de aquella casa», rememoraba Rodríguez en noviembre del pasado año, en un reportaje en el que relataba sus vivencias a este diario. Tras pasar cinco meses reponiéndose de sus heridas, Rodríguez volvió a la lucha. Al desmoronarse el frente asturiano -que había servido como marinero del destructor «Almirante Antequera»- decidió entregarse a la autoridad militar. Fue sentenciado a muerte por rebelión, aunque finalmente le conmutaron la pena.

De vuelta a Langreo, trabajó como operario de Duro Felguera. Ayer fue enterrado en Pando, tras una vida plena que la guerra no pudo arrebatarle.

M. Á. G.


Publicado en: La Nueva España, 8 de mayo de 2007.
Fuente: Todos los nombres.

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Mariano «el fusiláu», superviviente del paredón

El langreano recibió siete disparos tras ser ajusticiado junto a otros cuatro milicianos, pero salvó la vida al quedar protegido bajo los cadáveres de sus compañeros

Si hubieran nacido unas décadas más tarde, la juventud de Mariano Rodríguez y Marino Fernández habría sido algo más apacible. Sin haber cumplido los 20 años, a estos dos langreanos les tocó lidiar con trincheras, fusiles y bombas de mano. En 1936, la guerra estaba al lado de casa y no había manera de sortearla. Fernández pudo librar la contienda civil sin salir herido, pero Mariano Rodríguez, conocido con el sobrenombre de «el fusiláu», no lo tuvo tan fácil. Este ex trabajador de Duro Felguera fue ajusticiado junto a otros cuatro milicianos en Soto de Luiña. La fortuna quiso que cayera bajo los cadáveres de sus compañeros y que los siete disparos que recibió se alojasen en sus piernas y en su cadera. «Tuve mucha suerte», resume sin alterarse.

«Tuve mucha suerte. Cuando empezaron a dispararnos estaba convencido de que no saldría vivo de aquella casa». El protagonista de tan estremecedor relato -un jubilado casi nonagenario natural de La Felguera- se llama Mariano Rodríguez Fueyo. Sin embargo, para sus amistades y para los habitantes de Soto de Luiña, en Cudillero, siempre será «el fusiláu». Rodríguez salvó la vida por puro azar, tras ser ajusticiado junto a otros cuatro milicianos por tropas nacionales, en agosto de 1936. Protegido bajo los cadáveres de sus compañeros y con siete balas en el cuerpo, este langreano permaneció inmóvil hasta que sus captores, creyéndole muerto, abandonaron el lugar de la ejecución. «No hay que darle vueltas. Fue cuestión de suerte», insiste «el fusiláu».

A Mariano Rodríguez, el levantamiento militar de julio le había sorprendido en su casa de La Felguera. Sólo cinco meses antes, se había alistado en la Marina para servir en el «Almirante Antequera». La estancia a bordo del destructor no se prolongó demasiado. «Dos o tres días antes del golpe, nos dieron permiso a los marineros asturianos. Imagino que los mandos ya estaban al corriente de lo que iba a pasar y querían librarse de nosotros», rememora.

Con 19 años recién cumplidos, este langreano no tuvo dudas sobre lo que debía hacer. «Me puse al lado de la República, que era la bandera que había jurado defender», explica. Rodríguez, marinero en tierra, se recicló como miliciano y fue destinado al frente occidental, para frenar el avance de las columnas gallegas que trataban de levantar el cerco a Oviedo.

Había pasado poco más de un mes y las escaramuzas de hostigamiento por parte de los dos bandos se sucedían sin pausa. En uno de esos enfrentamientos, Rodríguez y otros cuatro milicianos fueron acorralados en una casa por una treintena de soldados nacionales, que les forzaron a rendirse.

Rendición

Desde la casa, les condujeron a un chigre de aldea en San Cosme, cerca de Soto de Luiña. Era mediodía de un 31 de agosto de 1936. «Los cinco estábamos en círculo, unidos con cuerdas a la altura de los codos; también nos maniataron. Al principio, no pensé ni remotamente que nos fueran a ejecutar porque en nuestro bando también se habían hecho prisioneros y nunca les pasó nada», relata Mariano Rodríguez. La situación cambió súbitamente con la llegada de un oficial, que decretó un apresurado fusilamiento ante la presión del contraataque republicano. A partir de ahí, los recuerdos se tornan acelerados y confusos. Una orden seca, algunos gritos y una lluvia de disparos materializaron aquella ejecución improvisada.

Rodríguez recibió siete tiros. Dos de fusil y cinco de pistola, según atestiguan la propia víctima y las huellas de las heridas que, setenta años después, aún recorren sus piernas y su cadera. «Caí bajo mis compañeros y sólo me dieron del tronco para abajo, la parte que había quedado desprotegida. Los otros cuatro milicianos fusilados conmigo murieron; yo estaba convencido de que tampoco saldría vivo de allí».

Con siete balas en el cuerpo, desangrándose y casi sin poder respirar bajo el peso de sus compañeros, Rodríguez mantuvo la suficiente presencia de ánimo para quedarse inmóvil y hacerse el muerto. Poco después, los soldados nacionales se fueron, convencidos de que no había quedado nadie con vida. El miliciano langreano permaneció quieto un tiempo después de haber dejado de escuchar voces. A continuación, empezó a hacer esfuerzos para librarse de sus ataduras.

Combates intensos

Tras soltarse, Rodríguez aún tuvo que permanecer casi diez horas en la casa, exhausto, debido a la gran cantidad de sangre perdida: «Aquella casa era de ésas con la puerta partida y sólo había quedado abierta la parte de abajo. Desde allí veía los combates que se estaban librando fuera, así que no me decidía a salir». Los vecinos tampoco se atrevían a socorrerle. Bien entrada la noche, Rodríguez pudo abandonar su cautiverio y ganar las líneas republicanas gracias a la ayuda de los milicianos, que habían reconquistado el pueblo.

Después de pasar cinco meses hospitalizado reponiéndose de sus heridas, Rodríguez fue reclutado por Higinio Carrocera (también convaleciente) para ser enlace de su brigada. Ocupó ese puesto hasta que se desmoronó el frente asturiano, en octubre de 1937.

Miguel Á. Gutiérrez


Publicado en: La Nueva España, 19 de noviembre de 2006.
Fuente: Todos los nombres.

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sábado, febrero 16, 2008

Un mierense en la III Internacional

Hay una anécdota poco conocida de Manuel Llaneza que me gusta recordar. Ocurrió en 1923, cuando volvía de una convocatoria de Cortes acompañado por su compañero Manuel Cordero; venían hablando de la delicada postura en la que se encontraba el líder sindical tras defender la no integración en la III Internacional y de las acusaciones que se le hacían, incluso desde las filas más leales del socialismo, por haber mantenido una postura demasiado conformista en una entrevista solicitada por el dictador Primo de Rivera. En aquel momento, Llaneza era más partidario de buscar las mejoras en el día a día del trabajo minero que de embarcarse en empresas revolucionarias, y al bajar el Pajares soltó una frase lapidaria: «Desengáñate, mira: primero Mieres y después la Internacional».

Efectivamente, ahí estaba la cuestión: el movimiento obrero de todo el mundo vivía la mayor escisión de su historia con la creación de los partidos comunistas, que desde aquel momento iban a recorrer caminos distintos a los de los socialistas, y en las Cuencas este enfrentamiento se vivía además con la existencia de dos tendencias que dividían a los mineros. Ahora es difícil imaginar la intensidad de aquellos debates en los que participaban trabajadores que apenas sabían leer y que, sin embargo, conocían de memoria los planteamientos de los grandes teóricos del marxismo, y sin embargo así era.

Entre quienes creían al contrario que Manuel Llaneza que la Internacional era más importante que Mieres estaba Jesús Ibáñez, un personaje por el que se pasa de puntillas en la historia de Asturias -estoy seguro que intencionadamente- y que, sin embargo, tuvo una dilatada vida política en la primera mitad del siglo XX. Entre otras cosas participó activamente en la formación de la III Internacional, y aunque sólo sea por la importancia de este episodio merece que lo recordemos.

Las Internacionales surgieron como un intento de unir a los trabajadores de los diferentes países. La Primera se fundó en Londres en 1864 por sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses e italianos republicanos y duró 12 años, hasta 1876; en 1889 se organizó la Segunda, que se mantuvo 25 años y en 1919 se convocó la Tercera por iniciativa del Partido Comunista ruso con el objetivo de superar el capitalismo, establecer la dictadura del proletariado y la República internacional de los soviets, abolir las clases y caminar así hasta una sociedad ideal de paz y libertad.

Fue una idea de Lenin y no resultó como se esperaba, ya que en vez de unir a los obreros los dividió facilitando la llegada del fascismo y el nazismo e incluso, según consideran algunos historiadores, pudo contribuir a provocar la guerra civil española y la posterior guerra mundial.

En diciembre de 1919 la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que entonces simpatizaba con la Revolución rusa, se adhirió a la convocatoria y tuvo que preparar con prisas una representación para enviar a Moscú. El primer español en llegar fue Ángel Pestaña, quien, según parece, causó una buena impresión a Lenin, y en el verano de 1920 ya intervino en las discusiones firmando algunos documentos y manifiestos, pero cuando hacía el viaje de regreso para informar a sus compañeros fue detenido y encarcelado en Milán, entonces el comité nacional del sindicato anarquista, cuyo secretario general era Andrés Nin, decidió reunir un pleno en Cataluña, entre otras cosas, para elegir a quienes debían acompañarle en su misión rusa.

Para despistar a las autoridades, los designados por las regionales fueron llamados a presentarse en Lérida, como si fuese allí donde debía tener lugar la reunión, pero según iban llegando Joaquín Maurín se encargaba de desviarlos a una casa situada en el barrio de la falda de Montjuich, en Barcelona. Por fin, en la mañana del 28 de abril de 1921, empezó el debate con la asistencia de Andrés Nin y Maurín, por Cataluña; el gallego Arenas; Hilario Arlandís, de Valencia; Arturo Parera, de Aragón, y Jesús Ibáñez representando a los asturianos.

Primero se discutió la estrategia del sindicato ante la represión que se estaba sufriendo en aquellos meses y luego se pasó a elegir la delegación de los trabajadores españoles en el III Congreso de la Tercera Internacional, que debía celebrarse en Moscú durante el mes de junio; finalmente fueron escogidos Andrés Nin, Joaquín Maurín, Hilario Arlandís y Jesús Ibáñez, por la CNT, y Gastón Leval, por la denominada Federación de Grupos Anarquistas, que sería el embrión de la FAI. No se crean ustedes que aquello se parecía en algo a uno de los encuentros sindicales que se celebran en la actualidad con desplazamientos en avión, hoteles caros y dietas apetecibles: a los pocos días emprendieron el viaje a Rusia cada uno por su lado, sin dinero y sin pasaporte, confiando en la solidaridad que podían encontrar entre sus compañeros extranjeros.

Hace unos años, escribiendo una serie de biografías mierenses, me encontré con la vida de Jesús Ibáñez, seguramente el más apasionante y olvidado de nuestros personajes. A pesar de que en su momento llegó a ser un escritor de éxito y aún viven algunos de quienes lo conocieron, es muy difícil seguirle el rastro, ya que su evolución -siempre dentro de la izquierda- resulta incómoda para todos los grupos políticos y nadie se atreve a reivindicar su memoria.

Ibáñez fue turonés, aunque la casualidad quiso que su madre, Celedonia Rodríguez, le pariese en el penal de Santoña, mientras visitaba al mítico bandolero Constantino Turón, y pasó su infancia y juventud en Mieres tratando de superar el hambre y la miseria; siendo niño sirvió de lazarillo a un ciego y luego trabajó como carpintero y albañil aprendiendo de los veteranos obreros de la Fábrica todo lo que necesitaba sobre las injusticias y la manera de hacerles frente. En diciembre de 1918, había fundado en Oñón el periódico «La Batalla», con la consigna de defender la dictadura del proletariado y la violencia revolucionaria; entonces militaba en las Juventudes Socialistas, pero su idea ya estaba más próxima a los métodos de acción de los anarquistas y los bolcheviques rusos. Dos años más tarde, volvió a la carga con «La Dictadura», un quincenal que se publicaba también en la villa del Caudal con tirada de mil ejemplares donde propugnaba la creación de un Partido Comunista en España.

Cuando llegó a Moscú como delegado para la III Internacional pertenecía al minoritario sindicato de la construcción de la CNT de Mieres y ya había pasado por varias cárceles españolas, aunque aún le quedaban las portuguesas, alemanas y belgas e, incluso, las rusas, adonde le llevó la Policía de Stalin bajo la acusación de simpatizar con el troskismo. En la Unión Soviética Jesús Ibáñez trabajó como funcionario de la Internacional y secretario de Andrés Nin, al tiempo que defendía en Asturias la unidad con la UGT junto a los anarquistas gijoneses Eleuterio Quintanilla y José María Martínez.

No pudo ser y, finalmente, el 18 de noviembre de 1922 las secciones escindidas del SOMA se reunieron en el Centro Obrero de La Felguera y, después de deliberar dos fines de semana, los obreros anarquistas y comunistas aprobaron el informe presentado por Ibáñez en nombre de la Internacional Sindical Roja (ISR); así nació una nueva organización, el Sindicato Único de Mineros de Asturias (SUM), con 25 secciones y 1.752 afiliados en las Cuencas. Su comité ejecutivo se estableció en Mieres -el feudo de Llaneza- y estaba compuesto por Jesús Rodríguez (presidente), José Prieto (vicepresidente), Benjamín Escobar (secretario), Críspulo Gutiérrez (vicesecretario) y Jesús Huelga (tesorero).

Jesús Ibáñez participó activamente en la Revolución de Octubre y en la guerra civil y siempre estuvo en el bando de los perdedores, incluso en las rencillas con sus propios compañeros; después de la guerra civil, marchó al exilio mexicano, donde falleció tras haber dedicado sus últimos años a la literatura, pero no intenten ustedes encontrar su obra en España, es imposible. Tampoco figura su nombre en ninguna calle de los ayuntamientos regidos por los socialistas ni en el listado de fundadores del PCE, a pesar de que su implantación en Asturias fue en gran medida obra suya, pero ya saben... la historia, como la hacemos los hombres, es el reflejo de nuestros complejos.

Ernesto Burgos


Publicado en: La Nueva España, 11 de diciembre de 2007.
Fuente: Fundación Andreu Nin.

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domingo, noviembre 18, 2007

Delfino Suárez

Un hito para la esperanza

Los familiares de Delfino Suárez, natural de Piñeres de Aller y asesinado en la posguerra, lograron dar con su paradero tras varios años de búsqueda

La historia de Delfino Suárez es similar a la de otros muchos españoles que murieron asesinados durante la Guerra Civil y en los primeros años de la posguerra por defender sus ideales. Pero la diferencia, en la mayoría de los casos y en éste en concreto, es que sus familiares nunca conocieron a ciencia cierta cómo se dieron los hechos. Esa información se ha perdido en el tiempo, ya sea olvidada en los muchos archivos que existen en el país o en las mentes de aquellos que lo vivieron en primera persona y que ahora no pueden contarlo.

Delfino Suárez era minero, comunista y luchó en el ejército republicano como teniente del Bon 241 hasta el mes de setiembre de 1937, cuando fue destinado al Bon 237.

«Con la caída de Asturias el 21 de octubre de 1937, Delfino, junto a su hermano Ramón y otros compañeros, participó en una guerrilla que operaba en los montes de Aller. Pero tras una emboscada dirigida por falangistas en la que fueron asesinados dos de sus miembros, el grupo se deshizo y aquellos que tuvieron la suerte de salvarse se diseminaron y ocultaron en las montañas, entre ellos Delfino». Así lo narra su nieta, Carmen Suárez, quien comenzó a buscar a su abuelo en el año 2002 y ahora, cinco años después, ha conseguido encontrar su fosa, que se hallaba en los montes de Valdeón (León), justo en el lugar en el que había sido asesinado y en un espacio casi inaccesible.

Archivos militares

Pero la búsqueda no ha sido fácil. Carmen encontró a su abuelo a fuerza de revisar archivos militares y contrastar esos datos obtenidos con testimonios reales de aquellos que lo vivieron de cerca, una dura tarea que sólo se consigue con mucho empeño y esfuerzo, «pero la recompensa merece la pena, porque yo estaba totalmente engañada sobre la vida de mi abuelo».

Y es que Delfino, según cuenta su nieta, no estaba sólo en ese último viaje, «le acompaña Argentina Rodríguez Trapiella, de 24 años y vecina de Piñeres, que también estaba perseguida por haber colaborado en el economato del Comité de Abastos de Piñeres».

La historia sigue cuando estas dos personas consiguieron llegar al Puerto de Jover en su intento de escapar a Francia. «Allí se encontraba un pastor que no les prestó ayuda y les sugirió que continuasen camino hasta el puerto de Dobres. Cuando se fueron, el pastor bajó a Posada de Valdeón a avisar a los falangistas de que dos huídos estaban en la zona», relata la nieta.

Fatídico final

El fatídico final de Delfino tuvo lugar al amanecer, cuando fueron sorprendidos por veinte falangistas armados. Carmen explica que su abuelo «escapó monte abajo y, tras una larga persecución, un disparo le alcanzó en el cuello; después fue rematado a culatazos».

Sin duda lo que más sorprende es la claridad de la historia, que incluso podría llegar a gozar de más exactitud, algo que no se concibe después de casi setenta años, pero que ofrece una luz de esperanza a aquellas familias que nada saben del paradero de sus antepasados y que, posiblemente, se encuentren enterrados en una de las muchas fosas comunes que existen por todo el país.

Dignificar las tumbas

Este hecho también fue reseñado por la nieta de Delfino Suárez, quien abogó por dignificar las tumbas originales de estas personas en lugar de trasladar los restos. Así, la asociación Pozo Grajero instaló el pasado día 7 en los montes de Valdeón dos placas que recordaban a estas dos víctimas del franquismo. En el acto también colaboraron miembros de asociaciones de memoria histórica de Asturias, como Frente Norte y Todos los Nombres, y Aerle y Foro por la Memoria, ubicadas en León.

'Todos los nombres' recupera de la memoria el pasado de 13.000 personas

El proyecto 'Todos los Nombres de Asturias', -www.todoslosnombres.es-, puesto en marcha en enero de 2006 por la Asociación Todos los Nombres de Asturias y el Grupo de Investigación Frente Norte, cuenta actualmente con 13.000 nombres de republicanos y republicanas muertos en Asturias durante la Guerra Civil y posguerra, así como de asturianos fallecidos fuera de la región en su lucha contra el fascismo. Además de los nombres, el proyecto también indaga en el pasado de estas personas, gracias a un destacable trabajo de investigación.

Este proyecto es fruto del trabajo llevado a cabo durante años por miembros de estos dos colectivos, con la colaboración de otras agrupaciones y asociaciones nacionales e internacionales, cuya ayuda ha sido inestimable. Asimismo, la iniciativa ha servido para que numerosas familias hayan podido conocer un poco más sobre el trágico final de sus antecesores.

Julio Vivas


Publicado en: El Comercio, 14 de octubre de 2007.
Fuente: El Comercio.

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domingo, septiembre 23, 2007

Jaime Machicado



El gijonés del batallón

Jaime Machicado Llorente puede ser el único asturiano enterrado entre los 15 cuerpos que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera encontrar en la fosa común de Grandas de Salime.

Luchó por una causa y su nombre sale ahora a la luz con letras mayúsculas. Era Jaime Machicado Llorente, nacido en Ribadesella en 1909 pero vecino de Gijón y miembro destacado de CNT y FAI. Su cuerpo ha permanecido sepultado durante setenta años, se cree ahora que en la fosa común de Grandas, pero ni siquiera la tierra ha logrado borrar la historia de este asturiano.

El liderazgo le llegó a este gijonés de forma temprana. Su historia la personal y política la cuenta con datos precisos el presidente del Proyecto Todos los Nombres de Asturias, Luis Miguel Gómez González, que colabora como investigador con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Cuenta que la persona de Machicado ya era valorada antes de la guerra civil, pero que su presencia se hizo aún más notable cuando en 1937 y por petición de FAI fue nombrado comisario político del Batallón Galicia. Su rango era equiparable al del comandante Moreno, el último de los enterrados en la fosa de Grandas.

Pero más allá de su implicación política, Luis Miguel Gómez González también habla de su persona. Una buena parte del Batallón Galicia pudo salir por mar, pero él se negó. "Dijo que iba a correr la misma suerte que sus hombres". Así que el gijonés, que regresó a la ciudad para despedirse de una hermana suya, le explicó que iba a intentar salir por tierra. Sus hombres, a los que no quiso abandonar, le esperaban en Morcín. Era octubre de 1937 y la guerra la tenían perdida en el norte.

El plan, sin barcos disponibles en el puerto, consistía ahora en alcanzar a pie La Coruña con la esperanza de poder fletar allí un barco con el que alcanzar la costa francesa. En ese grupo de 15 personas que logró superar el Alto de El Acebo, en Grandas de Salime, se supone que caminaba Jaime Machicado Llorente. No pudieron avanzar mucho más, poco después serían asesinados tras ser localizados por los falangistas. El asturiano dejaba atrás a su mujer, Isabel Monte Cajigal, con quien tuvo un hijo también llamado Jaime.

El final de esta historia abre ahora otro capítulo con la exhumación emprendida por la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica en territorio asturiano. En la investigación han podido localizar a parte de su familia, una nuera y dos nietas. Una de ellas está previsto que visite hoy mismo el lugar donde fue enterrado su abuelo. Llegará, como ayer también lo hizo Germán Fernández, un gallego de Noia que apenas podía contener la emoción al pensar que su padre podría estar sepultado en el lugar. Es hijo de Maximino Martínez, ayudante del comandante Moreno, aunque ni siquiera pudo llegar a conocer a su progenitor. Cuando se marchó él, que nació el 2 de marzo de 1936, apenas tenía tres meses de vida. Reconoce que siente dolor al encontrarse en el lugar porque "hay heridas que nunca cicatrizan" y sobre todo le tortura "pensar cuánto pudo haber sufrido" Sin embargo, saber el paradero de su padre le da cierta "tranquilidad", al mismo tiempo que sentirá una "decepción" no encontrarlo en el lugar. Quiere saber lo que no supo nunca y no le gustaría esperar más tiempo para hacerlo.

Paula Díaz


Publicado en: La Voz de Asturias, 12 de agosto de 2007.
Fuente: La Voz de Asturias.

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domingo, agosto 19, 2007

Mis memorias (primera parte)

Aquilino Moral es una figura muy importante del movimiento obrero asturiano, cuya historia a lo largo del siglo veinte está estrechamente unida a su vida. Aquilino fue un gran dirigente histórico de la CNT, a la cual perteneció hasta su muerte. También estuvo vinculado al Bloque Obrero y Campesino y al POUM, con el mantuvo una importante colaboración durante la dictadura franquista. Para la Fundación Andreu Nin es un gran honor poder publicar estas memorias como forma de rendirle un merecido homenaje.

El texto de Aquilino tiene la forma y la naturalidad propia de un obrero autodidacta. La actual edición digital mantiene la vivacidad expresiva del autor, habiendo efectuado las correcciones estilísticas que se han considerado imprescindibles para facilitar su lectura, sin afectar a su contenido y sin que se perdiera, en ningún momento, su tono original. Las modificaciones introducidas por el editor aparecen entre corchetes. También se han incluido algunos títulos adicionales respecto de fragmentos de las memorias.



Mi nombre es Aquilino Moral Menéndez, nací en La Felguera, concejo de Langreo (Asturias), el día 5 de agosto de 1893. Mi padre era de Aramil, en el concejo de Siero, el cual de muy joven tuvo que salir del pueblo que le vio nacer, para ganarse el pan de cada día. Se colocó desde el primer momento en la Sección Fábricas de Duro Felguera, donde ganó desde once reales hasta siete pesetas, cantidad esta última que le pagaban en el año 1920, cuando falleció a la edad de 66 años. En la fabrica citada conoció a mi madre, que era natural de Lada, pueblo éste próximo a la Felguera, con la cual contrajo matrimonio, de cuya unión nacieron cinco hijos; yo [fui] el último de ellos.

Me quedé sin madre cuando contaba solamente cuatro años, pero mi padre se casó por segunda vez y, en menos de un año, quedó nuevamente viudo. Cuando se casó por tercera vez, yo aún tenía seis años. De este tercer matrimonio nacieron dos hijas. Una de ellas, cuando tenía cinco años, murió carbonizada con el fuego de la cocina del hogar familiar; y la otra murió en Rusia en el año 1972, país para el cual se evacuó en el año 1939 para liberarse del fascismo que en la citada fecha se apoderó de España. De las dos hijas de mi madre natural, la que aún vive sufrió duras consecuencias de la guerra civil española, pues, en los primeros momentos de la lucha, los fascistas le asesinaron un hijo, alegando para justificar tal fechoría que aquel, en la escuela donde era maestro, obligaba a sus alumnos a cantar la Internacional.

Cuando nació mi última hermana, hija de mi tercera madre, en el año 1901, mi padre tenía un jornal diario [por] doce horas de trabajo, de tres pesetas y cincuenta céntimos. Dicho salario tenía que hacer frente a las necesidades de un matrimonio con cuatro hijos que además tenía que abonar una renta para la vivienda. Ante tal apurada situación, por semejante miseria, un aumento de los ingresos era vital; y así mi hermana primera, después de algunas gestiones de mi padre, logró conseguir colocación, en el lavadero de carbón de la mina "El Fondón", y la segunda se colocó de sirvienta en casa de unos familiares de mi tercera madre. Al disponer del sueldo de las dos hermanas mayores, yo pude ir a la escuela (tenía ocho años) y ello sucedió durante un corto tiempo. Dicha escuela era gratuita, lo cual hizo [posible] mi incorporación a ella, el no pagar era debido a que para la instalación había estado pagando mi padre, al igual que los demás obreros de Duro-Felguera, veinticinco céntimos mensuales, los cuales eran descontados en taquilla el día de la paga, en las oficinas de la citada empresa. Sociedad ésta que fue quien patrocinó la labor escolar que era y sigue siendo regentada por los religiosos de la orden de La Salle. Recién inaugurado el referido colegio, tuve la ocasión de presenciar la visita que al mismo hizo el rey Alfonso XIII que estaba [...] recién casado con Victoria Eugenia.

El periodo escolar fue para mi muy corto. El mísero jornal que ganaba mi padre obligó a que yo tuviera que dedicarme a alguna actividad con la cual se pudiera reunir algún ingreso que sirviera de ayuda al exiguo salario de mi padre, [...] [a] la edad de 10 años. Primero me dediqué a "rebuscar" carbón en las escombreras de las minas y también en el río donde desembocaban las aguas de los lavaderos que siempre tenían algunas pérdidas aprovechables. Vendía los 50 kilos del negro mineral, a una peseta cincuenta céntimos, por cuyo beneficio los más de los días estaba desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. En aquellos tiempos la jornada de los obreros del exterior de las minas era en tiempo de verano de 12 horas, la de los del interior de la mina de l0 horas. Para los primeros el jornal era de 3,25, [para] los del interior era de más de 5 pesetas.

Cuando yo tenía 12 años de edad, empecé a trabajar en obras particulares, asistiendo albañiles. El primer sueldo que me pagaron por tal servicio fue de 0,75 por jornada de 12 horas. Tan mal trato fue el que recibí en la asistencia a albañiles que mi aversión al ramo de la construcción siempre fue grande. Cuando tenia 15 años de edad, mi padre que ya hacia 30 años que trabajaba en fábricas de Duro-Felguera consiguió colocarme en dicha factoría, siendo 2 pesetas el sueldo que me pagaron durante dos años por una jornada de 12 horas diarias, el trabajo era a turnos y cada quince días se hacia una doble, entrando a las seis de la mañana de domingo para salir a las seis de la mañana del lunes con cuatro pesetas ganadas.

Cuando empecé a interesarme por la cuestión social

Ya en los primeros momentos de mi ingreso en la fábrica mencionada cuando ví en los días de paga, y [en los días siguientes] a tal fecha, dar unos recibos cuyo importe [...] era de 0,60 céntimos pronto pregunté el objeto que tales documentos tenia y [...] pedí que se me hiciera socio, [la] cuota para mi era de 0,30 céntimos mensuales; [...] la entidad era Sociedad "La Justicia".

La prensa obrera más conocida en la fecha [...] era la “Aurora Social”, órgano de la Federación Socialista Asturiana la cual se editaba en Oviedo y “Acción Libertaria” que aparecía semanalmente en Gijón, (...) que era hecha por un grupo de elementos ácratas, siendo los más destacados (...) Eleuterio Quintanilla, Pedro Sierra y Marcelino Suárez. La lectura de los mencionados periódicos sirvió para que pronto me iniciara en la lucha por el progreso y la libertad.

La organización obrera felguerina, desde su constitución el año 1900 hasta el año 1917 estuvo constituida a base de sociedades de oficio y hasta el año 1911, estuvo bastante influenciada por elementos republicanos. En el año 1911 se avecinó en La Felguera José María Martínez, quien hubo de marchar de Gijón por un suceso ocurrido con motivo de una huelga. El citado elemento pronto consiguió (...) que aumentara la influencia del anarcosindicalismo en el movimiento obrero felguerino. Los republicanos cuando estaban en los puestos directivos del Centro Obrero "La Justicia" ponían todos los inconvenientes que podían a la propaganda anarcosindicalista. Un día en el año 1911, después de una asamblea muy reñida por la defensa de un compañero que la dirección de la Duro había [...]despedido del trabajo; unos cuantos compañeros de los que entendían que era necesaria la creación de un grupo específico que se encargara de orientar el movimiento obrero en sentido anti-republicano, trataron de celebrar una reunión con tal objeto en el local social y no [...] les fue permitido. Por indicación de José María Martínez, nos fuimos un centenar de compañeros [...] a un prado en un lugar que llaman Ladreo y allí bajo la luz de las estrellas (ya eran las once de la noche) discutimos ampliamente sobre la necesidad del grupo específico, terminando con el acuerdo de crear un Grupo Sindicalista el cual a las pocas semanas contaba con un número grande de adheridos. Las charlas que el Grupo Sindicalista organizaba con frecuencia a base de elementos preparados como José Maria Martínez, Jesús Rodríguez y otros, influyeron bastante en mi preparación y cuando tenía 16 años de edad ya aceptaba el tomar parte en comisiones que tuvieran por objeto el resolver asuntos que afectaran al mejoramiento de la situación de los trabajadores. En la edad señalada, la primera vez que tomé parte en una reunión en la cual se ventilaba un asunto de mejora salarial fue para reclamar una prima, que se les daba a una parte de los trabajadores del departamento, taller de hornos altos, y nos dejaban sin ese beneficio a otra parte del mismo servicio. De mi intervención en la asamblea para la finalidad citada pronto tuvo conocimiento el jefe del departamento de hornos altos, [a] quien tan mal le sentó lo expuesto por mí que el día siguiente de la asamblea no ocultó su desagrado delante de mi padre, que era maestro en el horno, a quien le manifestó que "el Centro obrero no debía de tomar en consideración las opiniones de jóvenes como yo".

Mi actividad sindical e ideológica se redobla a partir del año de 1912

En agosto de 1912 surgió una huelga en Sección Fábricas de Duro-Felguera [que] tuvo de duración 6 meses, terminando con la derrota de los trabajadores. Al salir la empresa triunfante, la dirección no se conformó solo con no dar nada de las peticiones que habían motivado el conflicto sino que para la reanudación del trabajo en la industria eligió entre los trabajadores que se habían declarado en rebeldía igual que de si fruta se tratara, fue una selección espantosa la que los Urquijo y compañía hicieron en nombre de dios, a quien iban adorar diariamente a la iglesia.

Yo fui uno de los señalados para la selección. Muchos de los represaliados se fueron a otros lugares en busca del pan de cada día (algunos al extranjero) y los que quedamos en La Felguera en su mayor parte no hemos tenido mas remedio que ir a trabajar a la mina, trabajo que nos era completamente desconocido. Yo estuve durante siete años trabajando en el interior de la mina con nombre supuesto, pues el grupo minero donde conseguí el trabajo pertenecía a Duro- Felguera y como la dirección de ésta se había formado el propósito de sitiar por hambre a quienes habían sido seleccionados de fábricas por la huelga de 1912, tenía dadas ordenes para que se rechazara nuestra solicitud.

Al ser obrero de minas era lógico el que ingresara en "El Despertar del Minero", organización sindical que había sido creada en el año 1906, en la que figuraron como dirigentes en sus primeros tiempos Belarmino Tomás, Ovidio Montes, Frutuoso Rebolledo, Baldomero García, José Bárzana y José Ramón Fernández, y ella era orientada con arreglo a los principios de mi ideología pues [en] el Sindicato Minero Asturiano, que fue organizado posteriormente a "El Despertar", tenían predominio los elementos socialistas. Después del año 1912 "El Despertar del Minero" existió durante corto tiempo, pues la oposición de los pertenecientes al Sindicato dirigido por Manuel Llaneza, cuyo organismo contaba en su seno con una [gran] mayoría de los trabajadores de las minas, nos obligó a dejar aquel inactivo, ya que incluso se llegó hasta el extremo de hacer huelgas en algunos grupos mineros por parte de los pertenecientes al Sindicato socialista pidiendo el que no se nos dejara trabajar si no accediamos a ingresar en el Sindicato que estaba adherido a la UGT. Ante la imposición de la fuerza tuvimos que rendirnos y (...) contra nuestra voluntad estuvimos hasta el año 1915, fecha en que los dirigentes del Sindicato Minero Asturiano hicieron una petición a la Patronal Minera consistente en que ésta diera para el Sindicato 25 céntimos por cada tonelada de carbón que se arrancara. El que los mineros se vieran privados de una mejora salarial que buena falta les hacía para hacer frente al costo de la vida, provocó un gran descontento que nosotros aprovechamos para hacer un manifiesto muy bien razonado, poniendo a la terminación del mismo una convocatoria en la que se invitaba a los obreros mineros a una asamblea, que tuvo lugar en el Centro Obrero "La Justicia", en donde después de una amplia y razonada discusión se procedió al nombramiento de un Comité provisional que se encargara de la redacción de unos estatutos por los cuales se regiría el nuevo Sindicato Minero cuyo título [...] era: “El Porvenir Social”. En los primeros momentos [tuvimos]un éxito en la creación del nuevo organismo, pero a medida que se producía el olvido –en [aquellos cuyo]descontento lo había motivado única y exclusivamente los céntimos que los elementos socialistas les habían llevado para beneficio de sus intereses de partido-, los adheridos a “El Porvenir Social” fueron disminuyendo hasta llegar a una situación en que el continuar con la escisión podía ponernos en las condiciones en que hubiéramos estado cuando tuvimos que disolver ”El Despertar del Minero”. En ataques contra nosotros no faltaron los socialistas que no eran del Sindicato Minero pero sí beneficiados con los 25 céntimos de cada tonelada de carbón (fue cuando compraron la imprenta donde se llegó a hacer “Avance” y que ello se decía propiedad del partido), llegando hasta presentarnos como aliados de los elementos reaccionarios, justificando tal acusación por haber sido imprimido el manifiesto de que hice mención, en la imprenta donde se editaba el periódica de derecha “El Pueblo Astur”, hecho que sucedió así porque en el citado diario trabajaba como maquinista de la rotativa un compañero nuestro.

Con la derrota sufrida por los metalúrgicos de Duro-Felguera en [...] 1912 quedó la organización obrera felguerina bastante quebrantada, pues era la citada factoría la que antes de la huelga daba la totalidad de los trabajadores organizados. A pesar de suceder lo que dejo señalado, [...]los anotados por los representantes de la Duro como indeseables y que [quedamos] en la Felguera mantuvimos el fuego sagrado de la lucha, no olvidando ni un solo momento a aquellos que la habían traicionado. Para que los traidores no fueran olvidados y en tiempo oportuno llevaran el pago merecido, todos los años al llegar las fiestas de San Pedro hacíamos un manifiesto en el que recordábamos la lucha sufrida y se señalaban los nombres de los individuos que habían sido esquiroles en la huelga que tuvo 6 meses de duración. Hubo un tiempo en que eran varios los compañeros que había con la preparación que era necesaria para redactar el manifiesto, pero llegó el momento de que aquellos se fueron para otras localidades por razones de mejor situación y me quedó a mi la misión de tal labor.

Fue el año 1915 cuando yo redacté el manifiesto en cuestión, me costó bastante trabajo el redactarlo pero, aunque algo deficiente, el manifiesto salió y yo mismo me encargué del reparto en una gran parte de la villa felguerina sin dejar de hacerlo en uno de los bares de los que tenían el boicot, del cual tuve que salir al instante para no ser linchado por los esquiroles que allí se encontraban. La imprenta donde se hizo el manifiesto estaba instalada en un lugar de la calle Dorado de Sama de Langreo y la máquina donde fue tirado tenia que ser movida por una manivela, labor en la cual tuve que participar si [quería] que el manifiesto saliera [en] la fecha con la oportunidad precisa, ya que el impresor era un hombre de una edad a la que no se le podía pedir un gran rendimiento. El referido tipógrafo, que respondía al nombre de Gaspar Betegón, como su condición de ventajista no tenía en la Confederación campo apropiado, llegó a ser un anti-cenetista cien por cien, condición que le sirvió para que a pesar de su situación de patrono le dieran el ingreso en una organización que decía ser anti-capitalista.

Motivo de mi primer encarcelamiento

En el año 1915 en una reunión del Grupo Sindicalista fui nombrado corresponsal del semanario “La Voz del Obrero” que salía en La Coruña como órgano de la organización afecta a la Confederación Nacional del Trabajo en la región galaica. Mi misión era distribuir entre los militantes los 90 ejemplares que traía el paquete, recoger el dinero [del] importe de los mismos y enviarlo a La Coruña. De la cuestión literaria estaba encargado un compañero muy bien preparado llamado Jesús Rodríguez, que creo haya fallecido en Mendoza (Argentina). Un día además del paquete de “La Voz del Obrero” llegó otro paquete hecho con otro formato que [me llamó] la atención al recogerlo en correos, viendo una vez quitado la envoltura escasa que era un manifiesto de gran tamaño, lo leí y su contenido me llenó de gran satisfacción porque [...] ya desde muy joven no [simpaticé] nunca [con] el militarismo; era un documento anti-militarista que estaba muy bien razonado. Sin detenerme nada, del paquete recibido hice unos cuantos paquetes chicos y me fui con ellos a casa del conserje del Centro Obrero (este estaba clausurado) y a uno de los hijos de aquel le entregué los paquetes con el ruego de que el los distribuyera entre sus amigos y ambos los repartieron por la villa felguerina. El manifiesto fue repartido profusamente pero no dejó de enterarse la guardia civil, [que], al instante, pudieron conseguir de los chicos que quien les había dado los manifiestos fue Aquilino Moral. El mismo día en que fue repartido el manifiesto a las dos de la mañana se presentaron tres guardias en el domicilio de mis padres, [...] en el cual yo residía y, después de un registro en la casa que duró mas de una hora, me mandaron que les acompañara. Estaba una noche malísima, caía nieve en cantidad y el frío era intenso. Mi pobre padre que creía que su avanzada edad y lo tempestuoso de la noche serviría para ablandar el corazón de los guardias y [que] estos me dejarían libre, caminó detrás de mi dando lugar a que uno de ellos le dijera: "váyase usted para casa que nosotros solos nos bastamos llevar a su hijo". No les hizo caso y se fue hasta el Ayuntamiento en cuyos calabozos del mismo fui encerrado. Mi padre permaneció debajo de los arcos de la casa consistorial y una vez llegado el día fue a ver a un familiar [del] que sabia de su amistad con el alcalde, persona que podía hacer algo en mi favor. La situación no era de mando del poder civil, pues estaban suspendidas las garantías constitucionales en España y el poder de la plaza estaba en manos de un comandante del ejército. A pesar de la situación, el familiar en cuestión visitó al alcalde y éste fue a ver al comandante militar, el cual tenía a la vista en su mesa el manifiesto. A la petición de la primera autoridad civil del concejo pidiéndole que me disculpara por mi corta edad, el comandante contestó que el delito era para ser fusilado y más en esta situación en que están suspendidas las garantías constitucionales en el país.

Confieso que [había] realizado un acto propio de un ingenuo. Primero por haber hecho circular un manifiesto de tal calidad en momentos en que el poder central tenía declarado el país en situación de alarma -por el descontento que se venía manifestando en las Juntas Militares de Defensa, cuya cabeza mas visible [...] era el coronel Márquez-, y al haber dado el manifiesto para su reparto a unos muchachos de muy corta edad. A pesar de la "gravedad" recobré la libertad a las veinticuatro horas de ser detenido.

Tal recuerdo me ha quedado del hecho que he citado que, en una ocasión, un amigo que residía en la capital de Lugo me invitó a su casa y al estar en el citado lugar me dio la idea de ir a La Coruña solo por ver si podía encontrarme en [un] lugar para mi inolvidable. Lo he conseguido, y una vez estando en una larga calle de La Coruña pregunté a un guardia municipal por la calle Socorro, contestándome aquel que ya no existía tal calle y a continuación me dio el nombre que tenia actualmente la calle por la que yo preguntaba, caminé y cuando me pareció pregunté a un joven por la calle cuyo nombre me dio el guardia y le dije que necesitaba ver el numero tres, llegamos al lugar por mi deseado y me dice el joven este es el número que no cambiaron de cuando era calle Socorro. Le pregunté al joven que si sabia por quien estaba ocupado el edificio donde estaba el número 3 y me contestó que por Falange y que antes de la guerra civil el piso lo ocupaban los sindicatos de los trabajadores y que en el bajo había una imprenta en la que se hacia un periódico llamado “Solidaridad Obrera”. Le di las gracias al joven, de quien marché agradecido por haberme ayudado a saber el lugar de donde salió lo que motivó mi primer encarcelamiento. Le di las gracias a quien me había servido de guía y allí estuve como media hora contemplando aquella casa y recordando a José Villaverde, Jesús Arenas, Juan No, Constancio Romeo, y muchos otros que entre aquellas paredes [habían] trabajado por la libertad y hoy estaban en poder de quienes llevaron a España al retroceso de unos cuantos cientos de años.

La primera vez que escribí en un periódico

Los socialistas que después de la huelga de 1912- en la que diré de paso, no se han portado nada bien en lo que respecta a la solidaridad- ponían gran empeño en conseguir en La Felguera adeptos para su causa creyendo que la derrota sufrida en la heroica lucha de seis meses que llevaría a los trabajadores felguerinos a cambiar la táctica, "equivocada", según la juzgaban los discípulos de Pablo Iglesias, por la preconizada por los caballeristas. Con el fin de conseguir su objetivo, un día del año 1916 la media docena de simpatizantes con que contaba la UGT en La Felguera se les ocurre organizar un mitin que habría de celebrarse en un lugar céntrico de la citada localidad. Los trabajadores felguerinos que en su gran mayoría nunca dejaban de acudir a los actos que se celebraran de propaganda social, pronto llenaron el amplio local donde tendría lugar el acto.

Eran tres los oradores señalados para hacer uso de la palabra, dos de, ellos hablaron sin tener la menor interrupción pero al comenzar Wenceslao Carrillo (padre de Santiago Carrillo), su peroración, [...] elemento [que] no decía en los actos donde tomaba parte cuatro palabras que no fuera molestando a los de ideología contraria a la suya, surgió un griterío que no cesó hasta que el presidente del acto dio por terminado aquel. Alguien de los que interrumpieron no se conformó [con] que Wenceslao Carrillo no hablara, sino que al salir aquel por la puerta del local donde se hubiera organizado el mitin le dio una patada. Como yo estaba cerca de donde Wenceslao Carrillo sufrió la agresión, tal vez aquel me confundió y cuando los periodistas en Gijón le hicieron preguntas sobre el incidente de La Felguera, Carrillo contestó: "todo podía tener disculpa menos la agresión de que fui victima, a cuyo extremo llegó el sindicalista Aquilino Moral". De los tres periódicos que por aquel entonces aparecían en la villa de Jovellanos solo "El Comercio" publicó lo dicho por Carrillo a cuya falsa acusación contesté, pidiendo en nota aparte al director del periódico el que mi defensa fuera publicada en el lugar destacado en que fue publicada la falsa acusación. Mi petición fue cumplida y la opinión asturiana quedó enterada de que yo, ni en los principios de mi juventud, padecí el error de querer ventilar con el procedimiento de la violencia la diferencia ideológica que hemos heredado de Carlos Marx y Miguel Bakunin.

La primera guerra mundial y la opinión de los anarquistas

Cuando surgió la primera guerra mundial en el año 1914 [...] dio lugar a que en el campo anarquista se manifestaran dos opiniones diferentes, yo a pesar de estar en periodo de iniciación en la lucha social, después de ver expuestas las opiniones de los del grupo “Tierra y Libertad” que se editaba en Barcelona, y que era el de lucha contra toda guerra que no fuera la social, y la de la fracción de Kropotkin, Malato, Juan Grave, Ricardo Mella, Eleuterio Quintanilla y otros mas, pronto di mi adhesión a la opinión de los últimos porque vi que en efecto estaba justificada la simpatía kropotkinista por la causa de los aliados que representaban la libertad y el progreso que las botas de los germanos querían pisar de forma que no resucitara más. Si, no participaba de la opinión de los anarquistas que aplaudieron a un tal Vicente García quien desde su residencia de Londres llamó traidor a Pedro Kropotkin por entender éste que había que reformarse si no se quería perecer. También he condenado la acusación que se hizo contra el anarquismo en general por la postura de aquél contra toda clase de guerras hechas por regímenes capitalistas. Y se llegó a la calumnia contra quienes he juzgado equivocados, porque los elementos al ver la postura de una parte del anarquismo español creyeron, llegado el momento, de mandar a España un equipo de su numerosa banda de espionaje que hicieron por conseguir de los elementos más destacados del anarcosindicalismo catalán, el que éstos aceptaran grandes cantidades de dinero que les permitiera la publicación de revistas y periódicos, cuyo objetivo [...] fuera el de hacer campaña antiguerrera para que España mantuviera su neutralidad, ya que los alemanes estaban convencidos de que nuestro país no intervendría en la lucha a favor de ellos. Con tal fin, elementos del espionaje se entrevistaron de forma separada o bien sea, un día con uno y otro día con otro, con Ángel Pestaña, Salvador Seguí, Francisco Miranda, José Negre, Francisco Jordán, José Rueda López y otros más; este último y Francisco Jordán, qué era por aquel entonces secretario del Comité Nacional de la CNT, asintieron favorablemente a la propuesta de los del espionaje y cuando lo presentaron en la Organización fue puesto al margen de la misma y si bien Jordán llegó a ser reivindicado (cuando los del "Libre" lo asesinaron ya estaba de nuevo en la secretaria de la Confederación) Rueda López quedó expulsado y nunca más figuró en los medios confederales. Los demás elementos señalados todos dieron el no a la propuesta de los germanos. Todos silenciaron lo de la propuesta que se les hizo menos Salvador Seguí, que al día siguiente de la visita publicó en “Solidaridad Obrera” un articulo cuyo titulo del mismo era: “Una entrevista con el diablo” y en el cual señalaba, con todo detalle, el objetivo que perseguía el espionaje alemán que pululaba por las calles de la ciudad condal.

Por motivos de la opinión antiguerrera siguió la campaña de descrédito del anarquismo y en el año 1916 un periódico cuyo titulo era "El Parlamentario", el cual se editaba en Madrid, publicó una serie de artículos firmados por un tal Pascual en los cuales afirmaba que "el anarquismo español estaba al servicio del espionaje alemán". En esa ocasión tampoco los anarquistas se quedaron en silencio. Un día los grupos específicos de Barcelona se reúnen y nombran a uno de los reunidos para que vaya a Madrid a pedir al director del periódico “El Parlamentario” que demuestre las acusaciones que contra el anarquismo venía haciendo el diario por él dirigido. El director en cuestión contestó que quien hizo los artículos a que se refería el visitante, que era un joven que en aquel momento no se encontraba en la redacción. Ricardo Fornell, que era el delegado a quien confiaron tal misión los grupos anarquistas de Barcelona, [al] director del periódico ya señalado le propuso [...] la organización de un acto público donde hablara el acusador y la representación de los acusados. La propuesta fue aceptada por el director y éste quedó encargado de la organización del acto, señalando al mismo tiempo la fecha del mismo. Cuando Fornell se presentó el día indicado por la redacción del “Parlamentario” el director de éste dijo a Fornell que el joven autor de los artículos en que se acusaba al anarquismo de estar al servicio del espionaje alemán [...] se fue para el extranjero, contestación de la que Fornell sacó la consecuencia de que el autor de los artículos injuriosos fue el mismo que dirigía el periódico donde aparecieron. No se puede dudar de que [...] ha favorecido al crédito del anarquismo español la contestación que dieron en Barcelona los visitados por los del espionaje alemán y el resultado tenido con motivo de las acusaciones del periódico “El Parlamento”, cuyo director se negó a sostener las acusaciones en un acto público al que se le invitó.

[Una protesta contra la subida del pan]

Un día del mes de septiembre de 1914, la Patronal de Industriales de Langreo da una nota a la prensa en la que hace saber que para determinada fecha aumentarían cinco céntimos en el kilo de pan. Ante tal noticia la Federación Local de Sociedades Obreras de La Felguera convoca a una asamblea magna en el Centro Obrero "La Justicia",que antes de la hora señalada para la reunión estaba el amplio local lleno de ciudadanos deseosos de tomar parte en las deliberaciones. Señalado por el presidente el objeto de la asamblea hacen uso de la palabra muchos de los asistentes, coincidiendo todos en oponerse a la pretensión de los fabricantes de pan [...] que [...] era aumentar el precio del citado artículo de primera necesidad.

Así se acuerda y se recomienda que al día siguiente no se acuda al trabajo ninguna de las industrias y en cuantas actividades hubiera personal asalariado, y que todos en la calle impidan el que salga el pan de las panaderías con el precio que anunciaron los fabricantes. Así se hizo, y en el momento en que los repartidores se disponían a salir a repartir las piezas fabricadas, fueron asaltadas las panaderías por la multitud que al instante se hizo cargo del pan que estaba fabricado. Los propietarios panaderos y el personal que estaba al servicio de las panaderías de Lada y La Felguera no se opusieron a la actitud adoptada por la multitud, solo en la casa del industrial Enrique Menéndez, cuando uno de los de la multitud trata de abrir el portón que daba a la panadería, fue atacado con una escopeta por el hijo del amo, que se encontraba dentro, hiriéndole en la cabeza de forma que le hizo caer desplomado desde lo alto del portón, en donde se puso con idea de franquearlo. Tan pronto se vio la sangre correr y que ello era producto de la agresión realizada por el hijo del industrial, de dio la voz de fuego y antes de una hora era hecho cenizas una manzana que se componía del lagar de hacer sidra, un bar, comercio de tejidos y ultramarinos y el edificio donde estaba instalada la panadería.

Después de lo sucedido pronto comenzaron las detenciones, y los juzgados a trabajar con el fin de esclarecer los hechos para dar castigo a los culpables. Hemos sido muchos los que pasamos por el juzgado, pero no se ha podido comprobar nuestra culpabilidad, teniendo que conformarse las autoridades con hacer único responsable a José María Martínez, que ya al día siguiente de los sucesos pasó la frontera, metiéndose en Portugal. En cuanto a mi, las consecuencias que me tocaron de los hechos señalados, fue el que como miembro del Comité Pro-presos tuve que redoblar el trabajo por la situación en que quedaron la compañera e hijos del acusado de incendiario. Hubo también que salir al paso de la campaña hecha por un periódico reaccionario que se editaba en Oviedo, en una imprenta que estaba instalada en un edificio ubicado al lado del ferrocarril de la compañía Vasco-Asturiana, quien durante unos cuantos días apareció diariamente con unas letras grandes en primera página que decían: “Huye José Riestra acusado de incendiario".

José María Martínez, cuando vino a residir a La Felguera, en sus documentos personales figuraba con el apellido de Riestra porque [...] un incidente tenido con unos esquiroles en Gijón le obligó a tener que hacer uso de los documentos personales de un compañero. Para ver si se podía conseguir desvirtuar las acusaciones de culpabilidad hacia José Maria Martínez, que "El Pueblo Astur" venía haciendo campaña, se hicieron varias cosas; entre ellas se sacó la siguiente canción:

Ya lo saben en Oviedo
Ya lo saben en Gijón
Que el lunes por la mañana
Quemó la casa de Anrincon

Fue un lunes del mes de septiembre de 1914 cuando el pueblo felguerino hizo que el egoísmo de los industriales panaderos no prevaleciera. José Maria Martínez, acogido a una amnistía concedida por el gobierno de Romanones regresó a España después de sufrir un exilio de unos dos años en tierras portuguesas. Martínez, al igual que Seguí, siguió trabajando por la causa a la que ya de muy joven dio su adhesión, siendo uno de los que trabajó sin descanso cuando se preparaba el movimiento revolucionario que surgió en Octubre de 1934, para conseguir la unión de los trabajadores, cuya labor [...] culminó en la constitución de la Alianza Obrera, organismo que supo preparar con éxito en los primeros momentos de la revolución de Octubre, en la que perdió la vida José María Martínez, luchador que fue uno de los últimos que abandonó el campo de lucha. Se ha dicho en distintas veces, y ello es una gran verdad, [...] que la CNT y los trabajadores en general que luchan por un mejor vivir para los desheredados de la fortuna, perdieron un valor importantísimo con la desaparición de José Maria Martínez. [...] Los que lo contamos estamos satisfechos del resultado de la labor realizada por el mártir señalado porque vemos que sigue la unión creada en aquella fecha entre cenetistas y ugetistas.

La huelga general revolucionaria de agosto de 1917

La primera guerra mundial surgida en el año 1914 dejó consecuencias desagradables, de las cuales no se libró España. En los años 1915, 16 y 17 la situación económica del país era malísima. La crisis industrial cada día iba en aumento y los salarios de los trabajadores no estaban, ni con mucho, a nivel con los precios que tenían los artículos indispensables para la vida. El malestar [crecía] cada día en el país. Ante el justificado descontento que existía entre las clases menesterosas, que siempre son las afectadas por lo malo que traen consigo los regímenes capitalistas, la Confederación Nacional del Trabajo y la Unión General de Trabajadores se pusieron de acuerdo para iniciar un movimiento revolucionario, cuyo objetivo era un cambio de Régimen, por ver en ello la única solución para hacer desaparecer las causas de las privaciones a que se veían sometidas las clases salariales.

La negativa de las compañías ferroviarias a unas peticiones hechas por la Federación Nacional del citado ramo para los trabajadores del mismo, motivó la declaración de huelga en las líneas ferroviarias, y a los tres días de estar paralizadas, con el pretexto de prestarles solidaridad, se declaró la huelga general en toda España, cuya finalidad del movimiento era lo que ya he señalado más arriba: un cambio de régimen en el país. A fin de que existiera unanimidad en el paro en la fecha que fue fijada para el mismo, los delegados de la UGT y de la CNT [...] recorrieron toda España en plan de organización del movimiento (en La Felguera por la Confederación estuvo Jaime Aragó), dejando en cada localidad que visitaban la contraseña que decía: “Cosas verdes”, que publicaron “El Socialista” de Madrid y “Solidaridad Obrera” de Barcelona en primera plana la víspera del día en que se señaló para [...] el movimiento revolucionario.

El resultado de la huelga no fue favorable al objetivo que se buscaba, y el fracaso de la lucha trajo la dura represión que culminó llenando las cárceles de trabajadores.

[Los miembros del] Comité de Huelga de la UGT, compuesto por Julián Besteiro, Francisco Largo Caballero, Daniel Anguiano, Andrés Saborit y Virginia González, fueron pronto detenidos, juzgados y condenados a 30 años de prisión. Luis Araquistain, también estuvo implicado, pero no llegó a ser juzgado porque su culpabilidad no pasó de ser miembro en aquel momento de la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista. A propósito de la detención del gran escritor la prensa reaccionaria echó las campanas a vuelo porque en el lugar donde estuvo oculto Araquistain, la policía encontró también a Virginia González.

Los componentes del Comité de la CNT, que eran Salvador Seguí, Ángel Pestaña, Jaime Aragó y Francisco Miranda (este último era yerno de Anselmo Lorenzo), como la distancia con la frontera era más favorable que a los de Madrid, pudieron meterse en Francia, donde permanecieron hasta que el Gobierno del que formaba parte José Sánchez Guerra (que fue un tenaz opositor a la dictadura de Primo de Rivera) promulgó un decreto de amnistía que les permitió regresar a España. Para que el decreto de amnistía fuera una realidad se hizo una extensa campaña periodística y oral durante un largo tiempo. La primera idea manifestada en la campaña de prensa y actos públicos fue pedir que se hicieran unas elecciones generales. Concedido esto, los hombres que fueron condenados por señalarlos como dirigentes del movimiento revolucionario, aparecieron en candidatura y todos ellos salieron elegidos diputados. Ante tal hecho el Gobierno no tuvo más remedio que hacer el decreto de "Perdón", ya que la demostración fue de que la totalidad del pueblo español estaba de acuerdo con lo que hicieron los que se encontraban en la cárcel. De los actos públicos celebrados con tal finalidad en La Felguera solo se celebró uno y fue de gran resonancia, entre los oradores que hicieron uso de la palabra todos ellos muy destacados en la política española, habló Melquíades Álvarez quien dijo entre otras cosas: "que lo oiga el rey, que lo oigan los militares, sí, hemos ido a un movimiento para derrocar una monarquía antipopular".

En todas las provincias hubo sub-comités de huelga, estando formado en Asturias por Pedro Sierra, que representaba a las fuerzas anarcosindicalistas, Wenceslao Carrillo, que representaba a las fuerzas ugetistas y socialistas, Benito Conde a los republicanas, y Valdés Prida a los reformistas de Melquíades Álvarez. Los pueblos, Sama, Mieres, Oviedo y La Felguera, tenían sus enlaces que frecuentemente visitaban [al] Comité Provincial, que tenía su residencia en Gijón. De la primera localidad eran Enrique Celaya y Manuel Álvarez, de la segunda eran Manuel Llaneza y Ramón Rodríguez, de la tercera Bonifacio Martín y Teodomiro Menéndez y de La Felguera Jesús Rodríguez y Francisco Equisuaín. En La Felguera todos los militantes tuvimos alguna función que cumplir. En la citada localidad, donde había un número de trabajadores que pasaba de los 5.000, celebramos en las afueras de la villa una asamblea en el campo casi todos los días, a fin de orientar a los trabajadores de la forma en que se iba desarrollando el movimiento. Y toda la labor que se realizó, se desarrolló dentro de la mayor normalidad durante los doce días que los obreros fuimos dueños de la situación y ella se desarrolló en la forma que queda dicho sin necesidad de lucha con las fuerzas armadas, ya que éstas tan pronto surgió el movimiento, fueron a reconcentrarse a Oviedo.

Una vez conocido el fracaso de la lucha, yo me oculté en un lugar donde pude seguir orientando a quienes estaban libres de la persecución policíaca, de forma que supieran lo que debían hacer para que no faltara la ayuda a los presos y perseguidos. Con el objetivo de la solidaridad y durante el tiempo de mi escondrijo mandé muchos escritos al periódico “El Noroeste de Gijón” -que dicho sea de paso que fue un diario que se portó muy bien con la causa perseguida, antes y después del movimiento fracasado. Cuatro meses duró mi situación de oculto. Un día, por confiar más de lo debido, di un falso paso que me costó el ser descubierto por la policía que sin pérdida de tiempo me venía buscando desde que desaparecí de mi domicilio. Me llevaron a la cárcel de Laviana en donde permanecí encerrado durante seis meses, al ser sobreseída mi causa recobré la libertad. Durante mi encierro aproveche el tiempo en cosas útiles para la causa. Un día, al apartarse un momento de nuestra presencia el guardián que nos vigilaba en el locutorio, pude dar a mi compañera un sobre que contenía un artículo para que aquella lo mandara a “Tierra y Libertad” de Barcelona, periódico que hacía Tomás Herrero en la imprenta de su propiedad que estaba instalada en la Calle Cadena número 78. El articulo que [...] titulaba: “De la represión en Asturias durante y después de la huelga general” fue publicado a su debido tiempo. Tan duros eran los ataques que en tal escrito hacía contra las fuerzas represoras y donde no faltaba tampoco lo que ridiculizaba al general Burguete sobre las declaraciones que este hizo sobre su “toma” de la Faya de los Lobos, que de Madrid se conoce que dieron órdenes de que se procediera contra mi; [...] inmediatamente me metieron en celda de castigo donde permanecí durantes diez días.

Es justo señalar que la Confederación Nacional del Trabajo en esa memorable huelga cumplió bien con su deber durante la lucha y después en el exilio desde donde, sin miras a un acta de diputados, combatieron tenazmente al Gobierno y autoridades que hacían la represión. En la campaña que con tal fin realizó Solidaridad Obrera, cuyo cuerpo de redacción se componía en aquella ocasión de José Borobio, José Negre, Jaime Aragó y Antonio Amador, no faltaban artículos diariamente de los que estaban allá de la frontera, en los que la censura se ensañaba duramente [...] haciendo muchas veces el que las páginas del diario sindicalista aparecieran en blanco.

Concedida la amnistía, al retornar los exilados a los lugares donde tenían su residencia cuando surgió el movimiento, Salvador Seguí, tan pronto puso sus pies en Barcelona publicó un artículo en “Solidaridad Obrera” cuyo titulo [...] era el siguiente: “decíamos ayer”, y el primer párrafo del escrito decía lo siguiente: "Si, decíamos ayer que el pueblo español necesitaba un régimen de justicia y bienestar para todos, con tal finalidad hemos ido al movimiento de agosto de 1911. Si en la fecha citada no hemos salido triunfantes seguiremos luchando hasta conseguirlo". Seguí así lo hizo; siguió trabajando activamente por la causa del proletariado hasta que un día de marzo del año 1923 fue asesinado por los del llamado sindicato libre en la calle Cadena, lugar muy céntrico de Barcelona, lo acribillaron a tiros. Con idéntico procedimiento que el empleado con Seguí y en el mismo momento fue muerto Canela (este en sus escritos firmaba con el seudónimo de Paronas), también destacado militante anarcosindicalista. Tales asesinatos produjeron una honda indignación entre el proletariado que, sin orden oficial de la Organización, fueron a la huelga en toda España las fuerzas afectas a la Confederación Nacional del Trabajo.

En esa ocasión la UGT no estuvo en el lugar que debía de estar, pues no prestarse a la protesta contra aquellos hechos vandálicos que por aquel entonces se venían sucediendo en Barcelona, era tanto como hacerse cómplices de quienes los realizaban. El resultado de mirar aquellos sucesos de manera impasible por parte de los elementos socialistas fue [...] que estos fueron perdiendo terreno en el campo obrero y que ello fue en beneficio del crecimiento de los efectivos confederales en Asturias, Vizcaya, Madrid, contando todo el centro, y Riotinto, localidad ésta donde durante muchos años fue un fuerte ugetista.

En todo lo que se hizo con motivo de lo que dejo enumerado siempre estuve presente, unas veces tomando parte en las asambleas para acordar los paros y luego para organizar la vuelta al trabajo, y otras veces repartiendo manifiestos que contenían la orientación que necesitaban conocer los trabajadores a quienes [se]les pidiera adoptar determinada actitud.

Volviendo a la UGT, las diferencias habidas en algunos tiempos entre los hombres del citado organismo y los de la CNT, no impidieron el que ambas centrales sindicales se entendieran para la creación de la Alianza Obrera, organismo de gran recuerdo en la organización de movimientos revolucionarios, pues a quienes orientaban las fuerzas de la Unión General de Trabajadores y de la Confederación Nacional del Trabajo en Asturias se debe el que se haya llegado a la formación de la Alianza Obrera en los momentos en que era tan necesaria la unidad del proletariado.

Entiéndase bien que la fecha [última] a que nos referimos es la de octubre de 1934.

[Actividad confederal]

El 1918 es año de gran actividad confederal. Se preparaba el congreso que ha de tener gran resonancia en el año 1919. Toda la organización afecta a la Confederación trabaja para llevar ya constituidos al citado congreso el mayor número posible de sindicatos de ramo e industria (sindicatos únicos), estructuración que [se] venia propagando desde primeros del citado año, en que se acordó en el congreso celebrado por la Confederación Regional de Cataluña en la barriada de San.

En Asturias no hemos ido a la zaga. En La Felguera concretamente, después de cambiar de Grupo Sindicalista por Agrupación Libertaria, se hizo intensa campaña de propaganda cuyo resultado fue la creación de varios grupos libertarios en la provincia, los que pronto crearon la Federación de Grupos Libertarios de Asturias que al instante tuvo su órgano en la prensa cuyo título era “El Comunista”, [...] del cual fui administrador desde que apareció hasta que dejó de salir (treinta y dos números).

Ya digo en otro lugar de este escrito que la influencia total del anarcosindicalismo en la Organización obrera de La Felguera viene a partir del año 1911. A pesar de ser ello así, las sociedades obreras domiciliadas en el Centro Obrero “La Justicia”, de hecho no pertenecieron a la Confederación Nacional del Trabajo, algunas de ellas hasta el año 1917, y digo algunas, porque las hubo que se metieron en el año 1918 para ingresar en el organismo confederal, siendo una de ellas la más importante por cierto “La Justicia”, Sociedad en Hierro y demás metales, que en el Congreso de la Comedia ya figuró como Sindicato de los Obreros Metalúrgicos y Siderúrgicos de Langreo.

Los obreros de las minas que por razones ya expuestas constituyeron en algún tiempo “El Porvenir Social” cambiaron este título por el de Sindicato Único de Mineros de Asturias, llegando al número da 3.000 representados en el congreso de referencia. Este importante número de adheridos que se fue del sindicato de la UGT, alarmó bastante a los socialistas cuya alarma siguió durante algún tiempo al ver que el Sindicato Único, orientado por los anarcosindicalistas llegaba a superar numéricamente al dirigido por Manuel Llaneza y demás socialistas.

Por otra parte en Cataluña, de una y otra forma, la lucha obrera cada día se intensificaba más dando ello lugar a que a los socialistas les pareciera que el anarcosindicalismo caminaba demasiado, cosa que aquellos quisieron evitar desencadenando una campaña de descrédito contra los procedimientos de lucha de la Confederación. Como es natural los hombres de la CNT unidos para la defensa de lo que creían bueno para el bienestar de los trabajadores, hicieron su campaña utilizando para ello todos los medios legales que se les presentaron, tales como los órganos periodísticos, que eran un factor muy importante. En los momentos citados en que se debatía mucho sobre la hegemonía del movimiento obrero español, un día aparece una nota en el diario España Nueva, periódico que se editaba en Madrid en la calle Carretas número 3, y cuyo gerente [...] era un señor llamado Rodrigo Soriano, que fue diputado a Cortes durante varias legislaturas como republicano independiente, en el parlamento español en tiempo de la monarquía y también de la República, en la cual se abría una encuesta para que se expusieran en los escritos que se enviaran para su publicación lo que procedía hacer para que llegaran a fusionarse la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo. La encuesta duró desde primeros del año 1918 hasta el año 1919 en que se celebró el congreso de la Confederación. Durante ese tiempo todos los días apareció la sección dedicada a la encuesta ocupada de escritos, de los que ninguno de ellos fue de procedencia ugetista, [a] cuyos elementos les pareció mejor desencadenar una campaña contra Rodrigo Soriano, por haber este favorecido los planes de los hombres de la CNT, que eran los planes que convenían a los intereses del proletariado.

Yo en esa sección, cuyo título era siempre: “Unión General de Trabajadores- Confederación Nacional del Trabajo”, llegué hasta el noveno articulo y a pesar de haber sido escisionista creando en las cuencas mineras el Sindicato Único frente al Sindicato Minero de la UGT me justificaba y señalaba lo que se debía de hacer para que fuera posible el que estuvieran unidos los que un día y otro sufrían el látigo de la explotación. De aquellas jornadas en que el periódico “España Nueva” intervino, a pesar de no ser órgano oficial de la Confederación, porque no quiso serlo cuando su dueño Rodrigo Soriano se lo ofreció, hay gratos recuerdos que no son olvidados por quienes hemos vivido aquellos momentos. Además de lo que con sus campañas hizo durante un largo tiempo en favor del bien general para los trabajadores, si hay algún periodista de aquella época de los que trabajaban en Madrid, recordarán que estaban en huelga en defensa de unas peticiones que las empresas se negaban a concederles en la fecha en que dio principio las tareas del congreso de la Confederación, y como “España Nueva”, atendiendo a la CNT, dio las mejoras a sus obreros periodistas, las demás empresas se vieron obligadas a conceder lo que fue motivo de la huelga.

[El Congreso del Teatro de la Comedia]

Y llegamos al congreso de 1919 celebrado en el Teatro de la Comedia, en el cual toda la delegación asturiana está de acuerdo con la opinión expuesta por Eleuterio Quintanilla, en varias intervenciones que tuvo en el punto sobre unificación del proletariado. A pesar de los argumentos de peso y expuestos en la forma bien en que Quintanilla sabía hacerlo, este no logró convencer a las delegaciones de Cataluña, Levante y Andalucía que representaba el grueso de los efectivos de la Confederación Nacional del Trabajo, acordándose una resolución que los más antiugetistas hemos juzgado de error de gran bulto. Las mismas delegaciones y las mismas fuerzas que consiguieron el que saliera triunfante la propuesta de ir a la absorción de la UGT, fueron quienes impusieron también el que la CNT ingresara en la Internacional Comunista. Aquí también triunfó el error, pero ello no sucedió sin que se oyera la voz de Eleuterio Quintanilla, a quien en aquel momento la mayoría no le dio la razón pero no pasó mucho tiempo en que los órganos periodísticos de la Confederación trajeran diariamente artículos razonando el porqué Quintanilla fue el único acertado al sostener que había una honda contradicción al decir que la CNT va hacia el comunismo libertario y a continuación acordar el ingreso en la III Internacional; organización política que es completamente antípoda del comunismo libertario. Cuando algunos delegados de aquellos que [no] estábamos demasiado entusiasmados con la revolución rusa [quisimos] deshacer el error proponiendo que la permanencia en la Internacional Comunista fuera mientras no se constituyera la Internacional Sindical Roja, propuesta que llevó Ángel Pestaña, en su primera visita a Moscú. Para llegar definitivamente a la creación de la Central Sindical Roja, convocaron a la CNT en el año 1921, fecha en que estaban casi todos sus militantes en la cárcel, para nombrar la delegación que fuera a Moscú, se celebró un Pleno Nacional en la clandestinidad en Lérida, para el que fui nombrado suplente. En ese pleno, como se sabe, fueron nombrados para ir a la constitución de la Internacional Sindical Roja: Hilario Arlandis, Joaquín Maurín, Andrés Nin, Jesús Ibáñez y Gastón Leval.

Cada día era mayor el grupo de los arrepentidos por lo que se hizo en el congreso de Madrid, dando ello lugar a que sin esperar de que la delegación citada regresara de Moscú, el Comité Nacional de la CNT que funcionaba en Barcelona en la clandestinidad, organizara un Pleno Nacional también en la clandestinidad, que se celebró en Logroño, en el cual estuve yo en compañía de Turman y Avelino González, representando a la Confederación Regional de Asturias, León y Palencia.

En este Pleno Nacional celebrado en Logroño, en contra de la opinión de la delegación asturiana, se acordó en principio desautorizar a la delegación que se encontraba en Moscú, hasta que definitivamente lo hiciera un Congreso, teniendo en cuenta que fuera un Congreso el que tomó el acuerdo de adhesión al organismo que convocó a la referida delegación. Nuestra propuesta fue de que, obrando de manera regular, teníamos el deber de esperar a que regresaran a España los delegados que estaban en Rusia. No se atendió nuestra indicación y se siguieron haciendo las cosas de forma irregular, llegando a culminar con la Conferencia de Zaragoza que se celebró el 11 de junio de 1922, en la cual se acordó romper toda clase de relaciones [...] que se tenían hasta aquel momento con las organizaciones creadas por el comunismo internacional, al mismo tiempo que se nombraba a Avelino González y Galo Díaz para ir a Berlín a una reunión de la Asociación Internacional de los Trabajadores, a cuya organización la CNT siguió perteneciendo hasta el día en que escribo estas líneas.

[El] acuerdo de Zaragoza creó algún descontento, pero ello no llegó más que a grupos que por aquel entonces carecían de influencia en las organizaciones del proletariado español. Las cosas de tiranía, que informes no dudosos daban de [lo] que sucedía en Rusia, iban consiguiendo el que desapareciera entre muchos trabajadores la esperanza que algún día les creo el hecho ocurrido en aquel país en Octubre de 1917.

Cumpliendo con los acuerdos tomados en el Congreso de Madrid sobre estructuración de la Confederación Nacional del Trabajo, en donde entra la creación de Confederaciones Regionales en todas las regiones de España, en el mes de noviembre de 1919 se celebró en Oviedo, en el local de los republicanos tenían en la calle Cabo Noval, el congreso constitutivo de la Confederación Regional de Asturias, Palencia y León, en el cual estuve de delegado representando al Sindicato Único de Mineros del cual era presidente.

[En Duro-Felguera]

A últimos del año 1919 el Sindicato de Obreros Metalúrgicos y Siderúrgicos de Langreo, aprovechando la ocasión de la entrada en el Consejo de Administración de la Sociedad Duro-Felguera, de señores que se sabía que tenían sentimientos liberales (los Felgueroso), acuerda en una numerosa asamblea de trabajadores el presentar a la citada empresa la reclamación de que fueran a ocupar sus respectivos puestos todos aquellos que habían sido despedidos por su significación en la huelga de 1912. Fue dura la oposición a tal concesión, pero ante la postura favorable de los consejeros no oscurantistas y la buena disposición de los trabajadores metalúrgicos para llegar hasta donde fuera necesario para conseguir tan humana mejora, la empresa accedió a la petición señalada, dando el plazo necesario con el que pudiera dar lugar a reintegrarse a sus puestos a quienes les interesara, hasta los que estaban residiendo fuera de La Felguera.

Esta mejora que el Sindicato Metalúrgico consiguió, y que fue a cambio de un aumento de salarios, sirvió para enaltecer al proletariado felguerino, que una vez más ha sabido escribir una página más en su brillante historia en las luchas del proletariado. Fue una mejora de las que se conocen pocas reivindicaciones obreras. Después de siete años, los que fuimos seleccionados, vamos a nuestros puestos con los mismos derechos que si hubiéramos estado en ellos durante el tiempo citado. Yo nunca olvidaré la honda satisfacción que recibí cuando tuve conocimiento del gran triunfo del Sindicato, con el cual yo podía decir adiós para siempre al penoso trabajo que tenía en la mina, y digo para siempre, porque si al correr el tiempo llegaran a ocurrir circunstancias como las que motivaron el que fuera a trabajar a la mina, a ella no volvería.

Ingresé en fábricas a primeros del año 1920 al mismo puesto que tenía en el año 1912 y con el ascenso que hubo durante el tiempo que estuve seleccionado. Al corto tiempo de volver a ser del ramo metalúrgico me nombraron presidente del Sindicato. Era una época de gran crisis industrial y muy particularmente en las industrias del hierro. Alguien, que creo estaba autorizado para afirmarlo, dijo que si Duro-Felguera podía seguir con la sección siderúrgica funcionando, era para consumir el carbón menudo de sus minas, que en aquella ocasión no tenían salida, dando lugar a tener grandes stocks en las plazoletas de los centros de producción. La crisis fue de gran magnitud y los empresarios no vieron otra solución más que la de ir a la rebaja de los salarios de los productores. En las minas de carbón de Asturias, la baja fue de quince reales sin resistencia alguna por parte de los trabajadores. Manuel Llaneza, secretario general del Sindicato Minero Asturiano después de la dura lucha con los representantes de la patronal, hizo todo lo posible por convencer a los obreros de las minas de que no había otra solución más que la de aceptar la baja de los salarios. Lo mismo hicieron en Bilbao los dirigentes del Sindicato de los obreros de las minas de hierro y los del Sindicato Metalúrgico, siendo unos y otros, al igual que el de Asturias, afectos a la UGT. Ante tal precedente ¿qué podíamos hacer los metalúrgicos de la Duro-Felguera?; nos hemos resistido hasta el último momento, pero no tuvimos más remedio que aceptar la baja de los diez reales que unos y otros de los trabajadores sabíamos que vendría a aumentar la precaria situación por la que atravesaban nuestros hogares. Todavía hoy me es desagradable el recordar aquellos momentos del año 1921, fecha en que se hizo la rebaja de los jornales, pues para mi fueron momentos de gran sufrimiento al ver a los trabajadores afectados por la baja exponer grandes razones [a las] que la realidad no les daba paso; y repito lo del sufrimiento, porque además de ser uno de los afectados por la rebaja, pesaba sobre mi el deber como dirigente, de dar opinión sobre la actitud que se debía adoptar; así lo hice y mi opinión no gustó a algunos, el 80 por ciento sí estuvo de acuerdo. Alguno de los que padecían error llegaron a presentar la dimisión del cargo que tenían en la organización. Yo, a pesar de alguna ingratitud seguí en la presidencia del Sindicato el tiempo reglamentario, quedando libre de cargos sindicales durante algún tiempo, hasta que un día fui nombrado secretario del mismo organismo sindical, cargo que desempeñe también durante el tiempo que señalaban los estatutos. Después de cesar como secretario del Sindicato tuve a mi cargo la correspondencia literaria de “Solidaridad Obrera”, la que aparecía en Gijón semanalmente y que [...] dirigió primero Manuel Buenacasa, y después Avelino González. La salida de Buenacasa de la dirección del órgano sindicalista la motivo el que aquel, un día en el editorial del periódico, habló de manera desfavorable sobre la conducta observada por Evelio Boal, Salvador Seguí, Ángel Pestaña y Salvador Quemades, por haber hecho éstos un pacto de mutua ayuda con Francisco Largo Caballero y demás miembros de la Comisión Ejecutiva de la UGT. Buenacasa fundaba su dura crítica en que era una inconsecuencia de gran bulto el hacer un pacto con representantes de una organización a [la que] hacía un corto tiempo se la tildó de amarilla. Antes de ocurrir lo que dejo señalado, Buenacasa proyectó el hacer diario “Solidaridad Obrera”, y para ello lo principal era tener imprenta propia, pero para tal adquisición no daban las cuotas ordinarias de los sindicatos de la provincia, dando ello lugar a la celebración de un Pleno regional en el que se acuerda establecer una cuota extraordinaria de cinco pesetas por cada sindicado, pagaderas en tres meses; con algunas dificultades (los sueldos eran de 6,50 el peón y de 8 pesetas el oficial) se hizo la recaudación y la imprenta se adquirió. [...] Estaba instalada en un local ubicado en la calle llamada, por aquel entonces, La Libertad, de Gijón. Después de conseguido el factor muy importante, en otro Pleno que se celebró sin pérdida de tiempo, se acordó el que saliera diariamente “Solidaridad Obrera”, nombrándome a mi para un puesto de redactor, cargo que me negué a aceptar alegando que había en la organización obrera militantes más competentes que yo. Con la marcha de Buenacasa se malogró la idea de sacar el diario y siguió apareciendo semanalmente “Solidaridad Obrera”, dirigido por Avelino González, y yo de corresponsal en La Felguera, de donde daba todas las semanas una amplia información del movimiento obrero de dicha localidad. En mis escritos he tenido algunas veces que contestar a algo del descontento que dejó la cuota extraordinaria que se hizo para la compra de la imprenta, y ello sucedió con aquellos trabajadores que no van a los sindicatos más que por aumentar su salario o disminuir su jornada. La citada corta aspiración de los aludidos obreros contribuye a que ellos no crean en el desinterés de los que luchan por un total bienestar para los que todo lo producen, y digo esto porque mi interés porque no quedara ninguno sin pagar la cuota pro-imprenta, fue juzgada por alguien de forma de que aquella era una empresa de negocio de la cual yo era un accionista.

En estas mis consideraciones, no quiero dejar sin decir que con dolor, declaro que la preparación de los trabajadores de la localidad donde yo he tenido mis actividades en mi juventud hasta hoy, no responde a la propaganda que se ha hecho tanto oral como desde los muchos periódicos obreros, revistas y folletos que en La Felguera se han colocado.

[Actividad contra la represión]

Los obreros panaderos de la empresa Granda y Compañía un día del mes de noviembre de 1920 se declararon en huelga por la negativa de los patrones a concederles mejora en las condiciones de trabajo. Cuando hacía 15 días que había surgido el paro, un vagón cargado de paja [con] destino [...]para la empresa Granda y Compañía, apareció hecho cenizas en el lugar donde estaba estacionado de la compañía del Norte de La Felguera. Los llamados “guardadores del orden”, sin tener la menor prueba de culpabilidad de persona alguna, detuvieron y llevaron al cuartel a cuatro trabajadores, entre los cuales los había que no eran ni huelguistas ni panaderos. Al no poder comprobar que los detenidos fueron los autores del incendio que destruyó el vagón [...], se golpeó a los acusados de forma que las huellas que quedaron en el cuerpo no dejaran duda alguna del mal trato de que fueron objeto. Tal abuso de autoridad no podía quedar en silencio, y por entenderlo así los componentes del Comité de la Federación local de sindicatos se reunieron al instante acordando la publicación de un manifiesto en el que se hablara del mal trato que en el cuartel dieron a los cuatro trabajadores que fueron detenidos por habérseles acusado de hechos que no cometieron. De la redacción del manifiesto me encargaron a mi; lo hice bastante duro contra la guardia civil, que fueron los autores del procedimiento de la fuerza bruta, y yo mismo llevé el original a la imprenta donde se hizo. El manifiesto salió y cuando de ello se [dio] cuenta la guardia civil, los 3000 ejemplares que se hicieron ya estaban repartidos. El manifiesto apareció sin pie de imprenta, y como es lógico se repartió sin llevar a la primera autoridad local los tres ejemplares que determinaba la ley. No se si por el tipo de letra o por alguna otra razón, las guardias fueron de frente a la imprenta donde se había imprimido y el dueño de esta, sin que fuera forzado para ello, dijo que sí, que allí en su casa fue hecho y que el original [se] lo entregó Aquilino Moral, y este mismo lo redactó porque [conocía] su caligrafía. El impresor cantó más de lo que le preguntaron los guardias, creo, por si ello le valía para salvarse de la responsabilidad que le alcanzara por haberlo dejado salir sin el pie de imprenta; así sucedió, nada le pasó, era un reaccionario de gran categoría que sirvió a la dictadura de Primo de Rivera y sirvió al franquismo hasta los últimos días de su vida, a mi en la situación franquista me hizo bastante daño.

Yo como me daba cuenta de lo que tenía que suceder, pronto preparé mi cobijo mientras que los miembros del Comité de la Federación local tomaban posiciones para poder evitar el que los que dicen ser guardadores del orden no pudieran emplear conmigo el mismo procedimiento que tuvieron para con los acusados de haber incendiado el vagón que estaba cargado de paja. La primera gestión hecha por los compañeros del Comité en la Federación fue la de acompañarme a ver el gobernador Militar, que lo era el General Bermúdez de Castro, quien haciendo honor a la verdad diré nos recibió amablemente y después de escucharnos todo lo que le expusimos sobre las causas del manifiesto, [en] presencia nuestra habló con el sargento de la guardia civil del puesto de La Felguera recomendándole el que de una parte y otra “se suavizaran las cosas a fin de la armonía entre todos”. Salimos del Gobierno Militar convencidos de que nada de más nos había dicho quien afirmó que Bermúdez de Castro era un señor de buenos sentimientos.

Al día siguiente me encontré con el sargento de la guardia civil en una calle de La Felguera y aquel me dijo: “¡Cómo has sabido curarte en salud!”.

Aquilino Moral


Fuente: Fundación Andreu Nin.

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